Marieta Alonso Más LP 7

Alonso Más, Marieta

Marieta Alonso Más. Nace en Cuba en 1949. Hija de dos culturas, vive en España desde 1971, donde se licenció en Geografía e Historia en la Universidad Complutense de Madrid, en la especialidad de antropología americana. Sus cuentos han sido publicados en diversas revistas y antologías, como La Isla (2014), Revista Groenlandia (Córdoba, 2013), Futuro imperfecto (Madrid, 2012), Revista el Humo (México, 2010), Jonás y las palabras difíciles (Madrid, 2010), Apenas unos minutos (Madrid, 2007) y Cartílagos de Tiburón (Madrid, 2005). Su primer libro ¿Habla usted cubano? lo publicó en abril de 2013. Entiende la escritura como una necesidad, por lo que desde hace algún tiempo lleva su propio blog.

 

DOS CUENTOS

ELOGIO A UNA HORTALIZA

Mi psicóloga me recomendó leer libros trágicos, ver películas tristes, dramas en el teatro, que frecuentara la compañía de personas desdichadas para que se disipara mi angustia a través de las lágrimas. Nada de esto hizo que brotaran de mis ojos.

En cambio, el allium cepa fue mi salvación. Dicen que es una de las primeras plantas cultivadas y que procede de Asia Central. Me han informado que a los egipcios les hizo buen provecho y que más tarde griegos y romanos alimentaron a gladiadores y legionarios con un mejunje parecido a lo que hoy se llama “salsa provenzal”. Así obtenían tanta fuerza y musculatura como apreciamos en el cinematógrafo.

Dejando la historia a un lado, reconozco que disfruto al máximo cuando, cada día, la coloco sobre una tabla de madera y voy haciéndola trocitos. Lloro a mares, me quita la tos, hace que me sienta genuinamente feliz.

Con ella mis sentidos se alborotan. Su olor me llena, me arrastra hasta el infinito, cuando siento que se me hace la boca agua al masticar despacio, una buena tortilla. La paso de un carril a otro retardando el momento de engullirla.

También a través del oído he llegado a venerar este manjar, al leer en voz alta una de las más tristes canciones de cuna, canción de ausencia, de añoranza, de gran carga emocional.

Pero es a través de la vista cuando me ha llegado el éxtasis. El cuadro de Renoir. Su colorido, la fragmentación de su pincelada, la luz de la naturaleza, la voluptuosidad de su forma. Esta hortaliza, me llevó a las alturas y me sentí un alma gemela de este pintor excepcional que fue capaz de descubrir la belleza allí donde nadie antes la había visto.

Nunca pensé que a través de esta simple planta herbácea llegara a alcanzar tal estado de bienestar, tal sosiego, tal conocimiento de las artes.

Beber es un gran placer.

Canción popular

EL PRECIO DE CADA CUAL

-Todos tenemos un precio-, dijo uno de mis mejores amigos.

Desde hace muchos años, cuatro amigos, tras el trabajo, nos reunimos en la taberna del barrio a jugar a las cartas, a ver los partidos de fútbol, a charlar, a beber cervezas. Tendría que ocurrir una catástrofe muy grande para que faltásemos a la cita. Ni siquiera el día que se incendió el local dejamos de acudir. Ayudamos a los bomberos a sacar una mesa, cuatro sillas y unos cuantos botellines. Nos dijeron que no estorbásemos así que nos fuimos al final de la calle a echar la partida mientras ellos realizaban su trabajo.

Nuestras mujeres también son amigas y las cuatro están cortadas por la misma tijera. A todas les sienta mal que nosotros nos lo pasemos tan bien estando juntos. Siempre nos dicen lo mismo, como si se hubiesen puesto de acuerdo, cuando llegamos a casa un tanto alegres y ni una falla a la hora de enviarnos a dormir al sofá.

No se dan cuenta que nosotros somos hombres de honor, fieles a ellas, a la taberna, a la amistad, a la bebida. La lealtad, la perseverancia son virtudes. Entre nosotros nos enfadamos mucho menos que con ellas y, a estas alturas, no saben que la amistad entre hombres une tanto o más que el matrimonio.

-Yo no estoy en venta-, objetó uno de nosotros.

-¡Qué tú sí, hombre!-, le dijo otro.

-Yo… no estoy seguro-, afirmé yo.

-He dicho… todos, ratificó el primero.

-¡Qué no, que yo no!-, confirmó otro.

-Yo… creo que… depende del momento-, arguyó el que tenía a mi lado o enfrente. No lo sé.

-¡Hombre, pues claro!

-¡No, no está tan claro!

Así filosofeamos unos tres cuartos de hora. El tono de las voces subía y bajaba. Al final nos quedamos pensativos cuando el más sobrio dijo:

-Nosotros… nunca nos hemos vendido. Es verdad. Pero… digo yo. ¿Cabría la posibilidad de alquilarnos?