Francisco Martínez Bouza

Martínez Bouzas, Francisco

Natural de Arnuide, Orense. Es docente y crítico literario. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona y en Filosofía por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino de Roma. Completó además estudios de grado en la Universidad de Comillas de Madrid y en la Universidad Gregoriana de Roma. En la actualidad ejerce como catedrático de Filosofía. Realiza además una amplia labor como crítico literario. Miembro de la Asociación Española de Críticos literarios (AECL). Pertenece así mismo a la Sección de Crítica Literaria da Asociación de Escritores en Lingua Galega (AELG).

Como docente dirigió o coordinó distintos cursos y proyectos de formación para el profesorado, organizados por la Consejería de Educación de la Junta de Galicia. Así mismo, colaboró durante varios cursos en calidad de profesor tutor con la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Santiago de Compostela. Es autor de los siguientes títulos de su especialidad: En sociedade. Cavilemos e fagamos. Materiáis didácticos de Filosofía (1994), Reflexións sobre a vida moral (1995, en colaboración con varios autores), A ética na que vives (1995, en colaboración con varios autores), Filosofía (2000) en colaboración con Susana Abuín Chaves y Henrique Tello León.

Ha sido miembro de diversos jurados de premios literarios y en el año 2004 recibió el Premio Xerais a la Cooperación Editorial como crítico literario. Tiene y mantiene un magnífico blog que lleva el título de “Brújulas y espirales” en donde el lector puede ver y disfrutar de gran cantidad de reseñas de obras literarias. http://brujulasyespirales.blogspot.com/

EL FESTÍN DE BABETTE O EL HAMBRE DE IRREALIDAD

Mucho se ha contado ya sobre la más conocida de las obras de Karen Blixen. Porque, ¿quién no recuerda a Meryl Streep y Robert Redford de picnic sobre la hierba keniata? ¿Y esa plantación de café bajo el sol africano? ¿Y esas colinas amarillas del Ngong? Imposible olvidarlo.

Por eso en esta reseña tenía la responsabilidad de hablar de otra de sus obras, que curiosamente también tiene adaptación cinematográfica y que obtuvo en 1987 el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Lo reconozco, no he visto la película y hasta hace solo dos meses tampoco había leído esta novela corta. Sí, soy muy cabezona, me la habían recomendado mil veces pero fue en la inauguración de la librería Los Editores cuando la preciosa edición de Nórdica me saltó a los brazos (literalmente) y se vino a casa junto con otros tres libros que…Eso da para otras reseñas…

El caso es que me la leí en dos viajes de metro (de distancia media). ¿Cómo hace Blixen/Dinesen para contarnos tanta vida en 109 páginas? Nos habla de la existencia de los milagros, del integrismo religioso, del placer de la buena cocina y su invitación a las emociones, de la sencillez de las cosas bien hechas, de los recuerdos y de la capacidad para engañarnos. Pero además lo hace con la estructura de un cuento clásico que bien podría empezar con “Érase una vez…”, abandonando toda moraleja y creando unos personajes complejos e inolvidables.

El argumento es sencillo y lineal. En una noche de tormenta de 1871, en plena guerra franco-prusiana, aparece una mujer en una aldea de la yerma costa oeste de Jutlandia, en Dinamarca. Va huyendo de la represión en Francia tras la caída de Napoleón III, a consecuencia de cuyos acontecimientos habían muerto su esposo y su hijo y, ella había sido acusada de comunard.

Babette, que así se llama la fugitiva, toca a la puerta de dos ancianas solteras, Martine y Philippa, hijas de un severo pastor, que durante años ha liderado una comunidad de estrictos principios religiosos. Aunque el padre ha muerto hace unos años, frustrando las escasas posibilidades que tenían sus hijas de ser felices, estas siguen perpetuando la obra y la palabra de su padre. Dos mujeres, que en su juventud habían sido muy hermosas “con esa belleza casi sobrenatural de los frutales en flor o de las nieves perpetuas”, han renunciado al amor que dos hombres les habían ofrecido. Y será uno de éstos, el cantante Achile Papin, quien, por medio de una carta, les ruega que acojan en su casa a la refugiada.

Con algún recelo la aceptan bajo su techo. La llegada de la forastera, que es empleada como ama de llaves y cocinera en la casa de las dos ancianas solteras, constituye la entrada de “lo extraño” en el paraíso, en este pueblo aislado de pescadores y lleno de gracia divina donde nunca sucede nada. Allí vive Babette durante catorce años, como una presencia enigmática y reservada, que ahorra en la compra y soluciona los pequeños problemas cotidianos. Hasta que un día descubre que ha ganado la lotería que le compra un familiar en Francia. Nada menos que diez mil francos del siglo XIX. Pero en lugar de volver a su país, pide permiso a las hermanas para preparar la cena del centenario del nacimiento del pastor, con el fin de agradecer su hospitalidad. Las hermanas, reacias en un principio, a ese dispendio innecesario y pecaminoso, no pueden negarse a lo único que su sirvienta les ha pedido en esos años.

Y entonces sucede lo maravilloso. Los humildes y puritanos huéspedes sienten miedo a transgredir la ley divina por aceptar una cena exótica, pero quién puede resistirse a manjares y vinos tan delicados: sopa de tortuga y jerez amontillado; blinis demidoff con relleno de caviar acompañado de un Veuve Clicquot Champagne de 1860; codornices en sarcófago de hojaldre con foigras de trufa y ensalada Pelligrini con un Clos de Vougeot de 1846; selección de quesos y Oporto; torta fermentada de ron con higos secos. Al principio, solo uno de los invitados, el general Loewenhielm, (pretendiente de Martine cuando era un joven oficial del ejército), es capaz de poner en valor los manjares que se les están sirviendo. Pero poco a poco todo cambia, porque hay que ser muy inhumano para no caer en la tentación terrenal, para evitar sustraerse a un sentimiento generalizado de felicidad que empieza a invadir la casa de las ancianas, a colarse en cada uno de los comensales haciendo que por primera vez en décadas, se sientan libres, desinhibidos, capaces de bailar y cantar, de amarse por encima de las rencillas y desacuerdos de la convivencia en Berlevaag. En definitiva, son capaces a través del placer sensorial, de romper los rígidos moldes sociales de la comunidad.

Cuando las dos hermanas van a la cocina a felicitar a Babette, esta les cuenta que…Pero mejor dejémonos de spoiler…Digamos únicamente que esta cena supone el triunfo del talento de Babette, y pone de manifiesto otro de los temas importantes de la novela: la necesidad de dejar brotar el genio, no solo para el deleite de los demás, sino por la satisfacción de uno mismo.

La edición de Nórdica cuenta además con un plus interesante: las ilustraciones de Noemí Villamuza (Palencia, 1971) que recibieron el Premio Junceda en 2007. Los trazos escuetos a lápiz de gran fuerza expresiva y a la vez onírica, reflejan a la perfección ese mundo gris y hermético del pastor, ese pueblecito lleno de luces y sombras, el alma contenida de los personajes encerrados en unas costumbres rancias que ni siquiera se cuestionan. Pero a pesar de la austeridad, es fácil empatizar con los personajes, con Martine y Philippa, las dos protagonistas, que bajo su aparente severidad, se muestran entrañables y más que humanas. Difíciles de olvidar son los dibujos de Martine sosteniendo el farol con una mano y las líneas circulares que enmarcan al joven oficial Lorens Loewenhielm; Babette leyendo la noticia del premio de la lotería, instante resuelto con líneas que salen del centro del papel que está leyendo; el baile feliz de los huéspedes tras la cena a doble página…

En resumen, se trata de una novela deliciosa sobre las expectativas frustradas y sobre el hambre metafórica que nos come por dentro. Como dice Mario Vargas Llosa en la contraportada de la edición de Nórdica: “Al hacer de la literatura un viaje hacia lo imaginario, la frágil baronesa de Rungstedlund no rehuía responsabilidad moral alguna. Por el contrario, contribuía —distrayendo, hechizando, divirtiendo— a que los seres humanos aplacaran una necesidad tan antigua como la de comer y adornarse: el hambre de irrealidad.”

Y por si todavía no te han entrado ganas de leerla, aquí tienes el booktrailer: https://www.youtube.com/watch?v=Y0vuhlD34sU

 

ANSINA: UN GRAN POEMARIO EN LADINO

Ansina
Myriam Moscona
Vaso Roto Ediciones, Madrid, 2016, 71 páginas

Columpiada, como ella escribe, en los siglos que se mecen entre el ladino y el español, Myriam Moscona nos ofrece un poemario excepcional por muchas razones. La primera y más obvia por el hecho de que está escrito en judeo-español, el idioma hablado por las comunidades judías, descendientes de los hebreos que vivieron en la Península Ibérica hasta 1492, y fueron expulsados por los Reyes Católicos después de la apoteosis de la conquista de Granada. El ladino, una lengua sin patria ni academia durante más de quinientos años, pero utilizada todavía hoy por 150.000 hablantes. Tras la expulsión, los sefardíes españoles fueron recibidos en su mayoría en el Imperio otomano por el sultán Bayecid II. Otros se establecieron en Marruecos, Holanda y algunos países de la Europa central, llevando consigo su lengua que, excepto en algunas características específicas como el empleo ocasional del léxico hebreo, no difiere mucho del español de la época, aunque también es posible identificar el influjo de otras lenguas y dialectos peninsulares: gallego, catalán, portugués, asturiano…Actualmente el ladino tiene presencia en comunidades de Latinoamérica, en países como México, Cuba, Colombia, Bolivia, Brasil. También en Israel y Turquía que acoge a la comunidad sefardí más numerosa.

A una de estas comunidades establecidas en México pertenece Myriam Moscona, hija de una familia búlgara sefardí. Poeta de amplia trayectoria, narradora y traductora al inglés, pretende con Ansina (Así es) recuperar sus señas de identidad, no solo a través de la memoria sino también por medio de los biervos (palabras) que la unen, en simbiosis a la vez afectiva y estética, con sus ancestros. Porque la lengua también es una patria, quizás más patria que el mismo territorio.

Por ese motivo, escribe Myriam Moscona su poemario en ladino, con excepción del exordio y los epígrafes que preceden a cada una de las cinco partes del libro. Conviven, de este modo, en los poemas de Myriam Moscona dos grandes protagonistas: la función estética inherente a la lírica y esa lengua que nos permite retroceder al “tiempo que tiembla”, en afortunada expresión de Juan Gelman. Es convincente el razonamiento que la autora hace en el exordio para justificar el empleo del ladino: hay cosas que solamente pueden ser dichas en una lengua y no en otra, ya que “la connotación lúdica del asombro coloquial perdería su huella”. El ladino le permite a la poeta enlazar con la dimensión del tiempo: un espacio más íntimo, familiar y primitivo. Leemos pues en ladino, no los temas tradicionales de la poesía sefardí, sino los argumentos de siempre, incluidos los de la poesía actual. Como podemos leer en uno de los poemas de Ansina, “no se topa la lingua / solo para servir / kantikas o para enlazar /ermanos. la lingua sirve / para el rakonto / de estreyas / para studiar / insektos…” (página 54).

Poesía de hoy rebosante de cotidianeidad (la muela del juicio, por ejemplo), pero también de humor y hondura sentimental, amorosa. Estructurada en cinco grandes secciones, pautadas por epígrafes de Marcel Proust, Edmond Jabés, Zohar Libro del Esplendor, Albert Einstein y Marcel Cohen.

La primera parte, “De empolvaduras”, es el recobro evocativo de la memoria personal y familiar, la recordación de los seres queridos como la figura paterna (“kizo / facer de mi / una / leona”); las recomendaciones maternas (“el amor eterno / no es un bomboniko de dulsor”, página 22 ). En la segunda sección, “De morideros”, rescata la poeta, en versos nostálgicos, a aquellos que “se fueron / con prestor”: el padre, la madre, recuperadas sus voces (“vozes / vinieron / empués / tomaron ayre” (página 35); a las dos madres que siente hablar (“en distintas / kantikas /avlan las dos”, página 41). En la tercera parte, “De kreaziones i undimientos”, nos regala la poeta el único poema escrito en prosa: la letra beth: el muro: “la forma que tiene la primera letra de la kreazion”. Myriam Moscona echa mano de la sabiduría rabínica y nos propone reordenar juntos el olvido para mejor morir en la lengua santa.

Una cita de Albert Einstein introduce al lector en la cuarta sección, “De sensya”. Myriam Moscona evidencia que también el ladino puede ser lengua de la ciencia, y esta, sobre todo la matematika, puede ser convertida en poesía, y conectarnos con el ojo de Dios que “mos amasó con shejina (principio femenino de Dios en hebreo). Finalmente, la última sección, “De eskrivideros”, es una reflexión sobre la escritura y el habla, los biervos (palabras) con los que la poeta crea sus “kantikas”. Bellos poemas como “Serrada” o “Klaze de djudeo-espanyol”, preñados de montajes interactivos de varios sonidos y de anáforas en los comienzos versales sobre todo.

Advierte la autora de la profusión de la letra “k” y la explica debido a razones históricas: muchos de los judíos expulsados de España en el siglo XV se refugiaron en el imperio otomano. El ladino se escribía entonces con letras hebreas. Pero el presidente turco Kamel Ataturk, en su afán de occidentalizar Turquía, impuso el alfabeto latino. Y la lengua turca obligó a la escritura judeo-española a pasar por la misma criba.

Poemas muy contenidos porque el vocabulario limitado obliga a la poeta a la concisión. Pero un poemario que es memoria y testimonio de una lengua hermosa que está muriendo. Solo memoria y testigo. No rescate, porque las lenguas no se rescatan con libros; son necesarios hablantes que las practiquen a diario, niños que las mamen con las caricias maternas, que las valoren, las amen y las usen a diario.

Selección de poemas

De trokamientos

“trokar al kojo manko
trocar al manko surdo
trokar al surdo siego
trokar al siego tuerto
trokar al tuerto en ojo
trokar al ojo en rizas
trokar la riza en lavios
trokar la boka en linguas
trokar la lingua en bezos
trokar el bezo
en tus de tis

korasonatripados
todos tornamos
a trokar al kojo en manko
al manko en surdo
al surdo en tudro
i despues a durmir
i despues a morir
i despues tomar ayre
ke la kreyensa no falta…
ke de la agua
trokada en viento
trokada en polvo
trokada en luvia
kontigo trokada

komo gato mojado
tenme te pido agora
en todos tus preziados
tus de tis”

…..

Sodrera

“veremos a ver
si la kavesa
de lenio
entiende kozas
ke el korason
de suyo se guarda”

…..

Para mejor morir

“raví ben izmir dijo:
si plazieras tu lingua al fuego
i la lingua no se kemara
si plazieras tu lingua a el agua
i tu lingua recia kedara
si plazieras tu lingua al viento
i no se adgirara tu lingua
dunke tenesh una lingua santa
i kale morir en ella”
…..

Klaze de djudeo-espanyol
(El puerpo)

“el kulo es posterior
la tripa es anterior
el bofe es anterior
el rinyon es posterior
el karkanyal está en el pie
el diz en la patchá
los kaveyos koronan la kavesa
la kaniya te sale de los pies
tener korason es por un kardiak
tener ijada es infeksion de urina
la durera es konstipasion
la chuchurela es koza de mal güesmo
el párparo poedes tener serrado
ama el tino siempre abierto
-entenditesh la klaze, pasha?
-i si i no”

(Myriam Moscona, Ansina, paginas 20-21, 26, 48, 65)