Miguel Mejía Díaz

Mejía Díaz, Miguel

Soy licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad La Salle Pachuca.
Cursé estudios de Maestría en Periodismo en la Universidad de Buenos Aires, Argentina, así como la Maestría en Negocios, Emprendimiento y Tecnología en la Universidad de Waterloo, en Canadá.

Actualmente me desempeño como Coordinador de Comunicación Institucional dentro de la Vicepresidencia de Comunicación y Mercadotecnia del Tecnológico de Monterrey.

El Taller de Herramientas para la Escritura Literaria, impartido por la escritora Mariana García Luna, en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, es mi primer intento serio por adentrarse en el mundo de las letras.

CENTRAL

Nació un día de marzo en un pueblo desconocido a las orillas del mundo, creció entre las milpas verdes y las vacas flacas; por las noches, soñaba con vivir en una gran ciudad, envuelto en las luces que veía en algunos reportajes de TV Notas, rodeado de autos y gente. Para su mala fortuna sus padres lo querían mucho, así que nunca lograba alejarse demasiado de casa antes de que empezaran a extrañarlo y él sintiera un dolor en el corazón; y aunque no era muy talentoso, sabía trabajar el campo y lo trabajaba muchas horas. Tanto cariño y tantas cosechas lo hicieron un hombre acomodado, que a veces se olvidaba del sueño de las luces y los grandes bulevares, hasta que un día decidió explorar, hacer un viaje breve a la capital, abrir los ojos, ver el mundo. Tomó un colectivo que lo llevó desde su pueblo hasta la central camionera del municipio, y ahí esperó sentado afuera de la heladería.

Nació un día de octubre en una ciudad muy conocida, creció entre los distribuidores viales y las tiendas abiertas 24 horas; por las noches, soñaba con vivir en un pueblito, envuelta en la oscuridad de la noche que veía en algunos reportajes de National Geographic, rodeada de milpas y de vacas. Para su mala fortuna su familia lo tenía todo, así que nunca lograba alejarse mucho de casa antes de que empezara a echar de menos la comodidad y ella sintiera un dolor en el bolsillo; y aunque no era muy trabajadora, había estudiado carrera y maestría en la Ibero. Tanto dinero y tan poco cariño la hicieron una mujer infeliz, que a veces se olvidaba del sueño de la oscuridad y el silencio, hasta que un día decidió explorar, hacer un viaje breve a la provincia, abrir los pulmones, conocer el mundo. Tomó un coche y le pidió a su chofer que la llevara desde la ciudad hasta la central camionera del municipio, al llegar, se sentó afuera de la heladería junto a un hombre humilde.

Él sacó un TV Notas, ella una National Geographic y ambos se hundieron en la lectura de los mundos que añoraban, aquellos que los esperaban lejos, en otro sitio fuera de su realidad, en donde, incluso, podrían encontrar el amor.