Enrique Munguía Jr. LP 1

Enrique Munguía Jr.

(Guadalajara, Jl., 1902-Ginebra, Suiza,1940) Un “Contemporáneo” de los EEUU.
 

Enrique Munguía Jr. fue de adolescente a San Francisco con su familia. Se inscribió en la escuela secundaria y más tarde se graduó de Derecho en la Universidad de California en Berkeley.

Como joven inquieto vivió consciente de su realidad tanto vital como intelectual y ninguna de las corrientes literarias y de conocimiento de su tiempo le fueron ajenas. Vivió en los Estados Unidos durante un tiempo de gran tensión entre la comunidad mexicana y la anglosajona, ya que ésta se sentía amenazada por la gran inmigración mexicana  a los EEUU surgida por la necesidad de mano de obra en los Estados Unidos alrededor de la I Guerra Mundial, y por la sangría demográfica que supuso para México su largo periodo revolucionario o de verdadera guerra civil.

Enrique Munguía Jr. también se vio influido de las nuevas tendencias en el arte y la literatura, como las vanguardias y el posmodernismo hispanoamericano, tanto en el mundo hispano como en el anglosajón, movimientos que llegó a asumir como suyos propios y practicarlos en sus escritos con bastante éxito. En este sentido se mantenía  conectado con los ambientes literarios de México y Europa y participó en el desarrollo de las vanguardias literarias ya desde la época de estudiante en la Universidad de California en Berkeley.

De este periodo son los escritos que seleccionamos aquí. Son colaboraciones en el semanario “Hispano-América” de San Francisco, publicación que aglutinaba las inquietudes sociales y estéticas del mundo hispanounidense en un amplio campo de acción por varias partes de Estados Unidos. Alrededor de su editor, el también tapatío Julio G.Arce ( Guadalajara, Jl., 1870-San Francisco, Cal., 1926), se mantuvo vivo el desarrollo de las letras hispanounidenses y un discurso estético a la par del que se estaba dando dentro de México y en los centros culturales de Europa y la costa Este de los Estados Unidos.

Son estas colaboraciones de Enrique Munguía Jr. escritas desde San Francisco y Nueva York las primeras de este polifacético escritor que luego se significó como un gran poeta en revistas como “Bandera de Provincias” y sobre todo “Los Contemporáneos”[1]

En estos escritos ya vemos la fuerza de su lírica en “Paisaje” y “Te recuerdo asiduamente” y también en su narración poética sobre Nueva York, “Cuando es sábado en Nueva York se queda el sistema planetario boquiabierto” que es un claro precedente de “Poeta en Nueva York” ( 1929-1930) de Federico García Lorca[2].

El artículo “Claridades” es un editorial en sí con la ironía cómica de lo que es uno de los absurdos de la vida norteamericana de aquel entonces que engreída en sus éxitos económicos, sociales y bélicos estaba como dispuesta a descifrar también los grandes enigmas filosóficos como el de la ascendencia del ser humano. Y todo en el contexto de lo que los norteamericanos dicen que todo ciudadano tiene el derecho a tener “a day in court”.

¿Y qué decir del cuento “Una mujer y una frase”? Tiene todos los elementos estéticos de lo que era ya en los años veinte un cambio de tendencia, del realismo y las imágenes nuevas del modernismo, a la evocación de una época frívola, como la del siglo XVIII francés, para espantar toda la mediocridad y falta de relieve de una sociedad monótona y fabril, puritana e igualitaria, justiciera y vulgar.

Después de esta etapa norteamericana, Enrique Munguía Jr., dedica unos años a su profesión ejerciendo como abogado en la Comisión General de Reclamaciones entre México y los Estados Unidos ( tratados de Bucarelli de 1923) en la que defendía al estado mexicano en los pleitos que contra México ponían los ciudadanos norteamericanos perjudicados en sus personas o haciendas por los avatares de la Revolución Mexicana.

No duró mucho en este oficio (quizás tres años, 1926-1929) porque para 1929 ya lo vemos de nuevo en tareas literarias, publicando poemas en “Los Contemporáneos” y “Bandera de Provincias” y traduciendo “Los de abajo” de Mariano Azuela al inglés  (NY, Brentano, 1929,con ilustraciones de José Clemente Orozco) y  “The Waste Land” de T.S. Eliot al español  (Los Contemporáneos, 1930).

Ojalá estos poemas, cuento y artículo sirva un poco más para completar la vida literaria de este “Contemporáneo” de origen tapatío que vivió una vida corta pero intensa al estar en la vanguardia de la vanguardia de su tiempo en cuanto a pensamiento y en cuanto las formas estéticas nuevas y experimentales.

Para la comunidad mexicana de San Francisco, el escritor en ciernes que era el estudiante de Berkeley y al que siempre se referían como el “culto joven” Enrique Munguía ,Jr. fue también un miembro más de ellos, del que siempre se sintieron muy orgullosos. El “Hispano-América” reseña la graduación en Derecho por la Universidad de California en Berkeley de Enrique Munguía,Jr., de la siguiente manera:”Triunfo de un estudiante mexicano.-Entre los aprovechados jóvenes que terminaron sus estudios en la Universidad de California, recibiendo el miércoles, su diploma  de graduación o título profesional, se encuentra el inteligente joven D. Enrique Munguía Jr., miembro de una distinguida familia de Guadalajara, México.

El joven Munguía hizo sus estudios brillantemente, curso por curso, distinguiéndose en todas las materias que estudió y que se relacionan con la ciencia del Derecho, que fue a la que dedicó sus energías muy activamente..

Enrique es uno de los alumnos mexicanos de la Universidad que honra a su país, pues durante sus estudios tuvo una serie no interrumpida de triunfos.

Por sus conocimientos por su talento, por su honradez, y por su imparcialidad, será uno de los abogados que honren al Foro de California.

Lo felicitamos muy calurosamente así como a sus padres, que han visto coronados completamente por el éxito, los desvelos a favor de su hijo” ( Hispano-América, S.F.,Cal.,15-V-1926, pág. 1,col.7).

 

Claridades

 

Para “Hispano-América”

¡Oh! ¡Es tan cómodo tener un sistema eficaz de jueces americanos! Eso de si Adán tuvo o no tuvo ombligo, si los ángeles pueden hacer piruetas sobre la punta de una aguja, si Dios es Dios o un mito, si hay evolución o si hay creación individual de las especies, ¡vaya! en menos tiempo que se persigna un cura loco, lo resuelve un juez de palo de cualquier tribunal de primera instancia de Tennessee.[3]

¿Por qué no obligar a todos los chimpancés, gorilas y orangutanes que se reúnan en un congreso extraordinario para declarar solemnemente según las formalidades de la ley, que no son en efecto los antepasados del hombre?
..

¡No hay remedio! Bryan[4] va a convencer a la nación americana que no es posible, para su propio bien, que se siga poniendo tan changa…
..

¡Pobre de nuestro compatriota Vargas! Se ha de revolcar de coraje en su tumba al haber perdido toda su popularidad. Y sino , averígüelo Bryan..
..

¡Con la Ley Seca y con Bryan quién será el valiente que duerma la mona!
..

El mono es el animal que tiene más desarrollado el sentido de lo cómico. Los bibliólatras no tienen absolutamente ningún sentido de lo cómico, luego los monos, gracias a Dios no tienen ningún parentesco con ellos. Sin embargo, no por eso los bibliólatras dejan de ser muy animales…
..

“Una mona vestida de seda” se torna hoy día en Dayton, en una bella flapper rústica, enseñando un poético par de pantorrillas, y otras gloriosas monerías.
..

Ciertas mujeres de hoy debían protestar por la implicación retrógrada y puritana de la teoría de evolución. Las simias en comparación con otros animales son muy castas…
..

Buscad en la sección de espectáculos “El Doloroso drama de Dayton”.¡Es mejor que el circo!
..

Cuando os digan que hay muchos analfabetas entre los indios de Méjico, desplegad una sonrisa, entornad los ojos, y hablando en voz baja mencionad discretamente al augusto cuerpo legislativo del estado soberano de Tennessee, U.S.A.[5]

Enrique Munguía Jr.

(Hispano-América, S.F.,Cal., 25-VII-1925)


[1] Ver Los Contemporáneos ( nov.1929)

[2] Lo que son en Lorca calles como “paisajes de la multitud que orina” son en Enrique Munguía Jr., calles “como caños de desagüe” .

[3] Alude Enrique  Munguía Jr. al “Scoopes Trial” que tuvo lugar en Dayton, Tenn., entre el 10 y 17 de julio de 1925, tratando de dilucidar si se podía enseñar en las escuelas la teoría de la evolución, prohibida por ley en el Estado (Butler Act).Ver http://en.wikipedia.org/wiki/Scopes_Trial)

[4] William Jennings Bryan (1860- 26-VII-1925) fue el abogado acusador. Anteriormente había sido candidato a la presidencia de los EEUU por tres veces ( 1896, 1900,1918) por el partido Demócrata y Secretario de Estado con Woodrow Wilson de 1913-1915, durante la intervención de EEUU en México en 1914. Aunque en algunos temas liberal como en el tema de la no agresión militar y en su postura contra las grandes corporaciones, su fundamentalismo religioso le llevó a defender el prohibcionismo, la postura “nativist”en temas de inmigración , y sobre todo, su oposición al voto femenino y a la teoría de la evolución que en la época, él argumentaba como más conservadora que el creacionismo por ser usada por el darwinismo social para sus posturas racistas y eugenistas..

[5] Enrique Munguía Jr., se suma aquí a las chanzas que surgieron a raíz del espectáculo creado en esta ciudad del estado de Tennessee queriendo resolver el dilema de evolución o creación en una corte de ley pintando a los sureños como patanes, irracionales y bibliólatras incapaces de urdir un pensamiento lógico y científico. Así aparecía en toda la prensa de la época desde Time Magazine al Literary Digest.

Te recuerdo asiduamente

 

“Siempre un lucero

Va a nacer de tus manos”

La Sangre Devota, R. López Velarde

 

Mujer: te recuerdo asiduamente

Como recuerdo la bondad de la ventana principal,

Amplia y sincera, de la vieja casa

Colonial de mis mayores.

Ella-como tú ahora-

Me hacía sentir el sol

Que se calaba por mi cuerpo todo

En una zarabanda jubilosa de rayitas de oro.

Después, éstos, luminosos, disolvíanse en átomos

Traviesos.

¡Yo gozaba!

-Mi cuarto se asoleaba amablemente

Enmudeciendo perezosamente

Con unánime silencio místico

De toda cosa que es inanimada,-

Ella-como tú ahora-

Tenía un alma vestida con cristales suavemente musicales

Que sabían el secreto de las melodías

De los violines viejos,

Si insistían, una por una, las gotas de la lluvia…

Mujer: guardas tú sobre tus pechos

Lo que guardaba el balcón de mi ventana:

Olores de claveles encarnados, mastuerzos,

Nardos, bungambilias, y otras flores

Sencillamente cultivadas

En macetas espontáneas,

Sin refinamientos de parterres o invernaderos.

Esa ventana me sirvió también de torre,

Y desde ella diariamente,

En las tardes tapatías y tropicales,

Con la expectativa puerilmente virginal

De un escolapio, arrojaba

Mi vibrátil corazón en medio de la calle.

-Él así aprendió las tragedias

De la abigarrada vida callejera,-

Tú también eres una torre ahora,

En la cual encierro diariamente

El mismo corazón vibrátil bajo siete llaves,

Para que olvide así, en ti, todo empapado,

Lo que aprendió en ensayos

De la mala comedia pesimista de la vida.

 

Por eso mujer, te recuerdo asiduamente

Como recuerdo la bondad de la ventana principal,

Amplia y sincera, de la vieja casa colonial

De mis mayores.

 

Enrique Munguía Jr.

 

(Hispano-América, S.F., Cal.,3-X-1925)

Cuando es sábado noche en la ciudad de Nueva York se queda el sistema planetario boquiabierto.

 

( Para “Hispano-América”)

New York, New York, New York, plétora humana, tus avenidas amplias, estrechas, tortuosas, angostas, henchidas de gente padecen arterioesclerosis; delirantes como un hombre con calentura de cuarenta grados se juntan en cada esquina, se juntan en las bocacalles, chorrean deseos implorando besos, el Sabbath. Judíos que nunca fueron judaizantes. Yankees, suecos, filandeses alargados como una pesadilla, italianos complexos tupidamente velludos, chinos civilizados, negros con rayas de marfil en bocas, con marcas de ébano pulido, pelirrojos, morenos, pelo color de “cabellitos de ángel”, como olotes, cubanos casi negros, mulatos casi blancos, de tus avenidas precipitadamente arrojas, ciudad viril, y otros más vienen y van y van y van y van en marea acompasada, creciente, avenidas sin fin y grandes como caños de desagüe.

Tus anuncios eléctricos dibujan poliédricas construcciones en el ojo que ya no quiere ver el sol clásico y reaccionario. Sobre el pavimento despréndese un polvo blanco, fino, eléctrico, que esmalta el chapopote con luz vicaria. Avenidas que llevan subways dentro del vientre, negros chicuelos, resbalosos como ballenas, y allí arriba, sobre la penúltima nube blanca del loco Baudelaire, la luna anémica y mortuoria, pálida y redonda como una monda falsa, se llena de brumas..

Seis millones de gente, Nueva York, gozan el sábado por la noche con tus iluminaciones construidas con alambre…

( Hispano-América, S.F.,Cal., 28-VIII-1926)

 

Una mujer y una frase

 

(Para “Hispano-América”)

 

Madame de Montespan despertó. De una sábana de finísima batista adornada con encajes de Malinas, sacó un maravilloso brazo de apretadísimas carnes, de matices rosa blanco. La abundante cabellera que había recibido un rayo de sol, serpenteaba sobre un hombro de mármol palpitante que lucía en el centro un corazón negro, un preciosísimo lunar, a la manera de un escudo real que ostenta una divisa en campo de azur.

Se desperezó Madame de Montespan. Movióse dos o tres veces, se irguió en el lecho de caoba con arabesco y molduras grotescas. ¿Qué tendría Madame de Montespan? Con un mohín displicente llamó a Libelule, su fiel y sufrida camarera.

-¿Y el Rey?

-Señora, por nuestro bufón he sabido que vendrá a veros esta misma mañana. Como sabéis, pasó la noche en Saint Cloud.

-Gracias, Libelule. Mira, ese sol me está  importunando. Baja la cortina cierra los visillos. Con la luz del tocador será suficiente para vestirme.

¿Y por qué no vino Luis a verla anoche? Se sentó al borde de la cama, y por último el descarado sol tuvo oportunidad de verle sus escultóreas piernas apenas veladas las sábanas y encajes. Toda la noche había sido insufrible. Dormir sola. Agitarse constantemente por un mal sueño, por una pesadilla quizá. ¿Será remordimiento?¡Bah! Hacía mucho que le fue preciso deshacerse de él. ¿Sería acaso su gran intuición que [en] innumerables ocasiones la había prevenido y salvado? ¿Maliciaba algo Luis?

Con paso menudo, que el mismo Voiture habría enviado para el ritmo de su más precioso poema, fuese a la ventana y contempló el pasaje que con árboles, casas, jardines, fuentes y cielos, semejaba una ala de mariposa, una mezcla caleidoscópica de colores.¿Pero como iba a maliciar? ¿No había tomado ella toda clase de precauciones? ¿No salió de noche, cubierta la cara con un antifaz, disfrazada de mujer a manera de su propia servidumbre? Ah, quizá, el guarda la había delatado. Ella y Libelule se habían burlado de él. Se sentó frente al espejo y éste, humilde y devoto  de tanta belleza, le recitó la cuotidiana oración. Y si Luis sabía de su escapatoria nocturna, de su cita clandestina con ese bello actor, ¿qué haría, Dios mío? Conocía al Rey, sus ardores juveniles, sus pasiones tempestuosas, su fatuidad real, su vanidad. En dos o tres ocasiones había ella presenciado escenas de enojo, y recordaba que su cariño había sido vano para disipar la cólera real. Desde joven había ella tenido que confiar en su feminidad que le había permitido deshojar todos los triunfos. Una sonrisa, una mirada, un gesto y sobre todo una palabra luminosa. ¿Pero con Luis?

Tocaron

-Es el Rey, señora,- dijo Libelule.

La Montespan pasóse una mota enorme por sus pálidas mejillas, un poco de “rouge”, el negro para los ojos, la peluca empolvada, el peinador de raso azul; restiróse sus medias azul pálido, zapatillos de seda negra con grandes hebillas de plata bruñida.

El Rey apareció en el umbral de la puerta. Los encajes de color crema del cuello era lo único que le relevaba la monotonía de su traje de terciopelo negro. Ni una medalla en el pecho, ni un bordado en la casaca, ni un botón de oro. Quedó en el dintel por unos cuantos segundos.

 

-Libelule, abre las ventanas. Que entre la luz, el sol. Esta obscuridad me molesta.

-Está bien, Libelule. Dejadnos solos. Yo misma haré lo que el Rey manda.

Una genuflexión y un ruido de puerta que se cierra.

-Buenos días, Luis. He estado tan triste y tan sola…Hace más de dos días que no te veo. ¿Te has olvidado de esta mujer que te adora?

-Mira, no estoy de humor. Por tener que estar con el embajador español, tuve que ir por dos días a Saint Cloud. Si he regresado tan violentamente es porque he oído algo sobre tu conducta que me ha disgustado sobremanera.

-¿Mi conducta, Luis?..No comprendo.

-Mujer, no es como tu amante que vengo a verte y pedirte explicaciones, pues si tal, me pudieras engañar. Vengo como Rey de Francia que no gusta de murmuraciones entre sus cortesanos. Evítate por lo tanto el trabajo de fingir. Vosotras las mujeres sois buenas actrices solamente que en ciertas ocasiones no escogéis bien vuestro papel.

-Entonces, Luis, te escucho.

-¿Es cierto que una noche tuviste un cita con un actorzuelo en un hotelucho cerca del Sena? Contéstame

-Luis, no me preguntéis de esa manera o frustraréis vuestro propósito. Es cierto que entrevisté a ese actor. Pero debéis saber que tal conferencia obedecía  a una razón de Estado.

-Mujer, no estoy para burlas…Ah, no sólo el Rey Sol tiene un ministro entrometedor sino también, una ministra.

-Luis, calmaos. Tenía yo proyectada una sorpresa para el día de vuestra fiesta. Ya que dudáis de mi razón, me justificaré plenamente. Ese actorzuelo a que os referís es miembro influyente de los comediantes de Molière, y necesitaba de su ayuda para que se representara una comedia escrita especialmente para vos. Comprenderéis por qué tenía que prepararme en silencio.

-Dispénsame. Dispensa que haya dudado de ti, pero…Mucho te agradezco. Una pregunta más y me marcho. Porque dijiste hace un momento que era una razón de estado. No comprendo.

-Ah, Luis, me sorprendes. ¿No eres tú el Estado?

-Vaya una bonita frase. Yo soy el Estado…El estado soy yo…Una bonita frase que te prometo no olvidar. Gracias mujer, tú no tienes rival. ¿Qué te parecería si dijera esa frase ante el Parlamento? Un golpe teatral, ¿eh?

-Luis, yo no hago más que expresar lo que siento y lo que todo el mundo sabe…¿Vendrás a verme esta noche?

-¿Esta anoche? Mujer divina, En este momento cerraré esta ventana, y bajaré estos visillos. No permito que el sol sea mi rival.

-Bésame, mi Luis.

Enrique Murguía, Jr.

( Hispano- América, S. F.,Cal., 26-IV-1924)

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Paisaje

 

Para Javier Tizoc Martínez[1]

 

El sol en otoño

Trabaja lentamente

Como alquimista medieval

Y entonces con sutil inconciencia

Transmútase el paisaje.

 

Despojadas de pesados racismos

De fruta

A ras de tierra

Lealmente descansan las parras

Con íntima delectación.

 

La lluvia refresca el espacio

Y prende en las hojas

Cabezas de alfileres

De luz líquida.

El panorama es tierra fresca

Cubierta de parras cobrizas:

El sol extiende sobre ellas

Una malla visible

De doradas resonancias mágicas,

Como antaño en Corinto.

 

Más altos los albérchigos

Y los cerezos, exangües,

Desdoblan en el aire

Hojas color de cobre:

Pulmones dispersos

De casas de pájaros.

 

Al caer la tarde lleva el viento

El compás, y cae la hoja

Cobriza del árbol

Como cimitarra ensangrentada,

Obedeciendo el ritmo renovador

Del sol, alquimista medieval

En otoño.

 

Enrique Munguía, Jr.

 

( Hispano-América, S.F.,Cal., 5-XII-1925)



[1] Xavier “Tizoc” Martínez Suárez (Guadalajara, Jl.1869-Carmel-by-the-Sea, Cal.,1943) fue un pintor, poeta y crítico de arte de ascendencia tapatía ( tarasco-gallega, decía él) como Enrique Munguía Jr., que  emigró a San Francisco en 1893 donde vivió toda su vida, excepto entre 1897 y 1901 que vivió en París donde estudió en la École des Beaux Arts y pintó y escribió profusamente poesía en francés. En San Francisco fue parte de los círculos artísticos, literarios e intelectuales de su tiempo, tanto entre el grupo anglosajón como entre el hispanounidense.  Fue profesor del California Collage of Arts y miembro de varios clubs como el Bohemian y “Los Diablos Viejos”. Sus acuarelas y otros cuadros “tonalistas” cuelgan hoy en los mejores museos del mundo y sus colaboraciones  sobre arte en el “Hispano-América” de San Francisco, son hoy en día esenciales para comprender lo avanzado del pensamiento artístico hispanounidense, en medio de todas las vanguardias y movimientos artísticos de la primera mitad del siglo XX.

 

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