Humberto Garza LP 1

Garza, Humberto
Humberto Garza Cañamar nació el 22 de Mayo de 1948 en Montemorelos Nuevo León México.
Su afición por la poesía le vino por la rama paternal, su padre Alfredo Garza, tenía hermanos y tíos que eran hábiles
versificadores y amantes de leer poemarios escritos principalmente por autores Románticos y Modernistas mexicanos.
Humberto empezó a escribir a los 12 años de edad, a los 16 principió a publicar en calidad de colaborador espontáneo
poemas en “Rincones Poéticos” de revistas y diarios que en los años sesenta aún los insertaban en sus páginas y
suplementos dominicales.
Este poeta no tuvo educación formal, llegó a tomar algunas clases universitarias, pero nada relacionado con literatura,
creative writing, etc. tuvo diversos empleos durante su juventud, hasta que a la edad de 30 años entró a trabajar
como operador de proceso en una planta petroquímica; empleo en el cual permaneció hasta su jubilación. A este
poeta algunos lo han catalogado como Neoclásico, pero tal vez el de Formalista, o Experimentalista, le vengan
mejor. Ya que aunque gusta utilizar la métrica tradicional, -ritmo y rima-, también emplea verso libre, blanco y
semi-rimado… Y tanto en el uso de las formas métricas como en los textos que aborda, es diverso.
http://www.humbertogarza.com/
http://humbertogarza.com/carmen/carmen.htm
http://www.humbertogarza.com/Rtaibo/taibo.htm
Selección poética
Índice
Ángeles caídos
¿Dónde?
Extraterrestre
Los músicos
Pet Shop
Plan sentimental
Soldaditos
Tempestad
Versos anodinos
Ángeles caídos
“John Milton corrompió su poema al maliciosamente
interpretar a Satanás como un héroe.”
—Harold Bloom.
Si es el ensueño el alma, del niño, cuando crece;
si es el rocío la lluvia de forma más serena,
¿qué cosa es el amor que nunca se disuelve;
de dónde se deriva su condición eterna?
Satán, era entre todos, tu ángel más preciado;
el único en tu cielo, con gracia verdadera;
su trágico destino, lo trajo el negro hado
que precede a la esencia de belleza perfecta.
Hoy estarás llorando por todo lo perdido;
por tu Luzbel hermoso, de grata refulgencia;
por tus querubes altos de perenne atractivo
y por todo lo que… arrojaste a la tierra.
Sus almas siguen siendo agradables destellos
que en la tiniebla humana tenaces reverberan,
mas van languideciendo en un mundo imperfecto;
cuando menos lo esperes… su luz estará muerta.
Si la forma transmigra en constantes renuevos
evadiendo el final que acecha en cada senda;
es justo que transmigren también tus sentimientos
y olvides el rencor que decretó condena.
¿De qué te sirve ahora el imperio divino
y la gran potestad sobre enormes esferas?
Si llevas en tu pecho, como pájaro herido,
un corazón que sufre por lo que más desea.
Con ojos empañados por un sin fin de auroras
perdidas en atisbos a desiertas veredas;
pasearás afligido de una en otra alcoba
buscando serafines que ya jamás regresan.
Un guante blanco cubre la mano tenebrosa,
y como niebla envuelve, disposición artera.
Después esclarecemos que lo que más traiciona;
es lo que no se va, lo que siempre se queda.
Lejos de ti, y en medio de grandes privaciones
y proyectos que implican difíciles tareas;
siguen ellos loando tu Sacrosanto Nombre,
reiterando que siempre ¡glorificado seas!
Los días de su oprobio pasan disimulados;
como agua discurriendo por acequias serenas.
Su esplendor fue por ti, cruelmente limitado;
ya nunca acudirán, cuando les grites: «¡Vuelvan!»
Vivir para recrear celestiales distritos
en la materialista geografía de la Tierra;
es la tarea noble de los fatales hijos
que sentenciaste ayer a la más cruel condena.
¿Dónde?
¿Dónde estarás ahora… dónde?
Espigada muchacha con andar de paloma.
Rezuma jugo el aire y en ese jugo un nombre
con sabor a nostalgia se revuelca y trastorna.
Los días van cambiando y muy pocos lo notan.
Todo el contento nuestro arribó y se pasó,
de quienes disfrutaron tu vida lujuriosa,
en el mundo que anda… solo he quedado yo.
Me dormí en tu cariño y nunca he despertado.
¡Yo, el que nacía y nacía en lechos de palabras
para luego volar de un labio a otro labio;
caí entre la espesura de tus lascivas ramas!
No eras otra tarde de llovizna en mi cuerpo;
personas como tú nunca dan mala espina.
Ahora es la importancia que le doy a aquel tiempo
lo que atiranta en mí la penúltima fibra.
Como errante banquete para placer de muchos;
venías cada tarde a ofrecerte completa.
Mis insinceras frases encomiaban tus triunfos
para extraer ventajas a tu conciencia muerta.
Falda de mármol tibio ¿dónde estarás ahora?
estos días egoístas dicen que ya no existes.
Tal vez hoy solamente vives en mi memoria
dándole besos largos a mis recuerdos tristes.
Extraterrestre
Como una viajera interplanetaria
que no comprendía los gestos de alegría
o de enojo,
así eras tú.
Con tus ojos mágicos y extraños
me veías llorar y golpear la tierra,
me veías rechinar los dientes,
en momentos raspados por higueras
que tirarían sus hojas en noviembre.
Mirabas el peso de la noche
cayendo lentamente
sobre mí,
aplanando mi cuerpo
sobre un pasto de voces y suspiros
que mi sangre teñía
gradualmente…
de gris.
Después,
el aire se impregnó con cenizas humeantes,
con ruidos de turbinas
y cantos de pájaros distantes;
y te alejaste…
dejándome entre el aire ionizado,
sufriendo la tensión y ambigüedad
que provoca desorden
y provoca desastre.
Me dejaste flotando en cotidianas preocupaciones,
amando tu rostro joven
y el desamor de tu medianoche.
En algún lugar te acordaste de mí
porque llamaste para decirme:
“Voy camino al astro zahorí
en mi nave de ausencia;
rodeada por madrugadas secas,
heridas por un ruido automotriz.
Espera mi regreso
en un día cargado con botones de azahar
henchidos de perfume
y dispuestos a reventar.”
Yo te escuché,
aguijoneado por el ahogo febril,
contemplando largas páginas
que había por escribir.
Tal vez cuando regreses
tu apariencia y expresión sean más delgadas,
casi imposibles de leer.
Posiblemente seas una canasta
llena de alaridos salvajes,
un laberinto de funciones desconocidas,
un ruido que mendiga al aire
sonando inútilmente su cascabel.
Pero me intrigarán igual
tus dedos temblorosos,
tus miedos, tus desdenes…
y el inmenso misterio extraterrestre
de tu ser.
Los músicos
¿De qué tierra vinieron estos músicos tristes,
con voces incisivas y ojos de lunas frías?
Su música tortura corazones felices
y hace llorar imágenes de mármol y de arcilla.
¿Qué nefario artesano les dio esos instrumentos
henchidos de quejidos e inmensas agonías?
Al oírlos, recuerdo las cosas que están lejos
y solitarias noches en cabañas vacías.
Todas las tardes llegan a esta posada lúgubre,
sus lenguas, cual flamas de inquietos candelabros;
hablan con el sigilo de una monja que encubre
de un amor juvenil los pasados milagros.
¿De dónde sacan ellos el sentimiento amargo
que impregnan en sus voces al emitir sus cantos?
¿Es que sienten más hondo, más profundo y más claro,
o es que tienen un timbre más perfecto y exacto?
Su música pausada gotea en la penumbra
y ataja los destellos en todas las miradas.
El daño de otro tiempo todo el espacio inunda
y en un rincón del mundo ¡Lloran todas las almas!
Pet Shop
Están lloviendo gatos en mi rancho,
parece que nunca va a escampar,
sombras y luces cruzan mi ventana;
hacen muecas, me gritan y se van.
Llegan maullidos de las milpas
y llegan maullidos del corral.
¡Qué noche! Esta noche, ¡Galileo!
Llegó a la tierra bruta Satanás.
¿Quién hizo poros grandes en las nubes?
¿Por qué esta segundona tempestad?
Está lleno de gatos mi potrero
y está lleno de gatos mi jacal.
Darude en un Remix llega de lejos
tocando el tibio y espinoso vals
que yo bailaba cuando estaba sano
con princesas más blancas que la cal.
¡Qué gran acobardada estoy sintiendo!
Ovinos y caprinos ya se van
guiados por mis perros ovejeros
y el chivo, de mis cabras, semental.
Emerjo delirante y voy con ellos
a encumbrarme a los cerros de la paz,
me guía la ternura de Ifigenia
y su miedo infinito al más allá.
Los gatos me persiguen con sus ojos,
ya sus pulgas me empiezan a picar.
Lejanas carcajadas de cisternas
me siguen por el bosque fantasmal.
Los gatos me rasguñan… el rebaño,
camina testarudo sin parar.
Las nubes descubren una luna
que exhibe un turbante musulmán.
Los gatos me destrozan con sus uñas…
¡Mi cuerpo lejos del rebaño está!
¡Piedad! ¡Piedad! A la engendrada voz.
¡Misericordia, Dios de Abraham!
¡No dejes la flama de esta mecha
abandonada en esta tempestad!
Los gatos me devoran… estoy solo,
vuelvo a ser indefenso una vez más.
¡Apiádate de mí, Dios de Israel!
¡Apiádate de mí, augusto Jehová!
Signore, pietà Signore, pietà
Cristo, pietà Cristo, pietà
Signore, pietà Signore, pietà
¡Aaaaaay! ¡Aaaaaay! ¡Aaaaaay!
Plan sentimental
Íbamos a ser felices;
trabajando mutuamente en nuestro afecto,
ahorrando diariamente las ganancias
para luego…
especuladoramente el superávit
ir reinvirtiendo.
Íbamos a ser felices;
a costa de algunos sacrificios,
sin malgastar en cosas redundantes
ni disipar en vicios.
Teníamos formulado ya el proyecto
que nos daría completa autonomía
después de algunas privaciones;
un poco de paciencia,
y… agonía.
Eran los días del amor y euforia,
-soñábamos igual que adolescentes-.
Nos veíamos en un breve futuro
coexistiendo entre las buenas gentes.
Pero, se fue a pique el presupuesto,
y llegaron la neurosis y el enojo
a dar al traste con aquella empresa
que no pudo sortear un saldo rojo.
Por no tener recursos suficientes;
se fue nuestra ambición corporativa
a una irremediable bancarrota
dejándonos boqueando panza arriba.
Los besos y caricias que nos dimos
fueron desembolsos invertidos,
irreflexivamente,
en inútiles pagos
a un activo fijo.
Fuimos dos socios
calculadores y llenos de temor.
Y así no se conduce en los negocios
del amor.
Soldaditos
Algo prosigue a veces en las ramas del cielo,
en esas copas altas donde observa la Virgen.
Con fresnal armonía expresarlo no puedo
y busco precipicios para en ellos hundirme.
Doy vueltas en elipses buscando tus memorias
en el cuarto vacío de fantasmales arpas;
me acompañan zureos de lejanas palomas
y el recuerdo feliz de recientes palabras.
Voy a marcharme lejos para no serte infiel,
me llevaré la tropa a vivir en exilios;
diré a mis soldaditos que dejen tu cuartel
aunque sea media noche y estén semidormidos.
De mi ruido, el silencio, ha de borrar las huellas;
no quedará sonido de constantes redobles.
Dormirás apacible sin oír estridencias
ni rumor lloviznoso de pequeños tambores.
Irán mis soldaditos por valles y cañadas,
con marchas y con dianas marcando alegre paso.
Tal vez mueran de frío en las sierras nevadas
recordando tus besos bajo un sudario blanco.
Tempestad
No será tu naufragio maniobra de injusticia
porque Dios sabe donde su crueldad imponer,
serán; tu sed de hazañas y tu gran impericia
quienes lleguen fatales tu viaje a detener.
Llamarás, Capitana, con tus gritos de lluvia
cuando estés en el centro de la bestial tormenta;
habré de responderte: «Aquí también diluvia
y la pugna en que vivo es cada vez más cruenta».
De babor a estribor correrás por tu nave
exigiendo que arríen las abultadas velas;
pero tus marineros, en ese trance grave,
oirán tus demandas, sin poder responderlas.
Al escuchar bramidos de ráfagas australes
abrazarás un mástil para no ser volada
al sitio donde esperan las faunas abisales
tu enardecido cuerpo, tu mente alucinada.
Versos anodinos
En este amor de museo
dos almas analfabetas
partieron a ver el mar
por distintas carreteras.
Una, llegó a los escollos,
otra, a dormidas arenas,
una declamando versos
otra escudriñando perlas.
Ambas reptando en la noche
como dos ciegas culebras;
ajenas completamente
a su propio ecosistema.
La clase que practicamos
no la imparten academias,
lleva fría oscuridad
donde cantan las estrellas.
Es un vago simbolismo
con imágenes y temas
que nos revelan prodigios
donde ríen polichinelas.
Lleva oculto magisterio
como las historias griegas,
y un azar lleno de cosas
sin mucha delicadeza.
La técnica del silencio
era triste flor de menta,
que yo olfateaba por dentro
y tú ignorabas por fuera.
Me dolía vivir lejos
considerándote cerca;
ahí en los árboles grandes
de mi apartada alameda.
Me dolía en las entrañas
ser como un reloj de arena
que ya nadie utilizaba
y al cual nadie daba vuelta.
Me sentía un ser burlado,
y ponzoñosas afrentas
de mi boca resbalaban
para llegar a tu fiesta.
¿Escuchas cantar los gallos
en el fondo de la huerta?
¡Es el trajín de la noche
que se acerca y que se aleja!
El rocío está cayendo
como una llovizna lenta
sobre dormida intemperie
de vasta piel indefensa.
Cuando llegue la mañana;
el árbol de los que sueñan
borrará de las memorias
las huellas de la tormenta.
Y concederá un abrigo
al gorrión de las leyendas
que narra historias felices
y a los que sufren consuela.
Hoy no vendrán los rancheros
porque lloviznó en la sierra,
tal vez salgas a buscarlos
llevando un cordero a cuestas;
él, con balidos distantes,
estrujará la corteza
de las almas que están lejos
y las almas que están cerca.
¡Dios mío! ¿Por qué no hiciste
mi corazón de madera?
¡Para vivir sosegado
como el agua de la acequia!
Y para estar solitario
como una de aquellas piezas
que al terminar algún juego
sobre los tableros quedan.
El embrujo de los montes
abandonará tu aldea,
no estará presente, cuando
el encantamiento muera.
La luna y el girasol
no se persiguen ni mezclan,
son almas desconectadas
en la histeria de una fiesta.
Engranes trituradores;
las moscas, sólo frecuentan
en dulcificados tiempos
de suculentas moliendas.
El viento dice que pases;
¡Que no entres! Dice la niebla,
y en ninguno reconoces
la voz que ahora me queda.
Y luego te desvaneces
en una llovizna lenta
que golpetea la calle,
escribiendo… una leyenda.