Demetrio Anzaldo LP 3

Anzaldo, Demetrio

Escritor y académico de la Ciudad de México especializado en la novela latinoamericana y chicana del siglo XX, estudios urbanos de la Ciudad de México y estudios de género, ha estudiado y ensañado en la Universidad de California en Irvine, la Universidad de Washington, El Colegio de México, la Universidad de California en Riverside, la Universidad Nacional Autónoma de México y el Departamento del Distrito Federal. Anzaldo ha publicado en distintas revistas académicas en Alemania, España, Venezuela, México y los Estados Unidos. Su libro, “Gender and City in the Mexican Novel-Género y ciudad en la novela mexicana (2003)”, analiza la relación entre sujetos de género y la ciudad contemporánea en novelas mexicanas, bajo las teorías de Ángel Rama y Néstor García Canclini sobre la urbanidad latinoamericana, para incorporarse a explorar la especificidad cultural e histórica de la Ciudad de México como espacio urbano en el cual se yuxtaposicionan diferentes temporalidades y étnias culturales.

El violín

El violín, ideario pro justicia y concientización/acción. Ecos de la violencia en la ancestral tierra.”

Epitafio:

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

(Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.)

–Juan Gelman. Violín y otras cuestiones (1956)

La realidad fílmica y la naturaleza humana,
“De pronto un hombre es tierra conmovida”
―Juan Gelman. Un hombre

Una de las primeras emociones que se experimentan al mirar las imágenes que presenta, como punto de partida, la película El violín (México, 2005), es la de tener un hálito de sorpresa ante lo que está comenzando a proyectarse ante la mirada y el pensamiento del público presente. Entre los espectadores hay de inmediato un poco de extrañeza porque se ha abierto/alumbrado la pantalla con escenas difusas escasamente iluminadas -prefigurando a ese pasado fílmico de los orígenes- que señalan hacia una realidad estética diferente poco conocida, poco transitada apreciada/utilizada en los últimos años. Se está presenciando una película en blanco y negro que ha logrado llamar la atención; mejor, se recompone una historia que busca ver hacia el interior de lo seres humanos y crear una conciencia plena/ abierta. Las escenas se van acumulando, se van recordando y se amoldan a nuestro ritmo de vida porque se están observando historias humanas contadas/reveladas de una manera sencilla. La lograda claridad de la palabra y la belleza de la imagen en la cinta apoya la búsqueda de la verdad mediante la calidad humana en la dirección escénica y en la confección de un cine que comunica y se comunica con el espectador universal. Lo anterior, es algo que la crítica sigue reconociéndole al director Francisco Vargas Quevedo; puesto que en su obra prima “…”la denuncia es eficaz en tanto que está realizada con los recursos cinematográficos precisos. La valentía del autor es ejemplar en un mundo, y un México, convulsionados por la xenofobia y la violencia”. (Fernández, 4)

La natural reacción de un público no acostumbrado a una cinematografía que busca verismo/realidad y la evolución de su pensamiento se unen a ese inicial desconcierto sensorial intensificado, un poco más, por los sucesivos cortes a las violentas escenas anudadas / enmarcadas por las sombras de una fotografía directa que descubre la maldad de los guachos. La debacle humana está siendo fuertemente enunciada por el choque de las voces dolientes y el golpeteo de los cuerpos desgarrados que inundan el espacio fílmico fragmentado / entrecortado que consigue provocar al espectador. Es este mismo movimiento constante de luces, sombras, sonidos, silencios y vacíos claroscuros creado por la manejo de la cámara, el que matiza a un medio ambiente sórdido, atroz, una especie de apocalipsis para ese hombre bestial que se pensaba inexistente, olvidado o superado para nuestra época: la ignominiosa/innombrable crueldad de los hombres en contra de sus semejantes. Sin embargo, ésta, es parte de nuestro mundo real, de nuestra historia desgraciadamente muchos se ciegan y, lo que es inaudito, la niegan… La violenta realidad creada/retratada por medio de estas imágenes identificadas con las comunidades rurales, logra conmover al espectador puesto que éstas, se le han quedado grabadas en la retina, en la memoria. Porque, si bien, este preámbulo, es breve, los contundentes e imperecederos gritos/imágenes lo sacuden intensa y dolorosamente, puesto que la rápida sucesión de cuadros de horror y bestialidad nos llevan inexorablemente al nódulo de los conflictos humanos de todas las épocas y todos los tiempos: la violencia de la expoliación / explotación y su endémica deshumanización.

La película volverá hacia el final a recrear a esas memorias/vivencias de las familias mexicanas desarraigadas de sus tierras; puesto que hemos visto ya el trágico final que sufren estos seres humanos, estas familias y sus descendientes destruidos todos por una irracional violencia institucional disfrazada. Ese es el dilema al que se ven orilladas las comunidades campesinas y serranas de las cuales forman parte Plutarco Hidalgo, su hijo, su nieto, defenderse o sucumbir ante la violencia política. Las familias pobres como la de don Plutarco Hidalgo para evitar morir ante los abusos, vejaciones y crímenes lucharán contra los desmanes y secuelas del horror que han sufrido de modo inclemente durante generaciones en sus lugares de origen, en sus propias tierras de las que son despojados, “…la violencia institucional no es únicamente que se ejerza el uso de la fuerza policial o paramilitar, sino, violencia institucional es orillar a vivir en la marginación y en la pobreza a las población de las zonas rurales y conurbanas, es negarles los accesos básicos.” (Castellanos, 2)

En este mundo de El violín se presencia, se siente de manera fragmentada, sugerida y, las más de las veces, escindida del plano visual, la misma realidad insufrible, institucional, ominosa, contradictoria que violenta y viola los derechos inalienables de los seres humanos que la sufren. A lo largo de la película, intentando puntualizar los efectos devastadores de la violencia normativa en la gente, se le seguirá mostrando de forma oblicua y sugerida, insertándola en el tiempo ficcional, mitificándola, “pues lo absoluto del tiempo consiste en su autonegación absoluta, cuya negatividad se niega a su vez en su opuesto. Por eso los “rostros” del tiempo son verdaderos solo en tanto se ocultan”. (Albizu, 361) No volveremos a “sufrir” el tormento visual pero éste ha sido imborrable y tenemos conciencia de ello. La violencia que no se ve es insufrible porque rebasa cualquier sentido/sentimiento.

Es la llamada “violencia silenciosa” emplazada por el director Francisco Vargas Quevedo que mediante suspensos, sombras y silencios, va mostrando esa incertidumbre/complejidad del enfrentamiento entre los seres humanos; va mostrándonos, a su manera, los rostros verdaderos de las personas ante las situaciones mortales, son los hombres enfrentando una injusta y adversa situación de principio a fin. Para ello ha utilizado a personajes que, como Don Plutarco Hidalgo, su hijo Genaro y su nieto Lucio, luchan secreta, valiente y temerariamente para sobrevivir en medio de un cerco militar inmisericorde que ha marcado/cortado todos sus derechos humanos. Las acciones castrenses infligen un daño letal que no se deja ver en la pantalla pero que será/es de funestas consecuencia; puesto que, en El violín, “no hay violencia visual ni gráfica. (La violencia) está sugerida, dicha y puesta de otra manera. No hay balas, armas, sangre, enfrentamientos, no hay guerra. No se ve. Sin embargo hay una carga de suspenso y peligro constante”. (Goldbarg, 4) La ausencia visual de la violencia logra cancelar los falsos maniqueísmos y enfatizar/potencializar la complejidad de las acciones de los hombres y mujeres, de la naturaleza humana misma y de las múltiples encrucijadas ante una ruta de vida difícil de seguir.

Los senderos iridiscentes de mitos y utopías,
“Es la esperanza andando en pantalones”
―Juan Gelman. Un hombre

La veracidad / humanidad alcanzada por este arte cinematográfico mexicano -que apuesta por la sencillez, la memoria, la verdad de las sociedades humanas- logra vencer ese inicial distanciamiento/extrañamiento del espectador que si bien sabía que estaba viendo un trabajo fílmico y ficcional conformado con imágenes que parecían tan reales, éstas, no los son; pero, es este mismo espectador quién ya sabe también que estas imágenes contienen/hablan de una historia humana verdadera, que hablan su mismo lenguaje, una palabra profusamente cargada de historia mito realidad. Se maneja ahora una palabra que comunica, que tiende a desquebrajar la división entre lo ficcional y lo real mediante la recreación de una riqueza humana documentada/insertada en la realidad de la pantalla igual de compleja como la que se vive en muchas de las comunidades campesinas de nuestra Tierra. (Como las de San Salvador Atenco, Oaxaca, Acteal, Chiapas, entre muchas otras, que no son ninguna excepción sino desgraciadamente la regla que documenta la historia). Porque:

Viendo una película tan auténtica, tan llena de verdad como El violín, cabe preguntarse por lo estéril del debate que se viene dando en el mundo desarrollado sobre la conexión entre la música y el compromiso político. […] La opresión sufrida por el campesinado es la que da lugar a los levantamientos armados, un caldo de cultivo para que el instrumento musical y el fusil sean la doble extensión del músico guerrillero, figura heroica que no procede de ningún comic reciente, por pertenecer a una histórica realidad artística y combativa que se extiende desde los tiempos de Zapata hasta nuestros días, y a la que Francisco Vargas quiere rendir homenaje. (Insausti, Mikel)

Siendo así que El violín no es la realidad, pero forma parte de ella. Hay en este filme una situación injusta real que se ha repetido muchas veces en las vidas de los hombres y de las mujeres y que es afín a nuestra desagradable e inhumana circunstancia actual. Se ha reconocido la problemática existencial que se vive en el mundo recreado por las imágenes en blanco y negro. Se está reflexionando ante una realidad fílmica qué sí ha logrado conmovernos, qué sí nos ha hecho pensar; puesto que se reconocen los diferentes contextos lingüísticos, culturales e históricos de nuestra misma naturaleza humana recordada/grabada/vivida. Porque a través de la representación, de la problematización y de las escenificaciones hechas en la pantalla se reconocen las distintas identidades de las mujeres y de los hombres inmersas/os en la naturaleza y en la cultura de la tierra de este nuestro mundo real.

Es así como compartiendo/departiendo el espacio fílmico con los protagonistas, antagonistas mediante cámara fija o en movimiento y desde tomas elevadas o al nivel humano, desde un punto a ras de tierra tal o desde el pico de la montaña, como si estuviésemos viviendo, agazapados, escondidos o atrapados dentro del mismo escenario, se va anidando entre nosotros ese sufrimiento, ese dolor, esa angustia y esa amarga impotencia sufrida/vista en los seres humanos atormentados por los embrutecidos/drogados soldados que sin ningún miramiento golpean, insultan, violan, matan y desbaratan a sus maniatados congéneres/connacionales, a su y nuestros semejantes en un mundo violento que ya debiera dejar de ser así, puesto que es un acto genocida inconcebible.

Ante este planteamiento por documentar y mostrar de manera sencilla la violencia perenne que se sufre en el mundo campesino, las vernáculas figuras de los personajes atormentados y, esas otras, las de sus uniformados atormentadores nos llevan al mundo recreado por El violín, a la memoria histórica, a la memoria natural. La de los valles y montañas, los senderos y caminos, las ciudades y los pueblos, las chozas y cabañas, los campesinos y los militares, los hombres, las mujeres, los niños y los ancianos puesto que todos comparten un mismo territorio, todos ellos pertenecen a una misma cultura, viven una misma compleja y contradictoria realidad; es decir, las imágenes cinematográficas nos devuelven/envuelven en un mundo re-articulando, memorias pasadas y presentes acontecimientos para re-dignificar las luchas libertarias de los pueblos campesinos oprimidos, los olvidados/los eternos perdedores en la historia oficial.

Comunicados visual y emotivamente con esta trágica realidad deshumanizada, nos vamos informando y haciendo partícipes de una comunidad rural que se comunica y tiene en su relación ancestral con la tierra una forma de vida diferente que resiste al invasor, aquél que le quita sus derechos comunales. Sus vidas diarias se entremezclan con sus actividades de lucha, subversión y resistencia. Vamos siendo testigos de la soledad, las penurias, los sufrimientos, las injusticias, persecuciones y desconsuelos que sufren hasta llegar a la implacable celada militar que se materializa en la frase final dignamente proferida por el anciano violinista de una sola mano que sabe que tanto él como sus seres queridos van a ser brutalmente asesinados. “¡Se acabó la música!”

El entrecruce del poder y la voluntad,
“Son las manos peleando contra el tiempo”
–Juan Gelman. Un hombre

Al rescatar del olvido las vidas fragmentadas de los familiares, amigos y conocidos de Don Plutarco y su vida, este universo fílmico crece abordando a los espectadores que llegan a apreciar esa vida comunal destruida y a hacer causa solidaria con su infortunio, a tomar conciencia de la situación. Lo mismo hace Don Plutarco en pie de lucha con su violín a cuestas. Los trazos sencillos con los que se recrea su incesante y tortuoso caminar sobre esta tierra, las enseñanzas que pródiga a sus seres queridos en su contacto diario y el recuento ante la fogata de sus memorias y mitos hasta llegar a su último sacrificio por medio de la música, muestran a un anciano violinista que es digno de tomar en cuenta a pesar de sus desventajas. A pesar de los estragos que el tiempo ha dejado en su cuerpo, don Plutarco se las ingenia para aportar su conocimiento de vida. El anciano muere por querer liberar y ayudar a su gente. Por medio de su proceder rescata la memoria mítica y las formas de vida que permean en el seno de las comunidades ancestrales del campo. Su pasado y lo pasado toman / resumen tintes míticos que ya es otro lenguaje.

La identidad cultural de Don Plutarco Hidalgo se agiganta por ser el medio por la cual se nos vincula a su utopía y a su nostalgia; a esa tendencia a luchar por los tiempos pasados y a estar listos para “cuando vengan tiempos buenos…” En El violín la significación de su proceder combativo, al igual que la violencia a combatir no se queda en el encuadre logrado o en lo que no se ha visto; así como tampoco se queda en lo que se ha dejado de escuchar, sino en las propuestas políticas de cambio y en las premisas estéticas renovadoras. De esa manera, que el espectador llega a preguntarse a sí mismo: qué es lo que ha faltado, qué es lo que no se ha dicho, qué es lo que no se ha visto; es decir, ¿cuáles son las enseñanzas y mensajes que nos ofrece el filme? ¿Cuáles son las lecciones de los relatos de las pinceladas humanas y musicales creadas por este cine y por su director.

Siendo así que las disyuntivas, las encrucijadas que surgen de esta tragedia humana en su forzado regreso a la tierra contada/recreada por El violín, nos lleva a la historia, a la literatura y por ende a la vida real. Como se preludia ante el olvido y para cambiar el rumbo de la historia, “Si (nos) interesa el pasado como raíz y trasfondo del presente y el futuro, sólo construyendo su significación será dado situarse (nos) adecuadamente en el mundo para atisbar lo que puede ser el propio destino”. (León-Portilla, 192)

El arte de El violín, vuelve a mostrar los nuevos caminos de su historia y de la Historia. Las vidas de estos seres, sus muertes, son parte también de los relatos que delatan y con los que se va reconstruyendo la realidad. Porque, la masacre emplazada en El violín no se queda en el recuento local y pasajero sino que nos trae a la memoria historias pasadas y presentes acontecidas a lo largo de la historia de la humanidad. Son los impunes crímenes de lesa humanidad que ponen en entredicho el desarrollo que se ha alcanzado en las sociedades humanas a nivel mundial. Como lo han corroborado críticos y directores de cine, El violín también, es una protesta por el México escondido, el de unas voces ahogadas que acaban por tomar las armas para hacerse oír. Es una película que plantea preguntas que se ha quedado sin respuestas. Es increíble que la violación de los derechos humanos, la marginalidad, la miseria de millones de personas, la represión armada, la carencia de democracia o de justicia social sean los grandes temas ausentes de los discursos políticos. (Golem, 1)

Las vidas y muertes de lo seres humanos de los tiempos pasados y presentes, llegan como torrentes generados por lo que se ha visto en la vida de Don Plutarco Hidalgo.

El violín, habla, enmarca, mediante un lenguaje sencillo y directo, de la gesta individual de Don Plutarco Hidalgo y de la memoria de su gente. La película conmina a la acción y al pensamiento esperanzador, al compromiso político. El sentimiento de agravio que deja el final de la película, agudiza la necesidad de reivindicación del género humano mediante una declaración disculpa o arrepentimiento que no llega. Porque no se trata tan sólo de una expresión cinematográfica que habla de la injusticia local y que exhibe la violencia endémica entre estos seres marginalizados, sino que de lo que se trata, también, es de proponerle al espectador a que reconozca la gravedad de lo ocurrido y pueda reconocer la importancia y las repercusiones de los hechos pasados. Hay que ver/entender este lenguaje cinematográfico que recupera la memoria colectiva haciendo uso de una gesta individual que lo mitifica; logrando, al mismo tiempo, un registro más exacto de la realidad y de los diferentes espacios que la contienen.

Bibliografía

Albizu, Edgardo. “El eterno retorno del mito. Prolegómenos de una filosofía transespeculativa
del mito.” Argentina: Areté. Revista de Filosofía. V. XXI 2. 2009: 329-362

Castellanos, Laura. “Entrevista a la periodista Laura Castellanos” por Mario Casasús. 01-01-
2008. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=61012

Gelman, Juan. Gotán. Buenos Aires: Booket, 2008

Goldbarg, Pablo. “Resistiré: Entrevista con Francisco Vargas Quevedo”. Dec 8, 2007.

Golem. “El Violín. Entrevista con Francisco Vargas”
http://www.golem.es/elviolin/director.php

Fernández Pineda, Rafael. “Cine político: El violín en Mexico”. Revista Esperanza.
http://revistaesperanza.com/violin.htm

Insausti, Mikel. “El violín aborda la unión entre la guerrilla y la música popular mexicana.
11/05/2007

León-Portilla, Miguel. “La construcción de significado en la historia. El concepto de realidad.
Verdad y mitos en la ciencia, la filosofía, el arte y la historia”. México: El Colegio Nacional,
2004. 181-192

Vargas Quevedo, Francisco. El violín. Duración 98 minutos. México: Cámara Carnal Films,
2005

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