Antonio Cubelos Marqués LP 3

Antonio Cubelos Marqués

Antonio Cubelos Marqués nace en Ponferrada (España) en 1974. En sus propias palabras, “es un hombre que busca, un explorador con la mochila al hombro”. Nacido en una familia habituada a viajar, desde muy joven sintió ese amor por el descubrimiento (nuevas ciudades, nuevas costumbres), al mismo tiempo que iba dejando huella el desarraigo, tan recurrente en su obra mucho después. Trabajador en mil oficios y superviviente nato, Cubelos descubrirá pronto su vocación creativa: primero con el dibujo artístico, con relativo éxito, y durante algunos años el teatro. La poesía llegaría años después de manera casual y en ella permanece, como soporte o marco de sus inquietudes. Lejos de circuitos literarios, de etiquetas, Antonio insiste en su intento de ser un ciudadano de su circunstancia.

La trayectoria literaria de Antonio Cubelos Marqués se condensa en dos libros publicados hasta la fecha: “La mitad de la luz” (2009) y el más reciente. “Julia, agosto, septiembre” (2013), ambos en la editorial madrileña Vitruvio. Como autor ha sido invitado a diversas lecturas y recitales en España y Portugal. Varias entrevistas, y alguna aparición esporádica en los medios completarían su bagaje.

Selección poemática

(Eyeliner)
Cierro los ojos:
esa línea
es la línea del mar:
gotean peces

o lágrimas
pequeñas: saltan
como lluvia o ternura.

Una línea, casi fundido a negro.
Línea como herida abierta o noche
de tu boca.

Unos labios que besan.

(Cosas serias)
Si dejo así mis manos dibujan tu inicial.
Prefiero no moverme.

Todavía gotean
Todavía son memoria.

Caen
blandamente, y recogen un cuenco
parecido al silencio.

Ahora sé en qué piensa un pájaro
que enmudece su trino.

Cosas de las que hablo; cosas serias
como una mejilla
que encuentra su lugar.

Por instinto un aroma.

(Nácar)
La marea
ya no devolverá nunca los latidos:
se han llenado de arena.

Esta espuma
que se baña a si misma
deja suspiros blancos por veleros:

paisajes
que recorrer desnudo, a modo de coral.

Mientras duren las olas no hay peligro.

Engarzada a las rocas solo piel.

En la orilla ya es tiempo
de recordar el nácar:

de secretos hundidos todo el mar;

aguas arriba,
de peces transparentes su Leteo.

(Hablo contigo)
Hay espejos
colgados en las ramas: hay
por lo tanto un fruto,

una memoria, a salvo de las aves.

Mientras hablo contigo centellean;

saludan ese vértigo;

iluminan el hambre.

(Avatar)
Cuánto cielo
debajo de mis manos.

Cuánto aire
-consentido de pájaros-
llevará mi sustento volando a la esperanza.

Ésta es la tierra
pero acaso no el tiempo.

Qué poco puedo
contra el simple avatar de los gorriones,

su minúscula hambre
en las semillas
que inútilmente esparzo sobre ti.

No me lo habían dicho casi nunca
No me lo habían dicho casi nunca:
escribir como el agua,
como gotas
cayendo
que reverberan o estallan en el patio.
Probablemente sea así:
reconocer
la lluvia, la música
que levemente refresca cada flor;
que juega, sin la menor prisa,
buscando las raíces.

Desde el alero hacia el vértigo;
hacia el pequeño papel
de un dios, que sonríe en el verano.

Tal vez de puro azar
tu corazón.

Tu pelo, todavía.

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