Demetrio Anzlado LP 2

Anzaldo, Demetrio

Escritor y académico de la Ciudad de México especializado en la novela latinoamericana y chacana del siglo XX, estudios urbanos de la Ciudad de México y estudos de género, ha estudiado y ensañado en la Universidad de California en Irvine, la Universidad de Washington, El Colegio de México, la Universidad de California en Riverside, la Universidad Nacional Autónoma de México y el Departamento del Distrito Federal. Anzaldo ha publicado en distintas revistas académicas en Alemania, España, Venezuela, México y los Estados Unidos. Su libro, Gender and City in the Mexican Novel, Género y ciudad en la novela mexicana (2003), “analiza la relación entre sujetos de género y la ciudad contemporánea en novelas mexicanas, bajo las teorías de Ángel Rama y Néstor García Canclini sobre la urbanidad latinoamericana, para incorporarse a explorar la especificidad cultural e histírica de la Ciudad de México como espacio urbano en el cual se yuxtaposicionan diferentes temporalidades y étnias culturales.

 

Confecciones/confesiones de una palabra llena de imágenes: Las horas muertas y Vida con mi amigo novelas de la escritora Bárbara Jacobs 

El volar es un gesto de la mujer -vuela con  el lenguaje y lo hace volar.  Todas nosotras hemos aprendido el arte del volar con sus numerosas técnicas; durante centurias hemos sido capaces de poseer cualquier cosa sólo por volar; hemos vivido volando, robando, encontrando, cuando lo deseemos, angostos pasajes, encrucijadas ocultas.                                                                                                            Hélene Cixous

Un ingrediente fundamental en el trabajo literario es el de entrecerrar los ojos: al hacerlo, lo oscuro se aclara.  Parte de la magia se debe a no saber por qué es esto así, pero así es.                                                                                                                                      Bárbara Jacobs

 

Sueños y viajes del ser que aprendió a vivir…

La intensidad de las palabras literarias, de las imágenes o encrucijadas ocultas que conforman a Las hojas muertas (1987), primera novela de la escritora Bárbara Jacobs (México, 1947)  han sido elogiadas tanto por la crítica especializada como  los lectores testigos de una experimentación cálida vertida en un lenguaje que enuncia: “esa extraña y productiva alianza entre vida y escritura”  (Llarena, 14).  Ésta, es una unión enmarcada/enmascarada por los numerosos aspectos emocionales, emotivos y existenciales del lenguaje literario; palabras cargadas de significado que son sustentadas por una clara investigación histórica, cultural y social; además, de una fuerte preparación artesanal en el manejo de la escritura y del lenguaje oral por parte de la narradora y, por ende de la escritora.   Esta misma observación hace eco de lo dicho por la misma Bárbara Jacobs quién a pregunta expresa  menciona lo siguiente:  “Leo mucho; pero también vivo mucho y reflexiono más”  (García, 180).  Estas aseveraciones se han hecho evidentes en este trabajo narrativo gestado durante más de diez años hasta su primera publicación.    Ante toda esa preparación histórico-literaria, los resultados saltan a la vista al leer la novela.   Estamos ante una conjunción de imágenes reales y literales que van formando otra realidad ficcional.  Se van creando historias llenas de pasajes y personajes que vuelven a revivir sus historias y  vidas.  La escritura en la novela nos muestra recuerdos, semblanzas y esperanzas de una zaga familiar que ha quedado suspendida al morir el padre; sin embargo, ante esa caída existencial, los hijos y en especial una de ellos lo eterniza en este homenaje póstumo a su vida.  En el recuento de esa historia paterna van acompañándola  las descripciones, los hechos y situaciones que enfrentó a lo largo de una existencia intensa y difícil.

La novela capta la atención de los lectores al hacerlos partícipes del recuento de esas historias vividas entre el padre y los hijos que no quieren que se pierdan, ni perderlo a él.  Al comprender y profundizar en el contenido de la novela, queda claro que ésa ha sido la intención primaria: no dejar en el olvido a este ser tan querido por todos ellos y al que en la novela lo nombran como : “papá de todos nosotros”.   Es la vuelta a la vida del padre, es el renacer de una memoria colectiva dentro de la historia literaria y en el interior de una vida que se creía perdida para siempre.  En este universo ficcional se pueden observar las diferentes voces narrativas unidas por un sólo deseo que no es ningún otro sino el de mantener viva la compleja y cambiante figura paternal:  “hablar del padre; retratar al padre de la manera en que merecía ser retratado.  A saber: inolvidablemente”.  (García, 178-9).

De esta manera,  junto al homenaje hecho a la figura emblemática de un padre de familia americano, de ascendencia libanesa y auto-exiliado en México, Bárbara Jacobs, alude también , indirectamente,  a una revisión a los grandes mitos/ideales revolucionarios nacionales e internacionales de principios de siglo XX y a las consecuencias que el fracaso de tales acontecimientos provocaron en el medio nacional e internacional.  Al describirse simultáneamente en la novela las distintas facetas vividas por el padre como periodista en Moscú, miembro de la Brigada Lincoln y del ejército de los Estados Unidos, hotelero en México, empresario y empleado de una compañía inglesa y canadiense,  éstos hechos y experiencias personales, coinciden con algunos de los grandes acontecimientos históricos, políticos y sociales de la realidad espacial por la que él se va desplazando.

La memoria histórica fundida a la memoria individual se unen por medio de la ficción literaria para mostrar esa otra realidad, oculta para el común de las personas, vivida y saber más del pasado y de la vida pasada por el padre.  Las hojas llenas de los libros de historia no pueden dejar de considerar a esas otras literaria que, como las hojas muertas debajo del puente, pertenecen también a la vida humana.  De ahí que entre la historia y entre la literatura los hilos que las tejen se entretejan haciendo un tejido multicolor lleno de vida y de las complejidades de lo vivido.  El pasado que un hombre realmente vive no es pasado histórico que ha queda en los registros oficiales.   Por eso ante la ignorancia o falacia histórica, la literatura toma cartas en el asunto para decir que el pasado y lo pasado no son versiones llanas ni homogéneas.  Por ello, en Las hojas muertas, se encuentran realidades insospechadas y situaciones sociopolíticas poco conocidas que ponen en evidencia la imagen del país que se habitó, que  se habita.  Es por eso que se argumenta que es, “a partir de la vida del padre (como) se organiza la denuncia múltiple de carácter histórico y social” (Jiménez, 129).

La memoria literaria muestra la transformación física, intelectual y anímica del padre, en un acompasado vaivén literario en el cual también se proyectan las diferentes visiones y contradicciones  sociales en las que él se encuentra; es decir, el padre está inmerso emocional y sicológicamente tanto en su país de origen como en el que ha escogido y donde sigue viviendo:  El Líbano y México.  Ambos espacios geográficos y universos culturales son estos mismos pasados suspendidos y superpuestos, vertidos e invertidos en Las hojas muertas.

Esa doble existencia silente nos acercan a una vida humana, nacida al abrigo de los grandes ideales, proyectos y sueños libertarios del llamado orden y progreso.  Esa misma vida de un ser que creyó en las utopías, es la que vemos que sufre por las pasadas derrotas,  por los personales fracasos y constantes pesadillas en las que devinieron sus sueños, sus esperanzas y sus, ahora, vanos esfuerzos por conseguir algo mejor, una sociedad mejor, un mundo mejor, una vida más humana.  Es aquel  ideal nunca alcanzado pero profetizado por un mundo que se decía libre , justo e igualitario.  Es ese mundo por el que él peleó en su juventud durante la primera mitad del siglo pasado todo para llegar a la gran tragedia del Holocausto y del Genocidio humano que acabó con la esperanza.  Esa es la re-memorización de la ominosa y cruel duplicidad pasada a la que nos transportan las palabras de la novela: la dual existencia tormentosa sobre la que gira también la memoria histórica de Emile Jacobs.

Ante ese negro panorama, ha sido reconfortante el hecho de saber que aun dentro de esa misma vorágine pasada, la memoria colectiva nos recuerda que también existieron/surgieron seres humanos conscientes luchando “del lado de los buenos”.  Los seres humanos que superaron las vicisitudes a las que sus acciones heroicas  y  trágicas los llevaron.  Ellos mismos sufriendo el rechazo de los dictadores y sátrapas, pasando hambres, han tenido la fuerza y voluntad para seguir protestando, luchando en contra de las injustas condiciones humanas de aquellas y estas latitudes.  Nunca desistieron aunque, al final, se hubiese de perderlo todo.

El ejemplo de vida en la que se ha convertido esta literatura hacia el padre, por lo menos ante los ojos de su progenie, es una prueba palpable del deseo libertario que enciende a los seres humanos.  La fuerza de la verdad y la búsqueda de la verdad en el pleno sentido de la palabra que la revela; por lo menos, se está en presencia de una búsqueda por encontrar y conocer más de lo vivido y desenmascarar lo que la historia oficial ha ocultado.  La historia universal, la historia particular concuerdan en muchos aspectos con la idea revolucionaria de que los seres humanos son los únicos agentes del cambio; puesto que son libres de actuar, decidir y de crear las condiciones para denostar y cambiar las injustas condiciones materiales a las que se enfrentan durante su existencia.

La historia como se dice, no puede ser predeterminada ni regirse por discursos ni prácticas impuestas ni mucho menos  dejar vestirse a la moda.  La historia no se hace sola es el producto de la capacidad humana y de sus acciones.  La historia la hacemos los seres humanos.  Por eso, al referirnos a la historia uno tiene que entenderla como, “a dynamic process in which socio-political situations are contingent upon ever-changing material conditions, and not on a (pre) determined set of discursive practices that deny human beings their power as agents of change.” (Singh, XVI).

En Las hojas muertas, el padre como agente de cambio, lleva hasta las últimas consecuencias su poder de decisión, su libre albedrío; ese deseo de ser libre a pesar de estar en una sociedad que reprime, coarta y desconoce la diferencia..  Por eso, la escritura ágil y amorosa saca a flote toda la calidad humana de un habitante confuso y confundido que pese a todo insiste en dejar huella y seguir siendo como siempre ha sido: ser el mismo, ser su propia historia.

Si bien el lugar del padre ficcional está en Las hojas muertas, y junto a sus familiares; el hogar del padre histórico, se encuentra en la memoria de todos y cada uno de nosotros.  El singular cruce entre una memoria perdida y una vida que se encuentran al final del camino, es el punto crucial en donde memoria e historia, escritura y realidad se confunden para rescatar el silencio y del silencio la voz y presencia del padre auto-exilado, que es sin dudar la vida de la palabra literaria que se eleva alrededor de nuestra existencia.  El yo mundano recuerda la historia, el pasado, su existencia dentro de un territorio devastado pero que en toda memoria será el mejor lugar para comenzar a revivir entre las hojas muertas debajo del puente y entre las hojas escritas de la palabra en honor a Emile Jacobs.

Sueños y viajes de la que vive aprendiendo…  

Es nuevamente este otro puente, creado por esta otra palabra, el que nos lleva también hacia este otro hombre emblemático en la vida de la escritora Bárbara Jacobs:  el puente literario hacia Vida con mi amigo (México, 1994).  Bajo este recuento que une viajes y vidas, la narradora conversa con un pensamiento meditado que nos  va envolviendo en una conversación íntima.  Al empezar esta lectura, la serie de giros del lenguaje y de las confesiones de la narradora, nos van adentrando en recuerdos acuciantes que poco a poco, van agostándose en este viaje tan sobrecargado de palabras y visiones  en el que, casi sin sentirlo ni saberlo, nos encontramos ya inmersos.  A cada vuelta de página, volvemos a dialogar con esta palabra intensa, ensoñadora, y a aprehender/aprender de los giros del volar de esta narrativa femenina que nos habla, que se confiesa:

Estas conversaciones tenían lugar, se comprende, cuando no en un café, ante dos copas de vino; o en un tren, o a lo largo de una calle, conocida, desconocida; en una librería, en un parque, o en un salón, un gran salón o en un salón menor.  También, ante la chimenea en casa, en camas nuestras, de hoteles, de pensiones, de paso; entre palabras de amor precedidas, acompañadas, seguidas de acciones amorosas, de arrumacos y de entregas… (65-66)

En la crítica literaria se han resaltado esos aspectos biográficos, ficcionales y de inflexión filosófica con los que se apuntala esta narrativa literaria/sentimental. (Llarena) Al entrar a la obra literaria, nos encontramos con un universo ficcional cargado –con nombres y memorias, relatos y visiones que nos van aclarando ideas, pasajes recordados y emociones específicas- de lo comentado, vivido y discutido por esa pareja viajera sentimental/confesa en sus derroteros ficcionales e históricos. Las experiencias revividas por la narradora a través de las conversaciones con este amigo, se despliegan y revuelven, reencontrándose con las descripciones ensayísticas, los aportes personales y las múltiples cavilaciones/reflexiones que ambos protagonistas nos van compartiendo a lo largo de las situaciones vividas y los pasajes narrados. Avanzamos dentro del texto siguiendo el cauce dejado por una amplia lectura calificada en la que ha abrevado esta habla apologética:

A partir de la tarde en que conocí a mi amigo, dejó de haber descanso para mí.  Leía todo el tiempo; leía de todo: de pronto me encontraba embebida con San Juan de la Cruz. […]  De la Divina Comedia pasé al Libro de Buen Amor, La Celestina, El Eclesiastés.  Después de ver a mi amigo regresaba a casa, cada vez más tarde, con Don Quijote, con el Lazarillo de Tormes, con el Buscón, con el Conde Lucanor, con Lolita, con Huck Finn, con Tom Jones, con Mairena, con el Doctor Fausto, con Madame Bovary, con el Doctor Johnson, y promiscuamente me metía con ellos debajo de las sábanas para ir pasando acompañada las mil y una noches sin él, mi amigo… (85-86)

Este encuentro/desencuentro con la historia personal y la historia literaria de la narradora,  no solamente nos enumera y transporta a mundos literarios o espacios compartidos con poetas y pensadores, sino que también nos acerca indirectamente a esa otra intimidad compartida en otros lugares y en otros tiempos.  La literatura es el lugar donde los dos andantes guiados y dominados por la palabra se entregan, al dominio/predominio del lenguaje, a la excelsitud de la vida amorosa, a la pasión de la una por el otro y viceversa.

Lo anterior adquiere un valor especial para nosotros como lectores, puesto que estamos presenciando literalmente una simbiosis amorosa y un encantamiento voluntario ante el arrobamiento de las letras, del gran amor literario y físico.  Al mismo tiempo, estamos  compartiendo, junto con los protagonistas Tito y Bárbara, “una conversación educada” recreada y recargada en las múltiples voces de los personajes habitando este espacio real e ideal.  Encontramos aquí una gran vitalidad expresiva, un inmenso cúmulo de ideas, de posiciones personales complejas y contradictorias.  Así, se ejemplifica aquello de que, “el arte es una ficción, esto es, una deformación-modelización de la realidad fenoménica (una ideología) que produce efectos de realidad” (Asensí, 80).  Es la aseveración conformada y (de)formada de la realidad ficcional creadora de efectos de realidad y que enmascara esa otra realidad histórica de la que nos habla sucintamente el amigo desde su apreciación y posición del mundo vivido:

El viejo modo vano de caminar viendo por encima del hombro a cada paso es común, como lo es caminar tensos para estar prestos a defendernos, la voz afinada para gritar, la mirada entrenada para lanzar fuego y derrotar al dragón que nos sigue, que nos persigue, que nos espera y que se llama Humanidad. (102-103)

La visualización de esta modelización o concientización literaria (Asensí), la cual es una especie de contramemoria (Foucault) de la historia del discurrir de la palabra en esta nueva geografía literaria (Said), nos conduce a volar con su lenguaje y a evocar su magia inobjetable.

Este universo narrativo, salpicado de conversaciones insospechadas con personajes ficcionales y lleno de declaraciones/contradicciones, nos conduce por esas otras declaraciones en las que sólo una palabra basta para cambiarle todo sentido a nuestra existencia, “encontrando angostos pasajes, encrucijadas ocultas” (Cixous, 291). Vida con mi amigo, es un texto que problematiza, que compromete y obliga a enfrentar una irrealidad real contradictoria, disfrazada y desafiante emparentada con nuestras circunstancias.  Las voces rebeldes y contestatarias que se perfilan de entre estas páginas creadas y de aquellas otras que figurativamente nos acompañan a esta conversación entre los amantes-amigos,  se confunden y confeccionan para recrear una parcial realidad sin ataduras pero que nos seduce, que nos atrae por sus recreaciones e imágenes de la vida  y por su llana carga ideológica. Como afirma Bárbara Jacobs, el libro narra la relación de un matrimonio de escritores que viaja mucho, pero los viajes que hacen son de tres tipos: en el espacio, ambos van de lugar en lugar; en la lectura, de lectura en lectura; y además viajan en la profundización de su relación.  (Flora Marimón Entrevista a Bárbara Jacobs, citada por Alicia Llarena, 204)

Vida con mi amigo es el disfraz de ese mundo singular y emotivo de la misma escritora.   En su labor como creadora sui géneris y viajera universal, ella logra conversar libre y acompasadamente con sus personajes; de igual manera, nos muestra fragmentos de esa vida personal itinerante, emotiva, plétorica de información y de apasionadas vivencias.  En este trabajo literario, ella logra enmascarar/ficcionalizar sus experiencias personales, con un modo muy particular de comunicar aquéllas sus vicisitudes humanas creadas y modeladas para este yo narrador de la escritora:

Antes que compromiso de ningún tipo, lo que a mí me mueve es la necesidad vital de comunicarme con el exterior como lo hago conmigo misma, permanente y honestamente, acerca de todo, lo que sé, lo que ignoro, lo que busco, lo que padezco, lo que aprendo, lo que cuestiono, lo que sueño, lo que gozo.  En todo caso, mi compromiso sería hacerme entender, que equivale a comunicarme bien.  Al escribir, pretendo reflejar de forma procesada lo que el exterior me da de forma confusa y exigente.  Al comunicarme procuro poner orden en el caos, mío y de mi tiempo. (Entrevistas con Eduardo Estala rojas, 2011).

Esta característica comunicativa señalada en su palabra evoca múltiples recuerdos e imágenes de su vertiente histórico-literaria.  La larga lista de obras y autores de la literatura universal que nutren esta amante palabra, revoluciona el hablar y (re)crea fragmentos de vidas pasadas, pasajes históricos y memorias personales en las que se muestran también sus deseos sinceros porque el amigo no deje de acompañarle en esta otra travesía, la de  la “vida (que) va pasando, y se va acabando” (38); porque, –Nadie repite exactamente las mismas lecturas que otro; las circunstancias que te llevan a determinados libros no son nunca iguales –me ha repetido, pero yo quiero seguirlo: en las mismas lecturas, en tantas de las mismas experiencias, haberlo seguido, retrospectivamente, imposiblemente. (87)

Por consiguiente, ese tan ansiado retorno a la simiente literaria, al retorno hacia una palabra repetida, releída y compartida ávidamente por Tito y Bárbara en diferentes momentos, los conlleva a recrear este arte narrativo leno de voces y personajes con los que siguen conviviendo, consolidándolos, orillándolos al viaje definitivo, al viaje de muchas vidas, de muchas palabras y de muchos seres arropados por su habla.

De modo que en lugar de despedirnos dispusimos equiparnos con unas botellas de vino tinto, una manta, y una serie de libros encabezados por el de Laurence Sterne, y tomar la carretera para emprender el viaje definitivo hacia el centro de nosotros mismos.

–Es el viaje más difícil de hacer –me dijo mi amigo ante el espejo ovalado frente a la cama.

–Y de narrar –repetí  (94)

En la conversación con esta narración –además de la apreciación crítica a esta novela– nos envuelve en un (re)conocimiento a su origen, a su proceso de gestación; pero ello ha ocurrido después de leer y conversar con la autora y con las diferentes voces que nos hablan/narran de y desde el interior del texto. En este caso, la conversación emotiva de la mujer y del amigo, que estando ausente se encuentra más presente que nunca, ha posibilitado este retorno al momento de su creación:

Lo empecé en 1985, haciendo una anotación diaria de alguna frase que dijera Augusto Monterroso, pero con el tiempo me di cuenta, primero, de lo que no quería hacer: una colección de aforismos o de sentencias.  De modo que empecé a trabajar en la idea de elaborarlo como una sucesión de diálogos donde se mezclaran nuestras ideas y finalmente escribí la segunda parte, donde relato el principio de la historia. (Piña, “Entrevista a Bárbara Jacobs, citado por Alicia Llarena)

Para Bárbara Jacobs, este desafío personal se convierte en el hecho valioso que consolida su estilo narrativo. Esta Vida, tal y como la cita la escritora, nace al amparo de la oralidad; del dialogar contante con el amado amigo, al tiempo que nos habla de los espacios, sombras y silencios de la escritura de la mujer enfrentada a la hoja en blanco.  La mujer que comunica su vida a los hablantes y enuncia que todo está cifrado/disfrazado.

Sueños y viajes de las y los que siguen leyendo, escribiendo…

Así como era en el principio del presente ensayo un sueño (im)posible escribir de una mujer o soñar con los sueños literarios de una mujer para describirlos, así es también esta (im)posibilidad de terminar lo escrito.  He aquí el sueño de otra palabra que se ha vertido en torno a la palabra, la de Bárbara Jacobs que ha creado un viaje soñado durante mucho, mucho tiempo y que con todo respeto se desdibuja para dejar que la soñada palabra vuele o vuelva a volar al surcar las páginas de Las hojas muertas y  Vida con mi amigo.  Ambos textos disfrazados o confeccionados con imágenes reales o ideales de la vida, se han hecho parte del mundo de la literatura y siendo ya parte de este argot literario, sus novelas seguirán incrementando la riqueza de la letras universales.  Este arte de Bárbara Jacobs sobrevuela la escena pública imbuido/investido de amor invitándonos a conversar/compartir con él entrecerrando los ojos para (re)vivir semblanzas, memorias, viajes y sueños.


Bibliografía

Asensí Pérez, Manuel.  “¿Qué es la crítica literaria como sabotaje? (Especulaciones dispersas en torno a la crítica en la era de la posglobalización)  Barcelona: Anthropos 216  (2007): 73-82

Cixous, Hélene. “The Laugh of the Medusa.  In the Signs Reader: Women, Gender, Scholarship.  Chicago, London: University of Chicago Press, 1983: 279-291

Estala Rojas, Eduardo.  “Cuatro autores ante tres preguntas”.  http://contratiempo.net/2011/05/correspondencias-virtuales-cuatro-autores-ante-tres-preguntas/

Foucault, Michel.  Nietzsche, la Genealogía, la Historia.  Traducción de José Vazquéz Pérez.  Valencia: Pretextos, 1988

Jacobs, Bárbara.  Vida con mi amigo.  México: Alfaguara, 1994

…–  Las hojas muertas.  México:  Era, 1987

…–  Carol dice y otros textos.  Prólogo alicia Llarena.  Epílogo Roberto García Bonilla. México:  UNAM/ Era, 2000.

Kristeva, Julia.  Desire in Language.  New York:  Columbia University Press, 1980

Llarena, Alicia.  “Uno mismo es un mapa viajable”: hacia el mapa narrativo de Bárbara Jacobs.  http://cdigital.uv.mx/bitstream/123456789/7922/2/2002v10p203.pdf

—..  “Espacios íntimos, discursos híbridos: Bárbara Jacobs”. Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México.  2 (1998): 483-493

Lessing, Doris.  Las cárceles elegidas.  México: Fondo de Cultura Económica, 2010.

Muñíz-Huberman, Angelina.  El canto del peregrino.  Hacia una poética del exilio.  Sant

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Said, Edward, W.  Reflections on Exile and Other Essays.  Cambridge, Massachusetts: Harvard University press, 2000.

…–  “History, Literature, and Geography”.  Reflections on Exile. Cambridge, Massachusetts” Harvard University Press, 2000: 453-473

Singh, Amritjit and Bruce G. Johnson.  Interviews with Edward W. Said.  Eds. AS/BGJ. USA:  University Press of Mississippi, 2004

Yurkievich, Saúl.  El sentimiento del sentido.  México: Era, 2000.

One Comment

  1. Reply
    Marta Medina April 13, 2013

    Mejor redactado imposible. Muchas gracias. Besos!!

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