Silvia Peraza Sánchez LP 4

Peraza Sánchez, Silvia

El taller de creación literaria FELIPE MONTES, FABRICA LITERARIA, SOCIEDAD CIVIL, fue creado hace tres años, naciendo con la vocación de formar creadores capaces de enriquecer y preservar el patrimonio universal del lenguaje. Fue creado por el escritor Felipe Montes, es dirigido por la escritora Ángeles Favela y se cuenta con diferentes tallistas. Está ubicado en Av. San Pedro # 801, Local 9; Col. fuentes del Valle, San Pedro Garza García, N.L., en donde orgullosamente radicamos. Esta vez participa con trabajos del taller dirigido por la escritora Sofía Segovia. Y esperamos en el futuro ofrecer más obras literarias de sus alumnos que muestren dedicación a la obra artística en la comunidad donde radicamos. Silvia Peraza Sánchez, participante en este taller, nos ofrece aquí el siguiente cuento.

EL CÁNCER

Al beber el café, vuelve a sentir la garganta cerrada. Pasa su mano por el cuello para comprobar otra vez el abultamiento. El esfuerzo que realizó hace unos días lo tiene preocupado. Según él, éste es el responsable de sus sueños ligeros, los sudores nocturnos y los huesos marcados.

Al leer el resultado de la biopsia, a pesar de no entender los términos médicos, la palabra metástasis le llama la atención. Guarda el papel y su angustia con él. Se dice a sí mismo que lo mejor será esperar el diagnóstico.

Los días transcurren. La preocupación yace en el fondo de sus pensamientos, pero ésta ha encontrado la manera de escurrirse entre sus poros por las noches. Las sábanas mojadas que lo cubren se han vuelto sus compañeras de insomnio y, durante el día, cada trago forzoso de saliva, le recuerda que no está bien. Ha llegado el momento de escuchar al médico. Al abrir la puerta del consultorio medita un segundo sobre su historia, pero rápido sacude sus pensamientos y se convence que no hay nada mal. Sus oídos acogen la terrible noticia: un tumor maligno de origen desconocido se alberga en su garganta. Su ansiedad interrumpe:

—Eso se saca, no es grave.

El especialista, al oír esto, intenta en vano explicar el estado de la enfermedad, no quiere dar esperanzas que no pueda cumplir.

Al llegar a la casa, la tristeza secuestra todas las palabras de su boca. Su esposa, preocupada, le envía una mirada interrogativa.

—Tengo cáncer. No quiero que nadie sepa.

Ella, en un intento fallido para aliviarlo, le acaricia la cara. Él le devuelve un gruñido con un fuerte movimiento de cabeza para apartarse.

Su pareja lo observa. Él está sentado en la cama con la mirada hacia el suelo y los codos apoyados sobre las rodillas. Al mirarle los hombros caídos, lo piensa derrotado. No sabe cómo consolarlo. Mientras tanto él enumera las posibles causas: parientes con cáncer, fumar desde los ocho años, las drogas que probó, la mala vida que llevó de mucho trabajo y poco descanso, las noches que durmió sin un techo, todo lo que no comió mientras creció o la larga lista de medicamentos que le han recetado para los más de diez padecimientos que tiene. Entretenerse con las posibles fuentes lo libra de imaginar las consecuencias.

—¿Por qué la vida ha sido tan dura conmigo? Es injusto. ¿Sabes?, pido tanto sacarme esto que llevo por dentro; pido tanto cambiar.

—¿Qué quieres cambiar?—le dice ella.

Él levanta la cabeza para mirarla. Las palabras se acumulan en los labios deseosas de salir, pero se esfuman. Con un gesto violento cierra sus puños y su corazón.

— ¿A ti qué te importa?

La amargura ocupa por completo el vacío de su alma y él concluye que no necesita de nadie, como nunca lo ha hecho; y no va a andar por ahí regando lástima. Piensa que la vida se ha ensañado con él, una vez más.

Sin embargo, en otro espacio y sin ninguna postura por la falta de cuerpo, La Vida se pregunta cómo mostrarle a este pobre hombre que un tumor maligno de origen conocido se alberga en su corazón.

 

 

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