Sandra Correa Suárez LP 7

Correa Suárez, Sandra E.

Sandra E. Correa Suárez, nace en San Juan, Puerto Rico, pero la mayor parte de su niñez transcurre en Madrid, España. En 1980 regresa a Puerto Rico para realizar estudios superiores. Más tarde se traslada a los Estados Unidos para hacer estudios de Post Grado. En el año 2000, obtiene su grado de Maestría de La Universidad del Estado de Iowa con una concentración en idiomas y periodismo. En el año 2003, comienza sus estudios doctorales en la Universidad Estatal de Arizona donde se graduara en el 2010 con un doctorado en Filosofía y Letras, especialización en Literatura del Siglo de Oro Español. En la actualidad, es miembro de la Facultad de Idiomas y Literatura de la Universidad Estatal de Arizona. Por varios años ha impartido cursos de lenguas, literatura y cultura. Su interés por la investigación cuenta con enfoques transatlánticos de la literatura moderna, la cultura, la historia de España y el Nuevo Mundo, como también Cervantes, la novela picaresca española y la educación global. Sandra Correa es miembro del Instituto de Estudios Judíos de la Universidad Estatal de Arizona.

UNA MIRADA AL VIEJO SAN JUAN

Un recorrido por San Juan, es trasladarse  a una ciudad antigua colonial. Esta histórica ciudad descansa sobre la tranquila Bahía de San Juan y el océano Atlántico.

Fundada en 1521, por los españoles, es cuna del primer poblado de la Corona Española, considerada la joya mas valiosa del Nuevo Mundo. Este histórico baluarte español pareciera haberse detenido en el tiempo, manteniéndose intacta a la época de su descubrimiento en el Siglo XV.  En esta histórica ciudad, todavía se puede observar el estilo de vida de los colonizadores y la arquitectura de la época.

Esta sublime ciudad a la que llamamos “El Viejo San Juan” se distingue por su rica historia, sus imperiales fortines, sus estrechas calles de adoquines, sus coloridos edificios y su arquitectura colonial que se remonta al siglo XVI y XVII, cuando todavía la Isla era colonia española. Esta ciudad capital a su vez se diferencia por sus pintorescas plazoletas, iglesias e históricas catedrales, como la reconocida Catedral de san Juan donde descansan los restos del explorador Juan Ponce de León.

 Un poco de su historia

Fue durante su segundo viaje a las Américas que Cristóbal Colón llegó a Puerto Rico. Cuando Colón,  y su grupo de exploradores, llegó a la isla en 1493 la encontraron habitada por varios miles de indios Arahuacos, conocidos como los Taínos. La población Taina había llamado a la isla Borinquén pero Colón, antes de continuar a explorar más del Caribe, la llamó San Juan Bautista.

Quince años más tarde uno de los exploradores del grupo de Colón regresó a la isla. Éste conquistador español llamado Juan Ponce de León, fue el primer gobernador español de la isla San Juan Bautista y conquistador del puerto que hoy conocemos como San Juan. Más tarde se le conocería como el descubridor de Florida y por su infructuosa búsqueda de la fuente de la juventud.

Juan Ponce De León, primer gobernador de Puerto Rico

Conquistador y explorador español nacido entre 1460 y 1465, posiblemente, en Santervás de Campos y muerto en La Habana en 1521. Partió del rio Yuma (localizado en la Española) con 50 hombres y llegó a la zona sur de Borinquén el 12 de agosto de 1508. Allí entabló relaciones amistosas con el cacique Agüeybana, que intercambió su nombre con Ponce de León, y le ayudó a explorar la isla.

En la zona norte halló un gran puerto que bautizó como ‘Puerto Rico’ en cuya zona oeste se edificaron algunos bohíos, a los que se añadieron un desembarcadero y una casa de piedra. Fueron los inicios de lo que conocemos hoy como Caparra.

Tras explorar sus alrededores volvió a la Española donde Nicolás de Ovando, Gobernador de la Española,  le nombró Gobernador de la Isla de San Juan Bautista el 1 de mayo de 1509. A partir de entonces inició su gran labor de colonización en Puerto Rico. Mas tarde, surgieron otras poblaciones como Guanica y Sotomayor. Ese mismo año se realizó la primera fundición de oro en Caparra.  En 1511 el Rey Católico Fernando de Aragón destituyó a Ponce de León de su cargo, luego de que surgieran desavenencias entre este y los habitantes indígenas, y volvió a nombrar a Cerón como Gobernador de Puerto Rico. Cerón envió a su lugarteniente Miguel Díaz, a la isla de San Juan Bautista, y este reportó una gran oposición entre los pobladores, lo que obligó al propio Diego Colón, el Viceroy de las Indias, a ir a Puerto Rico para tratar de solucionar las desavenencias.

Luego de su infructuosa búsqueda de la fuente de la Juventud Juan Ponce de León regresa finalmente a Puerto Rico. El conquistador viajó a España para dar cuenta de su descubrimiento y el Rey Católico le nombró Adelantado y Justicia Mayor de Florida y Biminí, así como capitán de la Armada contra los Caribes y deslindador de terrenos en la isla de San Juan Bautista ( en 27 de septiembre de 1514). Por el último nombramiento, Ponce de León deslindó posteriormente la isla de San Juan Bautista en los dos partidos: al este (San Germán) y al oeste. Entre 1514 y 1516 Ponce de León actuó como Capitán de la Armada contra los Caribes. Hizo varias expediciones y logró apresar y esclavizar gran número de ellos pero no logró resolver definitivamente el problema, aunque alivió la presión que ejercían sobre la isla de San Juan Bautista (conocido hoy en día como la isla de Puerto Rico).

Las noticias sobre el descubrimiento y conquista de México, por Cortés, le decidieron a proseguir con su descubrimiento de la Florida, apenas iniciado. El Adelantado equipó dos carabelas y salió de San Germán el 26 de febrero de 1521. Alcanzó la Florida y desembarcó en la bahía de San Carlos, tal y como afirma el historiador Edward W. Lawson. Allí tuvo un desafortunado encuentro con los indios que mataron varios de sus hombres y le hirieron de un flechazo. Malherido ordenó retirada y regresar a La Habana, donde falleció a poco de llegar. Sus restos fueron trasladados a San Juan y enterrados en la capilla mayor de la iglesia de Santo Tomás, desde donde fueron llevados en 1913 a la catedral.  Lo siguiente son algunos poemas dedicados a Don Juan Ponce de León.

Elegía VI

A la muerte de Joan Ponce de León,
Donde se cuenta la conquista del Borinquén,
Con otras muchas particularidades

Canto Primero

Voz de mi ronco pecho, que profesa
Grandes cosas en versos apacibles,
Desea perfección en su promesa,
Con muertes de varones invencibles;
E ya Joan Ponce de León da priesa
Con hechos que parecen imposibles;
Pues tuvo, como fue cosa notoria,
En muy menos la vida que la gloria.

Este hidalgo fue cual le convino
A la Belona fiera y a sus artes,
Y con el gran Colón hizo camino
Debajo de guerreros estandartes;
En aquella segunda vez que vino
A los descubrimientos destas partes,
Señaló grandemente su persona
En allanar la gran Anacaona.

En Higuey, de quien ya hecimos lista,
Por Nicolás de Ovaudo fue justicia,
Donde por indio que habló de vista,
Del rico Borinquén tuvo noticia;
Pidió con gran instancia la conquista,
Por ser empresa digna de codicia;
Ovando se la dio, y a muchas gentes
Condutas de conquistas diferentes.

Porque cuando Hayti se combatía
Había caballeros generosos,
Señaladísimos en valentía,
De mayores empresas codiciosos:
Ansí cada cual dellos pretendía
Conduta de gobiernos honorosos,
Para mejor probar su fuerte diestra,
Y dar de su valor más clara muestra.

El comendador pues se determina
De dar do se conquiste gente rica:
A Velásquez le dio la Fernandina,
Y al capitán Garay a Jamaica:
Ser desto cada cual persona dina,
Por larga prueba ya se certifica,
Y al Ponce de León, con largo mando,
El Borinquen, a quien me voy llegando.

[…]

Donde sin mejorar de su herida
Llegó con las reliquias del armada:
Reconoció cercana su caída,
Dispúsose muy bien a la jornada;
Dio fin a los trabajos desta vida
Pocos días después de su llegada,
Con gran dolor de todas estas gentes,
De mujer y de hijos y parientes.

Algo fue rojo, de gracioso gesto,
Afable, bien querido de su gente,
En todas proporciones bien compuesto,
Sufridor de trabajos grandemente,
En cualesquier peligros el más presto,
No sin estremos grandes de valiente,
Enemigo de amigos de regalos,
Pero muy envidiado de los malos.

Todos aquellos hombres principales.
Vecinos de la isla Fernandina,
Solenizaron estos funerales,
Con gran autoridad y pompa dina,
Según las ceremonias de los tales
Al tiempo que al sepulcro se camina:
Y en el túmulo alto que tenía
Un dístico pusieron que decía:

Mote sub hac fortis requiescunt ossa Leonis,
Qui vicit factis nomina magna suis.

Aqueste lugar estrecho / Es sepulcro del varón,
Que en el hombre fue León / Y mucho más en el hecho.

  • Atardecer en la Bahía de San Juan, de primer plano se aprecia una Garita del Viejo San Juan
  • Viejo San Juan nocturno y una distintiva calle de adoquín colonial
  • Una típica tertulia en el atardecer en la Calle Del Cristo. De trasfondo la Capilla del Cristo
  • Plaza del Quinto Centenario, Viejo San Juan
  • Escalinatas del Viejo San Juan que conducen al hotel El Convento
  • Calle Fortaleza con sus adoquines, de fondo La Fortaleza, Mansión Ejecutiva
  • La Calle Recinto con sus coloridas tiendas
  • Imagen del interior de una Cúpula de un edificio colonial en el Viejo San Juan
  • Edificio colonial Real Intendencia, magisterio protocolar.
  • Interior del Antiguo Casino, edificio colonial
  • Balcón colonial en el Parque de las Palomas
  • Adoquines coloniales que embellecen las calles del Viejo San Juan
  • Foto que muestra los edificios coloniales y sus balcones que alinea las calles del Viejo San Juan
  • Calle que desemboca al Cementerio de San Juan y de trasfondo se ve el Castillo de San Felipe del Morro
  • Puerta del hotel El Convento y de trasfondo la Catedral de San Juan
  • Castillo de San Felipe del Morro, Viejo San Juan.