Silvia Peraza Sánchez LP 4

Peraza Sánchez, Silvia

El taller de creación literaria FELIPE MONTES, FABRICA LITERARIA, SOCIEDAD CIVIL, fue creado hace tres años, naciendo con la vocación de formar creadores capaces de enriquecer y preservar el patrimonio universal del lenguaje. Fue creado por el escritor Felipe Montes, es dirigido por la escritora Ángeles Favela y se cuenta con diferentes talleristas. Está ubicado en Av. San Pedro # 801, Local 9; Col. fuentes del Valle, San Pedro Garza García, N.L., en donde orgullosamente radicamos. Esta vez participa con trabajos del taller dirigido por la escritora Sofía Segovia. Y esperamos en el futuro ofrecer más obras literarias de sus alumnos que muestren dedicación a la obra artística en la comunidad donde radicamos. Silvia Peraza Sánchez, participante en este taller, nos ofrece aquí el siguiente cuento.

 JUGAR PARA OLVIDAR

Tres niños inventan historias para transformarlas en juegos, como todas las veces que se encuentran solos. Son más de las cuatro de la tarde y no han almorzado. El juego los distrae, les hace olvidar el hambre y la soledad.

La puerta se abre de golpe, en un estruendo aparece por ella su madre; trae una bolsa que deja ver el contenido a través del plástico de mala calidad: un pan de molde, mortadela envuelta en papel y una Coca Cola de dos litros.

El menú no es distinto al de ayer. Ni al de antier. Tampoco es diferente a la comida de hace una semana, pero cuando la privación es grande convierte la miseria en festín.

Los infantes se sientan a la mesa a preparar su alimento. Primero destapan la gaseosa, su estómago reacciona ante el sonido de la pequeña explosión que hace la tapa al girar sobre la botella. El ansia y las ganas se incrementan.

Se apresuran a beber. El fluido enfría sus bocas y despierta su atención. El sonido que hace en el vaso les recuerda al mar. Las burbujas raspan y calan sus gargantas. Con ellas se va la sequedad de horas sin comer. Sus pequeños estómagos reciben el vacío de un gas que infla y engaña el apetito.

La mujer, a lo lejos, los observa. Percibe en ellos el peso que arrastra día a día, del cual escapa por las mañanas. Su garganta se cierra. Es como si la carga la llevara sobre la sien y le encogiera el cuello. Absorbe el líquido acaramelado para limpiar la obstrucción y evitar el llanto; el sabor es incapaz de borrar la amargura. Su corazón se rehúsa a quedarse. Sus piernas deciden huir.

Los niños otra vez están solos. El miedo y la tristeza vuelven a mostrar sus cabezas. Es ahí en ese instante cuando el privilegio de contar con su inocencia los transporta de nuevo a una nave espacial, a un barco pirata, a una cena en un castillo. Se olvidan del mundo, las horas transcurren, pero cada tanto la desgracia hace intentos tímidos de robar su imaginación.

Hace horas la luz se despidió de las montañas. La luna soberana tomó posesión de la noche. Ahora el sueño rapta a los dos menores. Sin cómplices de aventuras, la realidad no se engaña tan fácil cuando no hay otro que la finja contigo. Al mayor le cuesta dormir; ya no es tan niño. Él piensa en su abandono y en nuevas formas de burlar la verdad, mientras poco a poco cierra los ojos para encontrarse con sus hermanos en sueños y seguir jugando.

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