Eliana Suárez LP 5

Suárez, Eliana

Eliana Raquel Suárez nació el 14 de septiembre de 1969 en Gödeken, Santa Fe, República Argentina. Desde pequeña se aficionó a la Literatura y comenzó a escribir sus primeros versos a los 14 años. A partir de allí, incursionó en diversos géneros siendo la poesía su predilecto. Trabaja como docente de nivel primario, profesora de los Talleres de Práctica III y IV, del Ateneo de Lengua y Literatura y del espacio curricular de Alfabetización Inicial, del Profesorado de Enseñanza Primaria en un Instituto de Formación Terciaria No Universitaria e integra el grupo de docentes que asisten al Equipo del Ciclo de Desarrollo Profesional Docente en Alfabetización Inicial del INFD del Ministerio de Educación de la Nación.

TRES POEMAS

PORQUE LAS MUJERES SENTIMOS INTENSAMENTE Y PORQUE MUCHAS YA NO TENDRÁN PALABRAS… DURANTE EL VIAJE

I

Y miraba a tu alma

desde lo alto,

desde aquel punto en que

la niebla

hecha sueño entornado

me devolvía fantasmas de aldeas.

El viento decía no sé qué cosas,

de alguien que

devoró a sus hijos,

para echarlos luego en las barrancas.

Decía de un país

en el que nadie sembrará dientes

ni habrá soles capaces de esfumar alas

porque las alas

nacen de los sueños.

(Mayo de 2015)

 

II

 

Aquí y ahora

en el momento en que

busco

el camino para llegar a vos.

 

Aquí y ahora

en el instante previo a tenerte

a vos

“no solo mío.”

Imagino el pasado

rebuscando en la basura

los recuerdos…

 

Mi piel, la de ayer,

en los surcos regada,

florecida por entonces.

Abandonada a la suerte

de la vida

esta piel la que hoy es

la pálida visión

de un “si hubiera.”

Piel perdida

para encontrarte.

(Mayo de 2015)

 

III

Me quedé sin agua

sedienta

como la noche

cuando ruega que llegue la mañana.

 

Me senté a la sombra

de un árbol sin hojas

porque a las hojas

las escupió el viento…

Impunemente,

como vos,

cuando te vas dejándome

las costillas deshechas

de tanto sostener

al corazón.

(Mayo de 2015)

 

EL REINADO DE LA REINA MAB

Perdiste tu anillo

ése, el del poder…

¿Lo perdiste en un túnel

al morir la que amaban?

Buscaste en el cruel terciopelo de tu cuarto

y en las soberbias arcas

de nácar y de acero.

¿Lo perdiste entre tantos amantes

de banderas afables, mezquinos, siniestros?

 

Loca, pasillos eternos, sirvientes plebeyos.

– ¿Dirán que escapó mi cordura

a morir con el día,

a jugar con la noche

testigo de mis tormentos?

Tus pasos persiguieron la sombra

de ese parral de huesos

que hoy es tu cuerpo.

 

Enloquecidas tus manos

tantearon el sueño cruel de los ciegos,

ese aro de oro y diamantes,

de amatistas y esmeraldas

se fue rodando misterios.

¿Lo perdiste, torturada,

entre suspiros de conciencia

y perfumes de sangre amada?

 

Ni la sábana de vida,

ni la mortaja de plata,

ni el confín de aquel terruño,

ni el insondable alegato

que de tu boca manaba.

 

¿Lo perdiste porque entonces,

como bruja del tiempo adorada

te abandonó el raciocinio,

Medea, de tus entrañas?

Calipso de todo reino.

Pobre Reina Mab doliente

ni del oriente ni del occidente

nadie vendrá…

 

Llora la Reina Mab,

su tristeza senil de siempre.

Le molestan la voz sin nombre,

el poder caído

y ese ángel sin cuerpo que presiente.

A tu anillo,

el de oro y diamantes,

de amatistas y esmeraldas,

¿lo perdiste entre cristales

de ventanas mal cerradas

o entre pérfidos retratos

de esa maldita, tu raza?

(Marzo de 2008)

 

EULALIA

Blandiendo las armas del alma

en un rincón de la ochava

muerta de risa en un sueño

acunaba a la esperanza.

Hornerito de cartones,

de maderas desgastadas.

¿podrá la suerte, algún día,

despejarle la mirada?

 

Detrás de un ala perdida,

de mil cadenas liberada,

juega como una niña

o narra mil cuentos de hadas.

Escribe con su luz de arcilla

canciones de princesas amadas…

 

Así el llanto se le hace agua

que lava

que bendice y le disuelve

suavemente las entrañas.

Tierno brote, en otra vida,

allá lejos,

le germinó una mañana.

 

Arbolito de colores,

solsticio de esmeraldas,

errático rumor del río,

que de ambulantes redes emana.

¿Por qué siempre el hacha

rompe infame al minutero apurado,

el adalid de la gracia?

A la deriva, sin barca,

rasga el velo, huye al alba.

Le llevó todo el contento,

dejó desnuda a Eulalia.

 

Ya no hay castillos de tiza,

ni futuro de palabras.

La cordura, cruel gitana,

su cabellera mostraba,

para que no le vea el rostro,

esa mujer alienada.

 

Duerme el día en su rincón,

entre maderas y mantas…

Alguien por ahí, regó

la más preciosa de las fábulas:

“Ella sabía mucho del mundo,

llenaba de sol las aulas.

Era artífice del aire,

campo abierto, hierba buena,

con su arte todo eclipsaba.”

 

¿Por qué siempre el hacha

rompe infame al minutero apurado,

el adalid de la gracia?

Huidiza en un corcel,

deslizando una mañana

no amaneció nunca más,

la mendiga de la tapia.

(2010)

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