Héctor Vargas LP 7

Vargas, Héctor

(Tampico, Tamaulipas, México), reside en el área metropolitana de Phoenix, Arizona, después de viajar por el mundo. Autor de varios libros, cuentos y poemas, colaborador en varios periódicos, revistas y libros con artículos motivadores y poesías. Coautor de una extensa colección de manuales de procedimientos para la estatal mexicana Pemex. Autor de Principles of Oleohydraulics, libro técnico de consulta. Su cuentística refleja el estilo tradicional transmitido oralmente, de generación en generación, con un alto contenido didáctico ofreciendo una moraleja en cada relato. Tales consejos se aplican a las vivencias cotidianas, abarcando todas las edades. Su último libro, Más allá del más acá (2015) relata las separaciones familiares entre las fronteras méxicoestadounidenses, y por último su primera novela Los añicos de aquel sueño (2016).

BREVE SEMBLANZA: LA CIUDAD DE MÉXICO

Una de las ciudades más pobladas en el mundo.  Su desmesurado crecimiento se ha desarrollado en forma anárquica desde tiempo inmemorial, cuando apenas era una pequeña urbe apuntando desde ese entonces a ser una gran ciudad.

Su evolución quedó marcada desde la época de la conquista, causando un impactante asombro a los conquistadores españoles que posaron por primera vez su vista al contemplarla desde lo que después se llamó “El Paso de Cortez”, la franja donde se unen los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl dominando el panorama del Valle de Anáhuac, donde, según el mandato de sus dioses, los meshicas erigieron su morada a partir del año 1325. Doscientos años después, Tenochtitlan era una gran urbe de más de 250,000 habitantes. En ese entonces, ninguna de las grandes capitales en Europa contaba con tal población.

Su desarrollo durante las épocas de la Colonia, principalmente,  careció de una planificación urbana eficiente, ya que los conquistadores borraron todo vestigio de su esplendor anterior. Iguales fallas se repitieron durante las épocas de la Reforma y de la Revolución, donde la migración de la gente de provincia llegaba en cantidades exorbitantes  atraída por la concentración del comercio e industria y el enorme bloque burócrata que ofrecía las oportunidades de trabajo, raquíticas en el resto del país. “Después de México todo es Cuautitlán” reza un dicho popular para explicar que únicamente la Capital cuenta con todos los servicios que la provincia carece.

Así llegamos a la época actual, donde habitan más de veinte millones de personas en la extensa zona conurbada del Distrito Federal y las ciudades  adyacentes del vecino Estado de México en el Valle, por donde circulan diariamente alrededor de cinco millones de vehículos, contaminando el aire ambiental conjuntamente con un sinnúmero de industrias de toda clase, desde refinerías, fundidoras, ladrilleras, etc. etc., causando un grave deterioro ecológico que provoca un sinnúmero de problemas respiratorios, entre otros.

En su subsuelo se han agotado los mantos freáticos, provocando hundimientos considerables y haciéndolo muy riesgoso e indefenso debido a que su masa urbana está construida en una zona volcánica donde cualquier sismo causa severos daños.

En las construcciones modernas se ha evitado este riesgo debido a las técnicas anti-telúricas que permiten la construcción de edificios altos con un mínimo de peligro por colapso.

Ello se debe, entre otros problemas, a que las autoridades encargadas de su desarrollo han ejecutado programas que atacan problemas añejos, como el de las inundaciones repetitivas en las épocas de lluvia que sufría (y sigue sufriendo en menor escala) la Capital,  pero que ocasionan daños aún mayores, ya que al construir el sistema de drenaje profundo, el cual se lleva toda el agua anegada hasta el mar, deja socavones enormes en el subsuelo que debilitan su estabilidad y resistencia, haciendo que el hundimiento de la ciudad continúe progresiva y constantemente.

La vida en el Distrito Federal es bastante difícil. El desplazamiento de un lugar a otro, dentro de la ciudad, lleva mucho tiempo y tensión. Las distancias a recorrer son enormes. El tráfico de vehículos ha sido imposible de regularlo, ya que todo mundo lleva prisa y cada quien trata de llegar primero. Si usted maneja su propio vehículo, le aconsejan que “Maneje a la Defensiva”, la mayoría no respeta los señalamientos viales,  la cortesía es una actitud un tanto desconocida entre quienes conducen, tanto para los demás vehículos que circulan, como para los peatones. El precio de la gasolina se encarece mensualmente por disposición oficial. Los peatones cruzan las calles y avenidas por donde les place. Las vías rápidas hasta ahora construidas, difícilmente sostienen el aforo vehicular, sobre todo en las horas pico.

Si usted tiene que usar el transporte público, calcule muy bien su tiempo, ya que el sistema del metro mueve cerca de los ocho millones de usuarios diariamente. Los autobuses, (camiones, como allá se les denomina) no tienen horario fijo y no es raro ver una fila enorme de gente esperando abordarlo cuando por fin llegue. Generalmente transitan con sobre-cupo y los asientos los toman quien llegó primero. Los demás pasajeros, niños, ancianos, mujeres embarazadas, etc., tienen que viajar de pie cuidando que no le vayan a robar sus pertenencias. Últimamente, se han creado sistemas de transporte donde sí se respeta el cupo, tanto en autobuses como en un tren ligero, aunque el precio del pasaje es un poco más elevado. En el sistema del metro, por las mañanas en algunas estaciones, guardias especiales cuidan de que las mujeres aborden selectivamente. Pero al transcurrir las horas, cada quien tiene que velar por sí mismo. Esto es un problema mundial que acontece en diversas partes del mundo, no es privativo de la ciudad de México. En Tokio, por ejemplo, en las estaciones del metro hay guardias que, eso si, con guantes blancos, empujan a los usuarios de ese servicio para que desciendan o suban lo más rápido posible.

En los grandes conjuntos habitacionales diseminados a lo largo y ancho de las varias delegaciones que conforman esta gran urbe, generalmente no se conocen los vecinos sino en contadas ocasiones. Lo mismo ocurre en los servicios públicos de transporte. Usted ignora a la persona que va sentada a su lado. En provincia, su compañero de asiento le pregunta hasta por su abuelita. La disposición de la gente es muy diferente. En la Capital,  hay mucha agresividad en todos los tonos. Inclusive competitividad en cada acción. Las sufre usted desde que sale de  casa hasta su regreso.

Se han tocado algunos de los inconvenientes que se experimentan al vivir en una gran metrópoli, al igual que en cualquier otra parte del mundo en similares condiciones.

Por otro lado, la ciudad de México cuenta con varias universidades con magníficas instalaciones y población estudiantil muy numerosa, incluyendo alumnos del resto del mundo, principalmente de América Latina. Una infinidad de museos, enormemente ricos en cuanto a sus colecciones que demuestran la grandeza de la historia de las diversas culturas que se presentan en instalaciones catalogadas como prototipos en el arte arquitectónico; hospitales con equipos ultramodernos muy sofisticados en cada especialidad de la medicina, atendidos por personal de reconocido prestigio profesional.  Salas de conciertos en donde la actuación de los más destacados artistas nacionales y mundiales brindan su arte a un numeroso público que asiste a estas manifestaciones culturales. Estadios donde se desarrollan eventos deportivos de todas clases, con capacidades para espectadores muy poco igualadas en otros países. Lagos de recreo donde las familias disfrutan su descanso remando y gozando de las circundantes áreas verdes. Restaurantes ofreciendo todo tipo de la vasta comida tradicional Mexicana e internacional.  Plazas y jardines con toda la  gama floral del país. Infinidad de mercados donde se expende todo tipo de frutas, verduras, productos lácteos, comida preparada y antojitos muy variados y económicos. Enormes centros comerciales con cientos de tiendas ofreciendo en instalaciones lujosas artículos nacionales y de importación. Centros artesanales con la exquisita y maravillosa artesanía mexicana. La Monumental Plaza México, el coso taurino más grande del mundo. Las magníficas instalaciones de la Ciudad Universitaria, con sus edificios recubiertos con mosaicos de colores.

La ciudad conserva tradicionalmente varias de sus actividades y características que la conformaron desde un principio, como el poder escuchar el cilindro callejero ejecutando melodías que permanecen en el gusto de la población. En el Zócalo, la plaza principal de la ciudad, enmarcada por la majestuosa iglesia Catedral, el Palacio Nacional, sede del Gobierno Federal de la República, el Palacio del Ayuntamiento, el Palacio de Justicia y el Portal de Mercaderes con su esplendorosa joya arquitectónica del Gran Hotel de México. En esa plaza se celebran diversos eventos especiales para el pueblo. El Centro Histórico mostrando la grandeza de lo que fue Tenochtitlan.

La ciudad no ha perdido igualmente su fisonomía de antaño, conservando barrios con características muy particulares, como Tepito y su Mercado de la Lagunilla con su tianguis donde usted puede encontrar desde una bagatela hasta artículos, como muebles antiguos, pinturas de renombre, libros incunables, etc. de un alto valor. En San Ángel, con su convento y su Bazar del Sábado. En La Villa, con el santuario a la Virgen de Guadalupe, donde año con año en su Basílica se postran millones de creyentes de todo el país y del extranjero. Iztapalapa, con su Cerro de la Estrella, donde cada Semana Santa se verifica el Viacrucis con una asistencia extraordinaria. Coyoacán, con sus calles conservando el sabor provinciano y ofreciendo una variedad de delicias al paladar, como una nieve muy sabrosa, esquites, tacos, pozole, etc. Xochimilco, con sus jardines flotantes y sus trajineras ofreciendo flores, verduras, comidas en sus canales recién transformados.  En el sur, en Tlalpan, las imponentes instalaciones del Colegio Militar en la salida a Cuernavaca, diversos restaurantes campestres donde se saborea unas exquisitas carnitas y chicharrón, barbacoa de borrego acompañándolos con un buen tequila o auténtico pulque.

Esto es solo una pequeña muestra de lo que la ciudad ofrece.

Los habitantes del Distrito Federal se han acostumbrado a las vicisitudes que puedan ocurrir en una metrópoli y con filosofía positiva, simplemente gozan de todo lo que la ciudad le pueda ofrecer; la misma agresividad y competencia les hacen  sobreponerse y no nada más aceptar la realidad, sino resolver con tesón y entusiasmo todos los problemas que se les presenten.

En la historia de la ciudad de México, se encuentran dos casos únicos de equivocación con nuestro pueblo amigo del Perú.

El primero ocurrió cuando se decidió edificar la sede del gobierno Virreinal. Se hizo la solicitud al Rey, en ese tiempo  Carlos IV quien lo autorizó y sus arquitectos lo diseñaron de acuerdo a la importancia y categoría de la Nueva España.. Al mismo tiempo, Perú había solicitado un cuartel para la guarnición de Lima, el cual también fue autorizado. Al enviar los planos, se confundieron los paquetes y el plano del palacio se envió a Lima y a México el del cuartel. El Virrey aceptó sin chistar lo que el Rey había concedido y la construcción se hizo de acuerdo a ello.  Originalmente, el plano del cuartel contaba únicamente con dos pisos y posteriormente se le agregó el tercero que actualmente ostenta. Lima en cambio, tuvo un palacio de mármol con columnas muy elegante.

La segunda equivocación ocurrió cuando se efectuó la prolongación del Paseo de la Reforma, el Gobierno de México encargó al escultor mexicano Olaguibel una estatua de bronce para honrar a Cuitláhuac, uno de los héroes indios que pelearon contra los conquistadores.  Al mismo tiempo, Perú encargó al mismo escultor una estatua en bronce de Manco Capac, héroe inca muy venerado en la historia de aquel país. Al hacer el embarque, a Perú viajó Cuitláhuac y en el Paseo de la Reforma se instaló Manco Capac con grandes ceremonias. Tuvieron que pasar varios años para darse cuenta del error y por fin, ahora cada quien está en el lugar que le corresponde.

Al hablar, los habitantes del Distrito tienen un dejo o tono muy peculiar, que los distingue del resto de los  habitantes del país, además, tienen un vocabulario con modismos muy propios que no cualquiera lo entiende. Como ejemplo, se cuenta la anécdota siguiente:

El cura encargado de la parroquia del barrio de Tepito, viendo que la vestidura  que lucía la imagen del Niño Jesús venerado en ese templo, se encontraba ya muy deteriorada por el tiempo, decidió pedir limosna para reponerla y desde el púlpito se dirigió a los asistentes:  “Hermanos míos, acudo a vuestra tradicional generosidad para que con vuestro óbolo podamos disponer de una vestimenta  decente, de acuerdo a la santísima personalidad de nuestro Niño, para ello, pasará nuestro Sacristán a recoger la limosna que a bien tengan otorgar para ese fin.”

El Sacristán pasó la charola y regresó con míseros dos pesos nada más. El cura se dolió de la falta de voluntad de los feligreses, pero el Sacristán lo consoló diciéndole:

“No se preocupe señor cura, lo que pasa es que no le entendieron a usted, permítame traducirle lo que les dijo” El cura aceptó la sugerencia: “ Esele mis ñeros, achantenla un ratón, que dice aquí el bato del ropón que caifaz con la marmaja pa’ mercarle un tacuche nuevo al Chuy”.  Volvió a pasar y regresó con la charola copeteada de billetes.

Sin lugar a duda, el vivir en la Ciudad de México, es una experiencia inolvidable.