Javier Tomás Navarro LP 3

Javier Navarro Tomás

Javier Navarro Tomás es licenciado en Historia y Antropología de América por la Universidad Complutense. Llegó a Madrid desde Náquera (Valencia-España) en 1999 para sumarse a una compañía de teatro semi-profesional compaginando los estudios universitarios con recitales de poesía por toda la geografía española. En ese periodo empezó a escribir sus primeros poemas y, con el contacto directo de la poesía con el público, desarrolló la idea de la necesidad de la creación de una poesía como forma de expresión universal. Frente al impulso del poeta, heredero del simbolismo y de autores como TS Eliot, el autor busca en la limpieza del lenguaje la forma de llegar más directamente a la sensibilidad del público que lee o asiste a un recital de poesía. El lector, de esta forma, no se siente abandonado en la caída al vacío que supone el poema.

En esa línea de búsqueda por la adaptación de la poesía a la sociedad de la imagen, está desarrollando en la actualidad un proyecto que aúna poesía y fotografía. En la sociedad del siglo XXI, tan dependiente del fotograma (televisión, fotografía, nuevas tecnologías…) el poeta encuentra una forma nueva para expresar su visión artística. La imagen, en la que se añade un extracto del texto, sirve como gancho para acercar al lector al poema. Las fotos siguen normas estrictas como que el sitio en el que se representan nunca se repita y que los extractos del poema sean escritos siempre de puño y letra por el autor. Los foto-poemas de este proyecto se presentan en la página de Instagram bajo el nombre @poemagramjn.

Poemas

Poema I
Qué poco cunden cuatro gotas
para un otoño tan largo…

Un otoño con secretos
que amenazan con tormenta,
como nubes en el horizonte
de una primavera que ya no existe.
Del invierno al verano y viceversa.

Volver
con la mirada gacha
al olor de la tierra húmeda
llena de caracoles y de hojas.

Y ves que todo avanza a paso lento
como esos caracoles, dejando huella
de babas sinuosas a la nada.

¿Te parece que todo ha cambiado?
Pues no ha cambiado nada.

Cuando vuelves a un sitio de tu infancia
no te asusta ver qué ha cambiado en él…
te asusta ver qué ha cambiado
en ti.

Somos como caracoles… avanzamos
lentamente dejando una huella
hasta que un día
nos refugiamos en el caparazón
para no volver a salir nunca más.

Y quedará el rastro de nuestra huella
en un camino sin sentido.
Y la lluvia borrará los secretos de la primavera.

Qué poco cunden cuatro gotas
para un otoño tan largo.

Poema II
Un día hablé de aquellos
que hablaban de nadie.

Y me dijeron que no eran nada.
Y me dijeron que no les defendiera,
a los que gritaban. Eran
a los que había que olvidar.

Un día hablé de aquellos
que pasaban miedo…
Y me dijeron que perdía el tiempo.

Un día…

Un día me miré al espejo
y supe que yo era así…

Como ellos. Y soñé…

Que nacía negro y subía
a un autobús de blancos
y no me dejaban
sentarme con ellos.

Que nadie me veía, era mujer
y llevaba una tela negra
sobre mi cara…
Y sólo podían ver mis ojos.

Un día soñé que tenía frío
y hambre, en una barca
de plástico con la que iba
a España desde el Estrecho.

Un día soñé que moría
haciendo la muralla China,
y las piedras sobre mi
tumba se verían desde el espacio.

Un día soñé que llegaron
los hombres del más allá
del mar y me dirían
que no tengo alma.

Y me llamarían bárbaro.
Y llamarían a mi vieja tierra
el Nuevo Mundo.
Y sería suyo.

Un día soñé que inspiraba gas.
Porque sobraba en un país nuevo.
Porque era judío.
Que tenía que extinguirme.

Un día hablé de aquellos
que hablaban de nadie.
Y me dijeron que no eran nada.

Y me dijeron que no les defendiera,
a los que gritaban. Eran,
a los que había que olvidar.

Un día hablé de aquellos
que pasaban miedo…
Y me dijeron que perdía el tiempo.

Entonces soñé que despertaba
y lloré… porque no era un sueño.

Un día me miré
al espejo y supe
que era uno de ellos.

Poema III
He escrito en una azada.
En un pico. Con mango
de madera. Me he astillado
un dedo con una pala
de hierro. La pala cuadrada
para recoger patatas
ajos, cebollas… para recoger
entre las piedras
a mi abuelo Francisco
que allí labraba.

La pala redonda
en la huerta de Murcia.

Acequias…
mi sangre fluye blanca
por árabes acequias.

Con un pico levantas la tierra
para que se airee la memoria.

Habas. Mi infancia se resume
en un capazo de habas
y en el canto de una perdiz.

Hay un perro bretón
que supo donde estaba
mi comida… Hay una casa
sobre una colina. Niebla.

La memoria es la colina
sobre la que se alza la casa del Anidío.
Que nunca se acaba de hundir.

Con ese nombre
murió en la Edad Media.

He escrito en caminos de agua
que bajaban entre los restos
de un bosque de pinos.
Por la noche, en el fondo
oscuro… se oyen los lobos.

Cierro los ojos en Madrid
y, en el segundo en el que estoy
a punto de dormirme…
aún escucho aullando los lobos
de mi memoria.

He escrito en el aullido
de un lobo. He escrito
en los aperos de labranza

He escrito en la colina,
he escrito en la acequia…

He escrito
en el eco del silencio.

Poema IV
Toda la vida la pasamos
buscando a Dios
en el aire,
en el verde de la Naturaleza,
en el canto de los pájaros.

Sentimos
vacío porque no nos habla,
no nos mira,
y no nos da aliento…

Pero mira que somos ciegos…

No nos damos cuenta
de que le hemos visto,
desde el momento
en que abrimos los ojos,
cuando nacemos,
y nos abraza, casi llorando,
con el mayor
amor que nunca
nadie nos dará jamás.

Dios me miró
con ojos azules, cuando nací…
y yo le vi a él.

Y qué es eso, sino Dios…
Nuestra madre nos miró
con los ojos del Creador.

Te levantaba cada día,
cuando eras pequeño…

Te cuida,
te enseña,
te da de amamantar.

Buscamos en vano,
ciegos,
al Dios
que nos dio la vida.
Y está frente a nuestros ojos.

Hoy Dios lavaba la ropa
en un lavadero,
habla conmigo por teléfono,
y piensa qué estoy haciendo
en este momento.

Ríe porque está triste y
llora porque se alegra.

Dios existe…
respira el aire que respiro.

Es más grande que la Naturaleza,
que el canto de los pájaros
y que el aire que respira
y que respiro. Dejo
de buscarlo.

Dios me sonrió con ojos azules
y hoy sigue sonriendo
dándole
sentido al Todo,
cuando lava la ropa en un lavadero,
y transforma el tiempo en aire,
y convierte el agua
en oro.

Poema V
En Granada
un niño llora,
un cuerpo muere,
un perro ladra
y un alma mora.

Una vela se consume. En una casa
y una sombra se confunde con el humo.

En Granada
un español abre una puerta y cierra una ventana.
No come, ni bebe, ni respira…
… ya no hay ni hambre, ni sed
ni aire.

Desde que Lorca
dejó de hacerlo
un día.

En Granada
no hay viento…

En Granada
de eso estad seguros…
el aire está cargado,
y ya no puede
con más peso
que el del eco de una bala.

Poema VI
Cuentan las olas y el viento,
bajo la niebla y las estrellas
cuentan que hay un faro vigía…
cuentan, con su susurro
este cuento…

Los marineros muertos en el mar
alzan sus almas perdidas, encuentran
una barca de madera triste y dos remos
sobre las aguas embravecidas.

Hay un faro en la costa, girando
en su rutina constante, que se impone
al negro de la muerte,
es su sino consonante.

Los marineros luchan
contra la zozobra de la muerte.
Lloran lágrimas de sal
que alimenta el mar del hades,
como siempre lo ha hecho antes…

Al fondo, rompiendo lo oscuro
de la noche, tras las nieblas
y las olas… divisan
encenderse y apagarse las luces
del faro triste, son su luz fundida
y a veces amante. Es el faro vigía
el de las ánimas errantes,
que indica el camino a tierra
y descansen en paz, y que su viaje
acabe cuanto antes.

Esta es la historia de un faro
que se cansó de dar vueltas…
Se cansó.
De las rocas y las olas.
Un día, que llegó aciago,
le impusieron las gaviotas muertas.

Los marineros se guiaban con su luz
de faro viejo y oxidado. Seguían su ojo,
su guía, su cruz. Sin ver sus lágrimas,
su Ser desolado. Una noche
se le acercó una gaviota
y le vio triste, sólo y acurrucado…

“A los muertos en el mar tú guías,
necesitan que les digas el camino.
No llores, viejo faro vigía,
sigue luchando por su destino”

Faro le miró con ojos tristes
con su foco oxidado y desgastado,
“Me siento sólo… cuando tú naciste
yo era ya viejo, y nunca amado”.

“No llores, faro… nunca fuiste sólo
en tu camino marcado.
Tu alma a los marineros diste,
tu vida siempre has dado.

Sin ti los marineros se perderían
en lo oscuro del océano…
Por ti todos descansan
en tierra. Siéntete amado.

En el mundo de los vivos
ya no existen faros, que
les guíen cuando mueren…
quedan todos olvidados.

No decaigas nunca,
faro viejo y bien amado.
Eres la luz que necesitan
los marineros que han luchado”.

En las noches de las olas,
que rugen bajo la niebla,
aun se puede ver la luz
del faro… que guía incansable
a las ánimas de los marineros
que el mar ha matado…

Todos aman su luz,
y por ella han descansado,
ya nunca dudó de su destino
la luz vibrante del faro.

Poema VII
Cuenta la historia,
que en una noche estrellada
un terrateniente con sus lágrimas
riega la tierra sonrosada.

Se siente solo,
quiere alguien que le quiera
Quiere un alma que le ame,
fuera como fuera.

Afligido el olivo le escucha
y de sus ramas a su hijo le entrega.

Un joven guapo
como otro nunca lo ha sido
Hecho de aceite,
ojos verdes y piel de siega.

Terrateniente, contento, a él todo sumido
Le ama, le besa… hasta que la avaricia le ciega.
“No es humano”, piensa… y con la vara le pega.
“No es vivir, vivir con el que no ha vivido
no merece compasión el que a Dios no ruega.”

Joven de aceituna, de belleza liquida, llora de pena
De él todos se burlan; su origen le condena.
Sólo una niña se le acerca, y su tristeza serena.

“No llores, chico del olivo
No sientas tanta pena.
Sepas que siempre estarás vivo
Si oyes que tu corazón suena”.

De vuelta al cortijo, chico del olivo frena
Los golpes con el cobijo, de la vara que le apena.
Sólo quiso querer, al terrateniente que le insulta
Le golpea, no le aprecia y que le oculta.

En una paliza, en otra noche estrellada, alza la mano
Y rompe la vara de los golpes
Que tanto suena
En su piel de aceituna.

Y el aire se vuelve agua
Y el agua se vuelve viento
Y la tormenta alza al terrateniente
A lo alto del firmamento.

Dándole como castigo
La cárcel permanente
Y muy merecido sufrimiento.

Vuelve humano al chico
Y rama y fruta al penitente
A lo alto del olivo
Al que había llorado tan fervientemente.

Brillan que brillan las luciérnagas
De alegría por el nuevo cautivo
Ya no sentirá ni dolor ni pena
El chico del olivo… pues
Ya sabrá que está vivo…

Al fin oirá alto y fuerte
Que su corazón suena.
Que ya vive libre
Su corazón cautivo.

En las noches de Jaén,
En la oscuridad del campo
Brillan las luciérnagas
En lo alto de un olivo
Recordando alegremente
Al avaricioso cautivo

Y cierra los ojos y respira
Libre del dolor altivo.
Ya vive, por siempre vivo
El chico del olivo.

One Comment

  1. Reply
    francisco chang August 3, 2014

    CUANTA ALEGRIA EMBARGA A ESTE FANS TUYO UN VIEJO ZORRO COMO ME DICE UN AMIGO MIO, TUS ANHELOS , TUS DESEOS, TUS ANSIAS, ESTAN YA AHI, Y SERAN AUN MAS, TE DIJE HACE POCO ALGO DE OSCAR WILDE, ME DIJISTE ALGO QUE NO RECUERDO, PERO ERA COMO SERIA IMPOSIBLE, LA PALABRA IMPOSIBL JAMAS PODRA ESTAR EN TU VOCABLO, PUES NO SE DE POESIA, NI DE LITERATURA, PUES SOY UN SIMPLE ANALFABETO, PERO SI SE DE COSAS HERMOSAS EN ESA HERMOSISISMA POESIA QUE SABES HILVANAR CON TANTA MAJESTUOSIDAD, PRECIOSIDAD SU METRICA, SU FORMA SU CONTENIDO SON COSAS QUE LLEGAN AL MAS INSULSO , ESE SEPTIMO POEMA FUE EL QUE LEI HACE COMO CINCO ANOS CUANDO AUN NO SABIAS QUE EXISTIAS, Y ESA HERMOSA Y GRANDIOSA POESIA ME HIZO LLEGAR A TI, SENTI , VI EN ELLA LA HIDALGUIA DE UN ENORME POETAZO, GRACIAS, Y RECIBE MIL BENDICONES DE ESTE VIEJO QUE SIEMPRE , AUN NO VIENDO ALGUNOS POEMAS TUYOS SUPO AQUILATAR, LA PRECIOSIDAD DE ELLOS, GRACIAS , GRACIAS RECIBES MIL BENDICONES Y UN FUTURO HERMOSO Y QUE LAS PUERTAS TODAS SE ABRAN INFINITAMENTE TE DESEA ESTE DESCONOCIDO QUE SABE VALORAR TU POESIA CON MAYOR RESPETO RECIBE MILLONES DE BESOS DE FRANCIS, MIAMI FLORIDA, perdona los errores es lo que siento lo he escrito al libre albedrio, ha nacido de lo mas profundo de este tu fans, creo que sera el 4001 gracias gracias

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