Manuel Murrieta-Saldívar LP 1

Murrieta-Saldívar, Manuel
(Ciudad Obregón, Sonora, México). Murrieta-Saldívar es doctor en letras hispanoamericanas por Arizona State
University-Tempe y licenciado en letras hispanas por la Universidad de Sonora. Ha publicado Mi letra no es en
inglés; De viaje en Mexamérica; y Gringos a la vista, entre otras. Actualmente es profesor de literatura y cultura
chicana, mexicana y latinoamericana en California State University, campus Stanislaus. Es fundador y director
general de Editorial Orbis Press (www.orbispress.com) y de la publicación electrónica Culturadoor.com
Mis años con Teresa
Por Manuel Murrieta Saldívar
—California State University-Stanislaus—
Texto leído durante la sesión especial “Y siempre pensábamos que era inmortal”, panel dedicado a la memoria de la
profesora Teresa Valdivieso, en el marco del VI Congreso Internacional de la Asociación Hispánica de Humanidades.
Madrid, España, Junio 28-30, 2012.
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¡VUELVE TERESA!

Teresa Valdivieso y los latinoamericanos, los mexicanos, los sonorenses fronterizos…. Profesora Teresa, permítame confesarle hoy aquí cercano a su tierra, que le debo el haberme extraído de mi terruño sonorense, y lo digo con gusto, para asomarme al mundo real y literario de la globalidad. Gracias por poner sus ojos incansables hacia el sur, haciael sur de Arizona, fijarse en mi Hermosillo, en mi Sonora, en todo mi terruño mexicano y latinoamericano. No sólo por los estudios y antologías de autores de la América hispana que usted hizo y siguen siendo indispensables, sino por llevar a la práctica el intercambio humano, el encuentro de mente con mente, corazón con corazón, de los que hablamos la misma lengua y usted nos reunió en ese punto neurálgico de Arizona State University. Teresa,gracias entonces por iniciar, revivir y mantener activo durante décadas esos programas de intercambio estudiantiles que muchos vimos en ellos la única oportunidad de salir desde nuestras tierras olvidadas y marginadas para con dignidad intentar superarse con estudios. Programas que no sólo me llevaron hacia usted, sino, aun sin conocerla, supe de estudiantes extranjeros interesados en lo nuestro. Porque gracias ellos, se contagió mi curiosidad por otras culturas al verlos llegar a mi escuela de letras sonorense e incluso hasta mi propia casa. Fueron alumnos, después lo sabría, que se aventuraban a cruzar la frontera gracias a la nobleza de usted, Teresa, de su mente pedagógica y de su humanismo práctico. Programas que algunos se extinguieron y que, quizá por ello, se reavivó el prejuicio en Arizona, el desinterés y la ignorancia por lo latinoamericano, al proponerse leyes que oficializan la discriminación. Ojalá pudiera volver, Teresa, se necesitan seres como usted, académicos que reactiven los intercambios humanos que abrían nuestros mundos hispanoamericanos a estudiantes de Estados Unidos que, al fin, reconocían que la suya no era la cultura universal. ¡Vuelve Teresa!… que se reactiven esos programas que permitieron que nosotros tuviéramos por vez primera la experiencia en la academia norteamericana y a la vez conociéramos en directo la realidad “gringa” superando así nuestros prejuicios… Vuelve Teresa, esos programas han ya desaparecido.

II
VARIOS SEMESTRES CON TERESA
Gracias también por alargar luego nuestra estancia en Arizona, yo diría, en todo USA, no sólo por un semestre más,
sino por muchos, muchos más, los que a la postre se convertirían en ser, afortunado yo, su estudiante de maestría y
doctorado. Reconozco que fue por sus recomendaciones y, claro, por haberme sacado buenas notas con usted, que
se alargó mi estancia. Pero sépalo, y ahora se lo confieso, que por ser su alumno de posgrado aprendí, y lo practico
hasta hoy, lo que es la disciplina en las letras, que la literatura no es únicamente ese impulso rebelde, la musa caótica,
el bohemio espontáneo. No. Comprobé que, en realidad, se podía vivir de ella, volverse un profesional, si se aceptaban
los códigos, las formas y se cumplían cuando debían de cumplirse. Dentro de mi torbellino de creación, de migrante
académico, acepté y comprendí, pues, que se podía ser disciplinado con las citas, la corrección, la metodología, que se
podía ser riguroso con la norma y aplicarla también no sólo a la ensayística, sino al trabajo editorial y de escritor…,
que se podía, pues, ¡vivir de la literatura!… Qué afortunada revelación, Teresa, qué privilegio haberlo descubierto
en sus clases, yo ahí sentado frente a usted, maquinando todo ese mundo de palabras desordenadas que se estaban
organizando en sus cátedras….
¿Cómo no reconocer que, detrás de la oferta de continuar con los posgrados, estaba usted?… sí, creo saberlo, notó
algo en mí que habría que pulir…Y en esa formación, Teresa, como que existió un acuerdo tácito: ya dominando
sus técnicas usted siempre quiso estar conmigo y yo, quizá para aumentar confianza y seguridad, siempre debía
estar con usted. Juntos hicimos grandes cosas, como mis tesis de maestría y doctorado, por ejemplo. Sus manos
huesudas y rebosantes las venas aparecían en mis manuscritos como una aspiradora succionando la basura de las
malas citas y desajustes bibliográficos. No pasar mis borradores por sus ojos pizpiretos era como estar desamparado,
vacío, alejado de los títulos profesionales. ¿Y cómo olvidar el cierre de los cursos y esas revisiones en la sala de
su casa? Esa maravilla de los decorados, esa comodidad de los sofás, el saber por vez primera cómo era el hogar de
una académica de altura que nos habría su espacio familiar como si fuéramos sus hijos privilegiados, ¿lo seríamos?…
y terminar con un café o chocolate en tazas como de porcelana mientras en el patio nos protegía hasta la Virgen
Guadalupana…. era nada más y nada menos el maestro, la maestra, que podía convivir, y ese era el mensaje, abrir
parte de su vida, con nosotros, los simples estudiantes que así aprendíamos la última lección. Y ya, en el colmo
de las atenciones, organizar e invitar a nuestra generación, casi en las despedidas, a los restaurantes exclusivos de
Scottsdale o de Tempe a donde ingresé por vez primera gracias a usted, Teresa, sentir ya que pertenecía a la élite
de la intelectualidad.
III
ULTIMOS AÑOS CON TERESA
…Y como todo graduado que no se respeta, creí después liberarme de ti, Teresa, así como de todos mis maestros.
Levanté el vuelo confiando en mis talentos, pero portando la herencia de tu sabiduría como escudo protector
queriendo ser distinto. Seguí mis corazonadas de editor y de escritor por muchos años alejado de la academia
oficial para dedicar todo mi tiempo a producir, editar y escribir libros en español, mi pasión, dentro de la sociedad
chicana, latina y norteamericana. Algo debí de haber hecho bien, porque volví a reencontrarme contigo, Teresa, en
situaciones inconcebibles aunque, eso sí, en alguno de esos restaurantes exclusivos a los que me habías llevado. ¡No
lo podía concebir, yo, tu pupilo de una remota villa latinoamericana, colado en el primer mundo, podía serte útil!…
Me pediste, y don Jorge, tu inseparable pilar, de testigo, que editara y produjera algunos de tus libros. Entonces ya
no era un privilegiado, si no realmente un elegido, quizá un bendecido por tu gracia….
¿Cómo era posible que un alumno tuyo, uno más del montón, editara ahora los manuscritos de su experta maestra? Un
ex-estudiante de origen mexicano fronterizo, produciendo en Estados Unidos libros en español para una académica
de prestigio proveniente de la península Ibérica…¡felices coincidencias que sólo tú, Teresa, pudiste provocar! …Esa
oferta, que acepté, y ahora te lo confieso, con mucho nerviosismo, por lo que representas de autoridad en la materia,
tuvo, y tiene, consecuencias inconmensurables. Tanto, que es incluso una de las causas que me tiene hoy aquí en
Madrid, recordarte así frente a nuestros colegas. Por ejemplo, hiciste crecer mi seguridad de editor, me integraste
a organismos académicos verdaderamente internacionales, vaya, traviesa, ¡hasta me hiciste pasar como español!…
Lograste, editando yo tus libros, que ingresara a los circuitos académicos, aumentar mi currículum profesional y
viajar, viajar, viajar cruzando varias veces el océano o atravesar todo el Estados Unidos continental. Así, eventualmente,
sería aceptado con esta trayectoria en la universidad norteamericana para impartir los cursos que más nos gustan:
ya no Spanish 101, sino literaturas hispanas, hispanoamericanas…Y, de nuevo, agradezco tus persuasivas cartas de
recomendación, ¡que abrieron las puertas de varios “deans” y “chairs” californianos, Teresa!…
Y por más que quisiera, asegurada mi labor pedagógica en las letras, por más que te dijera que disminuía mi trabajo
editorial, que había ya cumplido su función, no pude alejarme de ti en estos últimos años, Teresa. En el torrente
de mis nuevas obligaciones de académico de tiempo completo, aparecías intermitente, con otra solicitud, siempre
decías: vamos a producir otro libro, y ya, Manuelito. Me resistía y me resistía, pero siempre acudía el remordimiento
en mi conciencia, ¿cómo negarle un nuevo proyecto a Teresita?… ¡Ni se te ocurra negarte, ni lo pienses! Y así, me
convencía y me auto-convencía, a pesar de que la vida se me vino encima por toneladas, que los recortes
presupuestales, que las crisis hipotecarias, que el desempleo de mi esposa, ¡qué ahora ya teníamos dos hijos!…
Vaya, hasta en una ocasión decidiste pegarme una visita a mi recinto en Sacramento, California. ¿Así seré tan
importante?, me repetía, ¿de verdad me necesitará tanto Teresita?… ¡Imagínense, uno no puede negarse ante la
presencia real de tan sabia, luchona y fuerte dama, octogenaria ya, pero con la energía de varios adolescentes!, ¡qué
te pasa, Manuel!, eso sí sería ya el colmo, una verdadera traición, una falta de respeto sin tamaño, negarse hacer ese
libro que ha de ser tan trascendente que Teresita me hace una visita en persona. Recuerdo en esa ocasión tu cuerpecito,
tu cortesía de ordenar comida mexicana en Old Sacramento, tus sabias explicaciones para la culminación total del
libro, insistías e insistías porque, en el fondo, sabías que aceptaría y que de nuevo no podía negarme a la solicitud
de tu libro, me dijiste, es el último, Manuel, ahora sí te lo aseguro, ya por favor, si, tu libro de memorias, Teresa,
las de tu organización de profesionales españoles que me dolería en el alma no entregártelo a tiempo, en carne y
hueso, porque te fuiste antes, Teresita, dejándome con decenas de libros en la mano y yo, solo, ahí con todas tus
memorias….
Leído en el Hotel Emperador, Madrid, España, 29 de junio 2012.