Fernando Tapia Grijalva LP 5

Tapia Grijalva, Fernando

Fernando Tapia Grijalva (Rayón, Sonora, México). Es egresado del Doctorado del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Arizona, en Tucson. Investiga la cultura y la literatura mexicana y chicana en la frontera México Estados Unidos. Actualmente es Profesor en el Departamento de Psicología y Ciencias de la Comunicación, en la Universidad de Sonora, México. Su tesis, Ideología y poesía en el exilio: cuatro poetas mexicanos en el suroeste norteamericano (1900-1920), es uno de los primeros estudios relacionados con la cultura del primer exilio mexicano del siglo XX.

RESPUESTAS CARISMÁTICAS DE LOS MEXICANOS RESIDENTES EN ARIZONA, CONTRA LA DOMINACIÓN ANGLOSAJONA, EN EL ANECDOTARIO FRONTERIZO

Fernando Tapia Grijalva

Para mi amigo Armando Miguélez “El gachupín achicanado”

En este ensayo se comentan algunas acciones carismáticas de los mexicanos residentes principalmente en la región fronteriza de Arizona, misma que forma parte de la zona que se identifica como región aztlanense, haciendo alusión a Aztlán, mítico lugar que nos remonta a nuestros orígenes, como civilización mexicana. Esas acciones de respuesta ante las injusticias y el mal trato por parte de los anglosajones, se documentan en la prensa escrita en español en el suroeste aztlanense desde mediados del siglo XIX, el siglo XX y todavía en forma más descarnada y evidente durante lo que va del siglo XXI. La intención de este trabajo es rescatar las anécdotas e historias que nos muestran a los mexicanos dando respuesta firme a las injusticias; de tal forma, que esa respuesta se ha manifestado abiertamente a través de la violencia física, la violencia verbal y la respuesta directa y firme ante los actos de dominación.

Sin duda alguna, esta interacción ha contribuido grandemente en corregir las conductas de los dominadores y ha dado lugar a la creación de espacios de negociación enmarcados en el dialogismo y en el trato cordial y amable. Asimismo, ha contribuido a la creación de una sociedad plural, democrática y respetuosa. Las respuestas carismáticas de los subordinados se han manifestado en forma individual y colectiva. Esta última, presenta dos vertientes identificables a través de la historia: una de ellas es la organización de las comunidades para obtener mejores espacios, así como un trato justo y respetuoso por parte de los dominadores a través de fraternidades o clubes de amigos; y la otra, está más relacionada con la lucha por mejores condiciones de trabajo a través de la organización sindical. Las respuestas carismáticas contra la dominación se documentan en la tradición oral, la prensa escrita en español durante la segunda mitad del siglo XIX, todo el siglo XX y en los años que van del siglo XXI.

Se ha retomado para este ensayo el concepto de acciones carismáticas que utiliza James C. Scott en su estudio sobre Los dominados y el arte de la resistencia, quien señala que la respuesta carismática consiste en una declaración abierta de los subordinados, que rompe con la etiqueta de las relaciones de poder, que perturba una superficie de silencio y aceptación aparentemente tranquila y que tiene la fuerza de una simbólica declaración de guerra (31). En este sentido, los dominadores son los representantes del poder anglosajón y los subordinados son los mexicanos residentes que en su mayoría están sujetos a situaciones de dependencia económica, social y cultural. Los dominadores imponen el control sobre el discurso público, de tal manera, que el discurso de los subordinados debe apegarse a las reglas de los que detentan el poder. En situaciones en que los controles se vuelven insostenibles es cuando el silencio sufriente de los subordinados se manifiesta como un reclamo, una acción violenta, una mirada furibunda o una manifestación colectiva.

Debido a la gran gama de acciones carismáticas de la comunidad mexicana durante el período que se estudia, señalaré las que considero más relevantes y representativas y que se han documentado a través de los años de convivencia con la sociedad anglosajona, en este estado fronterizo.

Antecedentes

Fue en el año de 1853, cuando México firmó el tratado Gadsen, donde cedía a los Estados Unidos de Norteamérica, una gran porción del territorio del actual estado de Sonora, así se formó Arizona[i]. Hasta esa fecha, prácticamente la cultura mexicana se mantuvo viva principalmente en el poblado de Tucson. Las prácticas culturales de los tucsonenses eran las mismas que se practicaban en Sonora. La presencia del anglo se hizo sentir con la introducción del ferrocarril y de la minería en la región, para finales de la década de los 80 del siglo XIX. La confrontación de las dos culturas generó las tensiones propias que ocasiona la dominación, ya que los anglos dueños de la minas, del ferrocarril y de las tierras del valle de Phoenix, La Mesa, Florence, impusieron una política discriminatoria en contra de los mexicanos. La resistencia y la respuesta a los anglos fue manifiesta en los lugares donde los mexicanos eran una mayoría como en Tucson y en la región minera. Tarde o temprano, se haría sentir la respuesta de los mexicanos en forma organizada a través del movimiento obrero, los clubes sociales, la prensa escrita y las acciones protagonizadas por líderes carismáticos[ii].

El poder político y el control del espacio público por parte de los anglosajones en Tucson, generó una respuesta carismática por parte de los mexicanos. Esta respuesta es explicable, debido a que los mexicanos habían creado una sociedad estratificada de adinerados poderosos, rancheros, comerciantes, empresarios, artesanos, así como una comunidad culta, por eso es explicable que se sintieran amos y señores del espacio público. La comunidad mantenía una tradición cultural que fortalecía su identidad y los valores artísticos a través de asociaciones como el Teatro Carmen, como bien lo Menciona Armando Miguélez, en su ensayo sobre esta agrupación (53-67). La comunidad mexicana en Tucson, había desarrollado una importante infraestructura cultural que incluía periódicos, grupos artísticos, mujeres y hombres talentosos que se distinguieron por su compromiso con su comunidad[iii].

Con la llegada del ferrocarril en 1880 y la minería, el ambiente social cambió drásticamente, los anglosajones al sentirse dueños del territorio, empezaron a despojar a los mexicanos, no sólo de la tierra, sino del control del poder público, según menciona Thomas E. Sheridan en Los Tucsonenses (55-74).

Rodolfo Acuña, señala que la respuesta de los mexicanos ante la explotación de los anglos, generó confrontaciones como la del Campamento Mission. El 24 de diciembre de 1870, según las autoridades de Arizona, algunos mexicanos asesinaron a Charles Reed, James Little y Thomas Oliver e hirieron a la mujer de Reed. La disputa se inició, porque supuestamente los mexicanos habían robado algunos objetos y cinco caballos. Los acusados huyeron a Sonora y las autoridades de Arizona los reclamaron. La versión mexicana era diferente. Según su informe, los trabajadores habían sido maltratados, y se quejaban que su patrón había golpeado duramente a uno de ellos. Entonces se defendieron por temor a que los maltrataran de esa forma o a que los asesinaran.

Comenta Acuña en su obra, que en Arizona como en otros territorios y estados del suroeste, los mexicanos tuvieron que dar la batalla por los títulos de las tierras, aunque en menor escala, las disputas eran semejantes a las habidas en California, y se seguía igualmente el sistema de fraude y dilación para robarles sus propiedades[iv] (119-120).

Las respuestas individuales y aisladas de los mexicanos, se presentaron en situaciones extremas de explotación y de injusticias. Estas eran vistas como actos delictivos en el sistema legal anglosajón. Por eso se documentan infinidad de casos de personas que tuvieron que huir a México o que tuvieron que sobrevivir a escondidas y a salto de mata.

Los mexicanos en Arizona presentaron respuestas colectivas a través del sindicalismo, el cual empezó a manifestarse a finales del siglo XIX y principios del XX en la empresa ferrocarrilera o en la minas de la región[v]. En el caso de los mexicanos sindicalizados, después de ejercer presión sobre la legislatura de Arizona, lograron la reducción de la jornada de doce a ocho horas. La compañía minera aceptó a regañadientes la nueva legislación, pero reaccionó en contra de los trabajadores al reducirles el salario en un 10%. El sindicato se fue a la huelga. Los obreros mexicanos mostraron que ya tenían un conocimiento claro de lo que significaba la unión y la solidaridad, ya que previamente como lo afirmaba el Bisbee Daily citado por Acuña, “los mexicanos pertenecen a numerosas sociedades y a través de estas pueden ejercer alguna especie de fuerza organizativa” (126).

Esta fortaleza gremial, les permitió no ceder a la intimidación de los patrones ni del gobierno de Arizona y la huelga se mantuvo por un buen periodo. Sin embargo, no hubo más remedio que ceder, ya que el gobierno de Arizona pidió ayuda al gobierno porfirista de Sonora, el cual envió tropas para intimidar a los trabajadores. La huelga terminó debido a una gran inundación y los líderes fueron hechos prisioneros, juzgados y enviados a la prisión de Yuma. Es pertinente señalar, que la dirigencia de la Organización Mundial de Mineros controlada por anglos, abandonó a los mexicanos, no obstante que estos contribuyeron grandemente a incrementar la conciencia sindical en el Estado. Posteriormente, para 1915, como bien lo explica Acuña, los mexicanos desempeñaron un liderazgo importante para negociar un aumento de 2.50 dólares para los trabajadores de superficie y 3 para los hombres que trabajaban bajo tierra (128).

Otro factor importante en el desarrollo del espíritu combativo del trabajador mexicano según Juan Gómez Quiñones y Luis Leobardo Arroyo, fue que muchos de los trabajadores habían pertenecido a las huestes radicales del Partido Liberal Mexicano, los Obreros Industriales del Mundo y el Partido Socialista (17).

Dentro de las respuestas carismáticas de los mexicanos es importante mencionar, el interés de las familias mexicanas de la clase media y alta por fomentar la educación y participar activamente en los negocios, aún en el periodo de control por parte de los anglosajones en Tucson.

Desde finales del siglo XIX, importantes líderes de la comunidad tucsonense como la familia Ochoa, Mariano Samaniego, Sabino Otero, Leopoldo Carrillo, los hermanos Carrillo, Francisco Solano León, Juan Elias, Francisco Ruelas y Gabriel Angulo, todos ellos hombres de negocios del viejo Tucson, vieron en la educación de la comunidad una importante herramienta, para combatir la dominación anglosajona. Es por eso que la historia de la educación en Arizona tiene una deuda significativa con estos mexicanos. Por ejemplo, está documentado que Estevan Ochoa fue uno de los principales impulsores del sistema educativo durante este período temprano del territorio. Otro ejemplo de participación mexicana en el establecimiento del sistema de educación pública en Arizona lo fue Mariano Aguirre, quien a pesar de pertenecer a una comunidad apegada a los rituales del catolicismo, apoyó el sistema público en contra de una gran oposición de su iglesia. Él fue el principal impulsor para crear el primer sistema de educación pública en Arizona. Como presidente del comité de Educación Pública, impulsó la implementación de un impuesto para apoyar la educación pública. Debido a sus acciones en pro de la educación, se fundó el primer sistema educativo financiado por el estado[vi].Ochoa y Samaniego, en franca alianza con Richard McCormick y el gobernador Anson P.K. Safford en 1870, impulsaron unas serie de acciones para eliminar la restricción que prohibía a los no hablantes del inglés, a participar como jurados en los tribunales. Sheridan comenta en su estudio, que estos mexicanos eran partidarios de establecer el bilingüismo en los juicios legales y lucharon para que estos fueran conducidos en inglés y en español. Asimismo impulsaron reformas, para que las leyes importantes se publicaran en forma bilingüe (45-46).

Después de esta generación de líderes y empresarios, surgieron otros líderes que los sustituyeron; estos fueron: Carlos Velasco e Ignacio Bonillas, ambos intelectuales, así como los empresarios Fernando Laos, Carlos Jácome y Federico Ronstadt, aunque según Sheridan, los más exitosos fueron los inmigrantes Francisco León, Francisco Romero, Ramón Pacheco, Joaquín Telles, Francisco Ruelas y los hermanos Elias (53).

En épocas de conflicto con los anglosjones, la comunidad mexicana respondió a través de las organizaciones mutualistas y de los periódicos como El Tucsonense, El Fronterizo y El Mosquito. Está documentada la participación activa de los editores del Fronterizo en los conflictos obreros que tuvieron lugar en Morenci y en Clifton al inicio del siglo XX.

Durante todo lo que comprende el siglo XX, los residentes mexicanos mantuvieron activas sus demandas colectivas en el terreno educativo, en la defensa del espacio público, en el conflicto minero y en la lucha campesina. En el terreno individual, las respuestas carismáticas las encontramos en diferentes líderes que se distinguieron por defender los derechos comunitarios y por ofrecer una respuesta firme a los dominadores en la arena política, educativa y social.

Las asociaciones mutualistas como la Alianza Hispano-Americana, la Sociedad Mutualista Porfirio Díaz, Los Leñadores del Mundo, la Sociedad Mexicana- Americana, La Sociedad Fraternal Moctezuma, La Sociedad Fraternal Morelos, La Sociedad Fraternal Santa Rita, la Sociedad Amigos Unidos, La Unión Fraternal de Ayuda y la Liga Protectora Latina, durante la Primera Guerra Mundial, se convirtieron en las voceras de la defensa de los derechos de los mexicanos en la comunidad de Tucson y en el suroeste aztlanense[vii]. Sheridan comenta, que la Liga Protectora Latina se distinguió por su activismo contestatario en pro de los derechos de los mexicanos, incluso está documentada una protesta realizada por esta organización en alianza con el periódico El Mosquito, en contra de la industria cinematográfica, por presentar una imagen negativa de los mexicanos en sus películas. Ellos lograron que el cine Lírico en Tucson se comprometiera a no exhibir películas que degradaran a la comunidad mexicana (172).

Otra exitosa alianza entre Los Caballeros de Colón y el periódico El Tucsonense en 1925, rindió sus frutos en el caso de Alfredo Grijalva, quien fue sentenciado a cadena perpetua por el asesinato de un oficial de la policía de caminos. Se creó un fondo para su defensa y se estableció una red de apoyo que involucró a los mexicanos en todo el suroeste y en algunas ciudades de México como en Mexicali. El gobierno mexicano se involucró a través de sus diplomáticos, y a pesar de que el Comité de Perdón no les concedió la libertad de Grijalva, debido a la presión comunitaria finalmente tuvieron que liberarlo, junto con otros prisioneros, después de ocho años de lucha y de presión comunitaria.[viii] La edición de El Tucsonense del 30 de enero de 1934, reproduce la petición de Arturo Carrillo, uno de los principales defensores de Grijalva, para que este mexicano, quien fue condenado injustamente, quedara en libertad (1-4).

Después de la crisis de los treinta que se prolongó por algunos años, surgió el conflicto de la II Guerra Mundial. Los avatares de la economía, en gran medida influyeron grandemente en las relaciones entre subordinados y dominadores en Arizona, en esa época se deportaron injustamente a una gran cantidad de mexicanos[ix]. Ciertamente, las tensiones raciales continuaron y los conflictos se manifestaron en los espacios de trabajo, en el sistema judicial y sobre todo en el sistema escolar. Este último, como señalamos al inicio de esta exposición fue prácticamente establecido por mexicanos como Estevan Ochoa, Francisco León y Carlos Tully.

La historia reciente

En los años sesenta, con el movimiento campesino y el movimiento por los derechos civiles, una gran cantidad de mexicanos de Arizona participaron en estos movimientos emblemáticos que convulsionaron las estructuras de gobierno y las leyes del establishment. Como mencionamos en párrafos anteriores, la comunidad de mexicanos en Arizona se mantuvo activa en la defensa de los derechos educativos, de los inmigrantes, de los espacios públicos y de otras injusticias cometidas por los dominadores.

Patricia Preciado Martin, documenta la lucha emprendida por Adalberto Guerrero, Hank Oyama y un grupo importante de mujeres que lucharon por la implementación de programas bilingües de calidad en Tucson ( 1-15). Estas respuestas carismáticas han rendido sus frutos, de tal forma que bien se pueden relacionar los movimientos de los años siguientes, como parte de una cadena de sucesos relacionados con las preocupaciones por mantener la identidad, el trato justo de los dominadores y el respeto a los derechos culturales.

La lucha de líderes como Salomón Baldenegro, quien en una breve semblanza escrita para el Tucson Citizen, describe su historia y la forma en respondieron y confrontaron las injusticias de los dominadores durante los años sesenta y setenta[x] (1-2). Otro líder carismático del movimiento chicano en Tucson es Raúl Grijalva, quien luchó al igual que Baldenegro, por espacios públicos dignos al igual que por los derechos culturales, laborales y educativos de los mexicoamericanos[xi], según lo menciona Matthew Wasniewski en el llibro Hispanic American in Congress 1822-2012 (668-669).

En la actualidad, además de Raúl Grijalva y Salomón Baldenegro, la abogada Isabel García y otras mujeres chicanas, defienden con firmeza los derechos de los inmigrantes y de las jóvenes generaciones que son discriminadas por los dominadores. Ellas son excelentes ejemplos de respuestas carismáticas de la comunicad mexicoamericana en Tucson, que dan respuesta oportuna a las injusticias que están a la orden del día en el espacio de trabajo, en los barrios y en toda la zona fronteriza[xii]. Recientemente, Isabel recibió un reconocimiento de Casa América, en España, debido a sus actividades en pro de los inmigrantes, como se describe en el video y el boletín de esta institución (1).

En Phoenix, Paul Brinkley, reconoce que activistas pioneros como Eddie y Rosie López fueron cofundadores del programa Chicanos por la Causa en 1968 (1). Esta organización ha dado respuesta organizada a las necesidades de las familias mexicoamericanas que requieren de apoyo solidario en la problemática de la vivienda, así como en otros asuntos relacionados con la defensa de sus derechos culturales.

En los ochenta, la comunidad tucsonense se organizó y manifestó su inconformidad, en respuesta al despido de un profesor de estudios mexicoamericanos en la Universidad de Arizona y por la expulsión indebida de tres estudiantes que participaron en el movimiento, en apoyo al profesor y al programa chicano. Curiosamente, el movimiento en un diálogo con el pasado, todavía vivo en el seno de la comunidad tucsonense, activó a asociaciones como  el Teatro Carmen y la Nueva Alianza, el nombre de esta última, asociado a La Alianza Hispano Americana fundada en el siglo XIX. El movimiento logró posicionar a algunos líderes de la comunidad mexicoamericana y a generar un ambiente de solidaridad étnica, el caso fue ampliamente difundido en la prensa local y en el Chronical of Higher Education, en un amplio artículo firmado por Scott Heller el 12 de febrero de 1986 (2 -3). Los estudiantes fueron reinstalados, pero el profesor liberó una desigual batalla legal, que fue todo un ejemplo de tenacidad y esfuerzo. Las repercusiones y los correctivos institucionales que logró este movimiento, redituaron en beneficios para algunos miembros de la comunidad chicana. Constituye un ejemplo más, de los resultados que la comunidad puede obtener, cuando se organiza y lucha por sus derechos.

El ambiente y la actitud combativa se mantiene en la actualidad, como lo demuestran las nuevas generaciones de jóvenes chicanos. Una prueba de ello es la defensa de los derechos educativos y culturales encabezada por Maya Arce, Korina López y un grupo de estudiantes y maestros del Distrito Escolar Unificado de Tucson contra del Estado de Arizona [xiii] Esta información se ha comentado ampliamente en los medios de comunicación, tanto en inglés como en español. Por ejemplo, aparece como noticia mundial en el boletín BBC Mundo (1-2). Diversos medios de comunicación informaron, que el gobierno de Arizona se empeñaba en eliminar la historia de los mexicoamericanos en los programas educativos de las escuelas pertenecientes al Distrito, afectando con ello los derechos culturales de la comunidad chicana[xiv]. La batalla legal está encabezada por el abogado chicano Richard Martínez, quien representa a los demandantes mencionados, así como a maestros y estudiantes del Distrito Escolar Unificado de Tucson, quienes también participan en la demanda. El caso está por resolverse en una Corte de Apelaciones.

Conclusión

Como se ha visto en esta breve exposición, que documenta las anécdotas y casos más conocidos que se han presentado a través de la historia de Arizona. La mayor parte de la información está concentrada en Tucson, debido a la relación estrecha que mantuvo esta ciudad con la comunidad sonorense. La ciudad de Tucson hasta la fecha mantiene fuertes relaciones con las ciudades y poblados de Sonora. La cultura mexicana en esta población fronteriza, mantiene su vitalidad debido a una constante retroalimentación producto del comercio, la inmigración y los medios informativos. Es importante hacer notar, que así como la cultura mexicana crece y se fortalece, los nuevos grupos conservadores representantes del poder económico y político anglosajón, han implementado una serie de acciones que afectan el desarrollo y los derechos culturales de los mexicoamericanos. Ante esta situación, los subordinados han implementado estrategias carismáticas de defensa, que permitirán no sólo la sobrevivencia de la cultura mexicana, sino al establecimiento de una sociedad plural y democrática, que permita la convivencia pacífica con los dominadores, en un ambiente de respeto mutuo, que refleje la pluralidad del multiculturalismo y la esperanza en una verdadera sociedad incluyente, que solo será posible, con el cambio radical de los dominadores. En este sentido, las transformaciones que se han experimentado a través de la historia, solo se han logrado con la respuesta organizada de los subordinados, a quienes siempre les ha amparado la razón y quienes finalmente han establecido los correctivos necesarios al sistema impuesto por los dominadores, los cuales han terminado por aceptar, que tienen que compartir el espacio y los beneficios del progreso. Adicionalmente, tendrán que admitir en algún momento, que la cultura dominante siempre se ha enriquecido, con las aportaciones económicas y culturales de los subordinados.

 

Obras citadas

Acuña, Rodolfo. América Ocupada, Ed. Era, México, 1972.

Aguirre, Filiberto. “El Concierto”, El Fronterizo, Tucson, 13 de marzo de 1897.

Baldenegro, Salomón. My Tucson: Chicano Movement Improved Tucson, “Tucson Citizen, July, 28, 2006.

BBC Mundo, No habrá estudios étnicos en Arizona, 14 de mayo de 2010

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Brichta, Bernabé. “Una carta interesante” El Clarín del Norte , El Paso, 4 de agosto de 1906.

Brinkley, Paul. Joe Eddie y Rosie López son, en la vida real, marido y mujer …en la lucha social fueron alma y corazón de un movimiento, Univisión-Arizona, marzo 12 de 2012.

Carrillo, Arturo. Se insistirá que sea puesto en libertad Alfredo Grijalva, de Tucson, por suponérsele    inocente de fuerte sentencia que purga, El Tucsonense del 30 de enero de 1934.

El Fronterizo, “Los títulos mexicanos de un despojado”, Tucson, 28 de octubre de 1882

García, Isabel. Crisis de derechos humanos: El caso de la frontera Arizona-Sonora, Casa América, 10 de julio de 2011.

Gómez Quiñonez, Juan y Arroyo, Luis Lombardo. Orígenes del Movimiento Chicano , Ed. Era, México, 1978.

Heller, Scott. Language, Politics, and Chicano Culture Sparks Battle at University of Arizona, The Chronicle of Higher Education, February 12, 1986.

La Prensa, “Esta acción de la legislature no es más que un acto de justicia…”New York, marzo 31 de 1917.

Miguélez, Armando. El Teatro Carmen (1915-1923): Centro de Arte Escénico Hispano en Tucson. Revista Chicano Riqueña,II, Houston, 1983.

Preciado Martin, Patricia, Con Mucho corazón: An oral history of 25 years of nurturing bilingual/multicultural education in TUSD, Tucson Unified School District, Tucson Az., 1995.

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Scott, James, C. Los dominados y el arte de la Resistencia, Ed. Era, México, 2004.

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Zarza, Daniel. Historia popular de Tucson, Tucson Design Center, Tucson, 1882.

 

 

 

 

 

 

[i] Son antecedentes a este tratado, los Tratados de Fontainebleau ( 1762), Tratado de París de 1763,Tratado de San Idelfonso de 1800, Tratado de Adams-Onís de 1819 (ratificado por México en 1828) entre España y Francia, relacionados con estos territorios del norte de la Nueva España . Son de especial importancia el Tratado de Guadalupe-Hidalgo (1848) y el Tratado de la Mesilla (1853) entre México y los EEUU. Esto es relevante porque los últimos tratados siempre hacen referencia a los anteriores. En el caso del Tratado de Guadalupe Hidalgo, las violaciones de los Artículos VIII y X (propiedades), IX (derechos civiles y religiosos) y XI (población indígena) por parte de los EEUU es uno de los casos más flagrantes de incumplimiento de un acuerdo internacional, en la historia de los conflictos bélicos. Por estos incumplimientos, la población mexicana atrapada en los territorios usurpados a México después de la guerra de 1847, quedó a merced de la rapiña y el abuso norteamericano y fuera literalmente de la ley norteamericana, aunque el residente mexicano hubiera adquirido la ciudadanía norteamericana.

Por ejemplo. Supuestamente tenían según el art. IX derechos políticos como el resto de los ciudadanos, sin embargo, en la práctica, en los nuevos territorios quedaban a merced de las autoridades locales o  territoriales. En Arizona aprobaron una ley por la que no podían votar o ser votados aquellos que no supieran leer, escribir o hablar inglés. No fue hasta 1917, cuando el Estado de Arizona enmendó parcialmente la ley, permitiendo sólo votar a aquellos de los que no supieran inglés mayores de 50 años. “La Prensa” de Nueva York (31-III-1917) comentó por esas fechas la noticia:”Esta acción de la Legislatura no es más que un acto de justicia, pues que entre los descalificados se encontraban muchos de los más antiguos residentes del Estado de Arizona, hijos nativos de su suelo y descendientes de los que lo conquistaron vertiendo su sangre y abriendo en él el camino de la civilización y la oportunidad para que allí entraran después los ingleses, quienes más parte para colmo de las injusticias hasta el voto les quitaron”

En los años de 1880 el condado Pima, el más poblado del Estado tenía unos 17.000 habitantes; de ellos sólo votaban unos 2000 porque dos terceras partes de ellos eran mexicanos que no podían votar. La capital del Estado no fue Tucson, a pesar de ser la ciudad que contaba con mayor población en Arizona, y todo porque el poder político del Territorio no la consideraba la más adecuada, debido a que estaba habitada por una gran cantidad de residentes mexicanos. Por otra parte, eso explica la lentitud de los territorios de Nuevo México y de Arizona en llegar a ser estados de los EEUU, ya que no contaban con suficiente población anglosajona para que ameritaran ese reconocimiento. Consultar los criterios de los sucesivos Comités de  Territorios del Congreso de los Estados Unidos. ( Ver el informe de su jefe el Sr. Beveridge en http://archive.org/stream/newstatehoodbill00unit/newstatehoodbill00unit_djvu.txt

 

Hasta prácticamente los años ´60 del pasado siglo no se han restablecido los derechos políticos de la población mexicana en Arizona.

Y en cuanto a las tropelías y expolio de las tierras de mexicanos en los territorios ocupados no hay más que resaltar que todos los títulos de propiedad supuestamente protegidos por los arts. VIII y X del Tratado de Guadalupe Hidalgo, se pusieron en entredicho inmediatamente que la bandera mexicana fue arriada de los ayuntamientos de los pueblos mexicanos de zona ocupada; y no fue hasta 1891 que el gobierno federal de los EEUU creó un tribunal especial para dilucidar los litigios de legitimidad o no de los títulos de propiedad de la época española o mexicana de los nuevos ciudadanos norteamericanos de origen mexicano, 43 años después del Tratado de Guadalupe Hidalgo y 38 del Tratado de la Mesilla, cuando la mayoría de los propietarios ya habían fallecido o cuando las leyes norteamericanas de posesión de tierras por lo que llaman los “squatters rights”, ya habían expropiado a los legítimos poseedores de la tierras.

 

[ii] El primer sindicato conocido en la ciudad de Tucson se llamaba “Sociedad de Obreros Unidos” (1883); le siguieron las sociedades mutualistas “Sociedad Hidalgo” (1889) y la Alianza Hispano-Americana” (1894)

 

[iii] El Teatro Carmen fue fundado por Carmen Vázquez (1861-1934). Además de este, se distinguió el Teatro Cervantes, también había agrupaciones artísticas como el Club Filarmónico Tucsonense, La Orquesta del Prof. J. Balderas y varios grupos de teatro aficionados de todos los tipos, desde los semiprofesionales, que se juntaban a las compañías ambulantes para ofrecer funciones en Tucson y otros pueblos mineros, como los dirigidos por Pedro Castillo Pellón, quien como miembro de la compañía teatral ambulante hermosillense, dirigida por José Pérez García, mantenía el espíritu dramático en la ciudad. Abundaban los grupos teatrales de aficionados afiliados a las iglesias, principalmente a la Catedral de San Agustín. La temporada de ópera de Tucson era de lo más sonado y profesional al oeste del Misisipí. Consultar el artículo / reseña de Filiberto Aguirre “El Concierto” (El Fronterizo, Tucsón, 13-III-1897)

Ya en el siglo XX destacaron la actividad teatral del Teatro Carmen de Carmen Vázquez y del Teatro Royal de las Hnas. Aros, así como la actividad artística de Luisa “Espinel” Ronstadt de quien Vasconcelos llegó a decir :” Aguja de oro, dedal de plata, si la Espinel canta, el canto es como chorro de alegría; si la Espinel danza, el anhelo se siente colmado..” ( José Vasconcelos, “Noche californiana” ( “El Tucsonense”, Tucson, Az., 18-VIII-1928)

-Para obtener información más detallada de esta rica tradición cultural, teatral y artística, es recomendable consultar la tesis doctoral de Dolores Rivas Bahti “Azltán in Arizona: Civic Narrative and Ritual Pageantry in Méxican America.( University of Arizona, 2001) en azu_td_3016504_sip1_m.pdf. Desde 1876 a la II Guerra Mundial, sólo en Tucson hubo más de 50 periódicos.

 

 

 

 

[iv] La batalla por la legitimación de los títulos de propiedad en Arizona fue muy grande como se ve en el hecho de que Santiago Ainsa tenía una bufete en la ciudad de Tucson sólo dedicado a eso y él mismo llevó algunos pleitos muy sonados como el de Los Nogales de la familia Elías. Ver también el comunicado “Los Títulos Mexicanos” de “Un Despojado” en “El Fronterizo (Tucsón, Az., 28-IV-1882)-98)

[v] Los mexicanos crearon sus propios sindicatos porque los anglosajones los excluían de los suyos como denuncia Bernabé Brichta ( “Una Carta interesante” en “El Clarín del Norte”- El Paso, Tx., 4-VIII-1906, p.7)  en los sindicatos Locomotive Engeniers y Locomotive Firemen del Sud Pacífico de Tucson, no dejaban entrar ni a chinos ni a mexicanos. También en los trabajos del ferrocarril había “Mexican wages” y “white wages”.

 

 

 

 

 

 

 

[vi]En la lucha por los derechos educativos participaron además de los ya mencionados en el cuerpo del ensayo: Mariano Acedo, J.M. Silva y las Hermanas Parra; el primero es considerado el primer  maestro laico de Tucson, ( Carlos Tully, “Tucson, cincuenta años pasados”-El Tucsonense, Tucson, Az., 1-I-1921) y los segundos eran propietarios de escuelas privadas exitosas, que contribuyeron al mantenimiento de la cultura y el lenguaje de los residentes. Entre los líderes intelectuales y políticos además de los ya mencionados se distinguieron: Epifanio Aguirre, Pedro Aguirre, Yginio Aguirre, Felipe Villaescusa, Ignacio Calvillo, Pedro Castillo Pellón, Narciso H. Mata, Genaro P. Serrano, Hilario Urquides, Filiberto Aguirre, Francisco T. Dávila, Antonio R. Redondo, Bernabé Brichta, Ramón Soto, Rufino Vélez, Demetrio Velasco, Emigdio Medina, Joaquín Legarra, Reinaldo R. Oriza, Santiago y Jesús Aínsa,  Alvino González, Luisa “Espinel” Ronstadt, Soledad Bonillas, Pedro García de la Lama, Manuel. M. Corella, Francisco M. Robredo, Genaro Manzo, “Carlos J. Velasco, Lautaro Roca, Federico Vallés,  Francisco Moreno, Rosa E. de Moreno, Estela Vallés, José Castelán, Demetrio Amado, beato Lucas Tristan, beato Eduardo Farré, beato Pedro Hériz, Padre Carmelo Corbella, Francisco Hevia del Puerto, Santiago F. Rivera, Amado Cota Robles, Carlos Casanova, Ignacio González, J. C. Merino, Juan Carlos B. Bautista, “Galeota”, Felipe Torres, P. Estanislao Caralt, Josefina Lindley de Corella, Luis G. Montejano, Ernesto Monato,  Alejandro Jácome, Arturo Carrillo, Carmen Celia Beltrán, entre otros.

 

[vii] Una excelente investigación sobre la Liga Protectora Latina y su órgano escrito “Justicia” (1916-1934) es el de Patricia A. Bonn,”¡No hay Justicia! The Execution of Simplicio Torres” en Recovering the U.S. Hispanic Literary Heritage, v. VIII. Edited by Clara Lomas y Gabriela Baeza Ventura ( Houston, Tx., Arte Público Press, 2004,pp. 79-98)

 

[viii] Sheridan menciona una serie de acciones carismáticas que las asociaciones mutualistas realizaron durante ese período. Se distinguieron las siguientes: La participación de la Liga en la defensa de cuatro mexicanos condenados en la prisión de Florence quienes a pesar de la presión ejercida por la Liga Francisco Rodríguez uno de los condenados fue ejecutado. La participación del Periódico El Tucsonense y los Caballeros de Colón en alianza con el gobernador de Sonora y el presidente de México en la defensa de Aurelio Pompa quien había sido condenado en California, quien a pesar de la presión ejercida por las organizaciones mutualista y el gobierno mexicano fue ejecutado en 1924 (173).

[ix] En Tucsón y su área de influencia, en la primera mitad de los ´30, las deportaciones fueron masivas y de tipo Gestapo: Iban a las casas y a los espacios de trabajo y sacaban a la gente con las pocas pertenencias que traían consigo y los expulsaban arbitrariamente a México. Por esos años se documenta la respuesta carismática de Carlos J. Velasco en 1932, a través de la “American Freedom Protective League” creada para defenderse de la “All-American Protective Association ( A.P.A.) de William Lowe y C. DuVall, quienes en cierta forma desarrollaban actividades de espionaje al estilo de la Gestapo, ya que una vez que identificaban a los mexicanos deportables, los ponían a disposición de los agentes del Orden para que los llevaran a la frontera, donde los abandonaban a su suerte.

 

[x] -En el “Chicano Consortium” dirigido por Baldenegro y un grupo importante de mujeres y hombres que participaron en este proyecto de los años ´80, se forjaron líderes posteriores como Richard Martínez e Isabel García.- Durante esos años se publicó La historia popular de Tucson de Daniel Zarza, un producto editorial del Tucson Design Center de Tony Enríquez y un grupo de colaboradores. Esta historieta, en forma amena contaba la versión mexicana que ocultaban los anglos en sus libros y en el programa escolar, sobre la presencia mexicana y sus contribuciones a la cultura tucsonense.

 

[xi] los murales de Roberto Borboa, Luis Mena, Antonio Pazos, y la fotografía de Louis Bernal y las aportaciones de otros grupos artísticos como el Teatro del Pueblo, el Teatro Libertad y Borderland-Teatro Fronterizo también contribuyeron a dar una respuesta contundente, a la apropiación real e imaginativa de Tucson por los anglos, en el desarrollo urbano y desenfrenado, ocasionado por las grandes inversiones capitalistas en la región, en las últimas décadas del siglo XX.

[xii] En los ochenta, surgió un movimiento en pro de los inmigrantes organizado por el líder chicano Alejandro Sánchez y un grupo de activistas que fundaron el Tucson Committee on Human Rights in Latin América. Este comité, aunque fue eficaz y oportuno en gestionar la estancia de refugiados y perseguidos políticos de Chile y El Salvador, también tuvo un papel muy importante en el movimiento “Sanctuary”, que en Tucson fue muy relevante en  relación con las luchas por la defensa de los derechos de los inmigrantes y los obreros agrícolas arizonenses.

[xiii] Desde hace cinco años, la legislación del Estado de Arizona eliminó el programa de Estudios Chicanos del currículum de las escuelas del Distrito Escolar Unificado de Tucson, argumentando que el programa enfatizaba la educación étnica y gethorizaba la educación pública. Los líderes comunitarios han probado que en ningún momento el estudio de la historia de los chicanos afectaba a otros grupos raciales, por lo contrario, es un derecho constitucional que ha sido violado por los grupos conservadores republicanos que impulsaron la iniciativa. Actualmente el caso está siendo revisado por la Suprema Corte, y se espera una resolución favorable a la comunidad, ya que la evidencia sobre la afectación de derechos culturales es contundente.

 

 

 

[xiv] A esta política antimexicana se ha opuesto el grupo UNIDOS, cuyas acciones están encaminadas a dar respuesta solidaria a las agresiones de los dominadores, así como defender los derechos humanos y culturales que han sido afectados por las iniciativas legislativas racistas, que se describen en la Proposition 200 ( 2000), la SB 1108 ( 2008), SB 1070 ( 2010) y HB 2281 (2010).

 

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