Mel Chessani LP 4

Chessani, Mel

El taller de creación literaria para principiantes del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, MARCO, impartido por la escritora Mariana García Luna; tiene el gusto y el honor de presentar el siguiente cuento de Mel Chessani estudiante que participó en este taller. El museo fue fundado el 28 de junio de 1991. Está ubicado en la Calle Zuazua y Jardón  S/N, Centro, Monterrey, N. L. En donde orgullosamente radicamos. Su misión ha sido desde entonces, difundir en la comunidad las artes en general, es por eso que se crearon talleres y diplomados diversos entre los que destaca precisamente el que nos ocupa en este momento. Esperamos en el futuro ofrecer más obras literarias de sus alumnos que la dedicación a la obra artística como miembros de la comunidad donde radicamos.

LA CANASTA DE ARROZ

A la corta edad de siete años, Javi vivía la pérdida de un ser querido muy cercano. Su hermana menor acababa de fallecer hacía tan sólo tres días, tenía cuatro. Un incendio en su escuela había llenado de humo sus pulmones dejándola inconsciente antes de que el fuego la alcanzara.

Javi estaba acostado en su cama, intentaba darle sentido a las palabras que su mamá le acaba de decir: “Diosito está haciendo un coro en el cielo, necesitaba un angelito que cantara bonito, de labios rojos y de pelo negro, por eso se llevó a tu hermanita. Cuando la extrañes o te sientas triste, sólo tienes que cantar, ella va a venir y cantará contigo”.

Sentía cómo su cuerpo se hundía en el colchón. Esta sensación lo transportó al momento en que acompañaba a su mamá a la tienda, cuando metía su mano en las canastas llenas de arroz, el efecto de estar flotando, hipnotizado, oculto entre millones de pequeños cereales blancos. Al recordar lo mucho que le gustaba introducir y mover su mano entre estos granos, cerró los ojos y se dejó sumergir en una gran canasta, la misma sensación fresca que su mano experimentaba, ahora la sentía en todo su cuerpo. Sin embargo, la tristeza que lo recorría no era congruente con la felicidad que le provocaba hundir su mano en el arroz fresco.

De pronto, un recuerdo lo golpeó, cuando él clavaba su mano en la canasta, su hermanita corría detrás de él y lo imitaba, buscaba sus dedos sumergidos entre los granos mientras cantaba su canción favorita. Sin poder evitarlo, una sonrisa se dibujó en sus labios y comenzó a cantar. Mientras su cuerpo flotaba en esa gran canasta de arroz, su hermana cantaba con él y entrelazaban sus dedos. Podía escuchar su voz, podía sentir su mano, la felicidad poco a poco opacaba la tristeza.

Sus manos jugaron a ciegas, sus dedos siempre encontraron la mano de su hermana en aquella canasta a pesar de estar oculta entre el arroz.

En ese momento entendió todo: su hermana estaría con él mientras recordara flotar entre arroz y cantar, a pesar de no poder verla, eternamente la encontraría.

 

 

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