Nuria Sierra Cruzado LP 3

Nuria Sierra Cruzado

Nació en Madrid el día de Nochebuena de 1975. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y Master en Coaching Ejecutivo. Le apasiona la comunicación y se dedica a la gestión de contenidos digitales y redes sociales. Compagina su trabajo con la lectura profesional para editoriales y agencias literarias. Nido ajeno es su primer libro de relatos en solitario, publicado por la Colección El pez volador en mayo de 2014. Inició su formación de escritora en el Taller de Escritura de Madrid. Desde 2008 participa en el Taller de Escritura Creativa Clara Obligado. Ganadora de la edición XVIII del Premio de Narrativa ‘Miguel Cabrera’ (2006) y finalista del II Premio de Paralelo Sur de Narrativa (2006), sus relatos han sido publicados en diversas antologías: El día que nos dimos cuenta de todo (2004), Cartílagos de tiburón (2005), Los inquilinos del Aleph (DeLirios 2011), Futuro imperfecto (Nuevos Narradores, 2012), Y usted ¿de qué se ríe? (DeLirios, 2013), “Lado B de la 201” (Lima, 2014).

Cama deshecha

Puedo ir a trabajar sin maquillar o llevar el bolso de color distinto al de los zapatos, pero no puedo salir de casa por las mañanas sin haber hecho la cama. ¿Qué pensarían los ladrones si entraran a desvalijar y estuvieran las sábanas revueltas?

Me levanto siempre cinco antes para dejarla hecha, pero de un tiempo a esta parte no sé lo que me ocurre. Llevo varias noches, no sé cuántas, sin dormir bien. Una especie de relincho ávido se filtra en mis sueños. Empiezo a sudar, excitada, me quito el pijama, luego retiro el embozo que cae muerto a los pies del somier. Encima del colchón, desnuda y con los miembros estirados formando una x, noto que cabalgo o vuelo o nado sujeta a una cornamenta bulbosa. Húmeda, espero hasta que la luz prende en las láminas de la persiana. En lugar de pan tostado con mermelada, me llega un olor a tierra revuelta y pelo de animal mojado.

Esta mañana me quedé dormida, por primera vez no escuché el despertador. Salí de casa abrochándome la camisa y subiendo la cremallera de la falda. Cuando llegué a la oficina, me acordé, no había hecho la cama. Tuvieron que darme un ansiolítico para calmar mi estado. Cogí un taxi para volver a casa, no podía esperar. Metí la llave en la cerradura y escuché un resbalar de pezuñas sobre las baldosas. La habitación estaba a oscuras, le di al interruptor y vi la cama mejor hecha que nunca, incluso con los cojines ahuecados.

Nuria Sierra Cruzado

Madrid, julio 2014

En la otra cama

 A David Roas y su habitación 201

Despierto y no sé dónde estoy. La penumbra huele a medicina. Con alivio, compruebo que puedo moverme. Me incorporo en el colchón duro. Llevo puesta una bata azul ligera que deja entrar el frío por la espalda. Una luz de emergencia ilumina un letrero en la puerta, guiño los ojos para enfocar y leo tres números que no significan nada para mi. Escucho pasos y el deslizar de unas ruedas por las baldosas. Entra en la habitación una chica con uniforme blanco que empuja un carrito. Pasa a mi lado de la cama como si no me viera, articulo un hola que sale de mi boca desangelado. No me oye. Sigo sus movimientos. A unos metros de mi cama hay otra igual con un cuerpo lleno de cables enchufados a máquinas. Un fuelle sube y baja bombeando aire. La chica comprueba el pulso, levanta un párpado y le apunta con una linternita. La apaga y hace un gesto negativo con la cabeza. Se marcha. La claridad comienza a entrar por unas rendijas. Camino por el suelo helado hasta la otra cama. Me inclino para verlo con detalle. A pesar de la cabeza vendada, reconozco que su cara tiene un asombroso parecido con la mía.

Nuria Sierra Cruzado

Madrid, julio 2014

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