David Alberto Muñoz

Muñoz, David Alberto

David Alberto Muñoz nació en México a fines de los años cincuenta. En 1973 inmigró a los Estados Unidos de América donde hizo sus estudios universitarios obteniendo un título en Artes Teatrales de Southwestern College, Chula Vista CA. Dedicado de tiempo completo al arte teatral, durante esta época escribió, dirigió, produjo y actuó en varias producciones tanto en inglés como en español. Posteriormente obtiene una licenciatura en Estudios Religiosos en Gran Canyon University, Phoenix, AZ, una maestría en Teología en Fuller Theological Seminary, Pasadena, CA, una maestría en Literatura Hispana de Arizona State University, Tempe, AZ y un doctorado en Filosofía de Religión de Trinity Seminary en 1997. Es profesor de Filosofía y Estudios Religiosos en Chandler-Gilbert Community College y ha escrito una variedad de libros tanto en inglés como en español que incluyen, colección de cuentos, ensayos, crónicas y algunos libros de texto. Muñoz vive en Glendale, Arizona con su esposa Mireya, docente de música, y tienen una hija de 21 años de edad que actualmente asiste a California State University en Northridge.

ESPIRITUALIDAD, MATERIALISMO Y SÓCRATES

La espiritualidad no es un fenómeno nuevo dentro de la sociedad, al contrario, desde hace miles y miles de años el ser humano ha intentado descubrir los misterios que se encierran detrás de esta esfera  de la realidad negada por algunos.  Hay quienes dicen que la realidad está basada estrictamente en la materia,  ya que la materia nunca desaparece sólo cambia de forma (materialismo).  También, existen aquellos que dicen que la realidad se encuentra en el plano espiritual, el idealismo expresa que no debemos de buscar las cosas dentro de la materia, sino que más bien es necesario entrar al mundo de lo espiritual.  Infinidad de religiones han aceptado esta premisa, y basan su discurso en esta concepción de la realidad.[i]

Esto ha proporcionado debates, propuestas, interpretaciones, preguntas, que continúan siendo discutidas en el plano intelectual.  En la época medieval, cuando el cristianismo dominaba el continente europeo, surgen las mal llamadas “brujas”, que creó una persecución no justificada, ya que muchas de las susodichas eran  simplemente parteras, curanderas o simples conocedoras de la medicina alternativa (contra el status quo)[ii], fenómeno que continuamos viendo en nuestros días.  Además,  la llamada “Cacería de brujas”, continuaría hasta el año 1944, cuando Helen Duncan fue arrestada por vagancia, y posteriormente acusada de fraude bajo “La ley de brujería británica de 1775”, Duncan era una médium escocesa, que de acuerdo con ciertas personas poseía la habilidad de traer muertos a la vida.[iii]

Este fenómeno fue criticado y expuesto por  el escapista, mago e ilusionista Harry Houdini (1874-1926), quien dentro de sus actos con fines de entretenimiento, hipnotizaba literalmente al público con trucos espiritistas, para posteriormente revelarle a la audiencia que era imposible comunicarse con los muertos.[iv]

La humanidad definitivamente ha progresado en el ámbito tecnológico.  A diferencia de la edad media, actualmente sabemos que vivimos en un globo terráqueo.  Ya no condenamos a los científicos a muerte porque sus descubrimientos contradicen las enseñanzas bíblicas (al menos eso se dice).  Nos jactamos de ser personas del siglo XXI, donde muchas de las cosas que algunos de nosotros considerábamos ciencia ficción, se han convertido literalmente en una realidad material, física, corporal.  Casi todos cargamos con un teléfono que primeramente es inalámbrico, que puede marcar y ver literalmente a la otra persona en pantalla.   Recientemente se anunció que ya existe un automóvil que puede volar, ¡lo pueden creer!

Sin embargo, el debate básico de dónde encontrar la realidad continúa y continuará por muchos siglos venideros.

Si consideramos todos estos fenómenos espirituales como parte de una sociedad popular con falta de conocimiento, meditemos un poco. ¿Se necesita fe para creer que los muertos pueden resucitar? ¿Qué acaso no es necesaria la fe para creer que cierto día la trompeta sonará y todo ojo verá al hijo de Dios descender del cielo?  ¿Cómo podemos creer que una virgen dio a luz sin al menos ser inseminada artificialmente?  ¿Si creemos en los milagros porque no podemos creer en la magia, los espíritus chocarreros,  o la planta medicinal de Doña Petra?

El filosofó griego Sócrates es citado infinidad de veces por maestros, estudiantes, escritores, teólogos, artistas y demás,  cuando expresa: “Una vida no examinada, no vale la pena vivir”.[v]   Es necesario que reexaminemos toda la discursiva actual.  La esencia del ser humano no cambia, seguimos destruyéndonos a nosotros mismos, unos dicen que no tenemos remedio, y por eso necesitamos ser redimidos.  Otros, prefieren plantear un mensaje más positivo, necesitamos más educación para alcanzar mejores condiciones en nuestro planeta, esto implica ya sea justicia social, equidad en la repartición de bienes, la eliminación de doctrinas místicas que alimentan la mediocridad en el ser humano, y más aún, aquellos que proponen que en lugar de querer comprobar que “estamos en lo cierto”, prefieren esbozar un proyecto de mejorar las condiciones actuales en lugar de esperar un día con tendencias mitológicas donde todo será felicidad.

Nuestra realidad ya sea espiritual o material, se reduce al mundo en el cual vivimos.  Es un bello planeta con manifestaciones de humanidad, aprecio, misericordia, comprensión, pero de la misma manera es un lugar donde el juicio, la condena, la crítica injustificada o la falta de tener un oído abierto al “otro” nos impide progresar, ya que como dice ese popular dicho mexicano:  “Cada loco con su tema”.

Aún así, examinemos nuestras vidas, ¿dónde estamos?  ¿Cuáles son mis metas a largo o corto plazo?  ¿He cometido errores  o soy perfecto?  ¿Cómo puedo mejorar o realmente deseo mejorar?  ¿Debo cambiar de dirección?  ¿Soy feliz conmigo mismo, con lo que hago, con la gente a mí alrededor?  Y aunque en ocasiones lo absurdo de la vida nos llega a todos porque la existencia humana muchas veces no encuentra sentido,[vi] es primordial reconocer nuestra limitación humana, sin imponernos imposibles, pero sí, dentro de una realidad muy plantada en la tierra, donde los elementos espirituales llegan y nos ayudan a entender misterios, donde podemos utilizar nuestra mente, y entender racionalmente los fenómenos naturales, sociales, intelectuales, teológicos, sociológicos y de cualquier índole, evitando el discurso de “odio” que desafortunadamente todavía existe entre nosotros.

Hay una historia sobre Sócrates muy conocida.  Se cuenta que la antigua Grecia tenía fama por su sabiduría.  Cierto día un conocido de Sócrates le dice:

— Maestro, ¿sabes lo que acabo de escuchar  acerca un amigo tuyo?

— Espera un minuto— replicó Sócrates— Antes de decirme nada me gustaría que pasaras una pequeña prueba.  Es la prueba de los tres filtros.

—¿Los tres filtros?

—Eso es —continuó Sócrates —Antes de decirme nada sobre mi amigo, puede ser una buena idea tomar un momento y filtrar lo que me vas a decir. Primer filtro: ¿Estas absolutamente seguro que lo que me vas a decir es verdad?

—No, solamente acabo de escucharlo— respondió el hombre.

—Está bien, dijo Sócrates.  Así que realmente no sabes si es verdad o no.  Ahora el segundo filtro, el filtro de la bondad.  ¿Es bueno lo qué me vas a decir sobre ese amigo mío?

—No, todo lo contrario—respondió el individuo.

—Así que, tú quieres decirme algo malo de un amigo mío, pero  realmente no sabes si es cierto.  Bueno, todavía puedes pasar la prueba porque queda un último filtro, el filtro de la utilidad.  Lo qué me vas a decir de mi amigo,  ¿es útil para mi?—preguntó Sócrates.

—Pues, quizás no—dijo el hombre.

—Bien, concluyó Sócrates, si lo que me quieres decir no sabes si es verdad, no sabes si es bueno y no sabes si es útil, ¿para qué quieres decírmelo?

Esto muestra una actitud distinta ante individuos que pueden ser tan negativos que es mejor ni siquiera escucharlos.  Es muy fácil culpar al “otro” por los problemas de la humanidad e incluso mis propios problemas.  Es muy sencillo enojarse y tirar la silla gritando a garganta abierto que todo es culpa de los demás.  Es tan fácil asumir que yo tengo la razón en todo o que conozco todos los misterios del patrimonio humano, y puedo cerrarme para no escuchar lo qué dicen los demás.  Esto es parte de nuestra naturaleza humana.

El mismo sabio Sócrates lo dijo poniendo sobre la mesa la base de toda su filosofía: “Lo único que sé es que no sé nada”.

Aunque bien podemos terminar nuestra historia poniéndole un sabor muy mexicano.

Aquél hombre se quedó observando a Sócrates detenidamente, su rostro reflejaba entendimiento, cierta perspicacia pero sin dejar de cuestionar algo.  Después de algunos minutos se dice así mismo:

— Este tipo de razonamiento explica por qué Sócrates es considerado un gran filósofo… sí, sabe mucho porque sabe que en realidad no sabemos absolutamente nada… Lo único es que ahora…pues ahora no sabrá que Platón se está cogiendo a su mujer.

Pensemos cuidadosamente, y no evitemos el reírnos de nosotros mismos.  Tal vez la realidad, la podremos encontrar en lo absurdo de la vida.

[i] M. Cahn, Steven, Markie, Peter, eds. Ethics, History, Theory and Contemporary Issues.  New York: Oxford Press, 2012.

[ii] González, Justo L.  The Story of Christianity Volume 2.  San Francisco: HarperSanFrancisco,  1984.

[iii] http://www.helenduncan.org.uk/ 18 of April, 2012.  La historia de Helen  en la actualidad es defendida en esta página web donde se nos dice que la mujer tenía la capacidad por medio de un flujo “ectoplasma” de traer a personas ya fallecidas a la realidad material.  La Real Academia española define esta palabra como: “Supuesta emanación material de un médium, con la que se dice que se forman apariencias de fragmentos orgánicos, seres vivos o cosas”.  En el presente caso, estos “espíritus”, revelaban cosas conocidas únicamente para familiares.

[iv] Cannel, J.C. The Secrets of Houdini.  New York: Dover Magic Books, 1973.

[v] Chaffee, John.  The Philosopher’s Way: A Text with Readings.  Thinking Critically About Profound Ideas.  New York: Pearson, 2013.  Mi traducción.

[vi] Sartre, Jean Paul.  La nausea.  México: Editorial Época, S.A.  2002.