Héctor Vargas LP 6

Vargas, Héctor

(Tampico, Tamaulipas, México), reside en el área metropolitana de Phoenix, Arizona, después de viajar por el mundo. Autor de varios libros, cuentos y poemas, colaborador en varios periódicos, revistas y libros con artículos motivadores y poesías. Coautor de una extensa colección de manuales de procedimientos para la estatal mexicana Pemex. Autor de Principles of Oleohydraulics, libro técnico de consulta. Su cuentística refleja el estilo tradicional transmitido oralmente, de generación en generación, con un alto contenido didáctico ofreciendo una moraleja en cada relato. Tales consejos se aplican a las vivencias cotidianas, abarcando todas las edades. Su último libro, Más allá del más acá (2015) relata las separaciones familiares entre las fronteras méxicoestadounidenses.

 

PRECURSORES DE LA GANADERIA FRONTERIZA

La industria ganadera en la frontera de México con los Estados Unidos de América, tuvo su auge a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, antes de que los estragos de la Revolución afectaran la tranquilidad territorial de que antes se disfrutaba.

Dada la enorme extensión de nuestra frontera del Norte, fueron varios los ganaderos que acumularon extensas áreas de terrenos pastizales para la cría de ganado bovino, tanto criollo como de raza, además de caballos, mulas y asnos, siendo su principal mercado los estados fronterizos del vecino país.

Dicha actividad generaba una fuerte derrama económica debido a la obtención de divisas por las ventas, como a la creación de empleos en un país donde la industria apenas iniciaba su desarrollo, principalmente en el área minera, ya que la extracción de minerales en bruto era lo único que se ejercía en ese entonces.

Por limitaciones de espacio, en este anecdotario hablaré únicamente de algunos de esos ganaderos, quienes por su preponderancia en el negocio, significaron un profundo cambio en la vida fronteriza desde aquellos tiempos hasta nuestros días.

En ese entonces, aún no se establecía la Reforma Agraria, por lo que era común la existencia de vastos latifundios en manos de unos cuantos terratenientes debido a las graciosas concesiones que el general Porfirio Díaz, presidente en turno, concedía a un selecto número de amigos del gobierno o personales.

En el Estado de Chihuahua, Luis Terrazas ( su nombre completo era José Luis Gonzaga Jesús Daniel Terrazas Fuentes), llegó a ser el hombre más rico y poderoso del Estado, ya que sus haciendas “Terrazeñas” abarcaban más de 28,000 kilómetros cuadrados ( equivalentes a más de siete millones de acres).  Conformados por extensas haciendas.  Se calculaba que su ganado sumaba entre 750,000 a un millón de cabezas de reses. Unos 200,000 caballos y otro tanto de mulas y asnos.

Fue electo gobernador del Estado en 1858 y gobernó hasta 1903. Igualmente, fue un político aliado al Presidente Juárez durante la intervención francesa, cuando estuvo viviendo en 1864 en exilio junto con su gabinete en la ciudad de Chihuahua hasta 1866.

Surtía ganado a varias poblaciones fronterizas de los Estados Unidos, aunque su principal cliente era la poderosa empresa empacadora Swift, con quienes hacía operaciones millonarias. En 1902, vendió la Hacienda Humboldt, cerca de la ciudad de Delicias, a un grupo de patrocinadores formado por el presidente Teodoro Roosevelt para establecer una colonia de refugiados de Sud África de la Guerra de los Boers.

Tuvo un distanciamiento con Pancho Villa, porque sabía que le estaba robando ganado y nunca tuvo la intención de tener tratos con él, acarreando una mutua enemistad entre ambos. Además, Villa fue el mayor sospechoso en el secuestro de su hijo mayor durante la Revolución.

Se cuentan algunas célebres anécdotas de este personaje:

Con mucho orgullo se le oía decir que él no era de Chihuahua, sino que Chihuahua era de él.

Al inicio de sus operaciones comerciales con la empacadora Swift, el representante de ésta le preguntó si podría surtir un  pedido de 50 mil reses. Entonces él a su vez preguntó: “¿De cuál color?”

A la terminación de la construcción de la vía del ferrocarril Ciudad Juárez-México, D. F., convivió en la fiesta de la inauguración con Mr. John Pierpont Morgan, banquero estadounidense, propietario entre muchas empresas de la importante firma U.S. Steel Company, quien financió el costo de la construcción. Esta persona es más conocida en la actualidad por el nombre de J. P . Morgan, siendo el Chase Bank una más de sus inversiones.

Entre el público, se trataba de adivinar cuál de los dos personajes sería el más rico.

Cuentan que para dilucidarlo, J.P. Morgan dijo: “Yo puedo poner un dólar en cada durmiente de la vía del tren”. Dicen que Terrazas presumió” Yo puedo poner una res en cada durmiente.” El precio de las reses en esa época fluctuaba entre los treinta pesos por cabeza. El dólar estaba a la par.

Otro de los ganaderos prominentes de la frontera que descollaron en esa época, fue el General Manuel del Refugio González Flores, originario de la ciudad de Matamoros del Estado de Tamaulipas.

Las haciendas “Gonzaleñas” se extendían en los estados de Tamaulipas y Veracruz, donde pastaban miles de cabezas de ganado de engorda principalmente, aunque también impulsó el ganado de cría, sobre todo la cruza de ganado criollo con cebú, resistente a la plaga de la garrapata en esas zonas. Igualmente, poseía enormes  caballadas, promoviendo la cría del caballo “Cuarto de Milla”, raza equina desarrollada en el King Ranch de Kingsville,Texas, muy popular para labores vaqueras. El comercio vacuno en las zonas fronterizas del Golfo de México, era controlado por González.

En el estado de Tamaulipas hay dos poblaciones que ostentan su nombre, una se llama Estación Manuel y la otra es el poblado denominado González.

Fue un prominente político habiendo llegado hasta la Presidencia de la República de 1880 a 1884. Además, fue Gobernador en los estados de Guanajuato y Michoacán.

Durante la intervención francesa, se puso a las órdenes de Benito Juárez y durante el sitio de Puebla fue herido y puesto prisionero, logrando escaparse. También luchó contra la invasión estadounidense, ya que su padre fue asesinado por esas tropas.

En la batalla de Teocac, Tlaxcala, recibió un  balazo en el brazo derecho y tuvieron que amputárselo. El entonces presidente de la República General Porfirio Díaz, con quien le unía una fuerte amistad y compadrazgo,  lo premió con el Ministerio de Guerra y Marina por haber ganado dicha batalla.

Estando en la Presidencia de la República, impulsó la construcción del Ferrocarril Central Mexicano entre Paso del Norte (Hoy Ciudad Juárez) y México, D. F. otorgó las respectivas concesiones para establecer la primera red telegráfica (entre Nopalucan y Puebla, luego la de México, D. F. a Morelia y la de México D. F. a Celaya. También decretó que se usase en forma exclusiva el Sistema Métrico Decimal. En 1884 se estableció el Banco Nacional de México (Hoy Banamex).

En ese mismo año, se publicó el nuevo Código de Comercio para actualizar las disposiciones legales en esa actividad y regir como marco legal a las nuevas instituciones bancarias que empezaron a establecerse.

Murió a los 59 años de edad el 8 de mayo de 1893 en su Hacienda de Chapingo, en el Estado de México. Años más tarde, en este lugar se fundaría la Escuela Nacional de Agricultura, engalanada con murales de Diego Rivera.

Entre las anécdotas que se le atribuyen, destaca la relacionada a los preparativos de un ataque a un reducto rebelde en un lugar cercano a Matamoros, Tamaulipas. Para preparar la logística del combate, se dice que comisionó a su estratega preferido, un  coronal,  típico norteño muy carismático y popular entre la tropa, a quien se conocía como “El Chale Villarreal”, para que fuera a reconocer las condiciones del terreno en donde atacarían. Impertérrito, aquel coronel se dispuso a cumplir con las órdenes recibidas y partió de su campamento a la media noche hacia el objetivo designado. Ya casi amaneciendo, se presentó ante su jefe a rendir el parte: Venía con el uniforme enlodado y hecho jirones: “Mi general, después de analizar el terreno, puedo decirle que la artillería si puede entrar, igualmente la caballería, pero de plano, la infantería no puede”. A ver, explíqueme eso, le preguntó el general. “¡Es que hay un “perral” de la fregada mi general”!.

Otro de los ganaderos que notablemente prosperó en la frontera, fue Reyes García Olivares, originario de Metlaltoyuca, Veracruz, quien desarrolló profusamente la cría de ganado indo-brasil en una vasta extensión de terrenos en la región de la Huasteca  Veracruzana. En una ocasión cedió al Gobierno Mexicano 20,000 hectáreas de terreno, para evitar que le expropiaran 83,000. Fundó centros de genética desarrollando varios tipos de ganado cebú.

Igualmente, ha erigido en su pueblo natal una escuela con bachillerato para que los jóvenes de la región no tengan que desplazarse a estudiar hasta lugares más lejanos. igualmente, edificó un museo ganadero donde se exhiben los desarrollos efectuados para lograr en situ los diversos tipos de ganado obtenidos con las cruzas de ganado criollo con sementales cebú importados de Brasil.

Su influencia en los centros ganaderos de los Estados Unidos era muy importante, ya que exportaba  anualmente miles de cabezas de ganado de alto registro.

Surtía miles de reses a los rastros de la República Mexicana, incluyendo los de las ciudades fronterizas inclusive en el resto de los estados de Nuevo León y Tamaulipas.

Empleando a miles de peones en desmontes para potreros, cercados, aguajes, etc. médicos veterinarios, ingenieros agrónomos  para deslindes y técnicos zootecnistas para sus laboratorios de genética, choferes, empleados para sus oficinas, contadores, etc. Compra equipo para sus ranchos y haciendas,  semillas, vacunas , alambre de púas, etc. generando una derrama económica considerable.

Ha diversificado su capital haciendo inversiones en otros ramos, como la hotelería, restaurantes, farmacias veterinarias, comercios, etc. en diversas ciudades del País. Es socio fundador de varias asociaciones y bancos ganaderos.

Circula una célebre anécdota sobre este personaje. Se dice que en sus frecuentes viajes de negocios a la ciudad de Nueva York, acostumbraba hospedarse en un piso completo del afamado Hotel Waldorf Astoria, por lo que era tratado como huésped distinguido. En uno de esas visitas, viajó acompañado de su señora esposa. Una mañana, bajaron a desayunar en uno de los varios restaurantes del hotel. El mesero designado para atenderle, en perfecto Español los saludó y les tomó la orden: ¿ Qué desean tomar hoy?  “  Qué se te antoja, vieja?”, le preguntó Reyes García a su esposa.

“No sé…. respondió ésta. Mire, arguyó Reyes García, tráiganos un zacahuil  (1) con frijoles y café de olla” El mesero, imperturbable, anotó lo solicitado y se dirigió a la cocina, en donde el chef afanosamente buscó la receta de aquel platillo en su biblioteca y al no encontrarla, junto con el maitre d’hotel se presentaron ante la pareja y pidiéndole mil disculpas, rogándole a la señora que fuese tan amable de darle la receta al cocinero y que inmediatamente les prepararían lo solicitado. Aquí, dice la vox populi, que Reyes García respingó y dirigiéndose al maitre d’hotel le espetó:

“De qué les sirve tanto lujo y tanto bombo señores. ¡En Pánuco, (2) que es más chico que aquí, entra usted a cualquier fonda y encuentra zacahuil !

(1).-  ZACAHUIL, tamal de más o menos dos pies de largo, consistente en una capa de nixtamal en el fondo, en medio una capa de carne de puerco y otra de nixtamal arriba, envuelto en hojas de plátano.  Cocinado al horno como barbacoa.

(2).-  PÁNUCO, pequeño poblado del estado de Veracruz, situado a la margen del río del mismo nombre, famoso por los yacimientos petrolíferos en el área, en plena Huasteca Veracruzana.

Sherman D. Baker, texano, fue un aventurero que se apareció en Tampico Tamaulipas durante el auge petrolero, quien al igual que otros tantos, la expropiación de la industria en 1938, dejó sin trabajo. Sin embargo, mucho de ellos, aquerenciados en la zona, se quedaron viviendo esperando que la situación cambiase algún día. Mientras, Baker fundó una pequeña empresa constructora, donde hacían trabajos menores, comprando y vendiendo fierros viejos. De la noche a la mañana, por alguna relación influyente en el gobierno de los Estados Unidos durante el tiempo de la Segunda Guerra Mundial, un día se apareció en Tampico ostentando un fabuloso contrato para la construcción de aeropuertos en todo el Golfo de México.  La Constructora Azteca, S. A., empezó a comprar equipo a diestra y siniestra, contratando ingenieros, empleados, operadores, choferes, mecánicos, obreros etc. y tuvo un resurgimiento vigoroso, pues también le empezaron a llover contratos de construcción de carreteras, puentes, etc. para el Estado de Tamaulipas.

Al finalizar la guerra, su querencia por ese lugar no había disminuido y se dedicó a comprar terrenos ganaderos en varios municipios del Estado, donde edificó haciendas que contaban con presas, caminos, pistas aéreas, baños de ganado contra la garrapata, sembrando pastizales en extensos potreros que sumaban más de treinta y cinco mil hectáreas cercadas en su totalidad, donde pastaban miles de ganado vacuno tanto criollo como de alto registro.

Los caminos contaban con puertas aseguradas, ya que estaba prohibida la cacería, inclusive al personal de las haciendas.  Ello propició que el parque de venados creciese en abundancia y construyó una incubadora gigante para faisanes que diseminó por todas sus haciendas. Aquello lo convirtió en un paraíso.

Alquiló los terrenos de una hacienda vecina para ir a cazar palomas y venados junto con su hijo y amigos. En una ocasión, el vehículo donde iba manejando, saltó en una hondonada del camino y una de sus escopetas, cargada y asegurada en el respaldo de su asiento, se disparó volándole la parte posterior der su cabeza, muriendo en el acto.

A la muerte de Baker, la familia, compuesta por la viuda, el hijo y una hija, se hicieron cargo de los negocios, faltándoles la visión con que habían sido desarrollados, por lo que en pocos años después, aquel imperio se había extinguido. El hijo, hacía fabulosas fiestas con sus ex-compañeros y amigos. La madre y la hija, pasaban la mayor parte del tiempo en los Estados Unidos. El joven, atraído por el auge que la siembra de algodón en la zona se había iniciado, cambia el curso de las haciendas y al poco tiempo fracasa rotundamente. Un día, lo encuentran muerto a bordo de su avioneta después de haber aterrizado a salvo en el aeropuerto de Tampico. La viuda terminó trabajando como enfermera y la muchacha como mesera en Texas.

Otro texano, Fred Williams, llegó a Tampico trabajando como perforador de pozos en el tiempo de las compañías petroleras. Al decretarse la expropiación de las industria en 1938, se arraiga en la zona adquiriendo una hacienda en el municipio de Altamira, Tamaulipas.

Ahí se dedica a la cría de ganado “Santa Gertrudis” de alto registro, donde desarrolla un importante pié de cría. Aún cuando su hacienda no es tan extensa como las anteriormente descritas ni el número de reses exorbitante, adquirió mucha fama y renombre por la pureza de su ganado, teniendo mucha aceptación en México y en los Estados Unido, logrando un comercio muy atractivo en ambas fronteras.

En el extremo nor-occidental de México, el General Abelardo L. Rodríguez, nativo de Guaymas, Sonora,  quien fuera  Presidente Interino de la República, 1932/1934. También Gobernador en el Territorio de Baja California Norte y en el Estado de Baja California, diversas actividades que van desde la fundación de Astilleros Rodríguez,  la pesca de altura, empacadoras de atún, langosta y abulón, harina de pescado, siembra de olivo e industrialización (aceite y enlatado) de la aceituna, a  la cría de ganado, principalmente de alto registro, en los municipios de Ensenada y Tecate, donde adquiere extensiones considerables de terreno, cercando y sembrando potreros para pastizales de hatos de ganado Aberdeen Angus y Charoláis, logrando un mercado muy atractivo en la parte sur del Estado de California principalmente.

Al igual que el anterior ganadero, el General Rodríguez no adquiere las enormes cantidades de terreno antes descritas, pero su influencia en el ámbito ganadero de  la zona fronteriza, la obtiene por la calidad de su ganado.

Obvio es indicar que siendo el estado de Baja California generalmente árido, en la región que comprende ambos municipios, se puede apreciar un poco más de vegetación que en el resto del estado. De todas maneras, para el establecimiento de los potreros hubo que perforar muchos pozos acuíferos y construir caminos, abrevaderos y “sombreaderos” para el ganado, presas y canales para irrigación, etc.

En 1978, se estableció la Fundación “Esposos Rodríguez”, vigente hasta la fecha, para otorgar becas a estudiantes de escasos recursos económicos.

Como dato curioso, diremos que casi al término de la gestión de su Interinato, realizó la inauguración el Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México, cuya construcción, iniciada desde la Presidencia de Porfirio Díaz, había sufrido un largo retraso debido a los problemas ocasionados por la convulsa situación creada por la Revolución.

La noche del estreno, llegó acompañado de los artistas de moda en esos días,  Dolores del Río, Douglas Fairbanks y Ramón Novarro.

Hemos visto como algunos ganaderos establecidos en la frontera con los Estados Unidos,  alcanzaron un desarrollo impresionante creando fuentes de trabajo para miles de gentes en las diversas actividades a realizar, así como la construcción de una infraestructura tecnificada base de un comercio importante en ambos lados.

Este desarrollo siguió su curso ascendente, no obstante los tropiezos que sufriera en repetidas circunstancias,  primero con los problemas ocasionados durante los años que duró la revolución en México.

A principios de aquella época, el traslado de ganado criollo que se vendía a las empacadoras de los Estados Unidos, se hacía por medio de arriadas masivos atendidos por cientos de vaqueros que los conducían a la frontera o hasta las instalaciones del comprador  Aquel enorme hato ganadero era un botín muy atrayente para las huestes de abigeos que merodeaban la región, que con el pretexto de allegarse fondos para la “causa”, robaban el ganado para canjearlo por armas y municiones a grupos de facinerosos o traficantes que pululaban en la frontera. En menor cantidad, asignaban algunas reses para la propia alimentación de la tropa levantada en armas.

Más tarde, cuando se instauró el ferrocarril, igual suerte corrieron los embarques de ganado por ese medio, pues los revolucionarios, principalmente los de la llamada División del Norte, comandada por el tristemente célebre Pancho Villa, atacaban los convoyes ferroviarios con rumbo a la frontera, se apoderaban de la carga: jaulas con ganado, góndolas con mineral en bruto, cajas con granos: maíz, trigo o cebada,  y carros tanques con agua o petróleo. Luego, utilizaban el ferrocarril para su movimiento de tropa a los lugares de combate.

El comercio de ganado de alto registro se paralizo casi por completo, pues su traslado era muy riesgoso, ya que del botín, lo mismo se comían una res criolla que una de alto registro con alto valor comercial. Además, antes de que se popularizaran estos atracos abigeos, hubo algunos ganaderos que se arriesgaron a exportar reses finas, pero a un costo no redituable por la gran cantidad de vaqueros armados que necesitaban custodiarlas. El costo del viaje, aún sin ocurrir percances, era muy alto.

Esta situación duró, como antes quedó asentado, durante los años en que el país estaba convulsionado por la revolución.

Tomó tiempo el restablecimiento del desarrollo de la ganadería fronteriza, pues apenas los ganaderos se estaban reorganizando, cuando en el año de 1946 otro flagelo vino a desestabilizar su recuperación: La epizootia de la glosopeda: El brote de la Fiebre Aftosa, el cual se pudo erradicar oficialmente hasta el año de 1957 y aunque la zona fronteriza no fue afectada por esa enfermedad, en esa época,  por razones precautorias de seguridad sanitaria, se tuvieron que restringir las exportaciones de ganados bovino, porcino y caprino a los Estados Unidos.

Se formó la Comisión México-Americana Para la Erradicación de la Fiebre Aftosa.

La epidemia se desarrolló por la importación de un hato de ganado cebú que se importó de Brasil, país donde el mal es endémico, habiendo  intervenido intereses políticos de alto nivel, unos asegurando que si se había autorizado su internación y otros negándola. A dicha importación, se le impuso un tiempo de revisión en la Isla de Sacrificios, cerca del puerto de Veracruz, para constatar de que no viniesen animales enfermos. Entre dimes y diretes, al final se autorizó su internación y resultó la propagación del brote de la fiebre aftosa en diversas zonas del centro de México.

En un  principio, se carecía de elementos preventivos para combatir la enfermedad, utilizándose lo que conoció  como el “Rifle Sanitario”. Se sacrificaba a toda clase de ganado que estuviese contaminado o dentro de zonas afectadas y se enterraba en fosas profundas cubiertas con una capa de sosa cáustica. En caminos y carreteras, había puestos de control con vigilancia del ejército nacional, donde se esterilizaba el calzado de los viajeros y las llantas de los vehículos para prevenir la propagación del virus.

Se indemnizaba a los propietarios, surgiendo muchos problemas por la discrepancia del valor asignado en cada caso. Hubo gente que escondía sus animales para evitar ser despojados.

Poco tiempo después, se desarrolló una vacuna para la prevención de la enfermedad, salvándose del sacrificio a miles de ganados. Solo se ejecutaba a los animales que hubiesen adquirido el mal.

Como se apunta anteriormente, la ganadería fronteriza se vio seriamente afectada por las disposiciones preventivas ejercidas por los Estados Unidos ante una posible contaminación de ganado con fiebre aftosa. Fue hasta el año de 1957 cuando oficialmente se declaró erradicada en México.

Siguieron denodados esfuerzos por parte de los ganaderos fronterizos para recuperar el mercado en los Estados Unidos.

Dichos esfuerzos eran en condiciones muy diferentes a las prevalecientes cuando industria agropecuaria tuvo su auge, ya que desde 1934 se implantó el sistema ejidal y los grandes latifundios desaparecieron al repartirse la tierra según el programa  establecido por el gobierno y al reducirse las grandes extensiones de terreno dedicadas a la ganadería, se redujeron asimismo los hatos ganaderos por la  consecuente limitación de pastizales.  Los propietarios de haciendas pudieron conservar únicamente los cascos de las mismas. El resto, se repartió.

Algunos ganaderos lograron conservar una parte suficiente de sus propiedades al obtener del gobierno el reconocimiento de  la necesidad de extensiones de terrenos dedicados como potreros para el sostenimiento del ganado, otorgando en algunas ocasiones Certificados de Inafectabilidad, aunque su logro, un tanto difícil,  requería de infinidad de inspecciones, calificaciones, pruebas fehacientes de que serían destinados a la ganadería, etc.  Trámites que resultaban onerosos y tardados.

Posteriormente, el gobierno mexicano adoptó otra política agraria y en todo el país se instauró en el año de 1974 la Reforma Agraria, y se adecúa en 1998. Es hasta ese entonces que la posesión de las tierras, comunales, ejidales y privadas, queda reglamentada en forma definitiva.

Ya con la posesión asegurada, los ganaderos de la frontera vuelven con mayor brío a reforzar la infraestructura un tanto debilitada en sus tierras. La inversión en la industria ganadera se desarrolla con técnicas que ofrecen no nada más instalaciones eficientes, sino que dicha tecnificación, abarca hasta el producto terminado.

Desde luego, en general las extensiones de terreno son de menor tamaño del de sus antecesores, así como el número de cabezas de ganado tanto criollo como de cría, pero es evidente una mejor calidad en la carne de los animales de engorda, tanto por las mezclas del tipo de ganado más adecuadas para cada región, como por los cuidados a que fueron sometidos durante su desarrollo. El mismo resultado se ha obtenido con los animales de alto registro, obteniendo una pureza satisfactoria

Cada animal destinado a exportación, ya sea de engorda o de cría, lleva una cédula donde se asienta un número de registro, el rancho o hacienda de su procedencia, los tratamientos veterinarios a que fue sometido, su registro genético, (Pié de Cría) y el nombre del propietario que realizó la transacción.

Así, el comprador tiene a la mano todos los datos en caso de cualquier problema que surgiese al recibirse en su lugar de destino. Y sobre todo, de que el producto que está adquiriendo llena satisfactoriamente los requisitos de calidad requeridos.

Con esa confianza, se establecen las bases sólidas para el desarrollo de un mercado creciente día con día.