Saúl Cuevas LP 6

Cuevas, Saúl

(Álvaro Obregón, Durango) “Una partera (mi madre no recuerda su nombre), me trajo al mundo en los llanos frijoleiros el 11 enero 1952, al mediar el día. Crecí en San Juan de la Tapia, en el merito Zacatuercas eterno. Fui malcriado en Los (Angeles, a partir del 2 noviembre1965). El vendaval me arrastró hasta la Finiquera (Phoenix); Manolo (Murrieta) me rescató del olvido y publicó Barriozlán (1998), Ensueños (2004); promete Desierto mojado (2014); Eduardo y Yoli editaron una bella edición anotada de Barrioztlán (2010); Verde, una utopía de guerra entre grupos raciales, está por publicarse; Laboro en la novela Lala, una utopía delcine mudo y la comida callejera…”

LOS DÍAS EN QUE A VECES VIVIMOS

IGNORO que provocaría tan extraña experiencia, cuando el sueño, ó la vigilia ó  la loquera me permitieron, por fin, acariciar El Libro de Arena.

Todo inició en vísperas del cabalístico 13 (para otros es el 4), fin de nuestra era. Esa nefasta fecha conocí al Insaciable (pseudōnumon).

Hablamos de Tito Livio y de los chismosos Tucídides, Xenofón, Plutarco, Tácito y los otros ciento cuarenta y cinco libros y autores que il conte di Montecristi, corrijo, su benefactor, el Abate Faría considera suficientes para poseer lo más útil del saber humano; Hablamos de Ogier P., el humanista que pretendía leer toda la biblioteca, siguiendo estricto orden alfabético pero, se le agotó el tiempo, ¿qué será un lector empedernido sin Twain, Virgilio, Tolstoy, Swift, Shakespeare, Rumi, Youcener, Sadi, Valmiki, Stendhal, Salih, Whitman, Rulfo…?: Hablamos de la Biblioteca de Alejandría que Nixon buscó sin éxito; Hablamos de los dos mil libros de la colección que Thomas Jefferson vendió a la Biblioteca del Congreso, los mismos que sobrevivieron el fuego una mañana de navidad, entre ellos, los 3 volúmenes, en octavo, de los ensayos de Montaigne, adquiridos por $3,75[1]; Hablamos de la Vulgata de 42 líneas en pergamino, la misma desapareció del grand hall y fue entregada al fuego, sustituida, durante el primer reino de Los Trogloditas, por la Historia del Protestantismo, esta a su vez fue remplazada, durante el segundo reino,  por el plagio: El conflicto  de los siglos; Hablamos del infinito, El libro de arena que Borges llegó a tener en sus manos y aterrorizado dejó en la Biblioteca Central, no ha sido localizado.

Fue entonces que lanzó un reto, vil ingenuo lo acepté: La recopilación del Calendario Perpetuo. Bueno aún no le llamaba así pues, recuerdo cuando con sarna dijo: “Con gusto te cedo el título: Los días en que a veces vivimos”.

Pensé que pronto culminaría mi tarea. Los días de nuestro calendario son finitos, así mismo, finitos son los días de nuestras vidas. Acordamos que escribiría, en un párrafo lo más breve posible, la vida y obra de un personaje importante nacido en cada uno de los 365 días del calendario gregoriano, en caso que hubiese dos ó más, elegiría uno al azar ó al gusto. Bueno, 366 pues olvidaba a Rossini, el suertudo nació un 29 de febrero. Imaginé que para el 6 de mayo, entre Freud y Tagore me quedaría con el poeta. Pasé al 7 del mismo mes, tras larga meditación decidí incluir tanto a Brahms como a Tchaikovsky.

Lo que no está escrito no existe. Tomé mi  Graphic Liner 005 para iniciar la escritura de la entrada correspondiente al 26 de agosto, aniversario del nacimiento de Borges. No lo  olvido, fue entonces que estrené este cubículo oscuro.

Arranqué con lectura atenta de: La biblioteca de Babel, El Aleph, El congreso y El libro de arena. Después, ya poseído, despaché el resto de más de medio centenar de sus libros. Cuando intenté formar un parrafito de su vida y obra me desertó la musa. Primero por curiosidad y después para inspirarme, me adentré en busca de las muchas fuentes que colmaron su copa. Me atreví con Chesterton, sus cincuenta y dos cuentos de la serie del Father Brown, de ahí, mi voracidad de lector siguió con sus ochenta libros, sus cientos de poemas, aparte de la versiones cinematográficas de 1934 y la de 1954 con Alec Guinness, los trece episodios programados de la versión televisiva y la versión radial de la BBC…

De ahí pasé a los influidos por Chesterton, ó sea Sherlock Holmes, devoré los cincuenta y seis cuentos y cuatro novelettes de Conan Doyle. Así, después de tanto tiempo enmarañado, salí a la luz natural.

La inmensidad y potencia del disco me iluminó. En un charco reflejé mi arrugada faz. Habían pasado años documentándome y todavía no escribía nada. Pensé en otras influencias de Borges: De Quincey, Stevenson, Kipling, Whitman, Heródoto, Schopenhauer, Joyce, Hume, Wells, Conrad, Orígenes, el budismo, los gauchos, las sagas, la vigilia… Comprendí lo vasto de la empresa. Infinitus[2].

¿Por qué infinitus? Se preguntará el lector, si lo único infinitus son π, el ocho acostado y þolian (tholian)[3].

Aterrado y en plena desesperación, por fortuna, buena o mala, mi Magnum 357 se lo había llevado mi hermano para aniquilar un perro rabioso. Sonó el teléfono, atendí. Tras los cumplidos, pensaba pedirle que me regresara el revólver, ordenó me preparara para pasar una temporada en el campo. Intenté, sin fortuna, protestar.

Ya un poco calmado, y mientras alistaba un bolso para dormir a la intemperie, noté que también un veintiséis de agosto, en 1914, nació Julio Cortázar y, en 1870, llegó Amado Nervo. Horrorizado, en plena depre, deduje necesitaría varias vidas y un ejército de achichincles, para completar el calendario, no sólo decidí abandonar el loco acuerdo con el Insaciable, maldije y lamenté el tiempo perdido.

Continuará.

            [1] Aparte de Paraíso perdido de Milton, Las cartillas de Hernán Cortes (de Relación), Shakespeare, Fausto, Ovidio, Plinio el Joven, Ari, Cicerón, Plutarco, Heródoto, Platón, Sófocles, Swift, los libros autographo que El Barón Pataeperro le mandó regalar…
            [2] Valido cuestionar si por infinito se entiende sin límites y/o lo propuesto por Anaximandro: No es ni agua, ni tierra, ni aire, ni fuego sino anterior a todas las determinaciones y a todos los contrarios.
            [3] Nota del editor: El cuerno (þ) nos guía al anglosajón (lástima que el diccionario Toronto apenas va en la ‘g’), no importa; de acuerdo a Bosworth (1838): þolen, þrowian equivale a someterse, subyugarse, sufrir, aunque un equivalente más cabal sería ‘palmar miserias y derrotas con uisce’; cita a Chaucer: So muche wo as I have tholed! (Cuanto he penado por tu culpa); Monteverdi aborda el tema en Confitebor tibi Domine, etc.; el Negro Marcelino lo canta:  …Que la gloria se alcanza, Cielito Lindo, sólo sufriendo.