Ángela Favela LP 4

Favela, Ángela

El taller de creación literaria FELIPE MONTES, FABRICA LITERARIA, SOCIEDAD CIVIL, fue creado hace tres años, naciendo con la vocación de formar creadores capaces de enriquecer y preservar el patrimonio universal del lenguaje. Fue creada por el escritor Felipe Montes, es dirigida por la escritora Ángeles Favela y se cuenta con diferentes talleristas. Está ubicado en Av. San Pedro # 801, Local 9; Col. fuentes del Valle, San Pedro Garza García, N.L., en donde orgullosamente radicamos.

Esta vez participa con trabajos del taller dirigido por la escritora Sofía Segovia. Y esperamos en el futuro ofrecer más obras literarias de sus alumnos que muestren dedicación a la obra artística en la comunidad donde radicamos. Ángeles Favela, participante de este taller, nos ofrece uno de sus cuentos.

TENÉS QUÉ TRAERLO
(Para acompañar la lectura de Esperándolo a Tito del escritor Eduardo Sacheri)

Mirá Eduardo, tenés que hacerlo. ¡Che, no podés hacer lo contrario! Mirá qué dejarnos sin él, pero ¿vos qué te crees?

¡Tenés que traerlo! Hoy que por fin Emilio permite que yo le lea en voz alta. Ahora que se le ha dibujado una línea apuntando a sonrisa en el rostro. Ni creas que voy a perdonártelo eh. Tenés que hacer llegar a Tito.

Y si no verás, que en la siguiente charla te sirvo unos tacos de mariscos disfrazados de carne asada, a ver si me entendés entonces.

¡Pero si José ya está subido al techo del puto camión de Gonzalito! y Pablo ya se ha calzado los botines, mientras Emilio me mira, y yo. . . y yo que no sé si aventar lejos el libro. O quemarlo, o fingir que se acabó el tiempo o anunciar la hora del desayuno. Sólo puedo pensar en pavadas inútiles. “Pero si acabamos de cenar. Aún no hemos dormido. ¿Qué pasa madre, te has vuelto loca?”

Son putadas y ahora suena el teléfono y yo no quiero mandar a Emilio a tomar la llamada. Es domingo y cada día de éstos sólo llama la iglesia, ¿que por qué no fuimos hoy? ¿Y a vos qué le importa?

¡A Tito, hacé ya que venga! Antes de que éste pibe se rompa, antes de que piense de nuevo en su padre que cada vez llama menos. No sé si leer más aprisa o más lento, como buscando pasar los minutos o hacerlo invisible al dolor que ya casi huelo.

“Mirá, Emilio, avanzá un poquito, que en una línea de éstas, Tito ya debe estar llegando”. En tanto mi mano, con la que no sostengo el libro, se cierra fuerte, imaginando el golpe que quisiera plantarte en los dientes, así en medio, como el balón quiere entrar siempre al arco: directo, al centro.

Ahora entiendo un partido y porqué es fácil volverse loco mientras el mundo sigue tranquilo.

T e n é s   q u é   t r a e r l o, ¿te lo digo así o más despacito?, ¿o te lo grito? ¿o te lo suplico?, pero ¿qué te cuesta Eduardo? Nueve años, es un mundo de tiempo. Y más, cuando sólo se han vivido trece.

Traélo ya, y me importa un comino si ganás o no, aunque sé que los goles llegarán con él, pero que llegue antes de los dos silbatazos cortitos que el jodido árbitro está a punto de lanzar.

Traélo a Tito ya, que las páginas se van haciendo menos y de reojo miro a Emilio, impávido, con la boca entreabierta. ¿Que acaso no escuchás? ¡Que llegue Tito a la cancha ya! Antes de que mi hijo y las orillas de la línea en su rostro, apunten una vez más hacia abajo. Antes de que yo no sepa cómo sacarlo de nuevo de ese hoyo oscuro. Antes de que me mire otra vez y pregunte: “Madre ¿y vos crees que venga?”. . y que yo. . . y que yo no sepa si se lo refiere a Tito o al padre.

Noviembre de 2014

 

 

 

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