María Eugenia García Ramírez LP 4

García Ramírez, María Eugenia

Me llamo María Eugenia García Ramírez y trataré aquí de compartir con mis lectores algunas de las experiencias de mi vida. Pero me limitaré solamente a unas cuantas. Lo primero que me gustaría mencionar es que nací en La Colorada, Zacatecas. En cuanto al tema de la educación, además de la primaria y secundaria, estudié en instituciones universitarias. Fui, por algún tiempo, profesora de educación primaria y, seguidamente, de educación media en el campo de la psicología. Continué más tarde con mis estudios superiores y, por fin, obtuve el título de ingeniera-mecánica. Ahora mismo estoy empleada por una empresa que se ocupa en el desarrollo de parques industriales. Vivo en Monterrey, Nuevo León. Por otra parte –y además- me encanta leer mucha literatura, asistir a conferencias, a conciertos de música y a museos y, por qué no, bailar, cantar y escribir. Y, como prueba de esto último, aquí les regalo mi segundo texto que “La Palabra: revista de literatura y cultura hispanense” tiene a bien publicármelo.

DOS NOBEL, UN SOLO SITIO
(CRÓNICA)

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Antes de saber que Herta Müller estaría con el país invitado, es decir Alemania, en la FIL de Guadalajara 2011, era muy poco lo que de ella sabía, salvo que le fue otorgado el premio Nobel de Literatura 2009; pero no había leído ningún libro escrito por ella.

Abriré un paréntesis para comentarles algo sobre esta gran mujer. Herta nació el 17 de agosto de 1953 en Nitzkydorf, Banat, un lugar germano-hablante de la región de Timisoara, en Rumanía, hija de unos granjeros suabos del Banato.

No quiero transcribirles su biografía, sino compartirles lo que observé en tan relevante presentación.

Así que volviendo a nuestro tema, les comento que, en el salón donde se entablaría la charla entre Mario Vargas Llosa y ella, la afluencia de personas se había iniciado desde las primeras horas de la mañana del domingo 27 de noviembre de 2011. Era un día frío y ventoso. A pesar de ello llegué ahí, en apariencia temprano, es decir a las 11:00 hrs.; ya que la charla daría inicio a las 12:00 hrs. Y aunque resultó que éste estaba ya a un lleno total, y que tuve que estar de pie en un espacio que había entre las bandas protectoras y las sillas del auditorio, las que para esa hora, se encontraban ya ocupadas; no fue impedimento para disfrutar plenamente del ambiente festivo que la espera nos prodigó.

Los asistentes estábamos alborozados, expectantes, las edades de los ahí presentes eran diversas. Esperar 60 minutos por estos dos prominentes escritores, en realidad me pareció poco.

Llegada la hora hicieron su entrada, seguidos de la prensa que no dejaba de captar el momento, por un ángulo, por otro; y entonces, en los rostros del público, pude observar el respeto hacia las dos grandes figuras. Todos de pie, aún los que habían alcanzado asiento, aplaudíamos efusivamente, mientras ellos tomaban su lugar en la mesa del presídium.

La esperada charla fue en español con traducción simultánea al alemán; moderada por el también escritor y periodista español Juan Cruz. Esta vez no voy a hablar del Sr. Vargas Llosa, no porque no lo considere importante, sino porque pretendo comentar sobre él y sus obras en otra ocasión. Además, estoy segura, la mayoría en nuestro país, ha leído algún libro escrito por él y sabe de quién se trata. Así que me concentraré en Herta Müller, quien ese día, en todo momento se mostró afable e íntima.

Nos confesó que ella siempre había sido una persona tímida, que las circunstancias del Nobel la habían orillado a apariciones como la de ese momento, que la ponían nerviosa y que le temía a las preguntas que pudieran hacerle. A esto, el Sr. Cruz le cuestionó qué hacía cuando la pregunta que le dirigían era tonta. Ella sonrió y dijo que tenía un truco para ese tipo de entrevistadores, que lo que hacía era retardar las respuestas para consumir el tiempo concedido en la entrevista, y poder dar por terminada la misma lo más pronto posible. Esta respuesta se ganó las carcajadas de los asistentes y a partir de ahí la adoptamos como alguien nuestro; no importando que viviese al otro lado del océano.

Luego, nos habló que siendo hija de granjeros, una de sus obligaciones, cuando era niña, consistía en llevar a pastar las vacas de la familia al campo. “Me tendía sobre la verde hierba a ver las nubes pasar por el manto azul del cielo. Y como no podía hablar con las vacas, descubrí que escribir me podía transportar a cualquier lugar imaginario, y que era ésta una forma de comunicarme”, dijo.

También comentó que al vivir en el régimen totalitario de represión absoluta, de intolerancia y opresión de la dictadura de Ceausescu, donde todo les era arrebatado, lo único que podían guardar para sí era el pensamiento. De ahí que el acto de escribir se volvió liberador, un signo de rebeldía y de catarsis, era afianzarse en este mundo con una posesión: sus palabras. Ésas, nada ni nadie podía arrebatárselas. Con tristeza reflejada en el tono de su voz nos contó que algunos de sus amigos y familiares no resistieron y terminaron en el suicidio. Dijo que ella se salvó gracias a la Literatura.

La charla se extendió por espacio de dos horas, que sumando sus minutos a los 60 iniciales, llegó el momento en que perdimos el “glamour” y terminamos, todos los que estábamos de pie, sentados en el piso del auditorio. Cosa que no nos importó, ya que lo que ahí se estaba hablando era por demás interesante.

Después de contarnos varias anécdotas, concluyó que la forma de vida influye en la escritura de los autores de manera fundamental. Que ésta les sirve para llevar a los libros las verdades que de otra forma no se pueden enunciar; y que cada experiencia vivida enriquece el acervo del escritor. Aunque, a esto, el Sr. Vargas Llosa comentó que la literatura no sólo dice verdades, también puedes escribir mentiras, es decir, plasmar en ella los anhelos de cambio que se viven día a día; y quizá con ese acto lograr transformar el lugar donde nos toca vivir para obtener un mundo donde reine la justicia y la paz. Aseveración en la que la Sra. Müller estuvo totalmente de acuerdo.

Como pueden ver, con sencillas palabras nos compartió sus sentimientos, y nos convenció que nadie puede afirmar que la Literatura es apolítica. Por el contrario, está ligada de forma íntima con las experiencias en la vida. Y es, a fin de cuentas, determinante en la formación de nuestras conciencias. Prueba de ello es que los que están en el poder le temen a sus efectos y a todo aquel autor que ose exhibir sus atrocidades, lo persiguen, lo reprimen, lo amenazan y hasta lo expulsan de su país condenándolo a vivir en el exilio, tal como es el caso de la Sra. Herta Müller.

Tuve la fortuna de obtener tres de sus libros en Santillana Ediciones-Punto de lectura, dos de los cuales, me fueron firmados por ella y son:

“Todo lo que tengo lo llevo conmigo”, “En tierras bajas”, “El hombre es un gran faisán en el mundo”

Tiene muchísimos más, estos son, como se dice “un botón de muestra”. He terminado la lectura del primero y puedo recomendarlo ampliamente, su lenguaje es sencillo, poético, conmovedor y a pesar de lo obscuro de lo que se narra en éste, consigue que atisbemos la luz de la esperanza aún para los tiempos más obscuros.

Ma. Eugenia García Ramírez

Monterrey, N.L. a 23 de diciembre de 2011

Fotografías tomadas de:

http://www.flickr.com/photos/filguadalajara/6413762711/in/photostream/

 

 

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