Lupe Cárdenas LP 1

Cárdenas, Lupe
Biografía
Lupe Cárdenas es originaria de Arizona y profesora de lengua, literatura, y cultura hispánicas en Arizona State
University West, Phoenix, Arizona. Ha estudiado su postgrado en la Universidad Estatal de Arizona de donde
obtuvo su Doctorado en Literatura Chicana. En su docencia cuentan en su haber los cursos de lengua, cultura y
literatura. Es autora de varios artículos sobre la crítica literaria hispánica, en particular de la literatura contemporánea
chicana. Es autora de los libros El arquetipo de la Madre Terrible en Peregrinos de Aztlán, de Miguel Méndez, Alta Pimería,
México, 1990 y Tres escritores literarios del movimiento chicano, 1997, Editorial Orbis Press. Escribió muchas reseñas
sobre libros de contenido literario para revistas literarias. Y ha participado en muchos congresos, tanto al nivel
regional, como nacional e internacional.
“Las paradas histórico-geográficas de los aztecas en su largo viaje hacia Tenochtitlán” *
Damas y caballeros, muy buenas tardes:
La ponencia que presento hoy, como apunta el título mismo, trata de un tema y una experiencia muy cercana a mi
propia realidad vital. Se trata nada menos que de volver a mi niñez haciendo un recorrido de ensueño tanto a través
del tiempo y como del espacio. Intentaré, pues, y nada menos, que de desenterrar algún capítulo olvidado de la historia
de mi pueblo natal, de su nombre y de la gente que llegó a ser reconocida ante todo el mudo occidental como el
origen de los fundadores de la grandiosa civilización y cultura azteca. Me refiero, pues, a las ruinas existentes en
una localidad indígena aledaña a mi querida ciudad Casa Grande, Arizona, y a uno de los asientos o estancias en
el largo recorrido histórico-geográfico de los aztecas en su prolongada y penosa peregrinación hacia Tenochtitlán.
Hace tiempo —durante los años de mi carrera— recuerdo que, entre tantas lecturas, descubrí fugazmente que en
algunas de las crónicas se citaba el origen medio histórico-medio mítico, de que los aztecas habían “procedido del
Norte”, o sea, de lo que llamamos Aztlán, y que después algún historiador chicano durante el Movimiento de los
setenta señaló ese lugar como el Suroeste de EE.UU. Pues bien, dio la casualidad de que el profesor Alarcón, amigo
y mentor de varios de nosotros, se metió a desenterrar muchas de las crónicas de la Frontera méxico-norteamericana
y me incitó a mí a que investigara este punto. Yo, con entusiasmo, puse manos a la obra. Él me proporcionó una
media docena de crónicas —que cito aquí— y comencé a leerlas ávidamente. Lo que ahora les presento es lo que
he descubierto durante mi investigación. –Dejo para otra ocasión extenderme más con otras crónicas, como la
Historia de la Nuevo México de Gaspar de Villagrá (Canto II) y del gran cronista Juan de Torquemada en su obra
Monarquía indiana (passim)
He escogido siete crónicas y he seleccionado —aunque sacados un poco de contexto— algunos pasajes apropiados
en donde se refiere específicamente al tema que acabo de insinuarles. Le di vueltas al asunto y, por fin, decidí que
el mejor camino a seguir sería dejar que los cronistas mismos se lo contaran con sus propias palabras. Yo solamente
me limitaría —por hoy y para hoy— a redactar una introducción general, como estoy haciendo ahora y, al final
de la ponencia, resumir e hilvanar en una conclusión media docena de puntos que agrupe estas diversas visiones e
interpretaciones de los siete cronistas en cuestión, que son: el P. Francisco Alegre, don Juan Bautista de Anza, el P.
Eusebio Kino, el P. Francisco Garcés, el P. Juan Nentvig, el Capitán Juan Mateo Manje y, en particular, la hermosa
y detallada narración del P. Pedro Font.
Y, sin perder más tiempo, comienzo a leerles varios pasajes escogidos de cada uno de los mencionados cronistas.
Quisiera indicarles de paso que todos ellos datan del siglo XVIII, conocido también por el Siglo de las Luces, el
Neoclasicismo o la Ilustración. Podrán notar que de los siete cronistas, dos son seglares (el teniente don Juan de
Anza y el capitán Manje) y cinco sacerdotes misioneros, de los cuales tres son jesuitas (el P. Alegre, el P. Kino y el
P. Nentvig) y dos franciscanos (el P. Garcés y el P. Font).
I
PADRE FRANCISCO ALEGRE (1729-1788)
Historia de la Provincia de la Compañía de la Nueva España
Imprenta de J. M. Lara, 1841
TOMO II – LIBRO SEXTO
(De los ríos Colorado y Gila)
Este río Colorado es el más caudaloso de cuantos hasta ahora se han descubierto en la América Septentrional. El
padre Francisco Eusebio Kino, lo pasó a instancias de los naturales de aquel país… Después (nos dice) que el Colorado
(que) recibe al Gila como a doce leguas de su junta, entra regando las tierras de los Yumas y otras naciones…. No
faltan a las riberas de estos ríos y en toda la provincia cosas que pueden interesar bastantemente la curiosidad de
los hombres de letras.
Como a una legua del río, Gila a la izquierda, a los 34 grados y cerca de 30 minutos de latitud se ve la que llaman
“Casa Grande de Moctezuma”. Es un edificio cuadrilongo de cuatro altos [o pisos], que a pesar de su antigüedad
permanece aun en pie. Los techos son de vigas de cedro, y las paredes de materia muy sólida que parece la mejor
argamasa. Está dividida en muchos compartimientos, piezas y recámaras de bastante capacidad para alojarse en
ella una corte andante. Se le ha dado el nombre de “Moctezuma” por la tradición constante de aquel país, de que
la fabricaron los mejicanos en su famoso viaje del Septentrión en busca de las regiones más meridionales que
ocuparon después. A distancia de tres leguas de esta casa, y a la derecha del río, se ven las ruinas de otro edificio, que
parece mucho más suntuoso y grande que el que acabamos de decir. Cuantos han visto aquellas ruinas dicen haberles
parecido, no de un palacio solo, sino de una entera ciudad dividida en muchas cuadras iguales todas, y de tres y
cuatro altos, según afirma como testigo ocular el padre Ignacio Javier Keler de algunas fábricas que había visto en
Sonora, y que se creen ser estas mismas que se hallan a las riberas del Gila. Los pimas más septentrionales refieren
constantemente a los misioneros de otros palacios magníficos que se hallan en lo interior del país, de maravillosa
disposición y simetría. Entre ellos uno en forma de laberinto que parece haber sido casa de placer de algún gran
príncipe. Su plan, según los indios lo pintan en la arena, es del modo que se ve en el margen (omitido aquí) http://
not00002.htm – N_16_. Se conoce que no fue muy corta la detención que en estas tierras hicieron los mejicanos,
por otras varias señas de antigua y durable población. En todas las inmediaciones de estos grandes edificios, aun
a algunas leguas de distancia, donde quiera que se cava la tierra se hallan fragmentos de losa bastantemente fina y
de varios colores. Dos leguas río arriba de la Casa Grande de Moctezuma, se halla una acequia ancha y profunda,
capaz de abastecer de agua una populosa ciudad, y de regar muchas leguas de aquellos pingües llanos.
Media legua del dicho edificio, al Poniente, se ve una laguna que desagua en el río por un angosto vertedero. Su
pequeñez y la regularidad de su figura casi circular pudiera hacer juzgar que era obra de hombres, si no lo desmintiera
su profundidad hasta ahora insondable aunque con varios cordeles añadidos se ha procurado examinar su fondo.
A la banda del Norte de la sierra de Mogollón cerca de las fuentes del río de San Francisco, se encuentran unos
pozos de bastante profundidad cavados en roca viva, y según descubrió el campo español el de 1737, servían de
trojes a los apaches en que guardaban sus granos, que sirvieron no poco en aquella ocasión a nuestras gentes. Toda
la región por lo general es muy fértil, y singularmente la Primería Alta, en que tal vez, de ocho almudes de siembra,
se han cogido quinientas fanegas de maíz. Las legumbres se cogen en abundancia. Y el frijol, a la tercera o cuarta
siembra, degenera en otra especie que los naturales llaman tepari, de menos sustancia, y no tan deliciosa al gusto.
II (a)
DON JUAN BAUTISTA DE ANZA (I)
Diario del 9 de enero – 27 de mayo, 1774
Mayo, Día 22, Domingo.
(De Monte Rey al Sutaquison, y primeros Pimas en el Río Gila hay 246 leguas.)
Al aclararse (el clima) continuamos la marcha, y al finalizar seis leguas hice alto en la Ranchería de Pimas del Sutaquisón
(¿Sacatón?)… Aquí se manifiesta muy visiblemente por los cimientos, y aun parte de Paredes un Palacio, de los que
formaba la Nación, que se cree fue a establecer su imperio a la Ciudad de Méjico (o sea, los aztecas).
Día 23 Lunes.

Habiéndose observado el día antecedente la altura del Sutaquisón se anotó en treinta y tres grados veinte y cuatro minutos.
Día 24 Martes.
A igual distancia, y más arriba de donde estamos, hay otro Palacio (que es conocido por el nombre de Moctezuma)
y población mayor que el referido de atrás: la fábrica de éste es un laberinto de que han sacado las inteligentes
curiosas copias; se conoce tenía altos. Hoy existen (solamente) las paredes tan altas que se ven de más de una legua,
esto dista lo menos del río, el cual introducían por debajo del mismo Palacio, y resto de la población para tener el
agua a mano. La materia de estas obras es de tierra puramente, pero también es mixturado con piedra menuda,
o arenas gruesas, que parecen ser por su consistencia de la más fina mezcla, o argamasa, cuya mayor prueba es su
permanencia después de tantos años, que se regulan tener.
II (b)
DON JUAN BAUTISTA DE ANZA (II)
Diario del 23 de octubre, 1775 – 1 de jun, 1776
Día 31, Martes. [Octubre]
En atención a la anterior Jornada, se dio este día de descanso a todos.
Distando de aquí como tres leguas un Edificio de los antiguos indios, determiné irlo a ver, con el intento de hacer
en él mismo la observación de su altura, como sitio señalado por esta circunstancia.
En efecto, a las once de este día, (el P. Font y yo) arribamos a él, y habiendo tomado todas sus medidas, reducidas
a las reglas que alcanzamos, se demuestran éstas, y la descripción de él, al fin de este diario (que no lo tenemos a
la mano ahora).
Después de esto, se reconoció la continuación de otros Edificios, que todos se manifiestan bien unidos, y en la
extensión más de dos leguas de largo, y cerca de un cuarto de ancho, fabricados todos a una legua, o poco menos,
distante del Río (Gila) meciéndolo al centro de ellos, por varias acequias, con el ancho, por lo común de cinco y
media varas, lo que se hace bien visible de todo lo que hemos andado hoy: de cuyas ruinas sólo tienen los habitadores
de este Río la remota y confusa noticia de que fueron de sus antiguos soberanos.
III
PADRE FRANCISCO GARCÉS
Diario de Arizona y California – 1774
27 de noviembre, 25 jornada
Andadas dos leguas al oesnoroeste, paramos en un puerto por donde pasa el río muy recogido. Aquí llegó a recibirnos
un hermano del Capitán-Cacique Palma, y luego llegaron sus hermanos Palma y Pablo, manifestando singular
alegría, especialmente el primero que fue abrazando a toda la gente. (Leguas recorridas 2)
28 de noviembre, 20 jornada
Habiendo vadeado el río Gila y andado cinco leguas al oeste, cuarta al sudoeste, paramos en una enramada que
a este fin había mandado hacer el capitán Palma. Acudieron luego muy festivos, muchos indios de ambos sexos,
confirmándose las paces en presencia de todos entre las dos naciones, cocomaricopa y yuma. Como una legua más
abajo de este paraje, a quien llamo en mis antecedentes diarios San Pedro de los Yumas, se junta el río Gila con
el Colorado. El río Gila, por lo que he podido averiguar en mis viajes, nace de la sierra de Mogollón y corre lo
más de oriente a poniente, aunque en Uparsoitac declina al oessudoeste. En su curso se le agregan los ríos de San
Juan Nepomuceno, de San Pedro, de San Carlos (que sin duda es el que en las memorias antiguas se llama de San
Francisco), y el de la Asunción, que se compone del Verde y del Salado. La principal copia de las aguas del Gila las
recibe del de la Asunción que crece muchísimo al deshacerse las nieves de las sierras por donde pasa. En la ribera
del Gila se hallan álamos, sauces y mezquites. Este río por lo común es escaso de pastos, pero en las rancherías de
San Andrés, ya despobladas y en las inmediaciones del Sutaquisón hay algunos zacates y en todo él hay abundancia
de chamizo y carrizo. No se encuentra en este río otro pescado que el que llaman matalote, el que si bien es sabroso
al gusto, pero es enfadoso por las muchas espinas que tiene.
En este río (Gila) se halla la Casa que dicen ser de Moctezuma, y otras muchísimas ruinas de otros edificios con
muchí¬simos cascos de loza, ya con pintura, ya sin ella. Por lo que vi después del Moqui he formado concepto muy
distinto del que hasta aquí tenía respecto de estas fábricas.
IV
EUSEBIO FRANCISCO KINO
Favores Celestiales – Viaje de 1697
PARTE I, LIBRO II, CAPITULO VIII
El primer pasaje que presentamos de “Favores celestiales” está sacado del capítulo VIII que se titula:
CAPÍTULO VIII.-Entrada o misión al norte y al noroeste de más de 100 leguas hasta el río y Casa Grande, y
descubrimiento de las dos nuevas naciones, la Opa y la Cocomaricopa.
Por noviembre de 1694 entré con mis sirvien¬tes y algunos justicias de esta Pimería hasta la Casa Grande, que
así la llaman estos pimas, y es el río caudaloso de Gila, que sale desde el Nuevo Méjico, y tiene su origen cerca de
Aconja (¿Ácoma?). Está este río y esta Casa Grande y sus cercanas 43 leguas más adelante y al noroeste de los
sobaipuris de San Francisco Javier del Bac…
La Casa Grande es un edificio de cuatro altos, tan grande como un castillo y como la mayor iglesia de estas tierras
de Sonora; dícese la dejaron y despoblaron los mayores de Moctezuma, y, perseguidos de los cercanos apa¬ches,
salieron al oriente o Casas Grandes (Chihuahua), y de allí tiraron hacia el sur y suroeste (La Quenada, Zacatecas),
y fueron después a fundar la gran ciudad y corte de Méjico (Tenochtitlán).
Junto a esta Casa Grande hay otras 13 menores, algo más caídas, y las ruinas de otras muchos casas, que se reconocía
que antiguamente hubo aquí una ciudad. En esta ocasión, y en otras después, he sabido y oído, y a veces visto, que
más al oriente y al norte y al poniente hay otras siete u ocho de estas casas grandes antiguas y las ruinas de ciudades
enteras con muchos metates y ollas quebradas, carbones, etc., y serian sin falta (¡!) las siete ciudades (de Cíbola) que
refiere el apostólico varón fray Marcos de Niza, el cual, en su larga peregrinación, vino hasta el Bacapa, ranchería
de estas costas que dista como 60 leguas de esta Casa Gran¬de al sudoeste, y está como a 20 leguas de la mar de
la California, y los guías o intérpretes darían a S. R. las noticias que trae en su libro de estas siete ciudades, aunque
sin falta desde entonces y desde mucho antes estarían ya despobladas.
….
EUSEBIO FRANCISCO KINO
Favores Celestiales – Viaje de 1697
PARTE I. LIBRO V, CAPÍTULO VII
Del Libro V, Capítulo VII entresacamos el siguiente párrafo:
CAPÍTULO VII.-Llegada al río y Casa Grande y vuelta a Nuestra Señora de los Dolores, habiendo caminado de
ida y vuelta mas de 270 leguas de la Pimería
Caminando siempre por los valles del río de Quiburi, llegamos al río Grande o río de Gila, y tomando la derrota por
su orilla y muy grandes alamedas y caminando al poniente, a los tres días de camino llegamos a la Casa Grande y
a sus cercanas rancherías, y siempre vinimos dejando a la derecha, pero a la vista, y de la otra banda del río, la muy
dilatada apachería. Los señores soldados se alegraron mucho de ver la Casa Grande; nos admirábamos de ver que
estaba casi a una legua distante del río y sin agua, pero después vimos que tenía una grande acequia de un muy
grande terraplén, que tendría tres varas de alto y seis o siete de ancho, y era mayor que el de la calzada de Guadalupe,
de Méjico, la cual grandísima acequia, según todavía se ve, no sólo metía el agua del río hasta la Casa Grande, sino
que juntamente, dando una gran vuelta, regaba y cer¬caba una campiña de muchas leguas de largo y ancho, de
tierra muy llana y muy pingüe.
….
EUSEBIO FRANCISCO KINO
Favores Celestiales – Viaje de 1697
PARTE V, LIBRO II, CAPÍTULO V
Por fin, en la Parte V, Libro II, Capítulo V, de su obra “Favores celestiales” leemos parentética y brevemente lo que
el P. Kino nos refiere:
En general, desde este primer pueblo de Nuestra Señora de los Dolores, en estos vein¬tiún años hasta acá he hecho
más de 40 entra¬das al norte, al poniente, al noroeste, al nordeste y al sudoeste…
Hacia el norte y noroeste he entrado en di¬ferentes ocasiones más de 130 leguas de cami¬no hasta la Casa Grande
y fábrica de los an¬tiguos de Montezuma, que desde esas tierras salieron cuando fueron a fundar la ciudad de Méjico;
y (he llegado) hasta el río Grande o río de Gila, que sale de los confines de Nuevo Méjico por la Apachería, y viene
a estos nuestros pimas, so¬baypuris y después sale más de 100 leguas al poniente por los cocomaricopas y yumas
hasta juntarse con el caudalosísimo río Colorado…
V
P. JUAN NENTVIG
Rudo Ensayo
Descripción geográfica, natural y curiosa de la Provincia de Sonora, 1764
CAPÍTULO II
Sec. 2. De otros Ríos y Arroyos que tiene esa Provincia,
Sec. 3. El Río Gila, y de lo Despoblado Antiguo en sus contornos,
ES
Desde esta junta, prosiguiendo su citado rum¬bo el río Gila, a cosa de 20 leguas deja a su izquierda en distancia de
una legua la Casa Grande que lla¬man de Moctezuma, por tradición que corre entre los indios y españoles haber
sido en este paraje una de las moradas donde en su larga transmigración descansaron los mejicanos. Tiene dicha
casa cua¬tro altos, que está en pie aun, con su techo de vigas de cedro o hascal, las paredes de materia muy sólida,
que parece la mejor argamasa. Es dividida en muchos cuartos y viviendas, y de bastante capacidad para alojarse en
ella una corte andante.
A distancia de tres leguas de ésta, y a mano derecha del río, está otra casa, pero ya muy de¬molida, de cuyas ruinas
se infiere que fue de mucha más mole que la primera. En las inmediaciones de estas casas, por algunas leguas,
donde quiera que se cave la tierra, se hallan tiestos de loza muy fina y de varios colores. De una acequia muy grande,
que se halla aun abierta unas dos leguas río más arriba, se deja entender que dichos moradores no estuvieron muy
de paso en este lugar, la cual puede abastecer de agua una ciudad, y regar muchas leguas de las pingües tierras de
aquellos hermosos llanos. Como media legua de dicha Casa al ueste se halla una laguna que desagua en el río,
y aunque su bu¬que no es grande, su fondeo es mayor de lo que se ha podido averiguar con los varios cordeles
añadi¬dos.
Cuentan aquellos pimas de otra Casa de traza y fábrica más peregrina, que dicen hallarse mucho más arriba sobre
dicho río; su figura es de un géne¬ro de laberinto cuyo plan, como lo pintan los indios en la arena, es a la manera
como va aquí, pero parece más verosímil haber sido casa de placer que de vivir en ella de asiento un gran señor.
De otros edificios de más extensión, arte y simetría oí referir al padre Ignacio Javier Keler, aunque no tengo presente
en qué paraje de sus apostólicas correrías; sé que decía su Reverencia tener de frente al cordel igualmente
dispuesto, cer¬ca de media legua de largo, y que le parecía casi igual su ancho, todo dividido en cuadras parejas, de
tres y cuatro altos todas las cuadras, aunque ya muy desfiguradas por lo caído en muchas partes, pero que en uno
de sus ángulos tenía en pie toda¬vía una fábrica de mayor mole, a modo de castillo o palacio de cinco a seis altos.
De la acequia, a mo¬do de la que se dijo arriba, decía dicho padre que no solamente pasaba dentro de su frente,
sino que antes de llegar a hacia ella se dividía en muchas atarjeas (o alcantarillas) por las cuales podía entrar el agua
por to¬das las calles, quizás para limpiarlas cuando querían de las basuras, como se pace en Turín y otras ciu¬dades
de Europa y aun en Méjico, en tiempos pasados. Esta postrera Casa Grande sin duda será una misma con la que
arriba se dijo, está del otro lado del río, pues todos los que la han visto, consienten ver ruinas, no de sólo un edificio,
sino de población grande.
VI
DON JUAN MATEO MANGE
Diario de las Exploraciones en Sonora,
Luz de Tierra Incógnita. 1697
(Desde 2 de noviembre, hasta 2 de diciembre de 1697)
CAPÍTULO V. Del viaje que hice con el reverendo padre Eusebio Francisco Kino y 22 sol-dados, a descubrir los
dos ríos, tierras y nación de los pimas sobaipuris del norte, desde 2 de noviembre, hasta 2 de diciembre de 1697, en
que también llegamos a las Casas Grandes y río caudaloso de Gila.
En 17, oído misa como en domínica, dejando la vega del río por los atolladeros que hay y lo caudaloso,… proseguimos
al poniente y siempre a su vista por la cima de una sierrecita,… vimos también las Casas Grandes que con haber 17
leguas de distancia parecían castillos y caminando siempre por montes de la fruta medicinal de la Jajova;…
En 18, proseguimos al poniente por un extendido llano estéril y sin pastos, y a cinco leguas descubrimos de la
otra banda del río otras casas y a edificios, pasó a nado el sargento Juan Bautista de Escalante y dos compañeros
a reconocerlos, y dijeron son las paredes de dos varas de grueso como un castillo y otras ruinas a sus contornos,
pero todo de fábrica antigua; proseguimos al poniente y, a otras cuatro leguas, llega¬mos al medio día a las Casas
Grandes, dentro de las cuales, dijo misa el padre Kino, que hasta allá caminó en ayunas. La una de ellas, es un
edificio grande de cuatro altos, el principal cuarto del medio y los conjuntos de sus cuatro lados de tres, con las
paredes de dos varas de grueso de fuerte argamasa y barro, y tan lisas por lo interior que parecen cepillada tabla, y
tan bruñidas que relumbran como loza de Puebla, y las esquinas de las ventanas que son cuadradas, muy derechas
y sin quicios ni atravesados de madera que las haría con molde o cimbria, y lo mismo sus puertas, aunque angostas
que en esto se conoce es obra de indios, es de 36 pasos de largo, y 21 de ancho, de buena arquitectura como lo
demuestra el diseño del margen (omitido aquí), con sus cimientos.
A tiro de arcabuz, se ven otras 12 casas medio caídas, de paredes gruesas también y todas que¬madas de los techos,
menos un cuarto bajo de una con unas vigas redon¬das, lisas y no gruesas que parecen de cedro o sabino, y sobre
ellas otates muy parejos y, sobre ello, una torta de argamasa y barro duro, techo alto de mucha curiosidad; a sus contornos
se manifiestan otras muchas ruinas y altos de terremotos que circunvalan dos leguas y con mucha loza quebrada de
platos y ollas de fino barro, pintada en varios colores que asimila a los jarros de Guadalajara de esta Nueva España,
de que se deduce era grandísima la población o ciudad de gente polí¬tica y de gobierno; verifícase con una acequia
madre que sale del río por el llano, circunvalando y quedando a su centro la población de tres leguas de círculo y 10
varas de ancho, y como cuatro de hondo, por donde atajaban quizás la mitad del río, así para que sirviese de foso
defensivo, como para proveer de agua a sus barrios y dar riego a sus sementeras de los contornos.
Dijeron los guías que a distancia de una jornada, hay otros varios edificios de la misma fábrica hacia el norte, y de
la otra banda del río, en otro arroyo que viene a juntarse con éste que llaman Verde y que las fabricaron una gente
que vino de la región del norte, llamado el principal, el Siba, que según su definición en su idioma es el hombre
amargo o cruel y que por las sangrientas guerras que les daban los apaches y 20 naciones con ellos confederadas,
muriendo muchos de una y otra parte despoblaron, y parte de ellos por disgustos se dividieron y volvieron para el
norte de donde años antes habían salido, y los más ¬hacia el oriente y sur, de cuyas noticias juzgamos y es verosímil
son las ascendientes de la nación Mejicana, según sus noticias, fábricas y vestigios, cuales son estos que citan a 34
grados, y los que hay a los contornos del presidio de Janos en 29 grados, que también llaman Casas Grandes y de
otros muchos que dan noticia, se ven hacia los 37 y 10 grados del norte a las márgenes del río (Gila).
VII
PADRE PEDRO FONT
Diario de 28 septiembre de 1775 – 2 junio de 1776
Octubre 31. Martes. Dije misa, la que oyeron con gran sosiego algunos Gentiles Gileños. Determinó el Sr Comandante
(don Juan Bautista de Anza), que descansara hoy la gente de la jornada larga de ayer, y con esto tuvimos lugar de
ir a registrar la Casa Grande, que llaman de Moctezuma, situada a una legua del río Gila, y distante del paraje
de la Laguna unas tres leguas al estsudeste; a la cual fuimos después de misa, y volvimos después de medio
día, acompañados de algunos Indios, y del Gobernador de Uturitue, quien en el camino nos contó una historia, y
tradición, que conservan los Pimas Gileños de sus pasados sobre dicha Casa Grande, (que toda se reduce a patrañas
mezcladas confusamente con algunas verdades católicas), la cual referiré después.
Y así digo:
En la Casa Grande del río Gila, día 31. de Octubre de 1775:
Altura meridiana del bordo inferior del sol: 42°. 25’. Registramos con todo cuidado este Edificio, y sus vestigios,
cuya Planta icnográfica es la que aquí pongo: y para su mejor inteligencia doy la descripción y explicación siguiente.
La Casa grande, o palacio de Moctezuma, tendrá de fundación unos quinientos años según las historias, y escasas
noticias que hay de ello, y dan los indios; porque según parece, esta fundación la hicieron los Mejicanos cuando
en su trasmigración los llevaba el demonio por varias tierras hasta llegar a la tierra prometida de Méjico, y en sus
mansiones (residencias-estadías), que eran largas, formaban población y edificios.
El sitio en donde se halla esta Casa es llano por todas partes, y apartado del río Gila como una legua, y las ruinas
de las casas que formaban la población se extienden más de una legua para el oriente, y demás vientos; y todo este
terreno está sembrado de pedazos de ollas, jarros, platos, etc.; unos ordinarios, y otros pintados de varios colores,
blanco, azul, colorado, etc., indicio de que fue población crecida, y de distinta gente de los Pimas Gileños, pues
éstos no saben hacer semejante loza.
Hicimos exacta inspección del Edificio, y de su situación, y lo medimos con una lanza por lo pronto, cuya medida
reduje después a pies geométricos, y poco más ó menos es la siguiente:
Está la Casa cuadrilonga, y perfectamente a los cuatro vientos cardinales: este, oeste, norte y sur, y al rededor están
unas ruinas, que indican algún cerco o muralla, que encerraba a la Casa, y otros edificios, particularmente en las
esquinas, en donde parece había alguna fábrica como Castillo interior, o atalaya, pues en la esquina que cae al sudoeste
hay un pedazo en pie con sus divisiones, y un alto. La cerca exterior tiene de norte a sur 420 pies, y de este a oeste 260.
Lo interior de la Casa se compone de cinco salas, las tres iguales en medio, y una en cada extremo más largas. Las
tres salas tienen de norte a sur 26 pies, y de este a oeste 10. Las dos salas de los extremos tienen de norte a sur 12
pies, y de este a oeste 38. Las salas tienen de alto unos 11 pies, y todas son iguales. Las puertas de comunicación
tienen de alto 5. pies y de ancho 2. y son casi iguales todas, excepto las cuatro primeras de las cuatro entradas, que
parecen eran otro tanto anchas. Lo grueso de las paredes interiores 4 pies, y están bien enjarradas; y de las exteriores 6
pies. La Casa tiene por lo exterior, de norte a sur, 70 pies, y de este a oeste, 50. Las paredes están escarpadas por de
fuera. Delante la puerta del oriente, separada de la Casa, hay otra pieza, que tiene de norte a sur 26 pies, y de este
a oeste, 18, sin el grueso de las paredes. El maderaje era de pino, por lo que se ve, y la sierra más cercana, que tiene
pinos, dista unas veinte y cinco leguas; y también tiene algo de mezquite. Todo el edificio es de tierra, y según las
señales, es tapia fabricada con cajones de varios tamaños. Viene del río, y de bien lejos, una acequia muy grande,
con que se socorría de agua la población, y está ya muy cegada. Por fin, se conoce que tenía el Edificio tres altos; y
si es verdad lo que se pudo rastrear de los indios, y por los indicios que se vieron, tenía cuatro, profundizando el piso
de la Casa a modo de pieza subterránea. Para dar luz a las piezas, no se ven más que las puertas, y unos agujeros
redondos en medio de las paredes que miran al oriente y poniente; y dijeron los indios que por aquellos agujeros
(que son algo grandes) “El Príncipe”, que ellos llaman “El Hombre Amargo”, miraba al sol cuando salía, y se ponía
para saludarlo. No se hallaron rastros de escaleras, por lo que juzgamos que eran de madera, y se destruyeron con
la quemazón que padeció el edificio por los Apaches. La historia, que el Gobernador de Uturitue nos contó en el
camino en su lengua Pima, y nos iba declarando un criado del Sr Comandante, singular intérprete de esta lengua,
es como se sigue:
Dijo que en tiempo muy antiguo vino a aquella tierra un hombre, que por su mal genio, y duro gobierno, se llamaba
“El Hombre amargo”: que este hombre era viejo, y tenía una hija joven; y que vino en su compañía otro hombre
joven, que no era su pariente, ni nada, y que lo casó con su hija, que era muy linda, y él también; y que traía dicho
viejo por criados al Viento, y al Nublado. Que el viejo empezó a fabricar aquella Casa Grande, y mandó a su Yerno
que fuese a buscar maderos para techar la casa. Que se fue el joven muy lejos; y como no tenía hacha, ni otra cosa
con que cortar los árboles, que tardó muchos días, y al cabo vino sin traer maderos. Que el viejo se enojó mucho, y
le dijo, que para nada servía; que vería cómo él traía maderos. Que se fue el viejo muy lejos a una sierra donde hay
muchos pinos, y que llamando a Dios que lo ayudase, cortó muchos pinos, y trajo muchas maderas para los techos
de la Casa.
Que cuando este “Hombre amargo” vino, no había en la tierra árboles, ni plantas, y que él trajo de todas semillas,
y que cogía muy grandes cosechas con los dos criados el Viento y el Nublado, que le servían. Que por su mal genio
se enojó con los dos criados, y los despidió, y que ellos se fueron muy lejos; y como ya no podía hacer cosechas por
falta de los criados, se comió lo que había cogido, y que ya se moría de hambre. Que envió a su Yerno a que llamase a los
dos criados, y los trajese; y que no los pudo encontrar por más que los buscó. Que entonces fue el viejo a buscarlos;
y que habiéndolos encontrado, los trajo otra vez a su servicio; y que con ellos volvió a tener grandes cosechas, y que así
prosiguió muchos años en aquella tierra; y que después de mucho tiempo se fueron, y no han sabido más de ellos.
Dijo mas: Que después del viejo vino a aquella tierra un hombre llamado “El Bebedor”, y que se enojó con la gente
de allí, y que envió mucha agua, de modo que toda la tierra se cubrió de agua, y él se fue a una sierra muy alta,
que desde allí se ve y llaman la Sierra de la espuma, y que se llevó consigo un perrito, y un coyote. (A esa sierra
llaman de la espuma, porque en el remate de ella, que acaba cortada y acantilada a modo de esquina de baluarte,
se ve en lo alto cerca de la cumbre una ceja blanca como de peñasco, la cual sigue igualmente a lo largo de la sierra
por un buen trecho, y los indios dicen que aquello es la señal de la espuma del agua, que llegó hasta allí.). Que “El
Bebedor” se estaba arriba, y dejó al perro abajo para que le avisara cuando el agua llegase allí; y que cuando el agua
llegó a la ceja de la espuma el perro avisó al Bebedor, porque entonces los animales hablaban, y que éste lo subió
arriba. Que después de algunos días envió el hombre Bebedor al Chuparrosas, y al Coyote, a que le trajesen lodo;
que se lo trajeron, y del lodo hizo hombres varios, y que unos salieron buenos, y otros malos. Que estos hombres se
esparcieron por la tierra, río arriba, y río abajo: que al cabo de algún tiempo envió unos hombres de los suyos a ver si
los otros hombres de río arriba hablaban; que fueron estos, y que volvieron diciendo que, aunque hablaban, no les
habían entendido lo que decían, y que se enojó mucho el hombre Bebedor, porque aquellos hombres hablaban sin
haberles dado licencia. Que después envió otros hombres río abajo a ver los que estaban por allí, y que volvieron
diciendo que los habían recibido bien, que hablaban otra lengua, pero que los habían entendido. Entonces el hombre
Bebedor les dijo que aquellos hombres del río abajo eran los hombres buenos, y que estos eran ellos hasta los Opas,
con quienes son amigos; y que los otros del río arriba eran los hombres malos y que estos eran los Apaches, de
quienes son enemigos.
Dijo también; que una vez se enojó el hombre Bebedor con la Gente, y que mató a muchos, y los convirtió en
Saguaros, y que por eso hay tantos Saguaros en aquella tierra. (Es el Saguaro un tronco verde, aguanoso, bastante
alto, e igualmente redondo, y derecho desde el pie hasta la cumbre con hileras de gruesas espinas de arriba abajo,
el cual suele tener dos ó tres ramas de la misma hechura, que parecen brazos).
A más de esto dijo: que otra vez se enojó mucho el Bebedor con los hombres, y que hizo bajar al sol para quemarlos,
y que ya los acababa: que los hombres le pidieron mucho que no los quemase, y que entonces el Bebedor dijo, que
ya no los quemaría; y mandó subir al sol, pero no tanto como estaba antes, y les dijo que lo dejaba más bajo para
quemarlos con él si otra vez lo hacían enojar, y que por eso hace tanto calor en aquella tierra en el verano. Todavía
dijo que sabía otras historias, que no las pudo contar porque se acabó el tiempo, y quedó en que nos las contaría
otro día; pero como nosotros nos reíamos algo de sus cuentos, que él refería con bastante seriedad, después ya no
pudimos lograr el que nos refiriese otra cosa, diciendo que no sabía más.
Toda esta relación o historieta he referido con el dialecto que se ve, por más acomodado al estilo, con que se explican
los indios.
A modo de conlcusión
De todas las lecturas que acabamos de oír podemos deducir varios puntos muy interesantes y esclarecedores para
los lectores de hoy día. Se me ocurre citar, entre otros, los siguientes.
1. Que cerca de la moderna ciudad de Casa Grande, Arizona, existió una Casa Grande, cuya existencia data de
hace unos 700 años (de acuerdo a los cálculos del P. Pedro Font), que coincide más o menos con el comienzo del
Impero Azteca, y que hoy conservamos solamente en ruinas. Que tenemos documentos personales e históricos de
hace unos 250 años que dan testimonio no sólo de esta singular Casa Grande, sino de otras varias Casas Grandes
e, incluso, de ciudades, de las cuales en aquel entonces formaba parte la Casa Grande arizonense que conservamos
hoy día, aunque solamente sea en ruinas.
2. Que, como era de esperarse, al existir una pluralidad de “casas grandes” —e incluso de una ciudad— había otras
muchas cosas que existían en tiempo de los cronistas, y que ya no nos quedan hoy ni en forma de reliquias, como
eran una “laguna”, las “alcantarillas”, las “acequias”, los “pozos” procedentes todos del río Gila y desembocantes, a
su vez y más tarde, en el mismo río. En cuanto a “siembras”, aunque en terreno desértico, se plantaba maíz y otras
semillas con gran éxito y provecho, gracias a este sistema de regadío.
3. En cuanto a la artesanía y fabricación de artefactos se nos dice que aparecían muchos fragmentos de loza con
sólo excavar un poco la tierra y que estos artefactos se podrían comparar muy bien con los de Tlaquepaque (Guadalajara),
e incluso con la famosa loza de Puebla.
4. Varios de estos cronistas, en particular el Capitán Mateo Manje y el P. Pedro Font, hacen referencia a otros
lugares en donde antes habían habitado estos mismos indios, diferentes y más cultos que los pimas. Por las
descripciones, latitudes y trayectorias parecen indicar que procedían del Norte, y citan como referencia el río Salado
y el río Verde, y las montañas del Mogollón. Por otra parte, el P. Font nos señala dos cosas: 1. que esta tribu de
indios (antecesores y descendientes de Moctezuma) fundaron ciudades y duraban en ellas mucho tiempo. Y 2) que
procedían del Norte (San Francisco Peaks, Sedona-Flagstaf – Moctezuma Castle y Moctezuma Well) y pasaron
después a Casa Grande, Arizona, siguiendo más tarde a Casas Grandes, Chihuahua, México, prosiguiendo por
La Quemada, Zacatecas, y, por fin, llegando a Tenochtitlán. Textualmente nos relata el Padre Font lo siguiente,
refiriéndose a la de Arizona:
“La Casa Grande, o palacio de Moctezuma, tendrá de fundación unos quinientos años según las historias y escasas
noticias que hay de ello, y dan los indios; porque según parece, esta fundación la hicieron los Mejicanos cuando,
en su trasmigración, los llevaba el demonio por varias tierras hasta llegar a la tierra prometida de Méjico, y en sus
mansiones [residencias-estadías], que eran largas, formaban población y edificios”.
5. En fin, que de acuerdo a estas crónicas citadas, podemos ahora trazar históricamente —aunque sea en parte
solamente— el recorrido o peregrinación que los aztecas han hecho a partir del Norte de Arizona para llegar al
Valle de México. Que esa peregrinación se hizo por etapas y que en cada una se quedaron centenares de años. Y
de interés personal para mí, es que ellos se hayan asentado durante mucho tiempo en las cercanías del lugar de mi
nacimiento, la ciudad de Casa Grande, y la zona de mi crianza, la ciudad de Coolidge.
Muchas gracias.
Lupe Cárdenas
Profesora de Español
Arizona State University West
Phoenix, Arizona, EE.UU.
* Ponencia leída en el congreso de RMCLAS, Tucson, Arizona, febrero de 2006