Karen Sagahón LP 6

Sagahón, Karen

“Siempre puedes editar una mala página, pero no una página en blanco”
Jodi Picoult

Crecí en la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, lugar donde se desarrolla la novela en la cual me encuentro trabajando de momento: La Casa del Migrante. Tengo un gusto muy especial por la novela histórica y social, sin dejar a un lado la novela romántica, que sigue siendo mi favorita. Debo reconocer que a pesar de que en mi infancia no leí la cantidad de libros que suele leer cualquier aspirante a escritor, siempre consideré la escritura, como el medio perfecto para dejar escapar mi imaginación, ya fuera con canciones o pequeñas historias. Realicé mis estudios de Economía en la ciudad de Monterrey, donde radico actualmente, enfocándome en la rama de negocios e inversiones, área que me apasiona y por medio de la cual me gustaría desarrollar un par de historias en el futuro. Mi formación por el lado de las letras comenzó este 2015 en el museo MARCO con los talleres de Mariana García Luna. Espero que sea el inicio de un camino literario por recorrer.

JUEVES NEGRO

Quienes me conocen, saben que jamás hubo algo como un día ordinario en mi vida. Entre altas y bajas, hubo sus bonanzas y sus hoyos negros, pero ante todo, yo siempre decidí el cuándo, el cómo y el con quién. Siempre controlé, hasta el día en que caí, por allá del año veintinueve.

Entre junta y junta, tratando de huir de mi extravagante secretaria, tomé cinco minutos para encerrarme en mi oficina y llamar a mi madre hospitalizada en el Presbiteriano. Como de costumbre, me comuniqué con la enfermera mientras jugaba con mi pluma favorita y observaba los números de mis cuentas en la bolsa, en mis pantallas privadas. Comencé con el usual saludo, y me preparé mentalmente para escuchar la misma historia de aquel viaje que había realizado la familia de mi madre a finales de mil ochocientos; sabía que su estado estaba empeorando.

De un momento a otro, justo en esa parte de la historia donde mi abuelo heroicamente rescataba a mi abuela de una dura caída en un río helado, mi mirada se detuvo fijamente frente a la pantalla y mis manos se congelaron, dejando caer mi preciado bolígrafo. Con cada milímetro que se alejaba de mí, caían los valores en millones de la empresa. En ese mismo segundo escuché gritos surgir de cada esquina del edificio, observando a la gente evacuar los corporativos vecinos sin importarles la nevada que era clásica del mes de octubre en las calles neoyorkinas. El tramo del bolígrafo desde mi puño hasta el costoso mármol traído de Chicago, fue el flashback que jamás imaginé tener antes de morir, mientras el cual, trataba de ver las posibles soluciones: no había ninguna, estaba atrapado. De reojo vi caer los cuerpos de algunos brokers del edifico vecino justo cuando la pantalla marcó los números reales en valor de la empresa: bancarrota inmediata. Había algo oscuro detrás de todo esto, sabía que no podría luchar contra ello, una vez más, se salieron con la suya, pero ahora, yo estaba del otro lado.

En el momento en que la pluma cayó al piso, me despedí de mi madre y colgué, sabía exactamente qué hacer. Marqué la contraseña de mi caja fuerte detrás del escritorio y, como un verdadero hombre de negocios, tomé mi Beretta 92F y decidí despedirme con las migajas de honor que me quedaban.