Donaciano González LP 4

González, Donaciano

El taller de creación literaria para principiantes del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, MARCO, impartido por la escritora Mariana García Luna, tiene el gusto y el honor de presentar el siguiente cuento de Donaciano González, estudiante que participó en este taller. El museo fue fundado el 28 de junio de 1991. Está ubicado en la Calle Zuazua y Jardon S/N, Centro, Monterrey, N. L., en donde orgullosamente radicamos. Su misión ha sido, desde entonces, difundir en la comunidad las artes en general, y en particular el arte literario. Es por eso que se crearon talleres y diplomados diversos entre los que destaca precisamente el que nos ocupa en este momento. Esperamos en el futuro ofrecer más obras literarias de sus alumnos que muestren la sincera dedicación a la obra artística como miembros de la comunidad donde radicamos.

ABRIL

Abril es hermosa. En las penumbras de la habitación resalta su piel blanca, adornada por su cabellera negrísima; sus hebras sobresalen como pinceladas que dan vida a una obra de arte. Abril espera paciente en su banquillo, frente al espejo, cepillando una y otra vez su cabellera, siempre entonando el mismo sonido. De sus labios brota un murmullo, emerge una música apenas perceptible al oído. Cepillando y tarareando, cepillando y silbando suavemente un llamado de amor.

Desde el balcón, con gran claridad, se observa un cuadro hermoso del mar; a lo lejos se ve un navío de velas erguidas e hinchadas de aire, que son atraídas por una cabellera negra con un fondo sutil: la blanca piel de Abril.

Por la noche sus cabellos sedosos y ondulantes toman vida, dos grandes mechones se deslizan para recorrer las calles aledañas en busca de su amante; este es el motivo por el cual, en el desdichado pueblo, una vez que se oculta la claridad del día nadie se atreve a salir. Sólo los que no saben se aventuran a caminar por sus calles angostas y callejuelas oscuras.

Su cabellera espesa y abundante sale de la cama de cedro, atraviesa la habitación, recorre el balcón, se enreda en los pedestales, en el barandal; un mechón se va al lado izquierdo y otro, al derecho; se sostienen con fuerza de las rendijas, de grietas en las paredes, de ventanas y puertas; recorren varios cientos de metros para tratar de encontrar y sentir a su amante, ese que no regresa, aquel que no volverá a pisar estas tierras, que no volverá a sentir estos suelos llenos de arenilla áspera, el amante y aquella cabellera negra ondulada, que no se volverán a enredar más.

 

 

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