David Durán LP 6

Durán, David

Durán, David Durán, David, M.A. Universidad Estatal de Arizona Nació en Michoacán y después se trasladó a Sonora siendo un niño. Ahora se encuentra radicado en Phoenix Arizona USA. Asistió a la Universidad Estatal de Arizona (ASU por sus siglas en inglés) en donde se graduó con dos licenciaturas, una en Justice Studies y otra en Literatura en español. Recientemente graduado de la misma institución con una maestría en literatura chicana. Ha asistido a algunas conferencias nacionales e internacionales dentro de las cuales se encuentran: XIII Reunión de Investigadores de Ciencias Sociales y Humanas (Puebla, Méx). Séptimo Foro Internacional de Estudiantes de Lingüística y Literatura, Universidad de Sonora, (Hermosillo, Sonora, México). IV y V Congresos de Poetas Migrantes. San Luis AZ, San Luis Son. IV Encuentro de Escritores Iberoamericanos en Estados Unidos (homenaje a Luis Valdés). Peregrinos y sus Letras. Phoenix AZ. Homenaje al Doctor Justo S. Alarcón”. Phoenix AZ. XIV y XV Conferencia de Literatura ASU. Algunas publicaciones incluyen: “La carta que nunca escribí”. Revista Literaria Katharsis Septiembre 2008, España. “Luna llena”. Revista Literaria Katharsis Septiembre 2008 España. Congressional Immigration Reform. The Examiner. Julio de 2010. “Carrera a muerte” Refugio Poético, primavera 2012. “El Descubrimiento” Refugio Poético primavera 2012

EL ÁRBOL Y LA LUNA

Hace miles de años vivía en lo alto de una montaña un frondoso árbol. Su vida parecía ser la más monótona del universo. Con el paso de los años su aburrimiento se incrementaba al grado de llevarlo a la desesperación.

-“Siempre estoy aquí, plantado en el mismo lugar. Sin poder desplazarme libremente y conocer lugares como lo hacen los demás seres vivientes”.

Se repetía así mismo, una y otra vez. Así, día tras día, año con año y siglo con siglo, el árbol seguía quejándose de su mala fortuna.

De repente, una de tantas noches apareció en el cielo una esfera luminosa. El árbol, no pudo más que admirar tanta belleza que emanaba del nuevo ser. Embelesado vio el recorrido que la plateada luminosidad hacía por el cielo estrellado perdiéndose después en la oscuridad. Ansioso, esperó verla aparecer de nuevo la noche siguiente, pero fue inútil, la esfera no dejó ver su hermosura.

El árbol desesperado invocó al creador de todas las cosas existentes en el universo implorando que le permitiera ver tan bella imagen de nuevo. El Díos, al ver tanta vehemencia accedió y permitió que la luna se paseara frente al árbol periódicamente. El árbol se fue enamorando de la luna con el transcurso de los siglos. Motivado por su pasión, el árbol pidió a sus amigas las aves que se posaran en sus ramas y que juntas comenzaran a trinar sus mas bellas melodías dedicadas todas ellas a la luna. El ruiseñor, el jilguero, el cenzontle, y mil avecillas mas acudieron a su llamado y juntos entonaron las mas hermosas notas musicales que mortal alguno haya escuchado jamás.

La luna dirigió su mirada hacia el árbol al escuchar tan bellos sonidos. Cada vez que pasaba la luna las avecillas venían a saludarle en nombre del enamorado árbol. El ser luminoso comenzó a interesarse en quién mostraba tanta admiración hacia ella,  sus sentimientos de amor fueron naciendo y poco a poco se fueron acrecentando. El árbol, para seguir enamorándola, pidió a las aves de más hermoso plumaje adornaran sus ramas. El quetzal y el pavo real, junto con otras aves acudieron de inmediato al llamado de tan enamorado señor. La luna, ahora, al ver el amor que por ella profesaban, desfallecía de amor y pidió al creador que por favor los uniera para siempre.

Final I

El señor del universo, conmovido por tanto amor ideó la manera de unir a estos dos seres para siempre. El Díos ordenó a todas las aves que se posaran en el árbol, se elevarán con él y lo llevaran con la luna. Éstas, encantadas obedecieron, y tomando al enamorado, poco a poco comenzaron a elevarse asta llegar a la luna entregándole a su amado. Es esta la razón por la cual, vemos una imagen en su interior cuando observamos vemos la luna.

Ahora, el feliz árbol que anteriormente permanecía en el mismo lugar, se pasea por toda la eternidad.

Final II

El señor del universo, conmovido por tanto amor ideó la manera de unir a estos dos seres para siempre. Dio ordenes a los señores de la lluvia y del sol. El primero de ellos formaría una gran tormenta, tan fuerte como pocas veces se había visto. El segundo tendría que cristalizar las gotas de lluvia finales y formar un puente entre el cielo y la tierra. De la unión entre ambas acciones nacería lo que hoy conocemos como Arcoíris. El siguiente mandato del ser supremo fue dirigido a las aves. Ellas, elevándose, conducirían al árbol a una de las extremidades del Arcoíris. El nuevo multicolor ser, lentamente fue llevando al árbol junto con su amada.

Es esta la razón por la cual, vemos una imagen en su interior cuando observamos vemos la luna.

Ahora, el feliz árbol que anteriormente permanecía en el mismo lugar, se pasea por toda la eternidad.