Antonio Herrería

Herrería, Antonio

Antonio Herrería es un escritor y crítico literario español. Cuenta con una maestría y un doctorado de la Universidad Estatal de Arizona. Su disertación explora el fenómeno turístico de costa en la novela contemporánea. Otras aéreas de investigación incluyen el modernismo transatlántico y la amistad en la temprana modernidad.

Vestirse a oscuras

Un amarillo se va, se va apagando para convertirse en un azul claro, en un azul oscuro, hasta llegar a la negrura de una noche que nunca es completa. Luego se encienden las farolas y luego deslumbran los coches. Se anda aquí y allá y se escuchan ruidos. Gentío. Sigues caminando. Las voces callan. Paras y escuchas un gato. Después llega el agua con su olor característico. Llueve y el agua resbala por las manos. Una puerta y entras, y el humo hace que veas en gris; otra vez los vez los ruidos. Te acercas a la barra y pides una cerveza. Cuentas el dinero con una mano. Te giras y la música potente de unos amplificadores se diluye en los oídos. Te reúnes con los amigos, llegan los abrazos, las palmadas en la espalda, las conversaciones, el baile todo sudado, las manos sobre los muslos, la saliva sabor whisky y cigarrillo. Luego el tacto de la mano. Tanteas con el pulgar, la piel suave. La llegada hasta el taxi y pagarlo, y luego, si supuestamente tienes suerte, acompañas a la persona hasta su piso. Abre la puerta, te dice no se que del desorden, y tú comparas si es tal. Te tumbas en la cama, miras una foto desde su cama, se tumba, te desnudas o te desnudan, y ya. Por la mañana, al levantarte, te vistes a oscuras.

 

A quien le importe:

Me dirijo a ti, a ese tú que soy yo, que eras yo, que serás yo y no sé por dónde empezar. Tú que lo sabes todo,  puede que me mires con extrañeza, que te rías de mí, o que rebusques ese recuerdo que espero que algún día hayas olvidado. O quizá, al final, todo sólo sea un sueño. Sí, ríete, mejor reírse, reírse de ese recuerdo banal, tan banal que ni siquiera recordabas y que ahora vuelve a entrar en la memoria. Y sigo sin poder explicar, sin poder expresar… sí, expresar, tú y yo diríamos expresar, expresar ese sentimiento pasado. Qué difícil es borrar una mirada, y yo la recreo. La invento y reinvento intentando racionalizar, y se evapora en esta confusión del raciocinio. Y es confuso, y así te confundes y me confundes. Tan iguales y tan diferentes. Tú sabes quién soy, pero yo nunca llegaré a saber quién eres. Y no sé si entiendes lo que no entiendo, y ojalá que entendieses y fueses un mago que me dijera el futuro de aquellos ojos que yo vi en aquel momento. Y espero que seas tú, sólo tú, no otro, sólo tú, si tiene que ser alguien, quien disfrute de aquellos ojos, porque yo, ya siendo pasado, no puedo. Y es una pena, y lo siento, y sí, lo siento mucho; por ti, por mí, por los ojos… De lo que pudo haber sido, o de lo que puede llegar a ser o será, pero que sin embargo, sé al igual que tú sabes, no tendrá respuesta. Por eso te suplico, y sabes que no ruego, que me digas, que me adelantes y me escribas. Sí, escríbeme si te acuerdas. Acuérdate y dime de esos ojos que tú sabes. Dime algo para que yo me sonría, para que yo lo lea en el futuro; cómplices los dos de esos ojos, y sepa el final de esta historia que para mí es una incógnita.

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