Carmen Dorado Vedia LP 6

Dorado Vedia, Carmen

Madrid (España). Estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid. Cursó estudios hebreos en el Centro de estudios Judeo-cristianos de Madrid y estudios árabes y de Medio Oriente en el Centro Internacional Afaq. Actualmente trabaja en el Ayuntamiento de Madrid. Autora del libro Tras las huellas de Sherezade. Colección el Pez Volador (Madrid, 2013). Cuentos publicados en: Un lugar donde vivir: Antología Nuevos Narradores. Edición Clara Obligado (Madrid, 2005) Apenas unos minutos: Antología Nuevos Narradores. Edición Clara Obligado (Madrid, 2007) Jonás y las palabras difíciles: Antología Nuevos Narradores. Edición Clara Obligado (Madrid, 2010) Los inquilinos del Aleph: Colección De Lirios del Taller. Edición Clara Obligado (Madrid, 2011), Futuro Imperfecto: Antología Nuevos Narradores. Edición Clara Obligado (Madrid, 2012) ¿Y usted de qué se ríe? Colección De Lirios del Taller. Edición Clara Obligado (Madrid, 2013) La isla: Antología Nuevos Narradores. Edición Clara Obligado (Madrid, 2014) La habitación 201 – lado B. Ediciones Altazor (2014, Lima -Perú). Revista Digital La Palabra. (2014, Arizona – EEUU) 69 – Antología de relatos eróticos. Ediciones Altazor (2014, Lima – Perú) Microterrores: Antología relatos de terror. Diversidad Literaria (2014, España) Finalista en la III Edición del Concurso Museo de la Palabra (2013, Toledo) con el cuento “El último viaje”. Seleccionada en el I Concurso de Microterrores Diversidad Literaria (2014, España) con el cuento Desde las sombras. Coeditora de la Revista online www.akelarreliterario.com

FUNERAL EFERVESCENTE

Marta esconde el cuchillo entre las botas. Siente un escalofrío al notar el contacto del metal. Al bajar la vista ve la túnica sobre la cama. Coge la llave y abandona la celda.

Camina junto a la pared protegida por las sombras. La campana toca a maitines.

La capilla, el claustro, el refectorio y, por fin, el huerto. Allí, pequeña, silente, la puerta que la conducirá a su destino.

Han pasado tres años desde que su abuela, tras una crisis nerviosa y varios ataques de ansiedad, decidiese internarla en el convento. La tarde en que cruzó el umbral de la institución el cerezo anunciaba la primavera.

Sólo se trata de un retiro, hasta que la abuela recupere la vida y la ilusión, le dijeron.

Los días pasaban persuadidos por la rutina de las monjas. Como un goteo le llegaban noticias de los viajes de su abuela.

Ya falta poco, pensaba Marta, pronto vendrá a buscarme. Las semanas se sucedían, las ciruelas maduraban.

La abuela seguía sin aparecer. Una mañana Marta escuchó la noticia: La marquesa había fallecido de una indigestión. En el huerto el castaño daba sus frutos.

El cielo anuncia tormenta y Marta busca refugio en los soportales de la plaza. Gira a la derecha y se adentra en el barrio antiguo. Sube la cuesta que la separa de la catedral y ve en el atrio a los primeros feligreses.

Esquiva a los parroquianos y entra en el Templo cuando el coro empieza a cantar el Réquiem.

Las monjas, apergaminadas en sus hábitos, rodean a la marquesa que flanqueada por seis cirios va vestida con sus mejores galas. Las manos cruzadas sobre el vientre hinchado y entre ellas el rosario de madreperlas comprado en Tierra Santa.

El obispo resignado aguarda el momento para comenzar el responso.

Marta se acerca hasta la abuela y la apuñala varias veces. Ésta comienza a desinflarse al tiempo que se eleva por encima de todos.

El monaguillo, atónito, mira al obispo, mira a las monjas, mira a la finada, cuando de repente un ruido ensordecedor hace callar al coro y elevar la vista hacia la cúpula. En lo alto la difunta gira sobre sí misma.

El obispo corre y se guarece bajo el altar. El monaguillo bajo un banco. Las monjas gritan ¡Milagro! El coro canta un solemne Tedeum.

Marta permanece en su sitio. Lanza una carcajada al mismo tiempo que la escuchan decir:

¡Ay abuela, nunca dejaste tu afición a las bebidas gaseosas!