Ismael Álvarez de Toledo

Álvarez de Toledo, Ismael

Ismael Álvarez de Toledo (Tomelloso, España, diciembre de 1956) se dedica en exclusiva al periodismo y la literatura, tras ejercer durante más de veinte años como funcionario del Estado. Desde muy joven tiene inquietudes artísticas, escribe cuentos y esbozos literarios. Participa en numerosos encuentros culturales que le permiten desarrollar su capacidad imaginativa e intelectual con jóvenes de la época y, somete a crítica la actualidad política en España, algo que ha venido haciendo en prensa escrita a lo largo de los años. Ha ejercido su labor periodística en varios gabinetes de prensa de la administración. Asiduo colaborador de periódicos y revistas como ABC, Diario Vasco, Tribuna de Albacete, Diario Montañés, Lanza, Pasos, El Ideal de Granada, Canfali, Diario Crítico, etc. Columnista en El Mercurio, La Nación, de Chile, el Caribeño News, el Globo News. Iás Información y Diario Crítico, entre otros. Como comentarista político ha publicado más de setecientos artículos. Es autor, así mismo de numerosos escritos sobre gastronomía y viajes. Diálogo Interior (1994), Diario de una terrorista (2013) son títulos que siguen presentes en los estantes de las librerías, y consolidan una carrera literaria más allá de nuestras fronteras, donde ha recibido importantes galardones literarios. Presidente de la Sociedad Iberoamericana de Escritores. Coordinador General de Encuentros Literarios. Alcaide de honor del Castillo de Peñafiel, en Valladolid. Medalla Fray Luis de León, del Excmo. Ayuntamiento de Belmonte, en Cuenca. Página web: http://www.ismaelalvarezdetoledo.com.

LA HISPANIDAD COMO NEXO COMÚN DE LOS PUEBLOS

La pasión del conocimiento nacional y la historia, son los dos ejes fundamentales sobre los que se asienta un país; cualquier país. En el caso de los países de habla hispana, esa pasión viene inequívocamente de la mano de la propia historia de España, que forjó el carácter, la cultura y la lengua, que mantenemos en común.

Un pueblo no puede conocerse a sí mismo sino a través de su Historia. De las entrañas de la Historia, hecha no sólo objeto de estudio constante, sino vivencia, surge plasmada por la inquietud, la conciencia nacional que han adquirido, con la independencia, todos los países hispanos, la cual trata de dar forma a la realidad que tienen delante, conforme al carácter histórico, que constituye su propio carácter. Mas luego que un pueblo ha logrado adquirir conciencia de sí mismo, tiene que afrontar un deber capital: el de ser consecuente con esta conciencia. A través de su pasado, a lo largo de la Historia, de su independencia, aportan al mundo unas magníficas promesas, que deben cumplir si quieren pasar por pueblo honorable y digno; es decir, a través de los avatares de su propia Historia, su vida tiene que mantener una continuidad nacional, conforme al espíritu hispano de sus orígenes, como nación.

El ansia del propio conocimiento marcó ya desde antiguo a los pueblos hispanos con su honroso sello. La presencia española en los pueblos de América forjó el carácter que hoy tienen muchos de ellos y, España; la madre patria de todos, les dio la esencia y los pilares sobre los que se sostienen sus principales principios; la cultura y la religión. Fue entonces cuando este continente empezó a interrogarse sobre su destino, al sentir durante siglos, hollada por aquellos españoles descubridores primigenios, su prístina integridad, a la necesidad imperiosa de adquirir una identidad propia, sin desdeñar una cultura común, a través de la lengua.

La pasión del autoconocimiento tiene para los pueblos hispanos un sentido profundísimo, estremecedor: es la búsqueda del conocimiento de la voluntad de Dios que se pone de manifiesto a través de los acontecimientos históricos. Luego de múltiples transformaciones transitorias, esta búsqueda adoptó la exaltación de la festividad de la Hispanidad, como encuentro entre hermanos de un mismo pueblo. ¡Un pueblo puesto por Dios sobre la tierra! exclama Antonio Machado.

A partir de entonces la exaltación del propio conocimiento se ha conservado intacta, devolviéndole con ello el respeto y la admiración debidos a un pueblo que, consciente del signo de los tiempos, lucha por hallarse a si mismo, por identificarse con su destino hispano a la luz angustiosa de nuestra convulsiva época.

En el fondo del alma hispana se oculta un indomable primitivismo. Por esto, bajo las formas civilizadas, este pueblo conserva lo más valioso, lo que siempre temió perder y luchó por mantener, su integridad pura. Esta fue la razón de su enorme tesón durante los años de la presencia española en las Américas, ésta es la razón de su enorme pujanza durante los años de sus conquistas culturales y económicas.

Los hispanohablantes tenemos un nexo común; nuestra lengua. Al pasar de un país a otro, nada nos hace sentir tanto este cambio como la diferencia de lenguas. La naturaleza prosigue su obra con indiferencia pacífica y fecunda. Los hombres continúan siendo iguales en su figura, en sus gestos de cansancio, de alegría, en sus saludos. De una estación a otra se franquea todo un mundo, se entra en el tronco de una nueva historia, se penetra en las entrañas de un pueblo nuevo; pero la primera prueba de esto nos la da su diferente forma de expresión, su lengua.

El participar de un lenguaje y una historia común, nos hace atravesar el muro de la distancia que nos separa a los españoles y a los hispanos, hermanos todos, en una lengua y una fiesta que nos une por un día en torno a la patrona de la hispanidad; la Virgen del Pilar.