Gerardo Javalera Beltrán LP 5

Javalera Beltrán, Gerardo

Gerardo Javalera Beltrán, es Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad de Sonora en el año del 2009. De sangre Yaqui pero de corazón Mayo, radicado en la comunidad del Bacame Nuevo municipio de Etchojoa, Sonora… Actualmente labora como Oficial del Registro Civil en la localidad de Bacobampo, Sonora…. Desde niño ha escrito cuentos, relatos y crónicas en donde ha participado y ganado muchos de los concursos internos de las escuelas y de la misma comunidad y municipio donde radica…. Fotógrafo, dibujante y músico de afición, entre otros talentos, además de la escritura, son algunas de las cualidades artísticas con las que cuenta y que ha desarrollado a través de su vida…

En el 2007 publicó el libro “La vida de un Guerrero” que es una semblanza del señor Manuel Guerrero Mendoza (+), quien fuera como un padre para Gerardo… En el 2014 publicó otro libro con recursos propios de nombre “Ecos de mis noches mágicas” que es un conjunto de relatos, poesías, crónicas y reflexiones sobre las cosas maravillosas que suceden por las noches… Entre otras colaboraciones, participa como columnista de opinión en diversos portales periodísticos del Estado de Sonora y, por primera vez, participa en la revista “La Palabra”.

 

EL EMPRESARIO VAGABUNDO

Era todo un vagabundo, todo lo que llevaba consigo era un litro de licor barato que alguien le regaló a cambio de tirar basura, además de un termo viejo con agua. Pero su problema era que no tenía sed, sino hambre.

Inició su caminata por una de las calles en las periferias de la ciudad, se encontró con un viejo amigo, lo convenció de venderle el licor en treinta pesos. Eran las dos de la tarde, ya con dinero en mano, pudo haber saciado su hambre comprando pan y refresco. Pero en cambio, siguió caminando, así con el abrumante y sofocante calor de la ciudad. Se le veía pensativo y preocupado. Se detuvo en una parada de autobuses y abordó el primero que llegó con ruta al centro de la cuidad. Ya cuando llegó y bajó, le quedaban 25 pesos y muchas ganas de calmar su estómago, pero por alguna extraña razón no lo hizo.

Compró algunas hierbas en el mercado al módico precio de cinco pesos la bolsa, se acercó a un puesto de comida económica, podía haber comido, pero ya no traía dinero para comprar nada, en cambio pidió agua caliente a la señora que vende barbacoa. Cargó su termo, compró un paquete de vasos desechables y caminó algunas cuadras hasta llegar a un transitado crucero de la ciudad. Como había comprado tres porciones de hierba y los vasos de diez pesos, ya no le quedaba ningún peso disponible.

Se sentó en la banqueta y se puso a mezclar la hierba con el agua caliente, dando como resultado un riquísimo té de manzanilla. Empezó a ofrecérselos a los automovilistas a tres pesos el vaso, quienes gustosos parecían aceptar con buenos ojos la oferta. A quien no le agradó la brillante idea de los tés, fue al malabarista de “clavas”, que se encontraba en el mismo crucero haciendo sus malabares, pues, el dinero de los conductores se estaba yendo a parar en la bolsa del tetero.

Pronto el malabarista, haciendo gala de su gran manera de convencimiento y pensando en una mejor opción, se acerca al hombre de los Té con el fin de llegar a un buen acuerdo. Para éste entonces, el tetero ya había ganado 60 pesos. El malabarista lo increpó, entre palabras que iban y palabras que venían, terminó vendiéndole el negocio, o mejor dicho, haciendo un intercambio de negocios y de herramientas de trabajo. A cambio de una torta de jamón con queso, las clavas y 50 pesos por el negocio de hacer Té. Se invirtieron los papeles, ahora el malabarista era el tetero, y éste tenía las clavas, comida para calmar su hambre y un dinerito extra.

Saciada el hambre y con las clavas en la mano sin saber qué hacer con ellas, caminó otra vez sin rumbo definido aparentemente. Compró crayones y una cartulina. Escribió en ella, “ven y juega por solo dos pesos, si logras mantener las clavas en el aire, te llevas diez pesos.” y siguió caminando hasta llegar a la entrada de una escuela primaria.

Sonó el timbre de salida, parado justo en frente, se encontraba el hombre con aquel cartelón llamativo y con las clavas. Como era de esperarse, los niños se abalanzaron sobre la atracción lúdica. Las clavas rebotaban contra el piso, las risas dibujaba el rostro alegre de los niños de primaria, mientras que las monedas de dos pesos sonaban y abultaban sus bolsillos. Nada extraño resultó ver al final de la jornada que podía contar con 180 pesos de ganancias.

Eran aproximadamente las ocho de la noche y ya sin ningún niño que siguiera jugando, tomó la cartulina y las clavas bajo sus brazos y se fue caminando. Empezaba a sentir hambre nuevamente, se detuvo a cenar, volvió a caminar hasta llegar a un bazar, compró un cuchillo en 70 pesos, muy bonito, con vaina y todo. Al salir, contó su dinero y solo tenía 60 pesos, pero su hambre ya saciada.

Se acercaban ya las 9 de la noche, siguió caminando, se detuvo justo en frente del banco color azul, a esa hora, como es de esperarse en días de quincena, había una amplia afluencia de personas llegando y haciendo uso de los cajeros automáticos. Dejó las clavas y la cartulina en algún lugar cerca y volvió a caminar. Con cuchillo en mano, se acercó a un hombre que atravesaba el parque, quien acababa de hacer uso de los cajeros en esos momentos. Lo asaltó quitándole 2500 pesos, salió corriendo sin importarle las clavas, ni la cartulina y mucho menos los crayones.

Al ir corriendo, algunas cuadras adelante, la policía lo seguía buscando aprehenderlo. Al buscar cruzar una de las calles más transitadas del centro, un autobús lo arrolló dejándolo sin vida al instante, aquí acabó la vida de un empresario vagabundo

¡¡¡QUE PENA, DE VERDAD QUE ÉSTE SEÑOR TENÍA MADERA PARA LLEGAR A SER UN GRAN EMPRESARIO…!!!

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