Susana Valenzuela LP 7

Valenzuela, Susana

Susana Valenzuela tiene 20 años y está en su tercer año en Arizona State Uniersity. Susana estudia dos carreras simultáneamente: Human Communication, Spanish Phonetics y una especialización en francés. Es nativa de Nogales, Sonora, México. La familia se instaló más tarde en Nogales, Arizona y, después, se trasladó a Tempe, para asistir a la Universidad Estatal de Arizona. La carrera que ella quiere estudiar es la de representante de relaciones públicas. Dado que es multilingüe, Susana también quisiera aspirar en el futuro a una carrera de intérprete, ya que estudia farsi, árabe y, posiblemente más tarde, chino. Además de aprender idiomas, a Susana le gusta sobre todo pintar con acrílica, cantar y escribir. Tiene gran afinidad al estudio de las culturas y se encuentra bastante involucrada en la comunidad universitaria. Este cuento representa la primera publicación creativa de su carrera.

EL DIARIO CONTINUADO EN PARÍS

Emmanuelle me tiene el pelo de puntas, creo que me voy a morir de ansiedad causada por esa niña. Esa pequeña curiosidad, con pelo largo y café, ojotes grises con pestañas que parecen abanicos sobre su cara. Tan hermosa, pero es una diablita, petite poupée méchantee. Se acaba de meter a mi habitación a esconderse durante nuestro juego a las escondidas, las cuales son famosas en esta casa, y cuando me di cuenta de que su cara adornaba una expresión pecaminosa, tuve que aguantarme el grito que me nació desde los pies hasta de cabeza. Quebró mi disco de Madonna que me regaló el vecino, Anton. Era mi favorito porque Madona me recordaba a mí misma, rebelde, joven e inútil. Creo que en este año, 1985, la vida será maravillosa, apenas estamos en el primer mes de este año y ya me siento mejor de haber cumplido un año aquí. El frío me da la bienvenida cuando salgo a jugar con Emmanuelle y se me ha hecho costumbre fumarme un cigarro por las mañanas cuando tomo café negro. Cada día que pasa parezco más francesa que mexicana. Como se rieran de mí en la hacienda.

Tal vez la señora y el señor Böhmer me compensarían por todas las cosas que Emmanuelle me quiebra, pierde o se mete a su bouche de mostro. Pero al fin del día la amo, y aprecio mucho lo que la señora Marianne y el señor Pierre León han hecho por mí. Apenas los conocía y ya hace un año que me abrieron las puertas de su hogar aquí en París, me dieron trabajo de niñera y me han ayudado aprender francés e inglés. ¿Quién hubiera imaginado que yo, Sonia Rubio, de Guadalajara, México estuviera en la ciudad más hermosa y chula del mundo como niñera en una casa de gran riquezas con una familia de buen nombre. Ils sont très gentil avec moi et je suis très reconnaissant de leur. Mis padres estuvieran contentísimos si supieran qué gran éxito he tenido en Francia. Aunque mi madre predijo que iba a regresar de vuelta a Guadalajara en poco tiempo, mi padre me dejo venir, él siempre apoyó mis sueños, y una vida en la hacienda no estaba en mi sangre.

Son días como estos que aprecio la compañía de Emmanuelle realmente es una niña astuta, entiende que no hablo mucho francés, pero ella es paciente, me espera, me mira a los ojos, y se comunica conmigo de la mejor manera. Sonia, pouvons-nous jouer à un jeu s’il vous plaît? Me pregunta pacientemente, queriendo jugar conmigo ya que afuera está lloviendo y heladísimo. Aunque a este nivel sí le entiendo, la manera en la cual los niños franceses hablan es muy interesante. Los mexicanitos prietitos hablan lentamente, con precisa pronunciación y se les entiende casi todo. Pero, cuando escucho a Emmanuelle y sus compañeros en el parque, Dios mío, es una canción de sílabas y fin de palabras comidas como si fueran dulces. Pero Emmanuelle ha llegado a comprender que debe de hablar muy despacio conmigo mientras sigo aprendiendo el francés. Fue así como me dio la idea de jugar a las escondidas. Esta casa es gigante, y aunque hemos jugado este juego al menos cien veces, siempre descubro nuevas partes, rincones o cosas de esta casa.

Media hora pasó y Emmanuelle no estaba por ningún lado. Ya me iba dar por vencida, hasta que oí pasitos en el ático. Aunque le he advertido que nunca subiera al ático, claro que esta vez no me obedeció. De seguro, allí estaba. Antes de regañarla por haber construido una montaña de cajas para alcanzar las escaleras y abrir la entrada secreta hacia el ático, miré que tenía una cajita en sus manos. La caja leía La Famille Goldstein, y Emmanuelle la quería abrir. Claro con su curiosidad inmensa, le dije que se tenía que salir de allí, la baje primero a ella, y antes de bajar yo misma, frene y recogí la caja. Antes de bajar las pequeñas escaleras, miré alrededor del ático. Nunca había subido y el olor era un olor tan curioso. Como a algo viejo, a muebles y a polvo. Este cuarto no ha visto el sol en años, estaba tan obscuro, mis ojos no se podían ajustar a los objetos que rodeaban el piso, pero parecía que nadie había estado aquí en mucho tiempo. Creo que ni los Böhmer han abierto este ático…

Después de haber regañado a Emmanuelle, très mal, d’accord? No, allí no, le señalaba con mis manos que no subiera al ático jamás. Le prepare su déjeuner. Comen mucho y de a poquito aquí, y a Emmanuelle le encanta las galletas con té de rosa. Abrí las cortinas de la cocina, la senté en su mesita, y yo me senté a su lado. Pasaron dos minutos para que la curiosidad me quemara la mente, fui por la caja y me senté de nuevo al lado de Emmanuelle. Cuando ella abrió la caja, pareció que la había roto, el ruido que hizo al abrirla fue el mismo como el que hace un sobre que abres abruptamente. Como si en vez de cortarte el dedo, te corta los oídos con el ruido. El primer objeto que mis ojos vieron fue un paquete de fotos, sostenido por un listón rojo. Las fotos estaban en blanco y negro, parecían viejísimas, y yo no estaba segura si eran de la familia Böhmer, pero las caras de las personas en las fotos eran hermosas. En segunda, al fondo de las fotos, había un cuaderno, con un toque café, hecho de piel de un animal fino. La primera frase que leí al abrirlo fue, “querido diario…” lo cual me dejó con el Dios en la boca. Esto estaba en español. Mi corazón sintió un jalón, de esos que te dan cuando estas en un columpio, y cuando llegas muy alto, tu estómago y tu corazón se caen de sus lugares dentro de ti. En la primera página había una foto de una muchacha. Ojos grandes, y tal vez cafés, pelo largo, liso y en orden, y en su cuello colgaba un rosario hecho de algo que parecía oro o plata. Esta muchacha es mexicana, tiene un lunar en el rincón de su boca, no es muy grande, pero bastante grande para distinguirla como mexicana y no anglosajona. Pero su mirada… Llena de esperanza, de sueños, de algún secreto que la trae loca pero a la misma vez feliz, sin barreras, con orgullo y curiosidad. Sus labios, llenos y gorditos, como los de las actrices famosas, como los de la Lupe Vélez, y nariz como la de Édith Piaf. Es hermosa. Desde ese momento, mi ojos pusieron su atención a las primeras palabras escritas en la siguiente página…

El tiempo paró de existir, la canción que tarareaba Emmanuelle lentamente disminuyó, y las gotas que caían sobre la casa pararon de caer, todo paró de existir y mis manos tomaron este cuaderno que parecía diario personal, y mis ojos empezaron a comerse las palabras.

:.. La fecha es el 2 de enero del año 1935,

Querido diario, extraño mi tierra, mis costumbres y mi tequila. Los franceses son amantes del vino, y mi sangre llora por el sabor de un tequilita de Jalisco. Con las fiestas del año nuevo, toda la gente todavía anda fuera de casa por las calles históricas de París. Pasé por una pareja hace rato y me preguntaban, “Ça va? Oui? D’accord, nouvelle année heureuse belle mademoiselle!” Mi francés no está completamente al nivel que quisiera, pero les regalé una sonrisa, por respeto a sus actitudes tan vibrantes.

Mañana iré a ver a la familia que me prometió trabajo, ojalá que me digan que sí necesitan mi ayuda. Sin trabajo, me tendré que regresar a México, y eso será mi última opción. La razón por la que deje México fue por la gran culpa que sentí después de dejar al pobre Juan de León en el altar en la pura carita del niño Jesús. La última vez que lo vi, sus ojos brillaban con lágrimas que le nacieron en cuanto se dio cuenta que yo no lo amaba, sentí cómo poquito a poquito se pudría desde adentro el amor que me tuvo, y en su corazón se reemplazó ese amor con odio. No tuve valor o ánimo para pedirle perdón, a él ni a mi familia quien me veía con odio mezclado en una torta de asco y repugnancia.

Desde el momento que llegué a Francia, nadie me miraba así, sino que me miraban con fiscalización; era yo una maravilla extranjera exótica. Como pan dulce de las panaderías de la calle Juan Manuel en Jalisco. Pero aquí no tienen pan mexicano dulce, tienen “crosantes”.

Ya que la niña, Emily, de los Goldstein se acostumbre a mi, estaré con ella a todas horas del día. La señora Goldstein insiste que le llame Soshana, pero el señor Goldstein sí es más formal conmigo. Me recuerda a mi propio padre, fuerte, de carácter agrio, bigotón y macho. Pero el señor Goldstein tiene una cierta ternura en su mirada, y a veces siento su mirada en mi cuerpo cuando me volteo de espalda para hacerle caso a Emily. La señora Soshana es hermosa, con ojos azules y cabello café como el color de la Torre Eiffel. Pero las miradas del señor Goldstein me ponen nerviosa, los hombre suelen mirarme de una manera diferente, curiosamente con un toque de deseo y miedo.

Saludos,
A.M.G.

:.. La fecha es 25 de enero del año 1935,

Jean Pierre no me deja en paz. Creo que es lindo que me siga de la carnicería hacia la casa de los Goldstein, ya que he estado con ellos por dos semanas, Jean Pierre no puede quitar sus ojos de mis manos color caramelo. Sigo aprendiendo palabritas y frases aquí y allá, pero mi español es muy mexicano y me salen las palabras pesadas. Pero, ça va, no importa.

Creo que se están poniendo bien las cosas, por las mañanas desayuno comida francesa, en el almuerzo como comida francesa, y para la cena como comida francesa. Todo francés y nada de tacos o salsas. El vinito lo toman como agua y siempre amanezco con unos dolores horribles de cabeza, es el vino. Me estoy acostumbrando a la vida aquí. Las calles por las que camino son divinas, con cuadrados de granito antiguo separados por las enmarañadas líneas en donde se caen los pelos negros de inmigrantes como yo. Tomo las mismas calles cuando voy a la Boulangerie, las panaderías en Jalisco no huelen como a ésta. La masa es francesa, la azúcar viene de alguna isla en el Caribe y cada pedazo de pan es hecho con detalles no imaginados. Y así comienzo mis días, siguiendo el olor de la panadería hasta que recojo la orden de los Goldstein. Creo que mi pelo negro atrae el olor dulce del pan francés, tal vez por eso me sigue Jean Pierre como abeja buscando miel. Pero prefiero el olor del pan torcido, mexicano lleno de maíz.

Hoy en día, no se ven muchos mexicanos por aquí pero sí se ven negritos, algunos musulmanes, de todo lo demás. Francia es muy diversa, abre sus puertas pero los franceses sí les hacen caras a los extranjeros, y a pocos no a todos.
Saludos,

A.M.G.

:… La fecha es el 23 de abril del año 1935

Estimado diario, perdón que no te he visitado en meses. He estado ocupada aprendiendo inglés y francés por las mañanas y en las noches después de que Emily se duerme. Ya puedo mantener una conversación básica con la señora Soshana, y Emily me ha estado ayudando también. Me enseña canciones que los pequeños cantan en clase, me muestra libros, fotos y todo lo que tiene. ¡Amo a esta niña! Después de estos meses, la veo como una hermanita, de siete años y tan tierna e inteligente, no como cuando yo tenía su edad. Tiene siete años y es una pequeña genio. No como era yo. Boba y torpe.

Je suis très contente ici, vraiment.
Saludos,
A.M.G.

:… La fecha es el 31 de diciembre del año 1935

Estoy enamorada. Jean Pierre es el hombre de mis sueños. No sé que sería de mí sin él. Todo lo que hace me vuelve loca. Su manera de hablar, con su acento pesado, de las colinas de Francia, la manera en la cual enciende su cigarrillo, como toma su whiskey, tranquilamente como si el sol nunca va a salir, con paciencia inmensa, igual como con la que me toca. Suavemente, con las puntas de los dedos viajando hacia arriba y abajo de mi piel cafecita.

¿Qué pensaría mi madre? Si me viera aquí en la cama de otro hombre que no es el pobre Juan de León, cuyos ojos me siguen con tristeza y me culpan de ser una mujer mala. Pero cuando Jean Pierre me mira, el no me juzga. Él no mira mi dolor, lo acepta, él no mira mi temor al amor, lo reta, a él no le importa cuánto dinero tenga o cuántos caballos tiene mi familia, a él solamente le importa que lo bese por las mañanas y que yo tome café mientras fumamos un cigarro o dos.

Saludos,
A.M.G.

:… La fecha es el 24 de febrero del año 1941,

Estimado diario, hay rumores por las calles que la guerra en Alemania se vendrá a Francia. Ya se han dejado ver oficiales que según otros son muy malos y que traen en su uniforme “SS”. No sé qué pasará pero Jean Pierre me dice que porque él es judío, tiene que escapar, que unos amigos que trabajan cerca del sitio de construcción de la oficina de los oficiales franceses, han escuchado rumores que los alemanes son muy fuertes y que Francia no tiene el poder de negarles su presencia en París. Son cosas de política y yo no entendió muy bien por que los alemanes tienen que venir a París, ¿para ver la Torre Eiffel? Eso sí, el señor Goldstein anda muy nervioso, haciendo llamadas, quemando papeles, sacando dinero de lugares que yo no conocía alrededor de la casa. No sé lo que está pasando, pero hasta los vecinos, la familia Wirtz, abandonaron su casa la semana pasada y según otros, se fueron a los Estados Unidos. Porque se fueron sin empacar muchas cosas, no creo que van de vacaciones. Tal vez Jean Pierre me puede explicar más al rato.

Saludos,
A.M.G.

:… La fecha es el 30 de septiembre del año 1941,

El señor Goldstein se tomó una botella de coñac, una de vino y otra de whisky. Las últimas que nos quedaban en este maldito ático. Creo que el alcohol facilitó la ingestión de sus pastillitas blancas. Mientras Emily dormía, en dos minutos el señor Goldstein se metió un puño de pastillitas a su boca. Sus manos temblaban, y media hora después, oí cuando su corazón paró. Su aliento, suavemente frenó y en su último suspiro, susurro el nombre de su linda Soshana, “Soshanaaaaa…”. con la prolongación de la última sílaba que se quedó en mis oídos toda la noche.

Mientras el cuerpo del señor Goldstein se empezó a enfriar, yo abrazaba a Emily, rezándole a mi morenita que no despertara… No despiertes pequeña, no veas esto, sigue soñando ma petite…

A los tres días Emily se dio cuenta que su padre estaba muerto, le estuve diciendo que solamente estaba dormido, pero ella es muy astuta, se dio cuenta y me pidió que lo tapáramos con sábanas y que lo empujáramos hacia la ventana para cuando su cuerpo se empezara a pudrir, el olor escapara por la ventana. Ella fue más fuerte que yo. Siempre lo ha sido. Ya sea que voy a encontrar una manera de salir de aquí, o voy a forjar una manera de salir…

No sé cuándo o en dónde se encontrarán estas páginas, pero si alguien mañana, hoy o en muchas lunas, lee lo que yo he escrito, se debe saber que mi nombre es Ana María Gutiérrez, soy de Jalisco, México, los alemanes y oficiales franceses mataron a la señora Soshana Goldstein y a mi novio Jean Pierre Babineaux. Sus cuerpos fueron quemados afuera en la calle cerca de esta casa. Si alguien lee estas páginas, por favor quiero que sepas que te amo, que te quiero, que esto sí pasó, todo porque no me quedé en México. No sé qué esta pasando allá afuera, pero ahorita, lo único que sé es que si salgo me confundirán como judía, y no lo soy. Pensé que en este país no importaba quien eras, pensé que Francia era la madre de la justicia, la libertad y la belleza. Pero parece ser que me equivoque, han convertido a Francia a algo que no es, y tal vez por eso el señor Goldstein se pudre al lado de la ventana, porque le monde est un endroit laid, et ceci est ma vie maintenant…

Sonia le enseñó el diario a los señores Böhmer, mientras que Sonia acostaba a la dulce Emmanuelle, el señor Böhmer fue a investigar qué más encontraría en el ático, en el rincón más obscuro de ese espacio tan chico, el señor Böhmer encontró algo larguito envuelto en sábanas de seda morada, llena de telarañas, al desenrollar las últimas sábanas, un olor horroroso cacheteó la cara, nariz y ojos del señor Böhmer. Al tomar la luz de tormenta de su saco, esas pequeñas que se usan cuando se va la luz completamente, la apuntó hacia el origen del olor, y lo que vio lo hizo brincar hacia atrás. Era el cuerpo de una persona, pero no de una persona adulta, sino de alguien más chico, más joven. Los huecos en donde una vez había ojos estaban grises, llenos de polvo. La boquita torcida pero aun así, el vestido mantuvo su color rojo, como el vino. Esa pequeña persona era la única en el ático, el señor Böhmer aseguró de buscar en los otros rincones, y no encontró nada más.

Algún tiempo después, Sonia se fue. No regresó a México, pero sí se fue a otra parte, lejos de esa casa. Toda su vida cargo con el peso de la tristes y últimas palabras de Ana María Gutiérrez. Sonia secretamente rezaba y soñaba que Ana María estaba viva en un rancho o caminando por las calles de Jalisco en búsqueda de un tequilita para limpiarse la garganta del olor de ese ático en París. Sonia se quedó con el diario de Ana María, y porque el diario todavía tenía bastante espacio para escribir, Sonia abrió las páginas en blanco y empezó a escribir…

:… La fecha es el 25 de enero del año 1995,

Estimado diario, pasé el Año Nuevo con los pies entre las olas del mar, esperando un año más a que el agua se lleve con ella mi tristeza. Sigo viviendo, pero sí que cargo conmigo la memoria de una amiga no conocida. Marcho adelante, trato de vivir mi vida, y la vivo por las dos. Mi mente suele a pensar en esos días en Paris, y tal vez un día regresare, a despedirme adecuadamente. Extraño a Emmanuelle, espero que esté bien…

Con amor,

S.