Francisco Blanco Vazquez LP 6

Blanco Vazquez, Francisco

El Profr. Francisco Blanco Vazquez (1946-2007) fue Cronista Municipal de Tepache, integrante de la Asociación de Cronistas Sonorenses, A.C., por 17 años, de 1990 hasta su muerte el 02 de enero del 2007.

EL CIERRE DEL MINERAL DE LAMPAZOS, 1992

Profr. Francisco Blanco Vazquez
Cronista Municipal de Tepache (In Memoriam)

Durante más de una década, el mineral de Lampazos representó para el municipio de Tepache la mejor opción ocupacional, tanto para los moradores de nuestra cabecera municipal como para la región misma, amén de dar oportunidad de empleo a mineros de diferentes puntos de nuestro país. Desde el inicio de los años setenta y hasta 1992, la explotación de la plata tuvo su apogeo. Diariamente eran extraídas más de 500 toneladas de mineral que en el mismo lugar era procesado, para posteriormente enviarlo como concentrado al estado Coahuila. La enorme riqueza que la montaña guardaba en sus entrañas parecía ser interminable y nunca pasó por la mente de los tepacheños y avecinados, la idea de que pronto aquella bonanza desaparecería como por arte de magia. La economía de Tepache giraba en torno a la actividad minera y nuestra economía experimentó una gran transformación: semanalmente la derrama de dinero entre los trabajadores alcanzaba a rebasar los $60,000.00, Tepache se había convertido en un lugar progresista, el dinero corría de mano en mano, el comercio hacia su agosto, la comunicación con otros lugares mejoró sensiblemente, las orquestas y grupos musicales del lugar tenían asegurado el sustento, la población aumentaba muy por encima de la media estatal, llegando su población a cerca de 5000 habitantes. La población escolar exigía año tras año más maestros, la construcción demandaba mayor cantidad de obreros. En fin, Tepache era un pueblo de privilegios.

Pero aquella hermosa época de bonanza tenía que llegar a su fin el año de 1992, la estabilidad de la fuente de trabajo sufre una sacudida, hay fallas de gerencia en la estrategia de explotación de más mineral y nuevos frentes, el precio internacional de la plata cae estrepitosamente hasta los $4.50 dólares la onza, después de estar cotizada hasta en $ 16.00 dólares; la gerencia trata de enderezar el rumbo y para ello ordena (Ingeniero Ojeda) despilarar la mina, para aprovechar el rico contenido de los pilares, acción que acarrea constantes amenazas de derrumbes al interior de la mina; busca afanosamente levantar la producción y para ello realiza la explotación del cercano mineral de “las palmeras”, invirtiendo en dicho trabajo una cuantiosa suma de recursos, obteniendo inicialmente resultados halagadores, pero al iniciar la explotación se dieron cuenta de que sus esfuerzos eran estériles, pues el proyecto “las palmeras” vino siendo el mayor de los fracasos.

Los inversionistas de Minera Lampazos al experimentar cuantiosas perdidas tratan de salvar la fuente de trabajo; pero la gran caída del precio de la plata, la necesidad de nuevas inversiones y la drástica postura de la sección 278, exigiendo grandes aumentos en sueldos y prestaciones, les hicieron tomar la decisión de abandonar los trabajos e inician el despido de empleados de confianza y obreros de servicio.

En una triste tarde de verano, el 22 de junio de 1992, al celebrarse en la cancha de la escuela primaria “Lampazos” el cierre del ciclo escolar 1991-1992, el ingeniero Heberto Moreno (de Cananea), representante personal del gerente de Minera Lampazos, ingeniero Jaime Francisco Ollivier Atondo, hace saber a los ahí congregados que las actividades del mineral Lampazos se declaran clausuradas definitivamente. A partir de aquel momento se inicia una caravana de obreros que con la tristeza reflejada en su rostro se retiran hacia otros lugares en busca del sustento. Uno a uno van abandonando aquel hermoso lugar de la serranía que por tanto tiempo fue su orgullo, el hogar y diario sustento de los suyos. Poco a poco aquel risueño lugarcito se fue quedando solo; desierto y empolvado aún persiste, como mudo testigo del esfuerzo humano realizado. Ya no se escucha el estridente sonido de la sirena al dar la hora, la escuela añora las risas infantiles, la torre del malacate permanece cual gigante erguido en las alturas, la estrella que en la noche orientaba sobre dónde estaba el mineral ya no irradia su luz, el rugido del tráiler en la ladera ha enmudecido, todo es tristeza y soledad, abandono, ruina y recuerdo, historia vivida y sentida.

Cerrado el mineral, Tepache sufre las consecuencias: de alrededor de 750 familias que moraban en la cabecera municipal, 150 han abandonado nuestro municipio; la población escolar ha bajado de cerca de 520 alumnos de primaria a sólo 190 (2001), en secundaria de 135 a sólo 89 y el jardín de niños actualmente apenas cuenta con alumnos. Los pequeños comercios han clausurado, el bullicio de los fines de semana se ha esfumado, el joven emigra de nuevo a la ciudad o hacia los Estados Unidos buscando empleo seguro, mientras que de aquellos casi 5000 tepacheños hoy solo quedan menos de la mitad, viviendo aquel hermoso recuerdo de bonanza, de dicha, de progreso y desarrollo con la gran esperanza de que en el futuro la mina se reabra para beneficio de todos.