Ma. Eugenia García Ramírez LP 7

García Ramírez, Ma. Eugenia

Me llamo Ma. Eugenia García Ramírez y trataré aquí de compartir con mis lectores algunas de las experiencias de mi vida. Pero me limitaré solamente a unas cuantas. Lo primero que me gustaría mencionar es que nací en La Colorada, Zacatecas. En cuanto al tema de la educación, además de la primaria y secundaria, estudié en instituciones universitarias. Fui, por algún tiempo, profesora de educación primaria y, seguidamente, de educación media en el campo de la psicología. Continué más tarde con mis estudios superiores y, por fin, obtuve el título de ingeniera-mecánica. Ahora mismo estoy empleada por una empresa que se ocupa en el desarrollo de parques industriales. Vivo en Monterrey, Nuevo León. Por otra parte –y además- me encanta leer mucha literatura, asistir a conferencias, a conciertos de música y a museos y, por qué no, bailar, cantar y escribir. Y, como prueba de esto último, aquí les regalo otro cuento que “La Palabra: revista de literatura y cultura hispanense” tiene a bien publicármelo.

CLASIFICACIONES

El día movía en calma sus horas. A Calixto y Cuco, les parecía que nunca terminaría ese anodino sábado.
No sabían a dónde encaminar sus pasos, pues el resto de sus amigos, había tenido la fortuna de acompañar a sus padres, a pasar el fin de semana en la pequeña ciudad cercana al pueblo. Todos felices les contaron que en “Cañitas”, había instalada una feria ambulante, pues se celebraba el día de San Felipe, santo patrono de aquel lugar; y que ellos podrían gozar de subirse a todos los juegos mecánicos que ahí hubiera.
Calixto y Cuco, si bien se alegraron por sus amigos, no pudieron menos que lamentar el que sus padres no contaran con recursos para ser parte de ese festivo día.

Así que, sentados en el andén de la vieja estación del ferrocarril; y mientras el intenso sol tostaba sus cabellos, miraban hacia el camino de terracería deseando que algo en el horizonte les ayudara a cambiar esa sensación de estar plantados al sitio.
-Juguemos a matar lagartijas, dijo Cuco.
-No, no tengo ganas.
-¡Ándale!, podemos competir a ver quién resulta mejor tirador de resortera.
-No, no tengo ganas. Quisiera que “algo” pasara de pronto que nos cambiara el día.
-¡Újule!, pues como no sea mamá mandándonos a recoger las vacas, no veo qué más nos pueda pasar- y guardó silencio.
-¿Oyes?, parece el ruido de una camioneta.
-Viene por el camino de terracería, ya se ve el polvo que levanta a su paso.
-¡Mira, es el cine ambulante!, ¡qué suerte que vengan para acá!
-Corre, avisemos a papá, para empezar a arreglar el corral que les prestaremos.
-Sí. ¡Qué alegría, los que nos quedamos en el pueblo, también estaremos de fiesta!
-Papá, papá, viene el cine de don Samuel – gritaban alborozados corriendo los dos chiquillos.
-Bueno, a hacer lo que les toca para tener limpio el corral- dijo el padre.
-Cuco, tú busca a mamá y que te preste la sábana que servirá de pantalla, mientras yo empiezo a barrer y regar el corral.

Al mismo tiempo que ellos trabajaban arduamente, poniendo lustroso el lugar y clavando a la reseca pared de adobe la blanca sábana en la que, estaban seguros, podrían gozar de sus héroes favoritos; llegó la esperada camioneta hasta donde se encontraba don Tomás.
-Buenas tardes, don Tomás.
-Muy buenas las tenga usted, don Samuel. Mis hijos los vieron venir, y ya andan entusiasmados arreglando el corral que les prestamos cada vez que vienen.
-Pues muchas gracias por su hospitalidad. Samy, empieza a preparar el proyector donde lo hemos puesto las anteriores veces. Cuando ya bajen las cosas de la camioneta, por favor, Chacho y Carlos, recorran el pueblo para anunciar la función.
-Sí, papá – contestaron diligentes los jóvenes, regocijándose en la posibilidad que tendrían por la noche de encontrarse con las muchachas del lugar, y ¿por qué no?, tal vez ahora sí se animarían a pedirles que correspondieran a sus amores convirtiéndose en sus novias.
-“Cine Torres, anuncia su función para las siete de la tarde. Asista a la casa de don Tomás, donde podrá disfrutar de una película de aventura y misterio. “Los diablos del terror”. Con el galán de cine Gastón Santos y sus hermosos caballos amaestrados. Acompañado por la guapísima Alma Rosa Aguirre. Los esperamos. No olviden traer a toda la familia y su silla por favor. Adultos, un peso. Niños, cincuenta centavos”.- Se escuchaba mientras avanzaba la camioneta con su sonido por todas las callejuelas del poblado.

Los niños corrían tras de ella felices haciendo planes para disfrutar la noche y su aventura.
Llegó el momento de entrada. Las familias completas pasaban ante don Samuel quien se convirtió en el encargado de la taquilla para la función. Entre tanto, Samy, Chacho y Carlos, iniciaban con los preparativos de la exhibición del filme. El sol risueño, se retiraba dejando que la obscuridad se convirtiera en cómplice de don Samuel y sus muchachos, quienes felices por la asistencia a la función, de vez en cuando volteaban a la obscura bóveda celeste para constatar, que las estrellas les guiñaban sus ojos prometiéndoles que no habría lluvia esa noche.
La función se inició con la exhibición de la película en episodios “La venganza del charro negro”. Misma que, detenida en un punto crucial, debía ayudar a mantener la expectativa hasta la siguiente vez, cuando en su recorrido, volvieran a pasar por ahí con su equipo de cine; y sostendría fijas o en aumento las próximas entradas.

La película estelar, no dejó a los espectadores con la sensación de que algo les hubiera faltado. Por el contrario, disfrutaron de las intrigas de los ladrones y lo que más gozaron fueron las cabriolas ejecutadas por los bellos caballos del protagonista Gastón Santos, quien además era el héroe del filme. Las jóvenes suspiraban soñando que, también por ellas, arribaría algún día, un guapo mozo en un brioso corcel blanco como el que le había llegado a la hermosa artista Alma Rosa Aguirre; que la hacía de pareja del protagonista. Y así, suspiraban anhelando el cambio en sus vidas de jóvenes despreocupadas y alegres.

A cada reemplazo de rollo, los múltiples comentarios del público, elevaban un murmullo que era con toda claridad de expectación, emoción e intriga. Los chicos de don Samuel eran bastante hábiles para lograr la proeza sin llegar al límite de tiempo, donde sabían por experiencia, los asistentes, manifestaban su contrariedad, con una rechifla generalizada.

Al terminar la función, todos regresaron a sus casas satisfechos. Además alegres, cobijados por esa sábana obscura salpicada de plata; que era el cielo a esas horas de la noche, en un lugar donde aún no había llegado la luz eléctrica.
Quedaban todos esperando la próxima visita de don Samuel y con él la continuación de “La venganza del charro negro”.

Esta tarde de sábado, la ciudad lucía gris y brumosa. La fila para llegar hasta la taquilla y comprar los boletos de entrada parecía, en su totalidad detenida. Dos parejas, intentando avanzar, conversaban entre tanto animadas con la expectativa de gozar de una de las películas del momento en 3D.
-¿Crees que alcancemos entradas para “Avatar” en la función de las siete?
-Sí, creo que sí. Fue bueno que Armida y Ana, quisieran acompañarnos desde temprano, para estar en la fila antes que se terminen los boletos de esta hora.
-¿A qué sala entraremos?- preguntó Ana.
-A la VIP, por supuesto- contestó Armida. ¿Tú crees que quieran entrar a otra nuestros maridos?
-Desde luego que no- intervino uno de ellos. Este tipo de salas nuevas son las únicas que logran que el hermoso recuerdo anidado en el fondo de nuestro corazón emerja; y nos sintamos casi, como en aquellas noches de nuestra infancia, en la mejor sala del universo. ¿Ya les contamos que cuando éramos niños…?
-Siiiií, muchas veces- lo interrumpieron a coro y riendo las mujeres.
-Déjalas, Calixto- intervino Cuco- ellas no podrán comprendernos nunca. No tienen la menor idea de la maravillosa emoción que nosotros, por fortuna, vivimos al asistir a una función de cine en una “sala” con clasificación mil estrellas.