Jorge Angulo Gómez LP 5

Angulo Gómez, Jorge

Nací en la Ciudad de México. Desde muy niño me aficioné a la lectura, por influencia de mi padre. He vivido en varias ciudades de mi país: Ciudad de México, Guadalajara, Colima, Querétaro, Monterrey.  En cada una de ellas me ha acompañado la literatura, considero que con los libros un ser humano nunca estará solo. A veces ubico diferentes épocas de mi vida relacionándolas con los libros que leí en ese momento. Desde niño me gustaba plasmar ideas en el papel, aunque nunca consideré escribir. Estudié Administración de Empresas pero he tomado algunos talleres literarios, pensando en una actividad que me relajara, y lo único que lograron fue acrecentar mi interés por la escritura. Cada día descubro más cosas en mi imaginación y en mis recuerdos, que deseo dejar plasmadas en historias escritas, lo que me falta es tiempo para hacerlo pero trato de buscarlo.

UNA NIÑA Y UNA BOLSA DE DULCES

La adolescente lloraba porque sus sospechas se confirmaron: estaba embarazada. Era hija única de un matrimonio donde el padre murió cuando ella era pequeña, su madre había sorteado muchas dificultades para sacarla adelante. Platicó con su novio y acordaron interrumpir ese embarazo; fue doloroso y la muchacha pensó que nunca más tendría derecho a ser feliz. Todo cambió entre la pareja: al poco tiempo se dejaron. Ella continuó su vida, se casó con un buen hombre y aunque nunca habló con nadie del asunto, la asaltaban pesadillas donde un bebé la perseguía.

Su marido falleció de manera inesperada y ella, como todo lo que consideraba una desgracia en su vida, lo atribuyó a aquel error de juventud. Recordó que en una ocasión, una amiga le había sugerido visitar a un hombre ubicado en el corazón de la selva, no lejos de una localidad cercana al mar, se dedicaba a hacer trabajos de magia y quizá pudiera componerle un poco el destino.

Después de un largo recorrido, se encontró en un pueblo dispuesta a dar con el brujo. Entró en la primera tienda que vio, pidió una bebida para mitigar el calor, y preguntó a la dependienta si sabía dónde podría encontrar al hombre que buscaba. El primer trago de Coca Cola que pasó por su garganta, con ese sabor dulzón y la sensación picante del gas le provocó remembranzas de su niñez, cuando su padre vivía. Él le regalaba dulces de goma de ese sabor; el olor también le recordaba un aroma envolvente de árboles frutales, del parque donde caminaba tomada de su mano en una infancia llena de ilusiones que nunca llegaron a cumplirse.

—Ese hombre desapareció hace tiempo —respondió la mujer apenada.

—Qué lástima, me interesaba hablar con él —dijo con tristeza.

Salió del establecimiento, caminó y se sentó en una banca de la plaza, un hombre mayor se acercó, le ofreció una bolsa de dulces idénticos a los que había recordado momentos antes; ese hombre cargaba en los brazos un recién nacido. Sintió que se desvanecía, empezó a sudar: no había ido a ningún lado, estaba dormida y era un sueño. En ese momento, comprendió que su padre siempre había estado con ese ser que en vida hubiera sido su nieto, ya no tenía caso atormentarse más. Se levantó de la cama y se dispuso a arreglarse porque al atardecer sepultarían a su esposo, como consecuencia del accidente automovilístico que un día antes le había quitado la vida.

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