Adelaida López Marcos LP 6

López Marcos, Adelaida

Adelaida López Marcos nació el 22 de septiembre de 1977 en Orihuela (Alicante), España. A muy temprana edad era notable su afición por la escritura, especialmente la poesía, pero no fue hasta el año 2012 cuando inició una dedicación exclusiva. Es autodidacta y capaz de abordar cualquier tema con un estilo propio, profundo, duro, tenebroso, pero siempre impregnado de sentimientos nacidos en sus entrañas. Su primer poemario: “Me muerdo el alma”, fue editado en 2013 por la Editorial Erik Jezebel de forma promocional. En la actualidad dispone de dos poemarios que esperan pronto ver la luz: “Las alas azules y el abrazo de Rafael” y “De camino”. Es gestora del blog http://poemasdeadelaida.blogspot.com.es, y partícipe en diversas revistas literarias, antologías poéticas y recitales culturales.

 

NO TE MUERAS

No te mueras, cariño no te mueras,
no te mueras, que yo me muero ardiendo.
Me voy con las  manos vacías, ¡rotas!,
y arrojada a las llanuras del infierno.

Ando por senos de arena ondeante
y se me corta el aire que respiro.

Me rompo llena de melodías
que me estrangulan y silban rotas,
delante de las estrellas que hoy
me gritan todas.

No te mueras bajo el sangriento sol poniente,
que las despiertas lenguas van enloqueciendo,
son culebras rodando, son frutos sombríos
que navegan, -como  esas barcas inundadas
repletas y muy llenas de gotas abiertas-,
que van directas al encuentro de la hierba.

Cae el mar en el Atlántico de mi cuerpo.

No te mueras, que el mundo solo gira en clave,
no te mueras debajo de ese sol sangriento,
porque al espeso perfume de las rocas
yo no lo entiendo.

ELEGÍA A UN ALMA AUSENTE

Dicen que los árboles no escuchan,
ni las madrugadas con el viento
o el mar con sus montañas ciegas;
pero cuando sientes que te ha llegado la hora
y te mastican los días en sus sombras,
duermes en las escaleras que nunca suben
y nunca bajarán mas que para abrigarte.

Ahora, y después de mucho tiempo,
soy un espejo triste,
un rostro arrastrando un cuerpo deforme
pudriéndose, llorando como el barro,
y porque barro son mis tristes manos.

He muerto en un paisaje
con su juventud asesina.

Esclavista soy de mi cuerpo lleno de armas,
que cargado por el tránsito de mis dientes
gritaba deshojado cuando me deformaba,
apuntándome para estrangularme el aliento
y la sangre.

Dos ojos como manos se enfrentaron a la vida,
no para abrazarla, ni para convidarla,
sino para arañarse llorando al darse cuenta
de lo poco que importa y de lo poco que ocupan.

Nunca fui el herrero de este mar
sino de este monte lleno de metales,
el amo de una fábrica llena de demencias,
y de hachas;
para acabar despedazándome en una tierra
llena de manadas de leones,
de lobos furiosos y de hienas.

Mis huesos y mis ropas desaparecen
y se elevan como un mástil oxidado,
rompo, rasgo, mastico amontonándome;
como la luz de una lámpara iluminando
mi nombre borroso, quedándome encendido
como el faro de los soldados que aprendieron
a ver dentro de un agujero,
un agujero enfermo,
retirado junto a un Dios dormido
que se vestía con mi sombra gorda.

Dicen que los arboles no escuchan,
ni las madrugadas con el viento
ni el mar con sus montañas ciegas,
pues he acabado en una tierra
llena de manadas de leones,
de lobos furiosos y de hienas.

 

ORIHUELA SE OLVIDA DE MIGUEL HERNÁNDEZ

¡Ya te han callado Miguel!,
te han dejado en el olvido,
te han tirado con una patada
separándose de tu camino.
Calla, ¡anda calla!,
¡que no fracasa tu vo
ni tu lengua se seca con el viento!

Por España y por tu sangre
se levanta mi piel firme,
se levanta mi garganta al llamarte:
Miguel, ¡Miguel, Miguel!,
pero hijo, ¿qué te han hecho?,
¿ya no hay hombres que se cosan
tu nombre en el pecho?

Defendiste a los tuyos
señalando hasta al viento,
defensor entre los  hierros
y defensor de los muertos.

Un día escribiste:
“Muerto mío, muerto mío:
nadie nos siente en la tierra
donde haces caliente el frío”.

Y yo te respondo:
“Mi llanto es un valle,
un balcón abierto
donde caen piedras;
diluvia tanto que llevo
tu muerte en mi pecho.

 

LA RAMA

Entre los puentes del llanto roto y seco
golpea la rama quebrada,
nacida de entrañas sedientas
dormía con las piedras saladas.

Madre, traigo sed temprana,
¡libera mis finas raíces de mis flojas ramas!

¡Hijo!, naciste de mi hambre y de mi sed,
te acunaron mis llantos, que hoy se han secado,
y si me pides que te deje de coger,
caerán antes estos brazos de piedra
que verte marchar y caer.

 

TE ESPERARÉ

Es imposible dejar marchar el eco del agua,
retenerla entre mis manos o verla marchar
y no poder acariciarla.

Su lejanía me prometió
volver con su sonido escurridizo,
triste y callado quedó mi estanque
sin sus sonidos.

Las aguas han de volver
de los cauces hasta mis pies,
hay algo que las separa
de su natura hasta mi casa.

El aire me susurra
que le espere quedándome quieto,
siento que no me quiero
…pues ya me seco.