Hernando de Escalante Fontaneda LP 1

Escalante Fontaneda, Hernando de
(¿Cartagena?, 1536 o 1535–1575) fue un marino, escritor, traductor y explorador español. Alrededor de 1549, a la
edad de 13 años, sobrevivió a un naufragio en los Cayos de la Florida. La tripulación y los pasajeros que se salvaron
fueron capturados y esclavizados por la tribu amerindia de los calusa, siendo sacrificados todos menos Hernando.
Parece ser que el muchacho se salvó por su correcta interpretación de los símbolos visuales o comunicación por
signos, donde los nativos les pedían que bailasen y cantasen, que los demás no entendieron.
Pasó durante los siguientes diecisiete años viviendo entre los calusa y otras tribus, aprendiendo sus costumbres
y varias lenguas nativas y viajando por toda la Florida. Alrededor de 1566, Pedro Menéndez de Avilés, primer
gobernador español de la Florida española y fundador de San Agustín, estableció una alianza con el poderoso jefe
indígena Carlos, llegando a casarse incluso con su hermana. De esta manera, pudo negociar el rescate de Hernando
y de otros cautivos. Una historia alternativa es que Hernando fue rescatado por los hugonotes de Fort Caroline en
1565 y pudo regresar a territorio español cuando el fuerte fue tomado.
Sirvió como intérprete y guía para Pedro Menéndez desde 1565 en varias misiones y regresó a España en 1569
para reclamar las propiedades de sus padres ante la Corona. En 1575, después de la muerte de Pedro Menéndez,
escribió sus memorias, consideradas por los historiadores de la época como las más valiosas, como es el caso de
Antonio de Herrera y Tordesillas, y lo siguen siendo al día de hoy.

Memorias

Su Memoria de las cosas y costa y indios de la Florida es especialmente importante para conocer la vida de las
antiguas tribus indias que habitaban la Florida. Fue el primero que menciona por escrito el pueblo de Tampa. Da
los nombres de 22 pueblos importantes de los calusa, siendo el primero Tampa:
“Primeramente, un lugar que se dice Tampa, pueblo grande…”
Aunque no da detalles sobre la ubicación exacta de Tampa, su conexión con la moderna Tampa (conocida sus orígenes
indígenas) puede considerarse poco probable.
También se recuerdan sus memorias por sus relaciones con la búsqueda de la Fuente de la eterna juventud donde
se menciona la leyenda sobre la búsqueda de estas aguas en la Florida por Juan Ponce de León, un detalle casi
inseparables del mito al día de hoy. Aunque queda claro que Hernando no creía en esa historia, los historiadores
posteriores fueron menos incrédulos, pues la leyenda fue incluida en la Historia general de los hechos de los castellanos
en las Islas y Tierra Firme del mar Océano que llaman Indias Occidentales, conocida como Décadas de Antonio
de Herrera en 1615.
Memoria de las cosas, costa e indios de la Florida, hecha por Hernando de Escalante Fontaneda.
(http://es.wikipedia.org/wiki/Hernando_de_Escalante_Fontaneda)
[Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones
españolas en América y Oceanía, sacados de los Archivos del Reino y muy especialmente del de Indias,
Volumen 5. Madrid, 1866. Escrito por Luis Torres de Mendoza. Imprenta de Frías y compañía.

Memoria de las cosas y costa y indios de la Florida, que ninguno de cuantos la han costado, no lo han sabido
declarar (1).
(1) Colección de Muñoz, tomo LXXXIX. Véase lo que dice el Sr. Muñoz en la nota final de esta relación, sobre la
falta de orden y confusa relación de la misma.

Muy Poderoso Señor:

Las islas de Yucayo y de Ahité, caen á un lado de la canal de Bahama, y no hay indos, y está entre la Habana y la
Florida, aunque hay otras islas más cerca de Tierra Firma que corren de Poniente á Oriente, que se dicen «Los
Mártires.» Dícense «Los Mártires» porque han padecido muchos hombres, y también porque hay unas peñas salidas
debajo de la mar, que dende lejos pa¬recen hombres que están padeciendo; y en estas islas hay indios grandes de
cuerpo, y las mujeres muy dispuestas y de buen rostro. En estas islas hay dos pueblos de indios, el un pueblo se
llama Guarugunve, que quiere decir en romance «pueblo de llanto,» y el otro poblezuelo Cuchiyaga, que quiere
decir «lugar martirizado.» Estos indios no tienen oro y menos plata y menos vestido, que andan en cueros, sino
solamente unos brague¬ros tejidos de palma, con que los hombres cubren sus vergüenzas, y las mujeres unas yerbas
que nacen de unos árboles; estas yerbas parecen lana, aunque son di¬ferente. Su comida ordinaria es pescado, y
tortugas y caracoles, que todo es pescado, y atunes y ballenas, se¬gún vi estando entre ellos; y algunos destos indios
co¬men lobos marinos, aunque no todos, porque hay dife¬rencia entre mayores y menores. Hay otro pescado que
acá llamamos langostas, y otro como á manera de cha¬pin; también digo que en estas islas hay muchos venados y
unos animales que parecen raposos, y no lo son, sino otra cosa diferente, son muy gordos y buenos de comer, y en
otras islas hay osos muy grandes. Y digo que como estas islas corren de Poniente á Oriente, y la tierra firme de la
Florida corre hácia Oriente, estas islas de¬ben causar el haber los osos, porque acerca con ellos y deben de pasar de
isla á isla. Pero lo que á algunos cau¬tivos que allí y en otras partes estábamos era maravilla, era el haber venados
en las islas de Cuchiyaga, pueblo que tengo dicho. En estas islas hay también una madera que acá llamamos el
palo, y sirve para muchas cosas, como los físicos saben, y tanbien hay mucha de diversas maneras, que no lo contaré
porque no acabaría. Hacia Ponien¬te destas islas, hay una canal grande, que ningun piloto se atreve á pasar con navío
grueso, porque, como digo, de la otra parte hay unas islas hácia Poniente sin árboles; estas islas son nacidas de arena,
que en algún tiempo debian ser tierra de cayos (peñascos), que la comió la mar con an¬daluvios, y ansí quedaron
sin árboles y llanos en arena; llámanlas las islas de las Tortugas, porque las hay y mu¬chas, que salen de noche á
desgüevar en la arena. Son las tortugas del tamaño de una adarga; tienen tanta car¬ne como una vaca, y es pescado.
Désde la Habana á la Florida, corriendo de Sur á Norte, y en derecho destas islas; hay á las Tortugas y á los Mártires
cuarenta leguas de través, veinte leguas á los Mártires, y de allí á la Florida otras veinte.
La provincia de Carlos, provincia de indios, quiere decir en su lenguaje «pueblo feroz,» y lo dicen por ser bravos
ó diestros, que lo son; señorean mucha parte, hasta un pueblo que llaman Guacata, en la laguna de Mayaimi.
Llámase laguna de Mayaimi porque es muy grande, y en redondez hay muchos poblezuelos, como adelante diré.
Tornando de la Habana, para las leguas que hay desde la Habana á la otra parte del cabo de las islas de los Mártires,
que casi ajunta con la Florida, hay sesenta leguas de travesía á las islas postreras, porque las islas tienen cerca de
setenta leguas, y ansí corren de Ponien¬te á Oriente. Esta canal tiene muchas maneras de trave¬sías y muchas diferencias
de bajuras y canalejas, aunque la canal principal es bien hecha, y por parte de en medio, hacia las islas de la
Bermuda, de donde tengo una poca de memoria de dichos indios, pero no lo quiero alargar, voy á lo que trataba del
cabo de las islas de los Mártires hacia el Norte. Fenecen estas islas junto á un lugar de indios, que han por nombre
Teguesta, que está á un lado de un rio que entra hacia la tierra dentro; este río corre hasta quince leguas, y sale á
otra laguna que dicen al¬gunos indios, que la han andado más que yo, que es un brazo de la laguna de Mayaimi,
y sobre esta laguna que corre por en medio de la tierra adentro, tiene muchos pueblos, aunque son de treinta y
cuarenta vecinos, y otros tantos lugares. Tienen pan de raíces, qu’es la comi¬da ordinaria la más parte del tiempo,
aunque por caso de la laguna, que crece mucho, no alcanzan estas raíces por estorbo de la mucha agua; y ansí dejan
de comer algun tiempo este pan. Hay pescado mucho y muy bue¬no, y otras raíces á manera de turmas, y otras diferentes de muchas maneras; mas cuando hay caza, ansí de venados como de aves, entonces comen carne ó ave.
También digo que hay en aquellos rios de agua dulce enfinitísimas anguillas, muy ricas, y truchas grandísimas, casi
tamaño de un hombre, las anguillas gordas como el muslo y menores; comen también lagartos y culebras y unos
como ratones que andan en la laguna, y galápagos y otras muchas sabandijas, que si las hubiéramos de contar, no
acabaríamos. Estos indios viven en tierra muy fragosa y pantanosa; no tienen cosa de minas ni cosa deste mundo,
andan desnudos, y las mujeres con un mantellín de unas palmas rajadas y tejidas; son vasallos de Carlos, y páganle
tributo de todas estas cosas que he dicho arriba, de comida y raíces y pellejos de los venados y otras cosas.
El oidor Lucas Vázquez, vecino en Santo Domingo, y otros seis vecinos suyos, me parece que partieron con navíos
con algunos indios de las islas de Jeaga, á ver aquella tierra y río de Santa Elena, siete leguas más al Norte, á donde
está un pueblo que, por decir Orizta, dijeron Chicora los que fueron, y el otro pueblo por lla¬malle Guale, lo llamaron
Gualdape; y no vieron más pueblos, porque no pesquisaron más, ó no entraron ni costearon de veras, por miedo
de no tocar y perderse; y ansí no alcanzaron más, aunque es verdad que no hay oro ni plata, sino muy lejos de allí,
sobre sesenta le¬guas, donde dicen que hay minas de oro y cobre, hacia la tierra corrida adentro al Norte; al pié de
un rio y la¬gunas, están pueblos de indios, Otapali y Olagotano y otros muchos; ni son chichimecas ni jordaneros;
llámase el Rey mayor y gran señor en nuestra lengua, y en len¬guaje de los indios, Carlos Zertepe. Este cacique, es
el mayor de los reyes, y de la fama de Motesuma, pero á donde fué Lucas Vázquez y otros españoles, son gente mísera,
aunque hay algunas perlecillas en algunas conchas; comen pescado, ostiones asados y crudos, venados, corzos y
otros animales; y al tiempo que los matan ellos, las mujeres acarrean leña y agua, para cocer ó asar en parrillas; y si
algun oro hallaron, seria venido de lejos destas tierras y Rey que arriba digo.
Juan Ponce de León, fue á buscar el río Jordan (1) á la Florida, creyendo á los indios de Cuba y á otros de Sanlo
Domingo, ó por tener que entender, ó por valer más y acabar de morir, ques lo más cierto, ó sino para tornarse
mozo, lavándose en tal río, que es lo que hace al caso, que todo eso eran devociones de los indios de Cuba y de
toda aquella comarca, que por cumplir su ley, decían que el río Jordan estaba en la Florida. Á lo menos, estando yo captivo,
en muchos ríos me bañé, pero, por mi desgracia, nunca acerté con él. En la pro¬vincia de Carlos, antiguamente,
aportaron muchos indios de Cuba, en busca deste río; y el padre del rey Carlos, que se llamaba Senquene, los tomó
y hizo un pueblo de ellos, que hasta hoy día está la generación, y por las mismas causas que ellos, partieron otros
de sus tierras, que venían á buscar el río Jordan. Tomaron len¬gua todos los reyes y caciques de la Florida, como
per¬sonas, aunque salvajes, á ver qué río podía ser aquel, que tan buena obra hacia de tornar los viejos y viejas
mozos, y tan de pechos lo tomaron, que ni quedó arroyo ni río en toda la Florida, hasta las lagunas y pantanos, que
no se bañaron, que hasta hoy día porfían de hallalle y nunca acaban, y los de Cuba, votaban á morir por esa mar á
cumplir su ley, que así debió de ser, que de los mismos que pasaron á Carlos, se hizo un pueblo, porque fueron tantos,
que hoy dia se hallan los hijos y viejos engañados y hanse muerto muchos; y es cosa de risa lo que Juan Ponce de
León fue á buscar al río Jordan, en la Florida.
(1) Hay efectivamente en la Florida un rio que tiene este nombre, según unos porque bañándose en sus aguas
creian los indios que se rejuvenecían, y según otros por llamarse Jordan uno de los Capitanes de los dos navíos,
con que el licenciado Lu¬cas Vázquez de Ayllon hizo el descubrimiento de estas islas. (Véase Herrera, Décadas de
Indias, tom. 1, Pág. 259.)
Digamos de la parte de Abalachi, que es cerca de hacia Panuco, adonde se suena la muchedumbre de las perlas; y
cierto háilas. Entre Abalache y Olagale, hay un río, que llaman los indios Guavaca-Esgui, que quiere decir «río de
cañas» en nuestra plática. En este río y boca de mar y costa de la mar, hay las perlas, á do se cogen unas hostias y
conchas y se llevan á todas las provincias y lugares de la Florida, y principalmente á Toco-baja, que está más cerca,
porque en este pueblo está el Rey casi mayor de aquella comarca, hácia mano derecha, á la venida para la Habana.
Llámase Toco-Laja-Chile, tiene muchos vasallos y es Rey por si; vive á cabo pos¬trero del río, hácia la tierra adentro,
que hay de río más de cuarenta leguas, á do Hernando de Soto pensó poblar y por su muerte no se pobló y se desbarató
la gente de guerra, y se fueron por tierra, y de camino ahorcaron los españoles al cacique de Abalachi, porque no
les quiso dar maiz para mantenimiento del camino, ó porque, dicen los indios de aquel pueblo de Abalachi, que el cacique suyo tenia al cuello unas perlas gruesas y en medio dellas una muy grande, que seria tan gruesa como
un huevo de paloma torcaza, que las hay y añidan (anidan) en unos árboles por tiempos; y esto es lo que dicen los
indios. No hay minas de oro ni plata, y si las hay, no las cono¬cen. El comer destos indios, es maiz y pescado, muy
mucho; matan venados y corzos y otros animales, que ellos comen, pero lo ordinario, es pescado. Hacen pan de
unas raíces que nacen en unos pantanos, como arriba tengo dicho, y muchas frutas de diversas maneras; ponellas
aquí, era no acabar. Estos indios, no visten ropa, ni menos las mujeres; andan desnudos los hombres, si no es unos
pellejos de venado curtidos, con que hacen unos bragueros y se cubren solamente sus vergüenzas, y las mujeres,
unas pajuelas que nacen de los árboles, á manera de estopa ó lana, y no es blanca, sino parda, y con aquellas yerbas,
se cubren dellas á la redonda de la cinta.
Dejemos á Tocobaga y á Valachi y á Olagale y á Mo¬coso, que son reinos por sí, y contaré los lugares y pueblos del
cacique Carlos, ya difunto, que le mató el capi¬tan Reynoso por culpado. Primeramente, un lugar que se dice Tampa,
pueblo grande, y otro pueblo que se llama Tomo, y otro Juchi, y otro Soco, y otro que há nombre Non, y quiere decir
pueblo querido, y otro Sinapa, y otro Sinaesta, y otro Metamapo, y otro Sacaspada, y otro Caláhoe, y otro Estame, y
otro Yagua, y otro Guaya, y otro Guevu, y otro Muspa, y otro Casitoa, y otro Tatesta, y otro Coyovea, y otro Jutum, y
otro Tequemapo, y otro que há nombre Comachica, y otros dos pueblos desta comarca, que no me acuerdo porque
há seis años que vine; mas hay otros por la tierra adentro, en la laguna de Mayaimi, y es el pueblo Cutespa, y otro
Tabaguemne, y otro Tomsobe, y otro Enempa, y otros veinte pueblos que no me acuerdo sus nombres; y más hay
otros dos pueblos en las islas Incayos, que son su-jetos á Carlos, que se llaman Guarunguve y el otro Cuchiaga.
Carlos y su padre eran señores destos cincuenta pueblos, hasta que le mataron, como tengo dicho; y agora reina un
D. Pedro, hijo de Sebastian; llámanse así, porque Pedro Meléndez los trujo á la Habana para regalallos y los mandó
nombrar ansí, pero tornáronse ansí peor que antes, por el regalo que les hizo, y más peor fuera, si fueran bautizados;
pero porque yo no quise, no los bautizaron, porque en su plática los entendí que no fuera legítimo el bautismo en
ellos, que fueran herejes como se han alzado otra vez y peores que antes; saben la mayor parte de nuestras mañas,
son flecheros y hombres de fuerza. No hay hombre que tanto sepa de aquella comarca como yo, que la presente
escribo, porque estuve cau¬tivo entre ellos desde niño de trece años hasta que fuí de treinta años; sé cuatro lenguas,
sino es la de Ais y de Jeaga, ques tierra que nunca anduve.
Quiero decir, que es gran pueblo, rico de perlas y de poco oro, porque están lejos las minas de Onagatano, ques en
las sierras nevadas de Onagatano, vasallo de Abalachi y Olagatano, de Olagali y de Mogoso, que dicen los indios
que son muchos y grandes hombres de guerra, aunque andan desnudos y vestidos algunos dellos con pellejos; son
pintores, que cuanto ven pintan; llámanse Cañogacolas, que quiere decir gente bellaca, sin respeto y valientes de
flecha, pero las buenas armas de los españoles todavía los vencerían con muy buenas ballestas y escopetas, y rodelas
y espadas anchas y agudas y buenos caballos y escupiles, y una ó dos personas que los entiendan y que sean las lenguas,
personas buenas y fieles, y no como el Viscaino que quiso vender á Pedro Meléndez á los indios; y sino fuera por
mí y un mulato que descubrimos la traición, fueran todos muertos y yo con ellos, y no muriera Pedro Meléndez
en Santander sino en la Florida, en la provincia de Carlos. Porque no hay rio ni bahía que se me pueda esconder,
y si me trataran como yo merecía, hoy dia fueran los indios vasa¬llos de nuestro poderoso rey D. Felipe, que Dios
guarde muchos años. Ya tengo dicho queste cacique es señor de aquel rio de las Cañas, donde hay las perlas y minas
de azul, y el oro lejos, y es también su vasallo el pueblo de Olagale.
Un D. Pedro Viscaino, á quien S. M. hizo merced de tener cuidado de los cisnes, fue cativo en esta provincia; si
él fuera más hombre, pues S. M. le hizo tanta merced, los indios de Ais y Guacata y Jeaga y sus vasallos, fueran
ya domados, y aun muchos dellos cristianos; pero fue hombre para poco y de poco entendimiento, y ansí no hay
que hablar. D. Pedro Viscaino sabe muy bien esta lengua de los Ais y los demás nombrados, y aun hasta Mayaca
y Mayajuaca desotra parte del Norte, pero yo creo que como por mandado de Pedro Meléndez lo mandó ahorcar
por una falsedad que le levantaron á Domingo Ruiz, compañero de D. Pedro Viscaino, le espantaron y se vino á
España con las nuevas de la Florida, y no curó de volver más, y si volvió, seria por traer un hijo que tenia entre los
indios, según lo trujo, y no volvió más, y por ver el mal tratamiento que á las lenguas se hacia, no quiso volver como
nosotros hemos hecho, y sin paga hasta hoy día, y venimos rotos; y ansí nos dió poca gana de volver á la Florida á servir sin medra ninguna.
Estos reyes de Ais y Jeaga son indios pobres de la tier¬ra, que no hay minas de oro ni menos plata, y para decir
por enteros son ricos de la mar, que muchos navíos se han perdido muy cargados de plata y oro; como se perdió
Farfan y el mulato con su urca y el navío del Viscaino, adonde venia Anton Granado, que fue pasajero y cautivado,
y el navío de Juan Cristóbal, maese y capitán, y mataron los indios á D. Martín de Guzmán y al capitán Hernando
de Andino, procurador de la provincia de Popayan, y Juan Ortiz de Zárate, factor de Santa Marta. Perdióse este
navío en el año de 51, y venían en esta nao dos hijos de Alonso de Mesa y su tío con ellos, todos ricos, que el que
menos traía fui yo, pero con todo eso traía veinte y cinco mill pesos en oro fino, porque quedaban en Cartagena
mi padre y madre, que fueron comenderos y sirvieron á S. M. en aquellas partes del Pirú y después en la ciudad
de Cartagena, y poblaron en ella, donde yo y otro hermano nacimos, y de allí nos en¬viaba á España á estudiar, y
nos perdimos en la Florida como tengo dicho, y otros navíos y la armada de la Nueva España, adonde dicen que
venia el hijo de Pero Meléndez por general, porque los indios tomaron un español que salió á tierra y le cogieron
muerto de hambre, é yo le vi vivo y hablé con él y un Juan Rodríguez, natural de Nicaragua, y nos dijo que venia
de la Nueva España y iban para Castilla, y que era el general un hijo de Pero Meléndez, asturiano, y él que venia
por marinero de otra nao, y que no supieron unos de otros hasta que los indios se armaban para ir á la costa de Ais,
y los vido ir y volver con mucha riqueza de barras de plata y de oro y costales de reales y mucha ropa; y como era
recien cautivado ó hallado, no entendía la lengua de los indios.
Consuelo era, aunque triste, para los que después se perdían, en hallar delante compañeros cristianos con que pasar
los trabajos y entenderse con aquellos brutos. Muchos españoles escaparon las vidas por hallar adelante
compañeros cristianos, porque los indios que los tomaban, “les mandaban bailar y cantar y no lo entendían; y como
los indios son tan bellacos, y más los de la Florida; pensaban que no lo querían hacer por rebeldía; los mataban y
decían después á su cacique que por bellacos y rebeldes los mataban, que no querían hacer lo que les mandaban:
preguntando el cacique por qué les mataban, respondían esto que tengo dicho.
Y un día yo y un negro y otros dos españoles recién cautivos, tratando el cacique con sus vasallos y grandes señores
de su corte lo que tengo dicho arriba, preguntó¬me el cacique, que yo era el más ladino de todos, diciendo:
«Escalante, decidnos la verdad, pues ya sabéis que os quiero mucho; ¿cuando mandamos á estos vuestros compañeros
bailar y cantar y otras cosas, por qué son tan bellacos y rebeldes que noto quieren hacer, ó hácenlo porque no
estiman la muerte, ó por no torcer su brazo á gente contraria de su ley? Decídmelo, y sino lo sabéis, preguntádselo
á esos recien cautivos, que por su culpa son cautivos, agora que por dioses los teníamos abajados del cielo.» Y
respondiéndole á mi amo y señor, díxele luego: «La verdad, señor, á lo que entiendo no son rebeldes ni lo hacen de
mal propósito, es porque no los entienden y ellos rabian por entendellos.» Dijome que no era verdad, que muchas
veces se lo decían y algunas veces lo hacían, y otras veces no querían, por más que se lo dixesen. Dije yo: «Con todo
eso, señor, no lo hacen á drede ni por rebeldía, por no entender lo hacen; por eso habladles que lo vea yo y este
negro horro (libre) vuestro.» Y el cacique riéndose, díjoles: «Se le tega, recién venidos;» ellos preguntaron que qué
les decía el cacique; y el negro que estaba junto á ellos, rióse y dijo al cacique: «Señor, verdad os dice Escalante,
que no lo entienden y le han preguntado á Escalante que qué es lo que decís, y no se lo quiere decir hasta que se
lo mandéis.» Entonces creyó el cacique la verdad y dijo á Escalante: «Decláraselo, Escalante; que agora os creo de
veras.» Yo se lo declaré, que quiere decir «se le tega,» corre, mira si viene gente al miradero. Miradero quiere decir
Tejihue, abrevian más en la palabra que nosotros los de la Florida. Y visto por el cacique la verdad, dijo a sus vasallos,
que cuando hallasen cristianos ansí perdidos y los cogiesen, que no les mandasen nada hasta avisar, para que fuese
uno de los que entendiese la lengua. Y ansí fue este el primero arriba declarado que había nombre Pijiguini, en
lengua nuestra quiere decir Martinez, marinero arriba declarado, que venia en la flota de México y se perdió.
Dejando esto aparte, quiero hablar de las riquezas que los indios de Ais hallaron, que seria hasta un millón y más
en barras y en oro y otras cosas de joyas, hechas de manos de indios mexicanos que Traian los pasajeros; las cuales
se repartieron el cacique de Ais y Jeaga y Guacata y Mayaguaci y Mayaca, y él tomó lo que le pareció ó lo mejor.
Con estos navíos y otros dichos y carabelas perdidas, y indios de Cuba y de Honduras, perdidos en busca del río Jordan, que venían ricos, y los cogían Carlos y el de Ais y Jeaga y las islas de Gua-rugumbe, son ricos, como. tengo
dicho, de la mar y no de la tierra. Desde Tocovaga hasta Santa Elena, que ha¬brá de costa seiscientas leguas, no hay
oro ni menos plata de natural de la tierra, sino es lo que tengo dicho por la mar. No quiero decir si hay tierra para
habitar, pues los indios viven en ella; si es abundosa para ganados y para sembrar azúcar caña, no lo sabré de cierto,
algunas sembraron y nacieron, pero como no estaba yo de sosiego cuando se sembraron, no ví lo que pasó. En todas
estas provincias que he declarado, desde Tocovaga-Chile hasta Santa Elena, son grandes pescadores, y nunca les
falta pescado fresco; son grandes flecheros y traidores, y tengo por muy cierto que jamás serán de paz, ni menos
cristianos; yo lo firmaré de mi nombre por muy cosa cierta, porque lo sé; sino toman mi consejo, será trabajo y peor
que antes que los cojan á buena manera convidándoles la paz y metellos debajo de las cubiertas á maridos y mujeres
y repartillos por vasallos á las islas, y aun en tierra firme por dineros, como algunos señores en España compran al
Rey vasallos, y desta manera ha¬bría mafia amenguándolos. Y esto digo que seria cosa acertada, y podrían hacer los
españoles unas granjerías para criar ganados y guarda de tantos navíos como se pierden en la provincia de Sotoriba,
puerto de San Agustín y rio de San Mateo, á do los lutheranos de Francia tenían hecho fuerte é rincón para robar á
todos cuantos venían de Tierra Firme, ora de México ó del Pirú, ora de otras partes, como lo hacían, y recogíanse al
rio de San Mateo, como tengo dicho, donde reside este cacique traidor de Sotoriba y Alimacani y otros lugares sus
va¬sallos. En medio del río de San Mateo, sesenta leguas á la tierra adentro, hay otro cacique, rey por sí y señor de
su tierra, que se llama Utina, y Saravay y Moloa y otros muchos sus vasallos hasta llegar á Mayajuaca, tierra de Ais,
hácia el cañaveral, que dicen los pilotos negros que navegan. Con estos dos caciques tomó paces Pero Meléndez;
no tienen oro, ni plata, ni perlas; son miserables y grandes bellacos, traidores y flecheros, andan desnudos como los
demás que arriba tengo dicho. Por este rio de San Mateo pueden ir á Tocovaga, de la otra banda de la Florida hacia
Poniente, y no digo que siempre por el río sino de esta manera: entrar por la barra de San Mateo y llegar á Saravay,
que está cin¬cuenta ó sesenta leguas la tierra adentro del rio arriba, ó á la provincia de Utina, y de allí desembarcaré
ir por la banda de Poniente, tomando por arriba de pueblo en pueblo, y dar consigo a la Cañoga-cola, vasallos de
To¬covaga, y de allí al lugar mismo de Tocovaga, en que entra otro rio muy grande, donde Soto estuvo y murió.
Y con esto fenezco y no diré más, porque si fuera pretender la conquista desta tierra, no diera más relación que
tengo dada, aunque á S. M. le conviene para la seguridad de sus armadas, que van al Pirú y á la Nueva España y
á otras partes de Indias, que pasan por fuerza por aquella costa y canal de Bahama, y se pierden muchos navíos y
perece mucha gente, porque los indios son contrarios y muy flecheros; y ansí como digo, conviene hacer alguna
fortezuela por do pudiesen asegurar aquella canal con alguna renta que se pudiese sacar de México y del Pirú, y
de las islas de Cuba y de todas partes de Indias, para el remedio y mantenimiento de los soldados de guarda de tal
portezuela; y esto es lo que convenía, y otra cosa más de ir a buscar las perlas, pues otra riqueza no hay en aquella
tierra; y para ello concluyo y si fuere necesario lo firmo.
-Hernando de Escalante Fontaneda.
Junto con la relación antecedente, en un pliego suelto que le sirve de cubierta, va lo siguiente (Nota de Muñoz).
Colón descubrió las islas de Yucayo y de Achiti y parte de la Florida con otras vecinas de Santo Domingo.
Las islas Lucayo son de tres suertes, y es desta manera: lo primero las islas de Bahama, lo segundo las islas de los
Órganos, lo tercero las islas de los Mártires, que confinan con unos cabos de las Tortugas, hacia Poniente, y estos
cabos son de arena, y como son de aretía, no se ven de lejos, y por esta causa se pierden muchos navíos en toda
aquella costa de la canal de Bahama y las islas Tortugas y de los Mártires.
La Habana esta hacia el Sur; la Florida está hácia el Norte; y entre la una tierra de la Habana, isla de Cuba, para
Tierra Firme, están estas islas de Bahama y Órganos y islas de los Mártires y Tortugas; hace una canal de ancho
por lo más estrecho veinte leguas de la Habana á los Mártires, y de los Mártires á la Florida, catorce leguas entre
islas hacia España, para decir mejor, hacia Oriente, y por lo más ancho deste pasaje, hacia Poniente, hay cuarenta
leguas. Hay muchos bajos y canales hondas, pero no hay pasaje para navíos ni bergantines, aunque sean menores, sino hay pasaje para canoas y no más, y esto es hacia Oriente; pero por Poniente, para venir á la Habana y ir á la
Florida, hay pasaje, pero no para venir á España, sino es por la canal principal de Bahama entre los Mártires y la
Habana, islas Yucayos y punta del Cañaveral, y otra cosa no se halla para más atajar. Por atajo, se podría hacer por
en medio de la Florida, por el río ancho de Tocovaga al río de San Mateo, de Poniente á Oriente, y no con navíos,
sino por tierra, y por mar sirviéndose los unos navíos á los otros de una banda á la otra para venir á España.
Otra memoria; declararé generalmente de las cosas de la Florida y de un río que dicen el río Jordan, que está á la
banda del Norte; y también diremos de la parte de Poniente, donde murió Hernando de Soto y el capitán Salinas
y tambien Francisco de Reinosa y otros frailes, que padecieron y de los que fueron cautivos, que después ví algunos
dellos vivos y en cautiverio; y también iremos. declarando los tragos y comidas y vestidos de los indios de Abalachi
y de Mogoso y otros lugares más abajo, que son Tocobaga, Osiguevede, Carlos, Ais, Lonsobe y otros muchos que
declararé, aunque no todos, y cada cosa por su capítulo, y primero declaro el capítulo arriba de las islas Lucayos y
islas de los Mártires.
De Abalachi que andan desnudos los indios, y las indias con pampanillas (faldas) de heno, nacidas de los árboles,
que es como lana, que adelante declararé; y comen venados y zorros y vacas lanudas y otros muchos animales; y
estos indios cobran ciertos tributos de oro bajo, que está mezclado en oro fino, y muchas gamuzas pintadas; y en un
rio, que este pueblo tiene, hay perlas que adelan¬te tiene declaradas, y son flecheros, pero llevándolos de España,
y con una lengua avisada y diestra, se ganaría fácilmente, y mejores son indios de la Florida que los de Tocovaga,
Carlos, Ais y Tegesta y otros que tengo declarados adelante, hasta el rio Jordan, que dicen, como adelante
particularmente declaro cada cosa.
Los indios de Avalachi son sujetos á los indios de Olagale y Mogoso y otros de hacia la tierra de la sierra de Aite,
que son los más ricos indios, y estos lugares son de más valor. Estuve yo dos años entre ellos, por oro bajo y oro
fino, pero en toda la costa, que adelante declaro en el memorial, no hay oro bajo ni menos fino, porque lo que ellos
tienen es de los navíos que se pierden de la Nueva España y del Pirú, que les dá tormenta en la canal de Bahama
y dá con ellos en el Cañaveral ó en los Mártires, que se llama Chichijaya, cabo de los Mártires, hacia las islas de
las Tortugas, frontero á los Mártires y la Habana hacia el Sur; y la propiedad de todo y sustancia de todo adelante
lo declaro, aunque no todos los lugares, por tener diversos nombres que no me acuerdo cómo, y en esto ceso (1).
(1) Simancas. (Descripciones y poblaciones.) -Muy buena relación, aunque de hombre que no conocía el arte de
escribir, y así quedan muchos periodos sin sentido. -(Nota de Muñoz.)