Pedro Burgos Montero LP 6

Burgos Montero, Pedro

Pedro Burgos Montero.
Puertollano (Ciudad Real), 1955.

Poeta, fotógrafo y collagista vocacional y autodidacta. Su obra gira en torno al collage artístico sobre diversos materiales y técnicas, la poesía visual, el fotograma y el fotomontaje. Ha publicado crítica de arte en diversos medios, textos para exposiciones y libros de fotografía. Exposiciones individuales desde 1992.

Fuente: Pedro Burgos Montero

EL HOMBRE IMAGINARIO (EN RECUERDO DE NICANOR PARRA)

No sé si soy el  hombre  imaginario
que palpa el  corazón del ser  verdadero
o acaso el  hombre verdadero
que  palpa el  corazón del ser  imaginario.
Pero  si  sé de mi amor  imaginario
y tengo fe tal vez  en  lo que quiero  creer
de forma verdadera siendo  sólo eso:
un  hombre  imaginario  sin  razón de ser.
(Silencio  imaginario,
imaginaria  belleza,
imaginario  pensamiento,
cultura  imaginaria
y
muerte cierta).
TODO tan  verdadero
como  falso.

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Está  llegando  lentamente
el abandono  definitivo,
tú  tan  lejana
en  tu  lejanía,
yo  tan  solo
en  mi  soledad.
Poco a  poco
desaparecen  los recuerdos,
tú  tan perdida
en el  olvido,
yo  tan  olvidado
de la  vida.
Está  llegando  lentamente
el  abandono  postrero,
mientras  nosotros
pedimos dignamente
un  poco de silencio
perfumado,
para que  no  sufran
esos  ojos  tuyos
ni estas  manos
mías.
Está
llegan-
do
el
abandono
definiti-
vo.

JUAN PANERO

Ganado  del  amor  por  la locura,
tembloroso  y de  llanto enfebrecido,
durmió  mi  voz el corazón  herido
por soberana  luz de luz  segura.

Hombre de soledad, en  la madura
tristeza de mis años  recogido
busqué  mi amparo en  ti,  y enmudecido
sólo  un  silencio  hallé,  y esta amargura

que en  tan  hondo arrancar es elocuente.
Hombre soy de  callar  las penas  mías
valorando el  silencio en  lo que expresa.

Mas ¡ay!, este  callar  tan  insistente
que me  cuaja  la sangre de agonías
colma el  dolor,  y el  corazón  me pesa.

POEMAS DE OTRA FORMA

Al azul llegué sin darme cuenta
y del azul me fui sin percatarme
dormido estoy en el azul ahora
como un gato sonámbulo en un cable.
La sangre no me nombre, no me espera
y el azul se ha ido lejos y sin irse
enamorado de un tiempo sin memoria
los ojos llevo por ruinas de juguetes.

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Ninguno se ría de los locos,
ninguno del poeta se aproveche,
si los astros no giran y se salen de quicio
si no caen las estrellas o gritan las montañas.
Ninguno de los locos se burle
ninguno del poeta sienta pena,
si para amarse no regresan los muertos
ni por todos nosotros alguien llora.

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Había en la calle un hombre
era de noche
decían
que antes era
diferente.
Había en la calle un hombre,
llovía.

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Ha venido el hombre de la expresión vacía
y se ha sentado donde no se sienta nadie: en el olvido;
un cigarrillo en una mano, y la mirada
en una tierra tan baldía como el desierto o el pasado.
No ha venido a esperar ni a beber o a charlar;
él está solo y mudo sin diálogo
y hasta sin edad,
dormido.
Quizá viene y se sienta
a ver u oír el mar
que tiene dentro.
Quizá es de tan lejos
que nunca llega ni se marcha
a ningún sitio.

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Le habían vuelto loco
los libros y el amor.
Nombres sueños dio al insomnio
construyó su casa, su castillo
e imaginó el aire y la luz
donde precisar sus ojos.
Pero se había puesto loco
de menester tan raro
y se calló.