Alejandra Sandoval LP 5

Sandoval, Alejandra

Nací en mayo y México es mi país. Estudié Ingeniería Química y una maestría en Negocios.

Gracias a mi madre surgió la afición por las letras y el interés hacia el análisis de las obras escritas. Desde niña visualicé los libros como una forma para explorar lugares desconocidos y también como el canal ideal para conocer nuevos personajes que poco a poco adquirían forma en mi mente.

Con la inquietud de aprender a plasmar en fragmentos escritos lo que surge por instinto e imaginación, así como para dar respuesta a un cuestionamiento interno, inicié en el museo MARCO, en los talleres de creación literaria con Mariana García Luna y Hermann Gil; posteriormente en la Fábrica Literaria de Felipe Montes.

EL CAPITÁN

La tarde fresca se encontró nuevamente con el capitán Nery en la orilla del mar. El viento marino jugaba con su rubia cabellera moviéndola, suavemente, de un lado a otro. Por su parte, también la brisa tocaba sus mejillas y, junto con el viento, buscaba reconfortar al capitán tratando de hacer más ligera la amarga experiencia que había vivido años atrás.

El capitán Nery permaneció sentado varias horas en el risco con la vista fija hacia el horizonte; se encontraba absorto en sus pensamientos intentando recordar qué fuerza adictiva lo arrastraba una y otra vez a ese espacio. De repente, percibió a lo lejos una sombra flotante que semejaba un puñado de palos, botellas y barricas meciéndose sobre la espuma del océano, parecía que parte de un navío se aproximaba en su dirección. Por instinto se puso de pie para correr en dirección a la playa, sin embargo, un fuerte mareo acompañado de náusea se apoderó de su cuerpo. Trató de recuperar el equilibrio regresando con lentitud a su asiento entre las piedras del risco; a continuación y con la ayuda de la punta de los dedos retiró las gotitas frías de sudor que resbalaban por su frente y por el pálido rostro; no tuvo más remedio que cerrar los ojos para estabilizarse. Entonces, recordó a su tripulación girando a bordo de la barca en medio de la tempestad.

De nuevo se dio cuenta de que jamás se perdonó haber insistido, obligado a sus marineros a salir en dirección a altamar en la mañana lluviosa del 6 de mayo: esa era la razón por la que su mente escapaba. Recordar su obstinada osadía le empujaba a mantenerse días enteros con los ojos vueltos al océano en espera de su embarcación. Cuando lograba volver en sí, los remordimientos le consumían y una sensación de vacío y desesperación infinita se apoderaba de su ser. Quería regresar a la taberna del puerto en donde todos se reunían después de un día de pesca, quería ver las sonrisas sinceras, transparentes y escuchar los gritos de satisfacción de esos hombres por haber regresado a casa; añoraba también el aroma de los granos de malta y trigo de los panes recién hechos para recibir a los navegantes hambrientos antes de un buen trago de alcohol.

Nada de lo anterior era ya posible. El episodio de lucidez se esfumó de nueva cuenta y su consciencia se sumió en la nada: en la ausencia del todo. El capitán Nery continuó sentado, observando, con la vista fija en el horizonte, aún brillante por el sol del atardecer, y tratando de recordar qué era lo que siempre lo conducía una y otra vez a la orilla del mar.

 

 

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