Liliana Manrique LP 2

Manrique, Liliana

Lili Manrique es medio colombiana y viene de Washington D.C. Asiste a la Universidad Estatal de Arizona y va a graduarse en mayo con una especialización en antropología y otra en español. Trabaja en la actualidad en la prevención contra la violencia doméstica. Tuvo gran experiencia de haber estudiado por algún tiempo en Salamanca, España. El verano pasado, fue a México donde hizo interesantes investigaciones arqueológicas en la famosa ubicación de Teotihuacán. Ahora vive en Tempe, Arizona. Piensa graduarse y obtener su título de licenciatura en mayo de 2014.

El guión

Los pies de Jesús caen sobre nieve prensada, perfectamente nítida como su blazer recién planchado intachablemente apostado sobre sus hombros redondeados. Echando un vistazo hacia abajo para poder deslizar sus manos suavemente y meterlas en sus bolsillos, nota que hay una raya oscura en sus pantalones y al verla casi pierde el equilibrio sobre el terreno resbaladizo. Sus dedos temblorosos cepillan la mancha y ella se desprende, cayendo lánguidamente al suelo antes de posarse en la nieve como una letra solitaria sobre una página blanca. Jesús se permite exhalar el aliento que ha contenido cuando se da cuenta de que lo que creía que era una mancha era solamente un hilo suelto.

Hay que sufrir consecuencias al presentarse en la escuela sin uniforme, y esto incluye transgresión en cuanto a la vestimenta, como manchas o desgarros o desfachateces. La mayoría de los niños en el norte del distrito compran ropa nueva cada semana para evitar tales repercusiones o secuelas, pero la familia de Jesús no vive en el norte.

Después de dos millas de pasos cautelosos, Jesús llega a los primeros escalones de la Escuela del Distrito Escolar Este. Cuando pone el pie en el camino que conduce a la escalera principal, Jesús queda impresionado por la manera perfecta y simbólica en que el edificio de color carbón se alza sobre el suelo, portando la niebla alrededor de sus hombros como una capa sombría. Incluso ahora después de tres cuartos de un año de clases, Jesús no se ha acoplado al aspecto siniestro del edificio. Sin embargo, el arquitecto lo diseñó teniendo en cuenta su aspecto frío. Después de todo, los edificios cómodos no producen mentes enérgicas.

Con cada paso que da en dirección a la escuela, Jesús se pone más tenso y sus hombros se enderezan. Las cámaras bordean la vereda, severas incluso contra el cielo congelado. Él trata de despejar la cabeza de sus pensamientos y en su lugar almacena la información que necesita para el día escolar. Es el inicio de un trimestre nuevo y los nuevos profesores sin duda van a llamar a cada uno de los alumnos para que recite un pasaje de la lectura previamente asignada. Su primer período del día es Historia de los Estados Unidos, y por eso las fechas se desplazan por su mente como si fueran un contador eléctrico.

Silenciosamente, Jesús y los otros estudiantes caminan en fila cruzando las puertas de metal oscuro de la entrada de la escuela y separados se encaminan a sus respectivas aulas en líneas precisas. Jesús se sitúa automáticamente en la última mesa colocada en el extremo del aula. Como mexicano, siempre se ha sentado en la parte de atrás del salón, aunque este hecho generalmente sólo le molesta porque le hace menos probable que se le solicite su participación. A los estudiantes no se les permite socializar, por lo que en realidad no le importa que los demás lo ignoran durante el recreo.

La maestra entra en el aula, acompañada por el zumbido de la campana o timbre que suena a las 8:00 AM y que indica la señal del inicio de clases. Todos los estudiantes están en sus asientos con las manos plegadas perfectamente en su escritorio metálico. Jesús alza un poco las cejas, pero hace un esfuerzo estudiado para no alterar su estoica expresión facial. Hay algo raro sobre la maestra. Jesús no puede soltar el pensamiento. Él la evalúa, mientras que ella pone el guion educativo sobre el podio. Es delgada y esquinada, como una cámara espectadora de color durazno. Su cabello rojo oscuro está perfectamente alisado, llamando la atención a sus características faciales afiladas y su nariz un poco desalineada. Sin embargo, hay algo agradable sobre la mujer. Jesús está intrigado de que una profesora lo haga sentirse a gusto, y le molesta esta comodidad. Su boca se tuerce en las esquinas y sus mejillas son de color rosado suave, pero el tipo de rosado que se puede ver al atardecer, no el de color rosa del rubor. Uno de los lados de su boca trata de sonreír, pero Jesús es rápido y desiste. Usted tendrá tiempo para sonreír los domingos, el eco de su profesora de la escuela primaria le recuerda. La ropa de la maestra tiene un tono un poco más claro que el azul oficial de los uniformes de los estudiantes. Ella debe ser nueva, Jesús advierte con una punzada de remordimiento. Nuevos maestros rara vez se prolongan después de su primer trimestre.

La maestra, quien se presenta como la Sra. Sparrow, comienza ofreciendo la acostumbrada introducción del curso recordándoles las reglas de la escuela. Jesús lucha por mantener la atención durante la recitación que ya sabe sobre uniformes, comportamientos aceptables, y el énfasis que la escuela da a la estructura y los temas que contribuyen a salvaguardarla.

“Entre clases, está prohibida la familiarización. Durante la hora del recreo, los estudiantes podrán intercambiar saludos y hablar del material del curso, pero cualquier alumno que participe en conversaciones fuera del reglamento será disciplinado”, la Sra. Sparrow sigue, llegando al final de la sección de las reglas de su discurso. Los ojos de Jesús se iluminan. Media hora más de recreo, piensa con una emoción cercana a la felicidad.

Concluyendo la introducción, la Sra. Sparrow sigue recitando el guión que tiene delante. La copia física permanece cerrada en su podio, pero todo lo que ella dice se puede leer palabra por palabrea en el grueso libro. Eso era lo normal, por supuesto. Anteriormente en los Días de Caos, los maestros improvisaban, pero Jesús sabe cómo terminó todo para la sociedad. Ella habla de los objetivos educativos de la clase y del tema a tratar: Historia de los Estados Unidos de 1900-2100. Jesús sabe bastante de historia y no prevé dificultades en el curso, sin embargo, hace un esfuerzo para permanecer alerta para que no lo despidan al final del trimestre. Este trimestre comenzó con treinta alumnos, y sería cuestión de suerte si veinticinco terminaran este trimestre en curso y llegan al grado 20, el último año.

“Ahora es el momento de revisar lo que han preparado para el día de hoy”, la Sra. Sparrow dice con las palmas de las manos colocadas firmemente sobre sus muslos. Jesús advierte un cambio en el ambiente de la clase. Todos están despiertos en este momento.

“La Primera Guerra Mundial”, la Sra. Sparrow dice antes de mirar atentamente a la clase. La mayoría de los estudiantes, incluyendo a Jesús, levantan un brazo con la esperanza de responder a la pregunta. Era mejor responder con rapidez y que lo dejen tranquilo que responder a una pregunta de forma incorrecta y tener que quedarse castigado después de la escuela. La Sra. Sparrow llama a una pálida chica rubia cuyo pelo y labios se mezclan con su piel.

“La Guerra ocurre de julio 1914 a junio 1918”, la niña contesta con cortesía. Sus ojos se dilatan temerosamente más cuando la Sra. Sparrow la sigue mirando, esperando que continúe. “Comenzó con el asesinato del archiduque Franz Ferdinand. Terminó con el Tratado de Versalles. 117.465 bajas americanas”, ella prosiguió. Para su alivio, la Sra. Sparrow asiente y la chica se puede tranquilizar.

La Sra. Sparrow sigue de esta manera durante unos minutos y el nerviosismo de Jesús aumenta porque a él todavía no lo han llamado. A continuación, ella pronuncia, “Revolución méxico-americana.” Jesús ha levantado la mano antes de que ella haya terminado la pregunta, y él es el primero en ser escogido.

“La guerra civil de agosto 2020 hasta marzo 2021. Comenzó con la detención de Salvador Chávez. Terminó con el cierre de las fronteras. Los mexicanos fueron obligados a aceptar una situación de inferioridad o regresar a México. Por esta razón, sé que soy inferior a ti.” Jesús se ha acostumbrado a decir esta última parte, por lo que realmente no le importaba ya reiterarla. Repetidas con demasiada frecuencia, las palabras pierden su significado.

Jesús no había dicho nada que no fuera lo normal, y, sin embargo, una extraña mirada pasa a través de la cara acongojada de la Sra. Sparrow. Sus ojos tenían una mirada lejana, cristalina como la ventana escarchada. “Bien,” dice ella, su voz en el mismo tono que había tenido hasta ahora. “Sin embargo, evitemos ese tipo de generalizaciones”, agrega suavemente, como si hablara para sí misma.

Cualquier ruido excedente se escurre de la habitación a través del vacío. Los alumnos no tenían acceso a los guiones de los maestros, pero sabían que lo que ella dijo no era parte de ella. Sabían que acababan de oír algo que no deberían haber oído. Por un momento, la clase se suspendió en el tiempo, esperando a que ocurriera algo.

“El Presidente Richard Nixon”, la Sra. Sparrow sigue diciendo, rompiendo así la suspensión. Al unísono, la clase comienza a respirar otra vez.

Nada sucede durante el resto de la hora, y Jesús se siente más a gusto. Piensa en el comentario de la Sra. Sparrow, pero sacude la cabeza como para dispersar las ideas que se le están formando. Tales ideas son perjudiciales, y Jesús ha visto en el pasado los efectos de dicho daño.

Cuando se encontraba en el grado 2, Cora, la mejor amiga de Jesús, vivía al lado de su casa. Participaban en las actividades recreativas bajo la supervisión de sus padres, construyendo estructuras complejas de bloques usando planos. Un día, cuando su madre estaba en la cocina preparando el almuerzo, Cora comenzó a construir una nueva estructura.

“¿Dónde está el plan?” Jesús le preguntó a ella, mirando por debajo de los bloques en torno a ellos.

“Ningún plan. Sólo construir”, dijo ella, retirando con el dorso de su mano el pelo rubio y rizado de sus ojos. Su sonrisa abierta mostraba sus dientes torcidos.

Cuando su madre entró en la habitación y vio a Cora construyendo un edificio llanamente comenzó a temblar y la agarró por el brazo. Cora parecía más asustada que adolorida, pero las cejas se alzaron en apologética confusión mientras que fijaba sus ojos en Jesús por la última vez. Más tarde, ese mismo mes, un vehículo blindado, del tipo que sólo traía malas noticias, llegó a casa de Cora. Cora fue separada de sus padres ese día y, a partir de entonces, ellos quedaron como si fueran sombras de sus antiguos seres. Jesús nunca pensó que su madre llamaría a las autoridades, pero también sabía que a veces la gente tomaba medidas drásticas para proteger a sus propias familias de repercusiones negativas.

Después de una hora y media, la campana de la escuela señala el final del período. Los estudiantes permanecen de pie al unísono y salen del aula con Jesús en la parte trasera, detrás de Carla, una chica de piel de color almendro, la que siempre se sentaba junto a él. Al salir del aula, Jesús nota que dos caballeros vestidos de curiosos trajes negros están apoyados contra la pared.

El segundo período de Cálculo comienza de una manera similar al de Historia, aunque las normas son sólo ligeramente discutidas ya que han sido examinadas durante el período anterior. Una vez más, Jesús ha tomado su asiento en la parte de atrás del salón, pero lo hace con entusiasmo ya que se encuentra cerca de la singular ventana diminuta del aula. Los estudiantes que están distraídos son amonestados severamente, pero desde su punto de vista Jesús es capaz de mirar por la ventana sin llamar la atención. Las matemáticas siempre han sido cosa fácil para él, pero todos los del grado 19 tuvieron que permanecer en el mismo nivel, por lo que fue capaz de ir lejos con sólo hacer poco caso. Desde su asiento, Jesús sólo puede ver la bandera americana ondeando y la suave caída de la nieve, sin embargo, acoge con satisfacción un descanso de la monotonía de los maestros. Después de contestar su pregunta para el período apropiado, Jesús sólo presta la mitad de atención durante el resto del período. Después de cinco minutos, él echa una mirada por la ventana y observa tres figuras oscuras contra el paisaje blanco y violento de la nieve. Nota que una persona parece que va con ellos contra su voluntad, la que lleva el traje azul marino de un color un poco más claro. Se le congela la sangre en las venas cuando recuerda los uniformes de las autoridades que se llevaron a Cora y se da cuenta de que está viendo a la Sra. Sparrow que la llevan arrastrando por la nieve.

Los dos hombres de negro arrastran a la Sra. Sparrow alejándose de la escuela y hacia el borde del perímetro del campus. Quieren mantener una distancia adecuada con el fin de evitar cualquier posible caos, pero también quieren asegurarse de que el distintivo “pop” explosivo de sus disparos sea escuchado por todos los de la escuela, un sobrio recordatorio de la presencia de la autoridad. El hombre más alto golpea la Sra. Sparrow en las rodillas y la obliga a arrodillarse. Con su pistola en la cabeza, el hombre le hace una pregunta que se enreda con los copos de nieve y vuela con el viento. Sin que parezca que escuchara, la Sra. Sparrow mira sobre su hombro y detecta fijamente que la bandera está flameando estrepitosamente en el viento de diciembre. Jesús ve en su mirada la misma vista fija que tenía en la clase y ella le da una última sonrisa que no parece ser una sonrisa. Jesús quiere gritar, pero sólo logra disimular su chirrido como una débil tos y sujeta sus dientes contra la imagen de su maestra ejecutada. Los sonidos de pistola suenan débilmente y la Sra. Sparrow cae tendida semejando un andrajo desechado. Su sangre forma pozos y remolinos como si fuera una brillante pintura roja tiñendo el lienzo nevado, marcando su primer y último día en el campus.

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