Armando Miguélez LP 1

Miguélez, Armando

(Santibáñez de la Isla, León, España). Fundador del Academic Language Institute ( A.L.I.) de Alicante, España, Lleva estudiando la herencia chicana desde la década de 1970 y es uno de los pioneros de los estudios chicanos en España. Su tesis  doctoral -”Antología histórica del cuento chicano literario, 1877-1950″- es uno de los trabajos más extensos y citados sobre la cuentística chicana anterior al Movimiento Chicano. En la actualidad reconstruye el legado literario y cultural de los hispanounidenses, identificando, clasificando, analizando, periodizando y criticando sus textos literarios escritos, con el propósito de darle un vuelco completo a la historiografía literaria de los EEUU, pasando a ver ésta más como un todo multicultural que  anglocéntrico.

Ha coeditado también La literatura de la Revolución Mexicana en el exilio: Fuentes para su estudio. Desde hace tiempo viene coleccionando una inmensidad de documentos históricos (editoriales, cuentos, ensayos, columnas periodísticas, etc.) de una engente lista de periódicos, desde las Californias hasta el Este del país, en particular la región de Nueva York. Todo este material aparecerá en una nueva Página Web titulada Hispanounidenses, codirigida con Justo S. Alarcón.

Julio G. Arce

Lo que se dice de México

“Dos periódicos americanos de amplísima circulación en los Estados Unidos han publicado en su edición correspondiente al domingo último, 26 de abril, juicios diametralmente opuestos sobre México y su gobierno.

Uno de ellos,”The Examiner”, lanza, en elogioso artículo para el Gral. Calles, los más hiperbólicos aplausos que se hayan leído. Las plumas de los tiempos dictatoriales que, según el decir revolucionario, destilaban mieles de servilismo, se han quedado cortas.

Nunca a hombre alguno, se le habían entonado ditirambos semejantes  ni se le había quemado incienso tan cargado de adulación y lisonja. Una frase, una sola, dará idea de lo que allí se dice en elogio de un funcionario que ha principiado a penas su labor gubernativa, que no ha definido todavía su política y que nada ha hecho aún que pueda elevarlo casi a las alturas de la glorificación. Dice, en efecto, un corresponsal de “The Examiner” resiente en México, que nuestra nación tiene ante si una grave disyuntiva, y es ésta: ¡o Calles o el caos! Es decir, fuera de Calles no hay salvación.

Tan extraños halagos resultan, naturalmente, contraproducentes. Se adivina en ellos la intención dañada de embriagar con el elogio; de llevar las exaltaciones hasta el límite de las conveniencias; de ocultar con oropeles la verdad austera y desnuda; de sorprender a quienes nada saben de lo que pasa en otros países, y  de formar aureola de prestigios con materiales de guardarropía.

¿Quién va a creer que el solo político, el único, de encauzar a México por el camino de la prosperidad nacional, del bienestar colectivo, de la paz orgánica y del acierto administrativo sea el Gral. Calles? ¿Dónde, cómo, cuándo ha probado sus dotes de estadista indiscutible  y de gobernantes sin par?¿Entre los mexicanos de todos los grupos políticos sólo culmina él y concentra las videncias y las facultades de un super-hombre?¿Entre millones de habitantes nadie se destaca sino el actual Presidente?

Pobre país sería, entonces, el nuestro, si sus aspiraciones y anhelos estuvieran a merced de un solo individuo que, dentro y fuera de la Revolución, fuese el único capaz de cimentar el orden.

Ningún periódico está menos capacitado  que los de Hearst para hablar en elogios de México, de su gobierno o de su pueblo.

Sus encomios de ahora no pueden borrar sus ataques venenosos de hace muy poco tiempo, cuando se pidió a un candidato presidencial que extendiese el dominio americano hacia Panamá, se aseguro que nuestras mujeres, aún las de doce años, estaban contaminadas de sífilis “adquirida” y nuestros hombres públicos eran una cáfila de asesinos y de ladrones.

Como en el drama conocidísimo de un autor español, pudiera decirse que hoy vuelcan cornucopias de rosas frescas sobre nuestros hombres públicos:

¡Cuánta mudanza en un día![1]

Y claro está que el elogio será recibido, por la gente sensata, como lo fue ayer la mera e injusta censura: con repugnancia.

El otro periódico, “Our Sunday Visitor”, que se vende a las puertas de las iglesias católicas y que circula por millones, está atestado de los juicios de los innumerables periódicos de los Estados Unidos, respecto a la conducta del gobierno de México en asuntos religiosos. Indudablemente, hay muchos conceptos exagerados; no todo lo que allí se dice es verdad, y algunas informaciones están  inspiradas  en vehemencias fanáticas; pero hay también artículos sesudos, reportazgos que no se apartan un ápice de la verdad; testimonios que no se pueden ser desmentidos, y juicios de hombres prudentes que se duelen de que su país, llamado, por sus elementos, a ser un emporio de grandeza y un centro prodigioso de actividades, está entregado a la furia de un necio fanatismo jacobino, y de que las autoridades, azuzadas por pastores protestantes y por “sans-culottes”[2] rojos, desconozcan el derecho de los mexicanos a pensar como les plazca en materia religiosa.

El pueblo americano, a quienes tratan de impresionar tanto el periódico que eleva hasta la excelsitud al Presidente Calles como el que pinta con negros colores el movimiento anticatólico oficial en México, optará, es claro, por los juicios más nutridos y por los informes mejor fundados. Hará a un lado las lisonjas de un periodista personalmente adicto a una causa o a un personaje y tomará en consideración lo que viene en forma de relatos múltiples llenos de colorido.

Y eso pudiera evitarse con una poca de cordura. Que no se detengan los turibularios ni callen los himnos de la lisonja si se quiere; pero que evite, cumpliendo con la ley, que se violen las garantías que da la constitución a católicos, protestantes, mahometanos y budistas. Que cesen las autoridades en una necia e infecunda campaña antirreligiosa que solo puede acarrearles perjuicios, y que hagan de la libertad de conciencia y de la libertad religiosa un verdadero principio administrativo.

No pretendemos que se favorezca a los católicos. Simplemente que no se hostilice ni a ellos ni a nadie. Que se haga justicia y que se den garantías.

Julio G.Arce

( Hispano-América, S.F.,Cal., 2-V-1925)

 


[1] Verso en la zarzuela “Flor de un día” de Francisco Camprodón:

“¡Cuánta mudanza en un día,/ayer iba al Paraíso,/ y se frustró de improviso/toda la esperanza mía!”

[2] Son los  trabajadores descamisados, que en la Revolución francesa llevaron a la guillotina a Luis XVI y que de alguna manera patrocinaron todas las reformas radicales de la Revolución. Aquí hace Julio G.Arce una comparación de la sociedad estamental francesa de la época de la Revolución francesa y la mexicana de la época de Obregón/Calles.

One Comment

  1. Reply
    Mulberry Factory Outlet August 28, 2013

    Memoria de las cosas y costa y indios de la Florida, que ninguno de cuantos la han costeado, no lo han sabido declarar (1). | Revista La Palabra

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