Camillo Robertini

Robertini, Camillo

(Università degli Studi di Firenze, Università degli Studi di Siena)

Camillo Robertini es Ph.D en Estudios Históricos en las universidades de Florencia y Siena. Es licenciado por las universidades de Perugia y Venecia “Ca’ Foscari” en Historia. Está desarrollando una investigación sobre la historia de la clase obrera argentina durante la última dictadura militar. Sus ejes de investigación son: la historia social, la utilización de las fuentes orales, el estudio de la vida cotidiana de los trabajadores en un contexto represivo. Ha colaborado con la revista “Lo Straniero” (Italia) y ha escrito artículos en revistas científicas internacionales. Acaba de salir su último libro (compilador junto a F. Correr) America Latina, Dinamiche Territoriali, Oistros Edizioni, Lecce, 2015.

LA “REVOLUCIÓN” ARGENTINA Y LOS AÑOS SETENTA
UN ITINERARIO CULTURAL A PARTIR DE DIEZ FOTOGRAFÍAS

Resumen: ¿Pueden diez imágenes contar una época? A través de un itinerario fotográfico y de una antología de textos y citaciones de intelectuales y políticos argentinos podemos reconstruir los acontecimientos colectivos de una “generación desaparecida” suspendida entre la tendencia revolucionaria y la esperanza de un mundo mejor. Ocupaciones de plantas, insurrecciones urbanas, enfrentamientos con la caballería pertenecen en el imaginario común al Mayo francés o al Autunno caldo italiano; con estas imágenes se quiere dibujar la existencia y el desarrollo de un ‘68 latinoamericano.

Introducción: Este reportaje fotográfico quiere ofrecer una representación, a partir de diez imágenes, de los principales laboratorios políticos e ideológicos que se desarrollaron en la Argentina de los años Setenta. Los años Setenta, con sus consignas y mitos, siguen siendo un objeto de estudio extraordinario, por su magnitud, a nivel de participación popular e intelectual, en Europa como en América Latina. De hecho, en la contribución que sigue, más que un estudio sistemático sobre los Setenta, se ofrece un texto capaz de estimular las capacidades sensoriales y perceptivas del lector. Las fotografías, de hecho, ofrecen unos flashback, capaces de representar de una manera no sistemática una introducción al periodo tratado.

Está permitido preguntarse cuál será el sentido de estudios sobre los años Setenta dado que, en muchos, también en el ámbito de la más reciente historiografía, han cuestionado la efectiva magnitud y eficacia, por parte del movimiento estudiantil/de contestación, de modificar la realidad y el orden mundial capitalista. Este reportaje quiere, sobre todo, subrayar elementos no totalmente claros en lugar de la historiografía y sobre todo de conocimiento público referido a la dicha década. El Sesenta y ocho, entendido en su más amplia periodización, no fue un hecho políticamente limitado a la Europa industrial: desde Francia, pasando por la España franquista, pasando por Italia y llegando a América Latina el Sesenta y ocho fue un fenómeno global y de masa. Justamente estos últimos dos elementos, el ser un fenómeno de masa y popular, no siempre se enfatizan en las representaciones públicas del periodo. Por estas razones con este reportaje se quiere recontar una historia local, o sea la de la Argentina entre lucha armada y dictadura, y al mismo tiempo se quiere subrayar la gran cantidad de contactos y puntos en común entre el movimiento contestatario de Argentina y el de Europa.

Las fotografías provienen de un archivo colectivo de los ex militantes del PRT-ERP (Partido revolucionario de los trabajadores – Ejército revolucionario del pueblo) en parte publicadas en la revista argentina «Sisifo» en 2011.

Primer itinerario temático: La representación de la huelga en la Argentina de los Setenta

Entre 1969 y ’70 una primera crisis económica empeora las relaciones entre clase obrera y gobierno nacional. En la industrial ciudad de Córdoba las masas obreras, acompañadas por estudiantes, toman la ciudad pidiendo la renuncia de su cargo de presidente de la nación al general Juan Carlos Onganía. Lo de Onganía no era el primer gobierno llevado a cabo por un militar, sino que era el último de una larga serie de presidencias “de facto” que había, junto con la “Revolución Libertadora” en 1955 y la “Revolución Argentina” en 1966, suspendido los derechos constitucionales en la Argentina. Sólo en 1970, después del asesinato del ex presidente general Aramburu por Montoneros – una agrupación guerrillera peronista – la muerte del general que había participado en el derrocamiento de Perón en el ’55 determina la renuncia de Onganía (Salcedo, 2012). No obstante, la inminente renuncia, la magnitud de la pueblada sigue creciendo hasta ser recordada como el “Cordobazo” que como minino por los diez años a seguir polarizará la sociedad argentina alrededor de la dicotomía revolución-reacción. Rodolfo Walsh, escritor, periodista e intelectual argentino sigue los hechos cordobeses personalmente, transmitiendo en el papel toda la épica de los acontecimientos ocurridos:

Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo (Walsh, 1969).

La huelga obrera en Córdoba no es un paro en su sentido mas tradicional, dado que llega a ser un taller político capaz de generar proyectos políticos y plataformas sindicales originales: el peronismo revolucionario, el sindicalismo de izquierda, definido como “clasista”, la guerrilla marxista-leninista y justicialista. Todos movimientos y proyectos políticos ya bien en marcha antes del Cordobazo, empiezan a crecer en difusión y capacidad de movilizar a la sociedad argentina. Sigue Walsh:

Trabajadores metalúrgicos, del transporte y otros gremios declaran paros para los días 15 y 16 de mayo, en razón de las quitas zonales y el no reconocimiento de la antigüedad por transferencias de empresas.
Los obreros mecánicos realizaban una asamblea y son reprimidos, defienden sus derechos en una verdadera batalla campal en el centro de la ciudad el día 14 de mayo.

Los atropellos, la opresión, el desconocimiento de un sinnúmero de derechos, la vergüenza de todos los actos de gobierno, los problemas del estudiantado y los centros vecinales se suman.

Se paraliza totalmente la ciudad el 16 de mayo. Nadie trabaja. Todos protestan. El gobierno reprime. En Corrientes es asesinado el estudiante Juan José Cabral. Se dispone el cierre de la Universidad.

Todas las organizaciones estudiantiles protestan. Se preparan actos y manifestaciones. Se trabaja en común acuerdo con la CGT.

El día 18 es asesinado en Rosario, el estudiante Adolfo Ramón Bello. Se realiza con estudiantes, obreros y sacerdotes tercermundistas una marcha de silencio en homenaje a los caídos.

El 23 de mayo es ocupado el Barrio Clínicas por los estudiantes y son apoyados por el resto del movimiento estudiantil.

El 26 de mayo el movimiento obrero de Córdoba resuelve un paro general de las actividades de 37 horas a partir de las 11 horas, para el 29 de Mayo, con abandono de trabajo y concentraciones públicas de protesta (Walsh, 1969).

El Cordobazo, como bien se entiende de las palabras del escritor Rodolfo Walsh, se va significando mucho más allá de su real capacidad de modificar los equilibrios de poder del país como un hecho fundante de una épica, tal vez de una retórica, de la izquierda de aquel país. En sus representaciones se puede leer una de las más importantes páginas de la cinematografía latinoamericana del llamado “Cine liberación” que en la narrativa se iba manifestando abajo del nuevo estilo narrativo del “Noir latinoamericano” impulsado por el mismo Walsh (Vinelli, 2002), (Mestman, 1999).

La primera imagen se inserta en este discurso. El mordaz blanco y negro de la fotografía bien se adapta a la figuración de un hecho revolucionario como el Cordobazo. En primer plan se encuentra una barricada, símbolo clásico de la insurrección, por lo menos de la Revolución francesa en adelante y sujeto de muchas representaciones gráficas e iconográfica. La autoctonía de la barricada es garantizada por el material utilizado: la “chapa” no solamente un material metálico moderno e industrial, sino que un verdadero símbolo de la villa miseria. Allí se enfrentan, entonces, el autoritario poder del estado, y la fuerza del “pueblo” villero y antagonista, allí representado en un movimiento descendente que parece retomar la clásica imagen del Cuarto estado, obra del pintor Pelizza da Volpedo.

Estos elementos, ya presentes en la primera imagen, siguen lógicamente en la segunda: el escenario es igual, la barricada divide en dos el espacio de la fotografía, en la parte más alta de la imagen comparece una masa huelguista que se confunde en el humo de los coches inflamados. En la parte más baja la avenida cortada parece vacía, casi esperando la intervención de las fuerzas de policía. Es la tercera imagen que va cerrando esta primera sección sobre la representación fotográfica del Cordobazo: finalmente el enfrentamiento evocado en las fotos anteriores se produce, por un lado, los huelguistas obreros en el momento de lanzar piedras a la policía, por el otro la caballería. En una imagen se va sintetizando todo un conjunto de símbolos e imágenes típicas no solamente de los acontecimientos argentinos sino de su época (Moira, 2013: 87-105). Es en este sentido que también en las representaciones graficas sucesivas se toma, por ejemplo, a los policías a caballo y a los otros elementos enumerados anteriormente que vuelven para ser el eje central de la representación gráfica de un pamphlet de la época: «El Cordobazo, apuntes de un combatiente». El interés que nosotros queremos destacar por esta publicación no solamente tiene que ver con el frontispicio del pamphlet, sino que con su contenido:

El día del “Cordobazo” (y en muchas manifestaciones posteriores) desde los edificios de departamentos en la zona céntrica se arrojaban papeles, cojones y objetos para ayudar a quiñes hacían las barricadas; se daba alimentos y bebidas a los jóvenes obreros y estudiantes. Cuando la policía cargaba, las puertas se abrían para dar refugio a los manifestantes. Desde las ventanas y balcones se los saludaba con simpatía y se insultaba a la policía. En barrios residenciales florecieron las barricadas, lo mismo que en los barrios obreros y estudiantiles (Córdoba, 1972: 23).

En los épicos renglones que constituyen el texto de un militante como Aníbal Córdoba, además del énfasis sobre el tema del odio por las fuerzas de seguridad y por una cierta estética de la (justa) violencia, lo que podemos subrayar es como este tipo de representación intenta resolver uno de los dilemas más sentidos durante los años Setenta: el grado de involucración de la clase media en los acontecimientos políticos y en las movilizaciones sociales del país. Así se puede leer el particular énfasis en la eficaz imagen de las barricadas construidas en los barrios residenciales.

Segundo itinerario fotográfico: la militancia política

Después del Cordobazo, que temporalmente ocurre en mayo ’69, en la Argentina se van radicalizando los escenarios políticos. Por un lado los militares al gobierno entienden que la salida electoral es la única forma de guardar sus posiciones y privilegios en la sociedad argentina, y así debe entenderse la medida de ir a elecciones: seguir con la estrategia de gobiernos democráticos bajo la “tutela” militar (Torre, 2012).

Sin embargo, los peronistas, todavía en un movimiento de oposición legal y clandestina dado desde el derrocamiento de Perón en 1955, están convencidos que las próximas elecciones políticas serán las decisivas para la vuelta del líder justicialista al poder. Desde su exilio madrileño Perón sigue manejando el movimiento justicialista como lo hizo durante los últimos dieciocho años, periodo que los mismos peronistas definen como de “resistencia” (James, 1990). La política del viejo líder argentino se desarrolla por un lado fomentado los jóvenes idealistas crecidos en el mito del caudillo, y de hecho estos últimos empiezan a tomar las armas en nombre de Perón, por el otro el viejo líder se acerca a los sectores mas tradicionales y “oligárquicos” de la sociedad argentina (Romero, 2012). En este complejo frangente, en una creciente radicalización de los movimientos sociales, en relación también a la situación socio-política argentina, ingresan en el escenario público los movimientos guerrilleros: sobre todo el PRT-ERP (marxistas) y Montoneros (peronistas). El surgimiento de estos movimientos, como ya dijimos, fue debido en parte al aporte de las mismas consignas del movimiento clandestino peronista que se difundieron en los principales lugares de sociabilidad de las grandes ciudades: los barrios periféricos, las villas miseria, las parroquias donde el viento renovador del Concilio Vaticano segundo (1962-65) generaba sacerdotes-obreros, tal vez revolucionarios (Mangione, 2004).

No muchos años antes, en 1967, Perón escribía a sus propios militantes dando la idea de que el movimiento peronista estaba en un proceso de radicalización profunda:

Compañeros: con profundo dolor he recibido la noticia de una irreparable pérdida para la causa de los pueblos que luchan por su liberación. Quienes hemos abrazado este ideal, nos sentimos hermanados con todos aquellos que en cualquier lugar del mundo y bajo cualquier bandera, luchan contra la injusticia, la miseria y la explotación.

Nos sentimos hermanados con todos los que con valentía y decisión enfrentan la voracidad insaciable del imperialismo, que con la complicidad de las oligarquías apátridas apuntaladas por militares títeres del pentágono mantienen a los pueblos oprimidos.

Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven mas extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto el Comandante Ernesto Che Guevara. Su muerte me desgarra el alma porque era uno de los nuestros, quizás el mejor: un ejemplo de conducta, desprendimiento, espíritu de sacrificio, renunciamiento. La profunda convicción en la justicia de la causa que abrazó, le dio la fuerza, el valor, el coraje que hoy lo eleva a la categoría de héroe y mártir (Perón, 1967).

Estas declaraciones de Perón ambiguas, sobre todo juzgando cuando el caudillo dice “nuestros” no haciendo entender hasta qué punto está hablando del “Che” como de un “nuestro” entendido como argentino o como de un “nuestro” propiamente como un revolucionario, generan y movilizan la juventud argentina. Por esto Perón dejará entender que el peronismo será un movimiento revolucionario de jóvenes y el viejo movimiento nacional lo será de los sectores menos movilizados de la sociedad (Carnovale: 2012). En 1969, con su quinta resolución el PRT-ERP elegía la estrategia para llegar a la disolución del orden capitalista y a la revolución social. En sus páginas se pueden leer los ideales revolucionarios internacionales presentes globalmente en la escena mundial y las utopías revolucionarias de los guerrilleros argentinos:

La guerra civil revolucionaria se irá transformando en guerra nacional antiimperialista, tanto porque lucharemos contra la burguesía y contra un enemigo invasor, como porque la librará el conjunto de la clase obrera y el pueblo. En este momento nuestras consignas tenderán a neutralizar a sectores de las capas superiores de la pequeña burguesía y mediana burguesía e incluso sectores de las fuerzas represivas, entonces nuestra guerra adquirirá́ un sentido patriótico. Si bien es necesario señalar las características del desarrollo de nuestra guerra, debe quedar claro que ésta será dirigida permanentemente por el proletariado, que su esencia de guerra civil revolucionaria se mantiene a todo lo largo del proceso (PRT-ERP, 1969: 106-107).

Las acciones guerrilleras no lograran ganar el poder suficiente para ser planteadas en esta proclama, pero en este ensayo nos interesa subrayar más las cercanías ideológicas y las similitudes entre los distintos movimientos sociales del largo del Sesenta y ocho.

Todos estos discursos, parecen influir profundamente también en las imágenes presentadas. En la primera se ve la “toma” de un monumento en la ciudad de Córdoba por militantes y estudiantes cercanos al PRT-ERP. Allí presenta la bandera del movimiento una estrella roja, clásico símbolo revolucionario, puesta en el medio de la bandera nacional argentina (blanca y azul). La imagen como el mismo símbolo del movimiento armado aclaran un elemento importante: no solamente el carácter revolucionario e internacionalista del movimiento, sino también su profunda fe nacional. La segunda imagen, sacada en la ciudad de Tucumán se puede tomar como ejemplo de los mal entendidos, o más bien de la hibridación propia del peronismo de distintos movimientos ideológicos y políticos. En primer plano se observan unos jóvenes manifestando en contra del gobierno autoritario. Rodeados de carteles y consignas se encuentra el monumento ciudadano. Además de las consignas que se refieren a la intervención de un sindicato, lo que se destaca es la presencia de un cartel con la imagen de Perón, acompañado por la consigna «unidos triunfaremos», y lo de Mao Tse Tung. La unión de dos figuras políticas tan distintas bien aclara el universo imaginario de esta generación.

Tercer itinerario fotográfico: El sindicalismo combatiente

Puesta la creciente radicalización de los movimientos sociales que determina el surgimiento de las distintas agrupaciones guerrilleras, el mundo sindical, todavía comprometido con el poder político oficial, burocrático y del Estado, experimenta formulaciones políticas antagónicas. En los años anteriores al Cordobazo se experimenta una nueva manera de pensar al sindicato, básicamente como un instrumento en las manos de los obreros y con un fuerte eje político, que plantea el problema del poder estadal. Este tipo de sindicalismo, llamado de base o clasista, si bien no aceptará las medidas armadas propugnadas por la guerrilla, cuestionará a través de una plataforma sindical al sistema oficial sindical argentino por ser demasiado cercano a las políticas gubernamentales de los militares. De todas las discusiones alrededor del sistema sindical, del aporte de la doctrina cristina y nacional a la conducción del sindicalismo de base saldrá la peculiar formulación política de la Confederación General del Trabajo de los Argentinos (CGTA) liderada por Raimundo Ongaro (Castelfranco, 2012).

Además de las formulaciones políticas y de las discusiones sobre la sociedad argentina, la CGTA fue el resultado de un histórico quiebre de la historia sindical argentina: la ruptura (temporánea) de la unidad sindical. En respuesta al nacimiento de la CGTA, el sindicalismo oficial declaró nulo el congreso con el cual había surgido la seccional argentina rebelde (Mingon, 2014: 129-137).

Para nuestro itinerario sobre las movilizaciones sindicales y obreras el manifiesto de nacimiento de la CGTA es de suma importancia para poder tener una idea de la forma de representar, por el joven movimiento sindical, la situación política y social del país. Además de esto, un elemento interesante es el recurso de tomar la historia como elemento ineludible de cualquier narración alrededor del movimiento obrero organizado.

Nosotros, representantes de la CGT de los Argentinos, legalmente constituida en el congreso normalizador Amado Olmos, en este Primero de Mayo nos dirigimos al pueblo. […] en un homenaje a los héroes y los mártires de la clase trabajadora. En todos los países del mundo ellos han señalado el camino de la liberación. Durante años solamente nos han exigido sacrificios. Nos aconsejaron que fuésemos austeros: lo hemos sido hasta el hambre.

Nos pidieron que aguantáramos un invierno: hemos aguantado diez. Nos exigen que racionalicemos: así vamos perdiendo conquistas que obtuvieron nuestros abuelos. Y cuando no hay humillación que nos falte padecer ni injusticia que reste cometerse con nosotros, se nos pide irónicamente que “participemos”. […] Un millón y medios de desocupados y subempleados son la medida de este sistema y de este gobierno elegido por nadie. La clase obrera vive su hora más amarga. Convenios suprimidos, derechos de huelga anulados, conquistas pisoteadas, gremios intervenidos, personerías suspendidas, salarios congelados.

No queda ciudad en la República sin su cortejo de villas miserias donde el consumo de agua y energía eléctrica es comparable al de las regiones interiores del África. Un millón de personas se apiñan alrededor de Buenos Aires en condiciones infrahumanas, sometidas a un tratamiento de gheto y a las razias nocturnas que nunca afectan las zonas residenciales donde algunos “correctos” funcionarios ultiman la venta del país y donde jueces “impecables” exigen coimas de cuarenta millones de pesos. […]

La historia del movimiento obrero, nuestra situación concreta como clase y la situación del país nos llevan a cuestionar el fundamento mismo de esta sociedad: la compraventa del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción. […]

Afirmamos que el hombre vale por sí mismo, independientemente de su rendimiento. No se puede ser un capital que rinde un interés, como ocurre en una sociedad regida por los monopolios dentro de la filosofía libreempresista. El trabajo constituye una prolongación de la persona humana, que no debe comprarse ni venderse. Toda compra o venta del trabajo es una forma de esclavitud.

Los trabajadores de nuestra patria, compenetrados del mensaje evangélico de que los bienes no son propiedad de los hombres sino que los hombres deben administrarlos para que satisfagan las necesidades comunes, proclamamos la necesidad de remover a fondo aquellas estructuras.

Para ello retomamos pronunciamientos ya históricos de la clase obrera argentina, a saber:

-La propiedad sólo debe existir en función social.
-Los trabajadores, auténticos creadores del patrimonio nacional, tenemos derecho a intervenir no sólo en la producción, sino en la administración de las empresas y la distribución de los bienes.
-Los sectores básicos de la economía pertenecen a la Nación. El comercio exterior, los bancos, el petróleo, la electricidad, la siderurgia y los frigoríficos deben ser nacionalizados.
-Los compromisos financieros firmados a espaldas del pueblo no pueden ser reconocidos.
-Los monopolios que arruinan nuestra industria y que durante largos años nos han estado despojando, deben ser expulsados sin compensación de ninguna especie.
-Sólo una profunda reforma agraria, con las expropiaciones que ella requiera, puede efectivizar el postulado de que la tierra es de quien la trabaja.
-Los hijos de obreros tienen los mismos derechos a todos los niveles de la educación que hoy gozan solamente los miembros de las clases privilegiadas. […]

La CGT de los Argentinos no ofrece a los trabajadores un camino fácil, un panorama risueño, una mentira más. Ofrece a cada uno un puesto de lucha. […]

Alertamos que por luchar junto a los pobres, con nuestra única bandera azul y blanca, los viejos y nuevos inquisidores levantarán otras cruces, como vienen haciendo a lo largo de los siglos.

Pero nada nos habrá de detener, ni la cárcel ni la muerte. Porque no se puede encarcelar y matar a todo el pueblo y porque la inmensa mayoría de los argentinos, sin pactos electorales, sin aventuras colaboracionistas ni golpistas, sabe que sólo el pueblo salvará al pueblo (Ongaro: 2007: 25-29).

En las páginas ricas e intensas del Programa de Ongaro se pueden leer todos los sueños y las aspiraciones de un tipo de modelo sindical que por su fuerte carga revolucionaria será aniquilado por los militares y por el mismo sindicalismo oficial en los años sucesivos.

Unos de los elementos peculiares que queremos destacar es la propiedad privada: ella es considerada en su carácter de acumulación explotadora, siguiendo una clásica critica de carácter marxista, pero poniendo el foco del discurso sobre su incompatibilidad con el cristianismo. En este pasaje se puede entender una de las principales peculiaridades del movimiento obrero argentino: la hibridación entre cristianismo, revolución y nacionalismo.

Los años siguientes serán marcados por el fracaso de la plataforma política de Ongaro, por la vuelta de Perón al poder (1973), el crecimiento de una crisis de las instituciones constitucionales, el progresivo determinante de una división entre conducción sindical y movimiento obrero, que al final determinará la intervención de los militares y la toma del poder (1976).

Esta última intervención, con el nacimiento de una Junta militar y la puesta en marcha de un proyecto de reorganización del Estado en función del capitalismo financiero determinará un nuevo paradigma socio-político, cuyas consecuencias seguirán vigentes hasta el termine de los años Noventa.

El último intento de oponerse a un sistema represivo y coercitivo ya en marcha antes del golpe de 1976, fue liderado por un protagonista del Cordobazo: Agustín Tosco. La historia de Tosco, cercana a la de los sindicatos de base y a la radicalización del movimiento obrero antes del golpe se interrumpirá con su asesinato, y con la cifra simbólica de treinta mil desaparecidos entre los cuales se incorporará también el nombre de Rodolfo Walsh.

Bibliografía:

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VINELLI, Natalia, ANCLA. Una experiencia de comunicación clandestina orientada por Rodolfo Walsh, Buenos Aires, La Rosa Blindada, 2002.
WALSH, Rodolfo, El Cordobazo, Buenos Aires, en “CGTA” n°4, 1969

Didascalias:

1, 1969, Córdoba: Una barricada armada por estudiantes y obreros en el centro de la ciudad.
2, 1969, Córdoba: Entre una barricada y otra los manifestantes se enfrentan a la caballería.
3, 1971, Córdoba: La caballería del Ejército argentino intenta contener a los manifestantes de la fábrica IKA-Renault.
4, 1971, Córdoba: Militantes del ERP manifiestan contra la dictadura del general Lanusse durante la pueblada contra los militares que toma el nombre de “Viborazo”.
5, 1970-72, Tucumán: Militantes del ERP manifiestan en capital contra al gobierno autoritario.
6, 1970-1976, Tucumán: Guerrilleros del PRT-ERP en el “Frente rural”
7, 1971, Córdoba: Toma de una planta por sus trabajadores durante el “Viborazo”
8, 1969, Córdoba: Manifestación obrera liderada por Agustín Tosco.
9, 1970, Santiago de Chile: Agustín Tosco discute con Carlos Rafael Rodríguez durante la asunción de Salvado Allende a la presidencia de la Nación.
10, Córdoba,1974-75: Agustín Tosco en la comisión interna de la planta de Renault.