María del Pliar Álvarez Novalvos LP 4

Álvarez Novalvos, María del Pilar

María del Pilar Álvarez Novalvos (Madrid, 1963). Filóloga hispánica especializada en Literatura (UCM). Escritora y profesora de Lengua y Literatura, y de Francés (DALF). Autora del libro de relatos La muerte es otra cosa (Madrid, Opera Prima, 2013) y coautora de La aventura de escribir (Madrid, Ed. Granada, 1991). Ha publicado relatos en Antologías de Nuevos Narradores y en colecciones de Clara Obligado: Futuro imperfecto (2012), Los inquilinos de El Aleph (2011), Jonás y las palabras difíciles (2010) y Apenas unos minutos (2007). Con artículos, reseñas y relatos en español y en francés, ha participado en revistas literarias, webs, bitácoras y libros: Revista El Humo (México), Revista La Palabra (Arizona), Revista Entre Líneas (Miami), Revista Groenlandia, Revista Narrativas, la web canadiense Coin de ciel, los blogs Cuentos de Marieta y Extraña Letra, y el libro Literatura popular zamorana (Zamora, Ed. Semuret, 2009). Es la traductora oficial del músico y poeta canadiense Le Souffleur De Sons. Ha sido finalista (primera selección) en el III Concurso de microrrelatos “Museo de la Palabra” (2013), también finalista en el Concurso de microrrelatos “Paseando con fantasmas” (2012) y doble finalista del Premio de microrrelatos “Por favor, sea breve” (2010). Sus blogs: elbucleazul.blogspot.com.es y lamuerteesotracosa.blogspot.com.es .

LA MUERTE ES OTRA COSA
Editorial Opera Prima, Madrid, 2013

RESEÑA POR JUSTO S. ALARCÓN

Al tomar este libro en las manos lo primero que le salta a la vista al lector es su apariencia y presentación. Pulcro en varios sentidos. La portada lisa y brillante, el color y textura del papel delicado para la vista y el tacto, la letra tipo mediano y los renglones desahogados. Todo bien pensado teniendo en cuenta la apetencia del lector por la delicadeza y la elegancia.

El libro consta de 170 páginas, divididas en nueve secciones, las cuales, a su vez, se dividen en innumerables subsecciones tituladas, contando cada una de ellas aproximadamente de unas ocho páginas, que integran 70 microcuentos, cuyas dimensiones alternan entre tres líneas y tres páginas. O sea, en total una gran variedad presencial. Y, precisamente por ello, hay que anotar que aquí radicaría algo importante y esencial para la lectura y, en particular, para el análisis de esta colección de microcuentos, la cual podría considerarse muy acertadamente como una excelente Antología.

Dejando ya de lado estas observaciones “cuantitativas y visuales”, pasemos ahora a consideraciones muy breves de contenidos temáticos y formas estilísticas y estructuradoras. Me adelanto a indicar que sería difícil empacar tanto material en dos o tres páginas que, de suyo, pedirían un largo artículo o, incluso, un libro. Pues bien, saltan a la vista una variedad considerable de temas. El título del libro, “La muerte es otra cosa”, aunque apunte bastante bien a algunos aspectos de este singular tema, no puede abarcarlos todos suficientemente y, por tanto, se impone una exposición apropiada. En vista de ello, al reseñador se le ofrecen varias posibilidades, todas ellas fructíferas. Pero, por tratarse de una reseña sucinta, nos limitaremos a un par de indicaciones que sirvan de puntales para un posible estudio posterior más amplio y detallado.

Teniendo en cuenta la complejidad de la estructura del libro, y sirviéndonos de una forma ilustrativa, aunque quizás poco elegante, nos lo podemos imaginar como un emparedado en el que, entre ambas rodajas, se encuentra la substancia nutritiva. Y esto lo podemos hacer de dos o tres maneras, siempre sucintamente.

Si nos fijamos bien, la configuración de la forma externa nos indica ya que la estructura del libro está bien pensada. Las nueve partes o secciones en que se nos presenta la multiplicidad de los microcuentos van progresando de un supuesto inicio sobre “La vida”, con una conclusión indefinida, por no decir infinita, hasta la novena sección titulada “Inmortalidad”. Y, exigiendo una atención profunda por parte del lector, notaremos una gradación que va de una cotidianidad insustancial hacia una preocupación y tensión trascendental. Este es un filón que puede dar mucho de sí, pero que, citando a la autora, se podría resumir en dos citas que ella misma trae a colación. La de Lao Tsé: “Lo que la oruga llama fin del mundo, el resto del mundo lo llama mariposa”. Y, en otra parte, nos regala la cita de Leonardo da Vinci: “La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte”. Magníficas citas que, por un lado, nos indican que la existencia vital es una continua transformación y que, por otro, esa transformación deja de moverse al plasmarse y eternizarse en el arte. (Entre paréntesis notamos en estas citas el complemento de dos culturas, la oriental y la occidental, que se enlazan estupendamente).

Otro puntal, o posible vertiente analítica para apreciar la complejidad de este libro y de sus múltiples contenidos y temas, sería considerar sencillamente el primer “microcuento” (un pequeño ensayo autobiográfico) titulado “Ser” y el último, que es un poema titulado “A mi madre, libre”. O sea, se comienza el libro indicándonos que la Vida se inicia y perdura con un impactante caos existencial y que al final, con la Muerte, las múltiples partes del crucigrama se ordenan y ajustan dejando al “Ser” caótico inicial en un estado de “Libertad” finalmente alcanzada y ordenada.

Y esta forma –entre otras implícitas– de ver el presente texto literario nos aclara la narrativa desconcertante del “Ser” inicial que, después de muchas peripecias, termina en un deseable Aleph, “Alfa” inaugural que, entre motoras fuerzas centrípetas y centrífugas, se sintetizan dialéctica y armoniosamente en un exitoso final. Es una indicación, no cabe duda, de que el “Ser” –perteneciente al mundo “esencial”–, en su proceso “existencial” cobra vida circunstancial y cíclicamente para llegar a un yo aléfico en donde el “yo soy el que soy” bíblico se realiza en plenitud.

 

 

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