Beatriz Jiménez Villanueva LP 6

Jiménez Villanueva, Beatriz

Graduada recientemente con un PhD en Español del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Arizona. Su área de investigación son Estudios Fronterizos, con un fuerte énfasis en la Literatura Chicana y la Teoría Crítica. Su disertación, defendida en abril de 2015, se titula “La descolonización de la sexualidad en la literatura chicana”.  Este trabajo pone en conversación diferentes campos de estudio interdisciplinarios: Estudios Fronterizos, Estudios Chicanos y Estudios de Género  y de Sexualidad. En él se recurren a dos campos teóricos principales, Teoría y Teoría Posestructuralista para repensar las representaciones de raza y sexualidad en la literatura chicana contemporánea. Además, ha publicado “La deconstrucción de la heteronormatividad en la obra The Faith Healer of Olive Avenue de Manuel Muñoz” (2011) en Divergencias: Revista de Estudios Lingüísticos y Literarios, en la que también ha colaborado varias veces como editora.

“LA DESARTICULACIÓN DE LA HETERONORMATIVIDAD A TRAVÉS DEL ESPACIO EN LA OBRA DE JOHN RECHY”

John Rechy es un autor de ascendencia mexicana que puede considerarse de los primeros novelistas gay en el contexto chicano. El hecho de que sus novelas primen su homosexualidad ante la identidad chicana ha hecho que la crítica obvie a este autor por muchos años. Sin embargo, la evolución de los estudios chicanos hacia otros componentes de la identidad chicana ha suscitado un interés en la obra de Rechy, recobrando sus obras como parte del espectro literario chicano. Rechy saltó a la fama con su novela City of Night, donde recoge parte de su experiencia personal en las calles estadounidenses como prostituto.

City of Night es por tanto una novela autobiográfica. En ella podemos ver un desafío de las normas culturales plasmadas en el espacio, donde la cultura americana está ligada no físicamente, sino por una cultura queer que se desarrolla en sus principales ciudades. Desde El Paso, ciudad de origen de su protagonista anónimo, pasando por Times Square en Nueva York,  Pershing Square y Hollywood Boulevard en Los Ángeles, así como en The French Quarter en Nueva Orleans, el joven busca su identidad sexual en las calles de estos espacios. Esta búsqueda de su identidad sexual evoluciona desde los primeros capítulos donde enfatiza su masculinidad, hasta los finales, donde incluso se plantea una posible relación estable con uno de los personajes, Jeremy. Pero el protagonista rechaza esta proposición por el miedo al rechazo social. Vistas las experiencias que componen la vida de los personajes que ocupan estos espacios, decide regresar una vez más a El Paso.

El narrador-observador desarrolla su historia a partir de muchas otras historias, narradas o adivinadas en los múltiples personajes que van apareciendo en su camino. A través de todas estas historias, el autor cuenta cómo funciona la subcultura gay a comienzos de los años sesenta en un país principalmente homofóbico, Estados Unidos. Todas las experiencias que él observa contribuyen a formar su propia identidad sexual y a desarticular la heteronormatividad de los patrones reproductivos, consumistas y patriarcales de la sociedad estadounidense.

City of Night es como hemos dicho una novela principalmente autobiográfica, en la que aparecen personajes reales, a veces incluso con el mismo nombre y características que en la vida real, otras veces con rasgos inventados. Entre sus personajes destacan Mr. King, el Profesor, Miss Destiny, Chuck, Skipper, Lance, Dave, Neil, Sylvia, Chi-Chi, y Jeremy, por orden de aparición. Las experiencias vitales de este autor están fielmente representadas la mayoría de las veces[1]. Este amplio espectro de personajes, así como sus vivencias, son los que componen realmente el carácter subversivo de esta novela, ya que su lucha diaria por sobrevivir en una sociedad principalmente heteronormativa es el germen del cambio ideológico y cultural hacia una sociedad más inclusiva para las sexualidades marginales. El hecho de que esta supervivencia y esta lucha cultural se den principalmente en el espacio público, es lo que hace del espacio en sí una herramienta para la desarticulación de la heteronormatividad.

Es usualmente asumido que la sexualidad está confinada a espacios privados. Sin embargo, esta idea es parte de la naturalización de las normas heterosexuales. La heterosexualidad naturalizada hace casi invisible la sexualidad en espacios públicos para la población hetero, mientras que el espacio público aparece heterosexista para gays y lesbianas (Duncan 137). Como ideal normativo la esfera pública está abierta a todos, pero en la práctica es mucho más restrictiva. A pesar de que el espacio público es “público”, no deja de ser un espacio regulado por el Estado y la cultura.

De acuerdo con Don Mitchell, la visibilidad en el espacio público es esencial para contribuir a la producción de cultura y para la política cultural en general. El sexo y la sexualidad, como elementos culturales que son, participan de este proceso a través de su aparición o desaparición del espacio público, negociando así las relaciones sociales hegemónicas (171). A pesar de aparentar lo contrario, el sexo y la sexualidad han sido siempre, y todavía son, elementos del espacio público, bien para reafirmar un espacio heteronormativo, bien para disputar dicho espacio. Lo heterosexual se hace visible en el espacio público a través de besos o caricias de parejas heterosexuales, en la celebración del matrimonio, elementos publicitarios etc., comportamientos naturalizados y normalizados a través de los años (172). Estas acciones no son sancionadas ni reprimidas porque son social y culturalmente aceptadas. Sin embargo, cuando se trata de patrones homosexuales, las acciones han sido fuertemente reprimidas bien por la policía –el principal mediador del espacio público- bien por los sujetos que compartían dicho espacio y eran partícipes de una ideología heteronormativa.

De acuerdo con Valentine, la heterosexualización del espacio es un acto performativo, igual que el género, naturalizado a través de la repetición y la regulación.  Esos besos y caricias públicos producen un montón de asunciones incrustadas en las prácticas de la vida pública sobre qué constituye el comportamiento apropiado y qué comportamientos cuajan con el paso del tiempo (Valentine 146). Pero esta heterosexualización del espacio es constantemente discutida por las sexualidades marginales. De acuerdo con Valentine la población gay puede producir espacios gay a través del auto-reconocimiento y la representación de comportamientos o vestiduras específicas que articulan una lectura del espacio diferente. La vestimenta y el lenguaje corporal ayuda a identificarse unas a otras, a reconocer un sentido de igualdad (150) y producir así un espacio de resistencia a la heteronormatividad dominante.

Por tanto, el espacio ha albergado siempre una contienda entre sexualidades. D’Emilio hace una revisión histórica de las actividades homosexuales a lo largo del siglo XX y su percepción social en su obra Sexual Politics, Sexual Communities. Según el autor, a partir de la Primera Guerra Mundial, los lugares públicos como parques, calles o baños públicos de las grandes ciudades eran frecuentados para el flirteo o la prostitución homosexual. Desde Riverside en Nueva York o el Parque Lafayette en Washington hasta el Presidio en San Francisco (12). En este siglo una subcultura gay comenzó a tomar forma en las principales ciudades americanas, y como consecuencia de ello se desarrolló una fuerte represión policial y medidas políticas para evitar su propagación.

El advenimiento de la Segunda Guerra Mundial propició cierta libertad para las relaciones homosexuales, al ser otros asuntos los que ocupaban la atención del gobierno americano. La itinerancia de muchos de los soldados y la movilidad general de la ciudadanía favoreció relaciones casuales y sin compromiso, dando rienda suelta a las sexualidades reprimidas en tiempos de paz. En la década de los cuarenta, la subcultura gay se extendió a ciudades más pequeñas como San José, Kansas o Denver o Cleveland, donde el número de bares gay aumentó. Otras ciudades industriales más pequeñas como Worcester o Massachusetts ya tenían su propio bar gay (32). Este hecho es relevante porque la aparición de bares gay no solamente significaba un aumento de la apertura sexual, sino que además estos bares eran semilleros de una conciencia colectiva que posteriormente florecería en movimientos políticos y organizaciones sociales.

Con el fin de la contienda, la apertura de esta subcultura trajo consigo nuevas represiones. Las leyes de más de la mitad de los estados buscaron solución al problema de los “crímenes sexuales”. Con este propósito volcaron sus frustraciones hacia la psiquiatría, que definió la homosexualidad como una enfermedad social (17). La Guerra Fría y su anticomunismo proveyeron el escenario perfecto para un ataque sostenido hacia los homosexuales (40)[2].  Se impuso un sentimiento nacional hacia la homosexualidad, donde la criminalidad de las relaciones homosexuales y el consenso religioso en la inmoralidad de este tipo de comportamiento dictaban el punto de vista hacia los hombres y mujeres homosexuales como marginados sociales, inadecuados para trabajar en el gobierno (42) o en el ejército (44) en un principio, y en empresas privadas posteriormente (46).

De esta forma, el concepto de homosexual como pervertido moral y su riesgo para la seguridad nacional otorgó tanto a las organizaciones gubernamentales como a las fuerzas de seguridad locales libertad absoluta para el acoso a estos individuos. A lo largo de la década de los cincuenta los gays sufrieron represiones brutales. Los arrestos en bares y en las zonas gays eran comunes, así como en parques, baños públicos, playas, etc. Las precauciones en el mundo gay se incrementaron. La persecución era tal que no solamente eran víctimas de fuertes castigos y multas, sino que además los nombres de los detenidos en las redadas eran publicados junto con su información personal y dirección, convirtiéndose así en víctimas fáciles de los abusos homofóbicos de la sociedad.

Todos estos abusos y persecuciones dejaron sin embargo un campo abierto para la salida a la luz de la subcultura gay. La aparición constante de las denuncias por delitos sexuales en los medios de comunicación hizo de este tema un asunto de preocupación nacional. Un análisis de los homosexuales como minoría cultural oprimida fue emergiendo de todas estas experiencias (65). Comienza a darse un crecimiento organizativo de la subcultura gay, y se avanza hacia una mayor visibilidad en el espectro social, y a finales de los cincuenta explota una fascinación con este aspecto exótico, inexplorado de la sociedad americana. Se da una proliferación de material sobre la homosexualidad tanto masculina como femenina, y comienzan a multiplicarse las representaciones de la vida gay en pornografía, literatura y medios de comunicación.

En este momento contextualizamos la obra autobiográfica de Rechy, momento en el que el interés por la vida gay estaba en su punto álgido, lo que hizo de esta novela un completo éxito. Hay que tener en cuenta que pese a que la sociedad se tornó más permisiva con la información relativa a los homosexuales, la represión continuó en las décadas posteriores, como refleja el autor en su obra, y enfrentar todo tipo de represión para reafirmar una identidad queer es una lucha de años. Para el autor, hay todo un viaje que realizar en el que negociar su identidad sexual.

En este contexto, la novela de Rechy nos sirve para analizar la situación en torno a las sexualidades marginales y cómo éstas negocian el espacio socialmente construido, para mediar así por su lugar dentro de la sociedad americana. Entre los temas a analizar en este ensayo se encuentran dos de los aspectos consecuentes a una sociedad heteronormativa: 1. La incapacidad de auto-identificación en el espacio público; y 2. La negociación de la identidad gay en dicho espacio.

  1. La incapacidad de auto-identificación en el espacio público.

Como ya hemos explicado, el espacio habitado es dominantemente heteronormativo. Las relaciones socialmente aceptadas que en él se desarrollan son las de los sujetos heterosexuales, y las homosexuales o simplemente aquellas que se salen de la norma son reprimidas. La formación de identidad está fuertemente influenciada por el entorno en el que se desarrolla. Todo lo que observamos en nuestro entorno tiene un impacto en la formación de nuestra identidad. Los sujetos aprendemos patrones de comportamiento a través de lo que vemos en nuestro entorno. Gran parte de este entorno se constituye por espacios privados (el hogar) y espacios públicos. Es por esto que la carencia de representación en el espacio de identidades alternativas a la heterosexual crea cierta confusión a los sujetos que no se identifican con esos patrones heteronormativos.

Esta carencia de modelos de identidad gay con los que auto-identificarse es la que lleva al protagonista de City of Night a comenzar un viaje en el que su búsqueda de identidad sexual es continua. En sus comienzos en El Paso, la única opción sexual que encontraba era el ejemplo de sus padres y otros roles heterosexuales con los que Rechy no se identificaba por completo. Una de las formas en las que las que su entorno infantil influyó su identidad sexual fue la exposición a las constantes aventuras de su padre con mujeres muy sexis. Su padre, que durante su estancia en El Paso dirigió actuaciones teatrales de diversa índole, estaba constantemente rodeado de mujeres atractivas que desempeñaban diferentes papeles en las obras. John, consciente de esto, se sentía confundido por los sentimientos que estas mujeres despertaban en él. El pequeño John admiraba a estos cuerpos femeninos, sin tener muy claro de qué manera. Al rodearse de estos modelos de relaciones sexuales, Rechy trataba de encajar y de imitar estos patrones de comportamiento, aunque era consciente de que  no era un proceso natural en él. En el mundo de su padre, en su entorno lo ‘normal’ era que los hombres desearan a estas mujeres.

Al intentar imitar este patrón de comportamiento, Rechy comenzó a intimar con una chica a la que se sentía unido por su aparente soledad. Esta chica inspira a Rechy a lo largo de sus novelas para los personajes femeninos bellos e inalcanzables, que normalmente aparecen con el nombre de Bárbara o Julie, su nombre real. Rechy describe por primera vez su relación con Julie en City of Night. En el primer capítulo el autor escribe sobre una joven de su ciudad natal con la que pone a prueba su heterosexualidad. Sin embargo el encuentro íntimo entre los dos jóvenes no fue lo que Rechy esperaba, y ambos continuaron por caminos separados:

    I was usually alone. I had only one friend: a wild-eyed girl who sometimes would climb the mountain with me. We were both 17, and I felt in her the same wordless unhappiness I felt within myself. We would walk and climb for hours without speaking. For a brief time I liked her intensely-without ever telling her. Yet I was beginning to feel, too, a remoteness toward people-more and more a craving for attention which I could not reciprocate: one-sided, as if the need in me was so hungry that it couldn’t share or give back in kind. Perhaps sensing this- one afternoon in a boarded-up cabin at the base of the mountain-she maneuvered, successfully, to make me. But the discovery of sex with her, releasing as it had been merely turned me strangely further within myself.

    Mutually, we withdrew from each other.

    And it was somewhere about that time at the narcissistic pattern of my life began. (Rechy 18).

Este primer acercamiento sexual entre Rechy y su amiga de la adolescencia torna al protagonista todavía más hacia sí mismo. El carácter introvertido de Rechy desde su infancia comienza en este momento a volverse narcisismo, como explica el propio autor. Una posible explicación a este narcisismo puede ser la carencia de modelos gay masculinos a su alrededor, por lo que la admiración y deseo a su mismo sexo se torna hacia su propio cuerpo. Rechy utilizó sus novelas para explorar continuamente sus sentimientos hacia Julie, ya que ésta representa la posibilidad de una relación heterosexual para Rechy. En City of Night, cuando regresa a casa tras sus experiencias de prostitución en Nueva York y Los Ángeles, se da cuenta de que esa relación heterosexual es ahora inalcanzable. Julie se ha casado y se ha marchado de El Paso.

El proceso de búsqueda de identidad sexual de nuestro protagonista pasa por la exploración sexual a través de la prostitución. En parte, esta prostitución es, como ya hemos dicho, una forma de continuar buscando una identidad sexual con la que identificarse. El proceso por el que pasa el autor-protagonista puede leerse como un ejemplo de desidentification.

Los individuos que no se identifican con  patrones identitario heterosexuales buscaban la forma de esconder o maquillar su identidad para ajustarse a la sociedad. Esto ha cambiado en las últimas décadas, y cada vez son más los sujetos queer que buscan formas de auto-representación en los diferentes ámbitos culturales y sociales.  Ante esta realidad, el teórico cubano americano José Esteban Muñoz desarrolla el término disidentification. Este complejo concepto es un eje en el que convergen diferentes teorías e identificaciones del individuo queer. De acuerdo con Muñoz, disidentification “is meant to be descreptive of the survival strategies the minority subject practices in order to negotiate a phobic majoritarian public sphere that continuously elides or punishes the existence of subjects who do not conform to the phantasm of normative citizenship” (4).  Disidentification es “the third mode of dealing with dominant ideology, one that neither opts to assimilate within such a structure nor strictly opposes it; rather, disidentification is a strategy that works on and against dominant ideology” (4). Este concepto es por lo tanto un método intermedio para lidiar con la heteronormatividad, sin rechazarla de pleno, pero sin asimilarse a ella. Estas des-identificaciones surgen por lo tanto del deseo de diferir el discurso oficial heteronormativo, homofóbico y marginal. Disidentification es por tanto una estrategia que resiste a la concepción de las relaciones de poder fijadas por el discurso a través de la historia, y negocia estrategias de resistencia dentro del flujo de discurso y poder. De esta forma el teórico pretende darnos una herramienta para reciclar y repensar el significado ya codificado, dando poder a las identidades minoritarias, y permitiendo diferentes fórmulas de auto-identificación.

Así, a través de su búsqueda de identidad ligada a la prostitución, nuestro protagonista está negociando su sexualidad marginal en una esfera pública heteronormativa. A lo largo de esta búsqueda, Rechy se topa con una gran variedad de sujetos igualmente disidentes sexuales que buscan sobrevivir de diferentes maneras dentro de esta heteronormatividad. Rechy encuentra afinidad con algunos de ellos, pero con la mayoría continúa sin identificarse, lo que le lleva a una itinerancia constante por diversas ciudades de EE.UU.

  1. La negociación de la identidad gay en el espacio.

El hecho de que las relaciones heterosexuales sean el patrón de comportamiento aceptado no significa que las sexualidades marginales no se desarrollen dentro del mismo espacio. Como hemos mencionado, Mitchell anota lo erróneo de concebir las relaciones heterosexuales como las pioneras en el espacio, ya que las no hetero han estado siempre presentes, negociando su espacio (179). Aquí radica la importancia de la novela de Rechy, ya que narra sin tapujos cómo esta otra realidad del espacio, estas relaciones se desarrollan tanto en el espacio público como en el espacio privado. City of Night se enfoca en cómo las relaciones no heteronormativas sobreviven a la heteronormatividad y cómo renegocian el espacio.

City of Night es una obra sobre la frontera sexual y espacial que acompaña a su protagonista en todo su peregrinaje por las principales capitales estadounidenses: Nueva York, Los Ángeles, San Francisco y Nueva Orleans. Y entre ellas un puente común: las sexualidades marginales y su ocupación del espacio público, que liga las experiencias de sus protagonistas. En este viaje, el protagonista busca su identidad sexual a través de la experimentación y exploración de los diferentes espacios urbanos: Times Square en Nueva York, Pershing Square en Los Ángeles, Hollywood Boulevard, y The French Quarter de Nueva Orleans. Todas estas ciudades diferentes convergen en la ciudad de la noche, donde las sexualidades marginales se hacen con el espacio y negocian su identidad sexual:

    Later I would think of America as one vast city of night stretching gaudily from Times Square to Hollywood Boulevard-jukebox-winking, rock-n-roll-moaning: America at night fusing its dark cities into the unmistakable shape of loneliness (…) And I would remember lives lived out darkly in that vast City of Night, from all-night movies to Beverly Hills mansions (Rechy 9).

El hecho de que sea la noche el telón de fondo de la mayoría de estas actividades, así como la referencia del autor a esas vidas “lived out darkly” responden al hecho de que en la novela, como en la vida real, un velo de secretismo y represión rodea a este tipo de relaciones. La creación del discurso en torno a la sexualidad marginal como algo impuro, anti moral y pecaminoso afecta al desarrollo de actividades en el espacio público, y la represión policial es el método de controlar y marginar dichas relaciones.

Ya hemos argumentado cómo el sexo y la sexualidad hetero han sido siempre bastante públicos, desde los ritos ceremoniales en las bodas hasta el besarse en público. Al examinar lo que muchos consideran la sexualidad transgresora o inmoral (bi/homo), podemos ver cómo la sexualidad es siempre abiertamente pública y todavía de forma extraña invisible. Nuestro protagonista narra este carácter público de la sexualidad, pero en vez de enfocarse en la sexualidad hetero fácil de visualizar, se enfoca en las relaciones homosexuales:

    But there were others to feed that quickly starved craving. In theater balconies; the act sometimes executed in the last rows, or along the dark stairways…In movie heads-while someone watched out for an intruder; body fusing with mouth hurriedly-momentarily stifling that sense of crushing aloneness that the world manifests each desperate moment of the day-and which only the liberation of orgasm seemed then to be able to vanquish, if only momentarily…Behind the statue in Bryant park; figures silhouetted uncaringly in the unstoppable moments” (54-55). “Even in the brilliant white blaze of Ney York sun, it was possible to make it right there, in the tree-secluded areas (57).

Estos hombres gay tuvieron que negociar y mantener un espacio gay en la ciudad hetero por antonomasia. Rechy explora las diferentes tácticas con las que los hombres se manifestaban en el espacio público no identificado como gay, como reterritorializaban la ciudad para construir una ciudad gay en mitad de una ciudad normativa.  Sus experiencias, junto con las del propio protagonista, están ligadas al espacio y a la construcción de una identidad queer. El narrador anónimo se enfoca así en los diferentes personajes para explorar las diferentes identidades que producen este paisaje urbano alternativo a la heteronormatividad que se manifiesta abiertamente en la ciudad. En los primeros capítulos, el narrador es capaz de identificar el paisaje no hetero en el espacio heteronormativo:

    Throughout those weeks, on 42nd street, the part the moviehouses, I had learned to sift the different types that haunted those places: The queens swished by the superficial gayety-giggling males acting like teenage girls; eyening the youngmen coquettishly: but seldom offering more than a place to stay for the night. And I could spot the scores easily-the men who paid other men sexmoney, anywhere from $5.00- usually more-but sometimes even less (for some, meals and drinks and a place to stay); the amount determined by the time of the day, the day of the week, the place of execution of the sexscene (their apartment, a rented room, a public toilet; their franticness, your franticness; their manner of dress, indicating affluence or otherwise; the competition on the street – the other youngmen stationed along the block like tattered guards for that defeated army which, somehow, life had spewed out, Rejected (32).

La búsqueda de identidad del protagonista que se desarrolla en estos espacios está íntimamente ligada a las experiencias propias del protagonista y de los personajes a los que observa. Estos personajes genéricos que identifica en sus comienzos, toman nombre propio a lo largo de la novela: Pete, el joven, o prostituto, en la calle 42, quien como los demás jóvenes va con hombres por dinero, pero con mujeres para probar su masculinidad intacta; El Profesor, postrado en su cama, autor de muchos libros, pero para quien el único libro importante es el que ha creado a partir de recortes a lo largo de los años; Miss Destiniy, la reina de las reinas, con toda la retahíla de maridos fallidos; el Sargento Morgan, el terror de Pershing Square, el policía que reprime enérgicamente la escena gay, mientras ha tratado más de una vez hacérselo con los detenidos; Mamá, el neoyorquino cuyo fetiche es cocinar para los prostitutos que lleva a su casa y desnuda; Skipper, un chico precioso, una vez amante de uno de los directores más reconocidos de Hollywood, que ahora lleva sus fotografías amarillentas; Lance O’Hara, no hace mucho la estrella más deseada del firmamento hollywoodiense, que ahora persigue abiertamente a un joven un par de décadas más joven que él, humillándose ante él; Neil, y su mundo de máscaras.

Todos ellos contribuyen de distinta forma a este doble propósito: por un lado, negociar el espacio heteronormativo, por otro, contribuir a la creación de la identidad homosexual del protagonista. Dicha negociación del espacio se da a través de su ocupación, represión y reocupación del espacio. Por ejemplo, la llegada a California del protagonista es recibida por una drag queen que le ofrece alojamiento en su casa en plena calle a la luz del día: “Why, baby, don’t you look so startled-this is LA-and thank God for that! Even Queens like me got certain Rights!” (Rechy 88). Esta liberación del espacio en Los Ángeles es reprimida por ideologías heteronormativas. En los parques, donde se concentran la mayoría de las sexualidades marginales abundan los predicadores y profetas, que buscan salvarlos de la condenación eterna (91). De la misma forma, el citado Sargento Morgan, representa por un lado la represión del Estado hacia estas sexualidades marginales, evitando su ocupación del espacio público, y por otro la inevitabilidad de la existencia, oculta o expuesta, de las sexualidades marginales.

Para nuestro protagonista las calles comienzan a sincronizarse con su identidad queer, lo que hace que a veces sienta la imperiosa necesidad de escapar de ellas, escapando a la vez de su incipiente identidad queer. Este escape se representa igualmente en la novela a través del espacio. De vez en cuando, el autor-protagonista escapaba de la prostitución, de las calles y de su identidad queer recluyéndose en espacios cerrados como en la biblioteca y buscando un trabajo “normal”:

    Now, at the library on Fifth Avenue, I would try often to shut my ears to the echoes of that world roaring outsider, immediately beyond these very walls. Again, I would read for hours. And this would be a part of the recurring pattern, when impulsively I would get a job, leave the streets, return to those books to which I had fled as a child. But because there would always be, too, that boiling excitement to be in that world which had brought me here-and equally, the powerful childhood obsession with guilt which threatened at times to smother me-emotionally I was constantly on a seesaw (55).

A menudo, ambos espacios, la reclusión en la literatura o el trabajo en la oficina y la prostitución en las calles se mezclaba. Rechy recuerda el patrón de su vida en esa época:

    I would go to the huge public library just a few blocks away, and I would read books, newspapers, magazines. For a time I read a lot of plays (…). The next phase of the ritual occurred when the day began to darken. I would then head to Pershing Square to hustle. Often, I’d be invited by someone to have dinner at the Green Rose Cafeteria across the street. It was a dingy place, and I’d say, ‘Oh, let’s go somewhere better,’ and then I’d suggest a terrific cafeteria, much more expensive, a few blocks away. The ritual might extend to my hitchhiking to Hollywood Boulevard to hustle there too. So it went: library, Pershing Square, Hollywood Boulevard (Castillo 126).

Cuando Rechy necesitaba escapar de las calles buscaba un trabajo “normal”, usualmente relacionado con sus conocimientos legales. Odiaba hacer esto (104), por lo que su coartada no duraba mucho, y como ya hemos dicho, terminaba mezclándose con su vida en las calles. En San Francisco trabajó en una oficina que estaba justo en frente de la cafetería Market Street, que a ciertas horas era un lugar de alterne y prostitución. Esto facilitaba su alternancia entre la vida en la calle y su trabajo profesional (104).

Para nuestro protagonista, el escape de estos espacios donde se desarrollan sus relaciones con otros gays supone un escape de su propia identidad homosexual. Al tratar de escabullirse, de esconderse, en la biblioteca o buscando otros trabajos simplemente está escondiendo su identidad sexual. Pero ésta sale a flote, lo que le lleva de nuevo a ocupar estos espacios públicos. Por tanto, la sexualidad, como cualquier otra relación social, está inherentemente ligada al espacio. En ambos casos depende de espacios particulares para su construcción y además produce y reproduce los espacios en los que la sexualidad puede ser  forjada.

Nuestro narrador comienza con un propósito claro: “And so, in the World of males, on the streets, it was I who would be the desired in those furtive relationships, without desiring back. Sex for me became the mechanical reaction of This on one side, That on the other. And the boundary must not be crossed” (54). El autor-narrador encuentra así su forma de participar en la renegociación del espacio hetero. A través de su prostitución, el protagonista se convierte en un bien consumible, en una mercancía que participa del sistema de consumo capitalista. Encuentra así la forma de ser aceptado en el sistema que lo rechaza social y espacialmente. El protagonista se aferra a esta identidad de prostituto al observar los fallidos intentos de los demás personajes en transformar una sociedad heteronormativa.

Y por eso huye cada vez que puede de esa identidad queer. Al principio, trata de buscar otros trabajos que lo alejen de Times Square, pero recurrentemente vuelve a dejarse llevar por el dinero fácil. Este rechazo o temor a su identidad queer se relaciona directamente con los espacios que ocupa. “I discovered the bars: on the west side, the East side, in the Village, one in Queens-appropriately- where males danced with males, holding each others intimately, male leading, male following… But because most of those bars attracted large numbers of youngmen who went there to meet others like themselves for a mutual, nightlong, unpaid, sexsharing-or for the prospect of an affair-the bars made me nervous, then, and largely, I avoided them” (56). Incluso al final, cuando Jeremy le ofrece cierta estabilidad, el protagonista se aferra a su gay persona como mercancía: “I don’t even know that I want to be loved. I just know that I want to feel wanted. I don’t even want to feel that I need any one person” (374). Y regresa a las calles del carnaval, donde las jerarquías, las normas sociales y el espacio en el que se desarrollan son totalmente cambiados. La anarquía sexual invade las calles, donde estos personajes toman oficialmente por un día, y no en la noche, el espacio heteronormativo y lo convierten en suyo temporalmente.

City of Night es una extensa novela con abundantes ejemplos de personajes reales que en su día a día sobreviven y negocian su identidad dentro de una sociedad heteronormativa en la que no se sienten identificados ni representados. La lucha constante del protagonista por no ser parte de estas identidades disidentes es el ejemplo más claro de la negatividad asociada a las sexualidades no hetero, y su consecuente marginalización social en el espacio. La forma en la que dicha marginalización se refleja en el espacio (la represión de su ocupación de espacios públicos, las redadas en los bares gay, etc.) es una representación de la realidad urbana en muchas de las ciudades estadounidenses del siglo XX. Sin embargo, la continua aparición de estas identidades en el espacio público dio origen a una mayor visibilidad de la sexualidad gay, creando una subcultura que dio origen a la organización político y social de estas identidades.

Bibliografía

Castillo, Charles. Outlaw: The Lives and Careers of John Rechy. Los Ángeles: Advocate Books, 2002. Print.

D’Emilio, John. Sexual Politics, Sexual Communities: The Making of a Homosexual Minority in the United States, 1940-1970. Chicago; London: University of Chicago Press, 1998. Print.

Mitchell, Don. Cultural Geography: A Critical Introduction. Oxford; Malden, Mass: Blackwell Publishers, 2000. Print.

Muñoz, José Esteban. Disidentifications: Queers of Color and the Performance of Politics. Minneapolis: University of Minnesota Press, 1999.

Rechy, John. City of Night. New York: Grove Press, 1963. Print.

Valentine, Gill. “(Re) Negotiating the ‘Heterosexual Street’: Lesbian Production of Space”. Bodyspace: Destabilizing Geographies of Gender and Sexuality, Nancy Duncan ed. London; New York: Routledge, 1996. Print.

 

[1] Rechy explica en diferentes entrevistas el carácter autobiográfico de su novela, así como las escenas nacidas de su propia imaginación (Castillo).

[2] Durante la era McCarthy llegó a acusarse de comunista a todo aquél que levantara sospecha de una inclinación homosexual (D’Emilio).