Mario Treviño García LP 7

Treviño García, Mario

Nació en Monterrey, N.L. México. Su inquietud por las letras se despertó a los seis años, cuando recibió como regalo de su madre el libro: El principito. Desde ese momento descubrió una extraña atracción por la literatura. Más tarde, logró descifrar la importancia que la narrativa le despertaba, pasando de ser un asiduo lector a buscar convertirse en escritor. En su preparación cursó talleres con los escritores Hermann Gil Robles, Felipe Montes y Mariana García Luna. Su cuento Reencuentro fue finalista en el reconocido Concurso literario “Gonzalo Rojas Pizarro 2015”, celebrado en la Republica de Chile. Su relato El más pobre de los muertos fue ganador del “Certamen de relatos: Letras de México” convocado por la editorial española Ediciones Rubeo. Ambos textos se publicarán en antologías editadas por los organizadores en el otoño del 2016.

 

PÉTALOS

—Me quiere, no me quiere. ¡Me quiere!, no me quiere…

Sentada en el alféizar de la ventana, la única en su habitación, Renata deja que el viento le arrebate los pétalos que unas horas antes, camino a casa, había robado de un jardín. El último se fue aleteando en espirales, como un anhelo alejándose de su corazón.

Un pie adentro y otro jugueteando en el vacío, su brazo derecho afianzándola y el izquierdo intentando atrapar al invisible viento que la tienta en cada suspiro. Abre la mano y de sus dedos escapa una pluma de tinta roja, tan común como ella, la deja caer al gris de la calle; al mismo tiempo una risa traviesa llega corriendo hasta su rostro preguntando: “¿Me querrá?”.

En treinta minutos, un horizonte rojizo se comerá al cielo de escasas nubes que se teje sobre la ciudad. Es una tarde de principios de marzo, de primavera adelantada con olor a lavanda. Alcanza a ver la pluma descendiendo mientras su cabeza intenta construir los sueños que quiere soñar. Se asoma un poco más y el aire la toma de los cabellos. Le encanta sentirlo agitando su cabellera, revolviéndola para buscar el deseo que la vida no le ha entregado aún. Ese de irse a un lugar donde se encuentre a sí misma, donde todas las flores le griten que él la ama, que necesita de sus labios para sobrevivir. Un castaño dorado resplandece en su cabeza a cada trompo que da. Baila con jazmines, margaritas y azucenas, gira feliz levantando los pétalos que vuelan. Su vestido claro se tiñe de colores vivos, de pequeños adornos que saltan sin cesar. La pluma cae y Renata sueña.

La sonrisa recostada en sus labios, los cabellos aplacados y dos capullos tiernos de mirada iluminada se abren sorprendidos por el triste chasquido de un escarlata derramándose en el suelo.

Toma su diario y en tinta azul empieza a vivir…