Manuel Murrieta-Saldivar LP3

Murrieta Saldívar, Manuel

Nació en la Ciudad Obregón en 1959. Creció y se educó en Hermosillo, Sonora, México. Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Sonora en 1989. Tiene la Maestría (Master of Arts) en literatura hispana por Arizona State University desde 1993, y el Doctorado (Ph.D.) en Literatura Iberoamericana, subespecialidad en estudios latinoamericanos y medios de comunicación, Arizona State University desde1998. Ha obtenido los siguientes reconocimientos: ganador del Concurso de Libro Sonorense 1990, género ensayo con la obra Mi letra no es en inglés. Ganador del Concurso de Libro Sonorense 1991, género crónica, con el libro De viaje en Mexamérica. Primer lugar en “Crónica en prensa”, Tercer Premio Estatal de Periodismo en Sonora, 1992. Premio Literatura 2000 otorgado por la revista Panorama, Phoenix, Arizona. Hispano distinguido 2003 en Estados Unidos nombrado por el portal de noticias Qué pasa. Ganador del concurso de Libro Sonorense 2005 género crónica con la obra La grandeza del azar—Eurocrónicas desde París. Es Catedrático de literatura chicana, mexicana, latinoamericana y de español en California State University, campus Stanislaus, Turlock, California. Fundador de Editorial Orbis Press y Culturadoor.

La Alhambra prometida

 

I
¿Qué tal si me aparezco en los territorios del poeta,
en el origen mismo de civilizaciones
donde las piedras aún conservan rostros del inicio
y el cielo hoy, así, como si nada,
es testigo de arrobamientos como el mío?

¿Qué tal si llego de repente como un diente de león,
sin cita previa, sin galeones ni condecoraciones
y me aparezco espontáneo, en un cambio de ruta,
juzgándome inservible para posarme intempestivo
en el capricho de tus arcos,

Alhambra,
nada más por tu belleza?

Claro, también para crecer junto a tu historia,
alimentarme, embelesado, lo más rápido posible
ya, dentro de ti, Alhambra,
permíteme tutearte porque me vienes arrastrando
desde hace muchos libros, mapas,
genealogías trashumantes
de aventura, conquista y resistencias.

II
Pues sí, estoy aquí, sol blanco y puro,
hacia donde enganchas tus almenas,
trazas muros rectos, decoraciones curvas, laberintos,
como si las cascadas
y volteretas de los ríos de Lorca
hubieran inspirado a tu arquitecto
y retomara también luces y sombras
de álamos, acacias y avellanos que sostienen tus pies.

Ya voy por ese patio de los leones,
escapando del ornato de columnas y puertas
antes de que me atrapen
y quede resguardado para siempre en tu salón del trono
o en algún baño árabe.

Mejor asomo mi felicidad por tus ventanas
para que toda Granada me comprenda
mientras escucho las campanas
con sonido de trigo y de naranjos,
el silbido sagaz de aves mediterráneas
que aseguran sus nidos en huecos milenarios
y vigilan la incesante hilera de seres como yo
dejando nuestros mundos
para venir hasta ti, Alhambra,
y llevarnos una brisa de tu leyenda perpetua.

Y cuando me compenetro en tus colores
emerge una familiaridad no material,
no surgida en tus manuscritos descifrados
ni en los cuentos de Washington Irving,
sino en el policromado de tu estampa,
el color de tierra como el mío,
torreones, tejas del rojizo desierto
similar a donde fui parido
y por eso ahora me desvivo
me siento con derecho a tocarte
surge mi mano hacia ti, lo prohibido,
para sentir tu talle, tus labrados,
roce orgásmico al darme cuenta que no soy
proyección de sueño enamorado,
ni un bosquejo en ciernes,
sino que ahora te palpo, tomo la radiografía
de tu azulejo y mármol
y al fin te siento humana, Alhambra,
porque brotaste de las manos de orfebres
como las de mis antiguos mexicanos.

Tantos siglos y días de trabajo
recargados ahí, en ti,
los que me falta recorrer en apenas unas horas de mi tiempo.

III
Entonces me rodean tus fuentes sin edad,
acequias y conductos de agua,
suspiro en tus jardines primigenios
imitados por residencias de lujo de varios continentes,
me postro ante tus rosas violetas
husmeo en el alcázar
mi ojo sumergido en pequeños mosaicos
signos convertidos en sables,
estructuras geométricas de todos los relieves
en un viejo misterio que mezcla varios cosmos.

¡Oh laurel original, flores de pensamientos
y margaritas que se creen ingenuas!
¡Oh perfume de arrayán atravesando muros,
senderos y museos con el que voy a dar un beso!

Alhambra, revélame el misterio del saber,
la ruta de las migraciones
porque ahora vengo a rendirte reverencia,
mi simple homenaje de palabras
en el mismo lugar donde quizá
alguna tú inventaste, cruce lingüístico,
encanto en versos híbridos,
las jarchas del idioma,
primeras palabras de mi boca para inventar al universo.

IV
Y ahora me proyecto, también lo mío aquí adentro
o en la más alta torre desde donde ya percibo mi reflejo
la orilla del otro Gibraltar a donde ahora invitas y me ordenas:
— ¡Cruza el estrecho, vete a la fuente original!
la de remotos mitos que reverdecen,
como los olivares de tu Sierra Nevada
superando el ciclo de relojes de sol
y las orientaciones de astrolabios,
Alhambra, jamás podrás negarme
porque al fin encontré en ti a otro de mis genes,
eficaz herencia, pues me bastó tan solo con llegar
y retozar en tu vientre unos minutos
para sentir que cumpliste
lo que siempre me tenías prometido…

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